Alberto Calabrese

"La crisis internacional incrementará el consumo de drogas"

Sociólogo y especialista en adicciones

Estuvo en Mendoza para disertar sobre uno de los proyectos que el Gobierno ha puesto sobre el tapete y, lógicamente, ha disparado el debate y la consecuente polémica. Pero al argumentar, lo hace con la autoridad de su experiencia a cuestas, reconocida en el país y a nivel internacional.

Alberto Calabrese es sociólogo y especialista en adicciones. Ha sido funcionario de la Sedronar y es asesor del Fondo de Ayuda Toxicológica. Forma parte del Comité Científico Asesor en Materia de Control de Tráfico Ilícito de Estupefacientes, Sustancias Psicotrópicas y Criminalidad Compleja del Ministerio de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos. Se trata de un grupo de especialistas que asesora al ministro Aníbal Fernández, para modificar la ley 23.737 que, precisamente, penaliza al consumidor al situarlo como un delincuente por posesión de estupefacientes. 

En ese sentido, su reciente visita a la provincia se debió en un foro sobre despenalización de la tenencia de drogas para consumo personal.

- ¿Qué ha cambiado para que, en Argentina, comience a darse este debate que durante muchos años estuvo tan negado?

- Una iniciativa política, casualmente. Opiniones a favor de la despenalización de la tenencia para uso personal, que de eso se trata, que quiere decir sacar al consumidor –y hago, esta distinción porque la ley actual, 23.737, no lo contempla-, al abusador y al dependiente de la categoría de delincuente. Por otro lado, discriminar entre quien consume de forma ocasional de una persona que vive consumiendo. Y ponerlo en el plano de la salud, porque como delincuente no se beneficia en nada y en todo caso se lo obliga a tratamientos compulsivos. Y, en última instancia, también lo salvamos de tener un antecedente a la hora de pedir trabajo, la famosa reinserción social que en muchos casos nunca fue tal.

- Formás parte del consejo que asesora al ministro Aníbal Fernández sobre este tema ¿En qué están trabajando últimamente?

- Tenemos una multiplicidad de trabajos. Una respuesta muy fuerte en cárceles federales sobre el tema droga e inclusión social, que son cuestiones propias del ministerio, y otras que tienen que ver con el trabajo que se ha lanzado desde este comité en función de la política pública y articulando con otros ministerios. Para la persona consumidora de drogas el tema es si hay mayor cantidad de gente que usa sustancias. Primero, porque estamos en una sociedad de consumo, lo que no es inusual que se consuman sustancias prohibidas. Pero además hablamos de personas que optan por sustancias, en algunos casos de pésima calidad, por falta de inclusión, por falta de perspectivas vitales. No es un tema solamente de salud, sino de acción social, de educación y desarrollo, una tarea mancomunada que hace que haya más gente enganchada con este proceso de compromiso activo por la vida. Porque si no, es inútil. Si la gente no tiene nada en que creer cotidianamente, tarde o temprano si no son sustancias, va a consumir juego o se va a tirar bajo un árbol, deprimiéndose. Hay cosas que ignoramos que se dan en las poblaciones donde se dan más las drogas que pegan a la gente, que le destruyen el cerebro, que ya tiene destruidas sus ganas de vivir. Una estadística oficial sobre el conurbano bonaerense reflejaba que el 60 por ciento de la población joven se sentía sin ningún horizonte vital. Qué se les puede pedir a estos muchachos. Se drogan como única opción. Si no tienen eso, qué hacen. No encuentran alguna solución de vivir, de sentirse incluidos, no han tenido lugar de pertenencia, ni familia ni escuela. Hay gente que se encuentra en la tercera generación sin trabajo. Es mucha carga como para que no pasen cosas como el consumo de sustancias.

- ¿Está preparado el sistema de salud para recibir al paciente adicto en grandes cantidades?

- En principio, diría que no. Pero hay mucha gente con conciencia que, si tiene los instrumentos adecuados -entre otros, no sentir que está tratando con un delincuente-, le va a hacer mucho más sencillo optar por una inclusión social, en este caso en el sistema de salud. También tiene que ver con las directivas de los ministerios pertinentes y que se tome en cuenta que el paciente no es un pedazo de trapo que se lo puede desmenuzar como para repartirlo en los distintos servicios. Hay que verlo como una integridad, como una persona con determinadas carencias.

