Sergio Wolf

"El cine independiente puede estar en cualquier lado"

Director artístico del Bafici, festival de cine independiente itinerante que se realiza en Mendoza.

Si hay algo que une a Sergio Wolf y Gastón Solnicki es que el cine los inquieta. Realizador uno; crítico y cineasta, el otro, ambos integran el cuantioso grupo de piezas que mueven esa enorme maquinaria llamada Bafici (Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente).

Ese es el motivo que los trajo a Mendoza, geografía en la que la muestra actualmente está cumpliendo su tercera edición y que a través de 22 películas y 10 cortos, propone, en palabras de su director artístico (Wolf), “una mirada sobre el cine que está por venir”.

Sobre este festival (que se realiza desde hace 9 años en Buenos Aires y que en 2001 adquiere carácter itinerante) y sobre el documental que se proyectó en la apertura – Süden, ópera prima de Solnicki que gira en torno al compositor Mauricio Kagel-, apuraron ideas, anécdotas y reflexiones estos dos apasionados por el universo de los fotogramas en movimiento.

"Süden", la historia detrás de la historia

Gastón (30) se acomoda un gran pañuelo mientras apura palabras sobre su ópera prima. Sergio, que conoce su obra en detalle, escucha atento dando crédito de cada una de sus frases.

Gastón Solnicki, cineasta.

- ¿Qué relación tenías la música para inspirarte en un compositor como Mauricio Kagel?

- Gastón Solnicki: Es curioso, la película viene de hacer un circuito por Vancouver, Viena, y ahora está en  Oslo, y la pregunta más recurrente en todo ese circuito era si yo era músico y parecían decepcionarse cuando les decía que no. Sí es cierto que para mí la música es muy importante, la película no nace de la idea de hacer un retrato sobre Kagel; nace en un lugar más inocente. Kagel volvía y yo me enteré que hacía la película. No fue un proceso lineal sino que fue naciendo en la etapa del montaje. Lo que me interesaba era lo que estaba incluido en su regreso, la gente que estaba involucrada; estaba muy ligado con los músicos que tocaron con él, estaba muy familiarizado con el proceso de ellos y sabía que ahí había algo muy interesante. Registré muchísimo material pero fue en el montaje en donde termina de aparecer Süden. Había tenido un encuentro previo con Kagel y él estaba interesado de que haya un registro de su regreso, después de tantos años.

- Es que vivió prácticamente en Alemania…

- Y hoy es su último regreso.

- Volviendo a la pregunta, aunque no sos músicos tenías una estrecha ligazón con su obra…

- G S: Naturalmente. No era casual. La música es algo que me interesa muchísimo y ya había tenido tímidos acercamientos a otras figuras como Marta Argerich y había hecho documentales relacionados con el proceso de trabajo sobre la música.

- ¿Entonces es el primer largometraje en el que abordás esta temática?

- G S: Es mi primera película, aunque dura apenas más que una hora. En términos de cortometraje hubieron tímidos intentos. Había participado de un proyecto en torno a un concierto de de piano de Marta Argerich pero Kagel me cautivaba como personaje y su regreso, -la historia lo termina confirmando- a Buenos Aires para tocar en el Teatro Colón, tenía un carácter muy importante; yo creía que con eso podía hacer una película. Lo importante era el oficio, después, la música contemporánea y todo lo que Kagel dice sobre ella vino después. Todo tiene que ver con una búsqueda que no nace en el asunto, en ese sentido fue kamikaze. Al principio había algo que ni siquiera se sabía que era una película; y de repente hubo una especie de movimiento que comenzaba a funcionar, con ciertos aciertos. Süden no es para eruditos ni para gente que está familiarizada con la música de Kagel, es totalmente accesible.

Películas sin pochoclos

Sobre esta compleja y ardua indagación, cuya respuesta pudo verse en la apertura de la muestra en Mendoza y que representa, de alguna manera, las variadísimas que coexisten en el universo del cine independiente, Sergio Wolf apunta sus lúcidas apreciaciones .

Sergio Wolf, crítico, cineasta y director artístico del Bafici.

- ¿Cuáles son los que criterios con los que se elige una película para inaugurar el festival?