- Hay mucha polémica y muchas dudas, en principio, porque se relaciona la despenalización de la tenencia con la liberación de las drogas. También suele surgir, ya sea como interrogante, ya sea como afirmación, la idea de que va a aumentar el número de adictos, si se produce un cambio de ley. ¿Creés que posiblemente ocurra esto último?

- No lo creo así, primero porque hay muchos países que han hecho esto en Europa y no tienen incriminación de la tenencia, sino que lo toman como un tema de salud. ¿Por qué tiene que ponerse la ley en esto? Por qué no, con este mismo criterio, le ponemos una ley penal al alcohólico o al consumidor de juego, ya que también producen daño y vaciamiento de la estructura familiar, robo de cualquier tipo para conseguir lo que necesitan. El alcoholismo tiene un factor criminógeno mucho más importante que todas las drogas prohibidas sumadas en el mundo. Estas cosas sólo sirven para que la gente se sienta tranquila e imagine que estamos en el paraíso y que si no fuera por las drogas, estaríamos fantástico. No es así. Y aún gente que tiene aparentemente acceso al paraíso, con nivel de ingresos cinco estrellas, también consumen drogas, que son caras. Hay borrachos de whiskey importado y borrachos de tetra. Estamos frente a personas con falencias que tenemos que tratar y no ponerlas bajo la mirada penal, que hay que dejarla para delitos justificados como tales.

- ¿Ha fracasado la ley 23.737, que está vigente y que prohíbe la tenencia, así como el tráfico?

- Esa ley fue hecha con la mejor de las intenciones, pero hoy por hoy el tema ya está superado. Aún hoy, imaginemos qué gana en la Legislatura una postura ultra dura ¿Ustedes creen que con eso vamos a tener menos adictos? Desde ya les adelanto que no. Porque los últimos cinco años hemos visto crecer el fenómeno con una ley que sanciona. La discusión del tema drogas es una cuestión de quienes se enganchan y quienes no, pero no es un tema como para rasgarse las vestiduras. Para los jóvenes, hoy legislar sobre este tema, es exactamente como legislar el uso del bikini en distintos lugares donde se puede usarlo. Es una discusión sin sentido. Tiene sentido para los sectores conservadores y que no quieren razonar sobre esto. Hagan la apuesta: quieren poner la ley más dura, háganlo, a ver qué pasa, pero el consumo va a seguir aumentando. Esto es una muestra de que hay que cambiar de paradigma. La ley no ha ayudado en el sentido de que el consumo ha seguido una tendencia que no es sólo una cuestión de oferta. Tiene cuestiones de modo, de constancias, de vulgarización y banalización, de usos y costumbres. Ahora hay que acostumbrarse a vivir con las sustancias, como siempre convivió el hombre con ellas, pero dándole a la gente otros elementos desde la inclusión, de la educación y el trabajo y el hablar estas cosas claramente como para que puedan elegir más adecuadamente y no se enganchen en cosas que les puedan resultar lesivas. Y hay que reconocer que lo lesivo no empieza ni termina en drogas. Tenemos una tasa de muerte muchísimo más elevada por accidentes de tránsito graves que tienen que ver con la apetencia de velocidad y trasgresión. La muerte de sobredosis por velocidad producen muchas más muertes que todas las de sobredosis por drogas sumadas. Y de esto no se habla.

- ¿La crisis financiera internacional va a impactar de alguna manera en el consumo de sustancias?

- La crisis en definitiva va a favorecer el comercio de sustancias, porque estamos hablando de una mercancía con sus dos valores clásicos, uso y cambio. Es una moneda de referencia. Porque si hay algo que no varió, a pesar de ser un commodities, ha sido el valor de las sustancias. Bajó el valor del petróleo, del cobre, del gas, de trigo y de soja, pero no el de las sustancias prohibidas. Esto quiere decir, entre otras cosas, que la prohibición mantiene los niveles de precios. Si en estos momentos, sacaramos de circulación los 700 mil millones de dólares que es la masa calculada del tráfico internacional, estaríamos con una crisis más grave. Esta crisis va a aumentar el consumo como pasó en la ex Unión Soviética cuando cayó el sistema socialista –con defectos, pero con mucha referencia social-, y aumentaron los niveles de alcoholismo por diez en diez años, en un 1 por ciento anual y eso es una barbaridad. Esto habla a las claras que cada vez que hay una situación social de desconcierto, la gente se enferma, sufre depresiones, se angustia y consume sustancias lícitas o no.

- La efedrina es la droga del momento, a partir de un caso que tiene ribetes muy oscuros. ¿Esto puede deslucir, de alguna manera, el trabajo de la comisión en su misión de aclarar el panorama? 

- De ninguna manera. Los pavos van a seguir diciendo que aumentó el consumo. Son ruidos de mala información. Ahí sí hay exceso de droga, de información tóxica. De lo que no se habla es que, en este caso del narcotráfico, es un grupo de argentinos que envía droga hacia México. Pero el escándalo se hizo al revés. Eso no es verdad, porque además nosotros estamos aportando la sustancia. En la mítica de cada pueblo, hay un juego del don pirulero donde la culpa la tiene el otro. Siempre la culpa es del narcotráfico y la frontera permeable. El tema de la efedrina implica, por primera vez después de muchos años –luego de una experiencia de exportación de anfetaminas en los años 70 en grandes cantidades a Brasil-, pasamos de víctimas a victimarios, lo cual es frecuente en el comercio de drogas. Otra: la efedrina tiene que ver con la producción de metaanfetamina. Y una tercera: la metaanfetamina no es un producto en el que haya que andar tanteando bosques y abriendo campos para cultivar marihuana o coca. Estamos hablando de laboratorios clandestinos, pequeños, con una producción mucho más amplia que la que pueden tener un terreno en medio del monte. Y esa es la tendencia actual, la droga de diseño, que cuenta con muy buenos profesionales para hacerla. Estamos hablando de una cuestión nueva, que se da en el consumo de una clase con mayor poder adquisitivo, que consume extasis y con muy poca visibilidad social, porque no hay procedimientos en los boliches donde van ellos o en las fiestas donde se canjean las pastillas. No seamos hipócritas. Hay que dejar de jugar al policía y al ladrón con los que menos pueden. En la historia de las drogas como fenómeno masivo en la Argentina, nunca –y soy enfático- se llegó a una estructura intermedia del narcotráfico a través de la investigación por sobre la persona de un adicto. La ley nueva va a contemplar que se trata de una acción privada, en su casa o en un sitio resguardado de la vista de otros sin que cause escándalo.

- Con el cambio de gobierno en Estados Unidos ¿Obama cambiaría la relación respecto de América Latina, en cuanto al Plan Colombia o Bolivia, por ejemplo?

- Desde que los americanos intervinieron en Afganistán, guerra que pretendían ganar con sus bombas inteligentes, y la DEA tomó el control de drogas de la frontera con Paquistán, se incrementó el tráfico en cuatro. Evidentemente que las guerras que se han hecho, en función del control geopolítico –y las drogas en algunos casos también han sido motivo para intervenir-, han sido cartón pintado. Los dos pantanales de Irak y Afganistán le cuestan al erario público norteamericano 800 mil millones de dólares al año para sostener las dos guerras. Qué país puede bancar semejante auge, aunque sea la potencia más poderosa del mundo sin tener problemas en su economía. Y esta es una de las razones de la crisis actual.

- Volviendo a lo local ¿Cómo ves las políticas públicas sobre adicciones en Mendoza?

- Puedo hablar sobre la anterior administración, que es lo que conozco, que tenía un criterio de intervención en reducción de daños, que es un mandato de Naciones Unidas. No es un delirio de gente que quiere incentivar el consumo de drogas. Mendoza era la única provincia que tenía esto como parte de su política pública. No veo que se haya seguido y me parece lamentable porque tendría que haberse profundizado para convertirse en una política de estado. Y nuestro país lamentablemente es casi huérfano en políticas de estado.

- Una de los lemas de la actual gestión es “Decí no a las drogas”. ¿Qué reflexión te merece esto?

- Eso es una historia tonta. Son esas cosas del voluntarismo… si fuera todo cuestión de decir sí o no para lo que uno desea o pretende elegir, el mundo sería tan simple que viviríamos en el paraíso terrenal. Eso es un voluntarismo bobo. Puede decir no, quien tiene las condiciones para decir no. Entonces puede decir no me interesa consumir drogas porque se siente compensado en la vida afectiva, contractual o en la de inclusión social y de proyectos. Esto no es una novedad, ya lo ensayó la señora del Presidente Regan, en los años ’80. No le fue bien. En su época, EEUU producía marihuana en dos estados. Hoy, se produce en dieciséis estados y la cosecha de marihuana vale más que la del trigo y del maíz.  

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