- Sergio Wolf: En general, esto es consensuado con la gente con la que trabajamos en cada ciudad cabecera de los distintos lugares del interior. Tratamos de que sean películas representativas del festival, argentinas o extranjeras pero que respeten su espíritu. El Bafici es un festival de descubrimientos que promueve nuevas historias, miradas y tendencias para el cine. En el caso de Süden, era uno de los diez documentales singulares que el Bafici presenta cada año, en donde casi no hay documentales tradicionales con voz off. Se trata de películas con procesos muy largos de producción, que tienen que ver con la manera y el tiempo con la que los directores la encuentran; no son de guión, sino que pasan distintas etapas hasta que encuentran su forma, como ocurre siempre con los buenos documentales. En Bafici Mendoza hay una buena cantidad de documentales (La mirada febril, Construcción de una ciudad, Süden, Intimidades de Shakespeare y Víctor Hugo) y todos tienen esta marca de la experimentación, incluso los más a priori convencionales como el de Gonzalo Arijón, Vengo de avión que cayó de la montaña, que es la historia de los rugbiers cuyo avión cayó en Los Andes. Son films en donde siempre hay un procedimiento de trabajo sobre de las fronteras del lenguaje cinematográfico. Los directores se preguntan qué cosa es el cine (eso que no se puede enseñar y que es difícil de explicar, y que muchas veces en la escuela de cine se usa como una especie de canon). En Bafici buscamos, justamente, películas que rompan el canon del guión y que propongan problemas cinematográficos.

Intimidades de Shakespeare y Víctor Hugo (Dir:Yulene Olaizola).

- ¿Qué más encontramos en la programación?

- S W: Hay una sorprendente cantidad de óperas primas, casi el 70%, son primera películas, inclusive extranjeras. Y en todas se ve un problema cinematográfico y un intento de solución (o por lo menos una mirada sobre ese problema). Uno podría pensar a Süden como el Lado B de lo que la televisión hubiera hecho con ese evento. Nosotros buscamos ese Lado B, el Lado A ya está en la televisión, en los medios y en el cine tradicional. En muchos casos, cuando son documentales e inversamente cuando son ficciones, generan la duda de la frontera entre documental y ficción; esa es la frontera que el festival siempre intentó quebrar. También hay otras obras, está La Lotería, de  Jim Finn,que está dentro de una línea muy crítica dentro del cine americano; Let there be Whistleblowers, el film de Ken Jacob, un viejo defensor del cine experimental. Es decir, la muestra representa distintas tendencias de cosas que para el festival son parte de su corazón.

- Cómo decías, la grilla cambia de acuerdo al lugar al que llega Bafici Itinerante…

- S W: Varía porque a veces los directores son convocados para una provincia y no para otra; o porque no pueden viajar. Siempre tratamos de que vaya gente del Bafici. El festival es artesanal y su muestra itinerante es, si se quiere, como los viejos circos de pueblo que necesita de alguien que grite "¡llegó el circo, vengan a verlo!" Carece de grandes volúmenes de publicidad, y que necesita de mucha colaboración y mucha fe en la gente que programa y en la gente que va. No es un festival que se vende, no tiene estrellas, géneros, no tiene grandes intensidades a la manera del cine tradicional; es un cine que no se puede ver con pochoclos y que es difícil de recomendar pero es un cine con mucha personalidad. De alguna manera la sensación que tenemos los que hacemos –y los que hicieron- el festival, los críticos que han visto las películas y los directores es que el cine tradicional se ha angostado mucho en su margen; queda muy poco cine y es todo demasiado homogéneo. Eso genera la necesidad de contraponer miradas y películas que piensan en el cine no como algo que ya pasó sino como algo que va a pasar. El cine que se ve tradicionalmente, incluso el muy buen cine comercial, reproduce un modelo que ya existía, lo perfecciona y le agrega nuevas técnicas digitales.

- Se trata sólo de un refinamiento quizá…

- S W: Como una especie de estilización del cine que ya se conoce. En el Bafici siempre la pregunta es: hay algo que va a ocurrir y tenemos que mostrar eso. El cine es el que viene no el que pasó. En ese sentido, lo desconocido que son los directores de la muestra, va a acelerando el conocimiento de las obras de ciertos directores que, quizá, hace cinco años estaban en la situación en la que está muchos este año.

- Centrándonos en la recepción del festival, lo contradictorio es que aunque carece de impacto publicitario es un evento muy esperado…

- S W: Carece de impacto pero es muy popular, es un festival muy curioso. Gastón que ha recorrido el mundo con su película, en festivales que tienen perfiles conectados con el nuestro, lo puede certificar. Bafici tiene un perfil muy exigente para el espectador y al mismo tiempo, muy popular.

G S: el tipo de euforia que genera, no lo he visto en ningún otro lado. Tiene que ver con lo ocurre en Buenos Aires actualmente. Le ocurrió a Kagel cuando regresó; aunque reconoció que le debía mucho al clima cultural de los años 40’, lo que más lo shockeó cuando estuvo en 2006, fue el espíritu de las nuevas generaciones (eso no existía en su época). El Bafici genera esa energía que lo define, a mi gusto, como algo impresionante.

S W: lo importante es desmontar esa idea del festival porteño, reactivo a películas que no son de cierto ámbito o de cierto origen. Sucedió con Cabeza de Chancho, de un correntino. Me parece vital para los mendocinos o para cualquier argentino que haga películas: el festival está abierto y esperando películas. Una de las grandes satisfacciones para el Bafici es poder descubrir la gestación de un director; es un momento muy emocionante porque significa que le aporta algo al mundo. La idea de que hace falta mucha plata, es menor con las posibilidades tecnológicas que hay hoy. Digo esto para un lugar que tiene una escuela de cine. Para nosotros es muy difícil saber dónde están las películas. El cine independiente puede estar en cualquier lado. Su historia, en los últimos 20 o 30 años, es pródiga en ejemplos de este tipo.

- La permanencia en el tiempo siempre es vista como un logro, ¿a qué creés que se debe la del Bafici?

- S W: El Bafici no es hoy lo que era cuando empezó en el 99’. El prestigio lo fue construyendo a lo largo de los años. Eso tiene que ver con varias cuestiones, una de ellas es que a pesar de los cambios políticos, los distintos directores del festival fueron manteniendo el perfil, perfeccionándolo y agregándole cosas. La gente que trabaja en la organización conoce el festival y lo quiere, y entiende qué cosas debe aceptar y qué cosas no. Para el Bafici Itinerante, que por primera vez tuvo un equipo armado, es muy importante la continuidad. Las mejores experiencias que se vivieron tienen que ver con gente que ya lo ha venido haciendo en las provincias, y son quienes nos van apuntado detalles sobre el perfil que quieren, sobre el público y sobre los intereses de su lugar. La gestión cultural tiene que ver con la construcción y con la confianza; la confianza de la gente y de los realizadores.

G S: Para mi el Bafici en ese sentido fue fundamental, llega un punto en el que esa relación entre los proyectos y el Bafici son constructivos. Terminé mi película teniendo el objetivo de presentarla en el festival. Para Süden fue conflictivo porque la película durante muchos meses de trabajo teniendo ese horizonte. Y retomando lo que dijo Sergio sobre el Labo B, si uno piensa en una película más periodística, más televisiva y más sustentable no estás dos años laburando porque no es una inversión (más en este tipo de trabajos que son autosustentados). La película apuesta una estadía en el Lado B.

Imagen del documental "Süden".

“¿Pero, cómo, ahora todos los directores nuevos quieren filmar?”

La entrevista está llegando su fin, pero antes de que Sergio y Gastón abandonen esta extensa y fructífera charla, queda una última pregunta.

- ¿Cómo es el panorama de ese Lado B en Argentina?

- S W: Dos cosas son las más preocupantes: por un lado, la falta de registro de lo que está ocurriendo, de que hay una nueva camada de directores. Uno de los directores del Bafici Quintín, contó una vez que escuchó de boca de un funcionario: “¿pero cómo, ahora todos los directores nuevos quieren filmar?” y se trata de eso, de que se fomenten esas películas. Los nuevos modos de producir y de pensar, no deben ser vistos como enemigos del otro cine. Por otro lado, hay que ver qué perspectivas se les ofrece a esto tipo de producciones, hay que encontrarles lugares de exhibición y que no mueran en los guetos. El tema de la construcción de los públicos es instalado en la historia del cine, falta mucho para construir esa continuidad. Argentina es un país que tiene, y que siempre tuvo, cine. Está en los genes.

G S: creo que es un momento fantástico. Es un poco lo que retrata La mirada febril. Es evidente que aunque sea tecnológicamente es un gran momento y muy particular. Estas pasando cosas muy importantes y muy rápido. Muchos de los temas que estamos hablando ahora sobre los públicos y el contacto con estas películas van a cambiar. Existe una brecha enorme entre lo que antes significaba filmar y lo que significa; las técnicas digitales están cambiando sustancialmente la forma de hacerlo. Y Argentina es un país en el que se puede verificar muchísimo eso. Me parece importante lo que dice Sergio respecto de que hay animarse a mostrar las películas, y que no tienen que dormir en las computadoras.

S W: Da la sensación de que hubieran aceptado la idea de que no se puede hacer cine; de que finalmente hubieran aceptado el discurso de los mayores (como decía Aristarain: “los directores en Argentina debutan a los 40 años”). Y la vida se pasa; aceptar ese discurso es dejarse derrotar. Hay que mostrar las películas, el mundo del cine las está esperando pero no hay que esperar el éxito inmediato (el pasaporte a Hollywood no se consigue en dos semanas).

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