César Cansino

"La ciencia política no le sirve a nadie"

Pensador mexicano. Autor de "El fin de la política"

Desde 1996 César Cansino viene proponiendo desde su revista Metapolítica, una mirada de la política más amplia que la que permiten ver los cristales de la ciencia política.

Alumno y discípulo del italiano que es considerado sino el padre, el padrastro de la disciplina científica, Giovanni Sartori, el mexicano Cansino intentó interesar a su “maestro” en torno a sus dudas sobre la real utilidad de la materia. Consiguió primero perturbarlo, pero luego fue el propio Sartori quien dio el salto hacia fuera, entregándose a las libertades propositivas y analíticas que le dio desencorsetarse de la ciencia a la que crió, para empezar a mirar la política desde la provocación y el debate más amplio y plural.

Cansino llevó la bandera del “fin de la ciencia política” hasta lograr editar, con las mismas ínfulas que Sartori, su provocador libro al que tituló “La muerte de la política”.

Con su tesis logró ganar el Premio La Nación de ensayo en la Argentina. Vino a recibirlo. Pero un día antes, ofreció una conferencia en Mendoza, invitado por la recientemente creada Fundación Cívica.

- ¿En qué basa su entromisión en la polémica abierta por Giovanni Sartori en torno al “fin de la ciencia política” y finalmente, su tesis sobre el “fin de la política”?

Siempre mantuve mis dudas sobre la real importancia de la ciencia política. Siendo alumno de Giovanni Sartori, yo le planteaba esta posición, siempre con cierta timidez frente al maestro. Y él siempre me interrogaba en torno al por qué de mis dudas sobre esta disciplina. Claro, ¡yo estaba frente a la persona que con más fuerza había defendido la ciencia política! Entonces, varios años después fue Sartori, uno de los padres de este tratamiento especializado del estudio de lo político a lo que llamamos “ciencia política”, quien planteó las mismas cosas que yo planteaba.

- ¿En que se basaron sus primeras dudas en torno a la eficacia de la ciencia política?

Pues en que estaba muy lejos de poder traducir o siquiera de poder ayudar a entender la complejidad de la política; sus herramientas me resultaban inútiles. Ya cuando Sartori lo dijo, me pareció de una importancia mayor. Porque cuando él hace esto con una enorme autoridad intelectual y moral, evidentemente la comunidad politológica lo criticó agriamente. Me pareció que era injusta la crítica. No le hacía justicia a un planteamiento que simple y sencillamente buscaba generar una discusión para que la disciplina que él contribuyó a desarrollar, de alguna manera corrigiera al mundo. No era otra la intención.

- ¿Qué dijeron entonces los seguidores de Sartori?

La reacción fue descalificarlo a ultranza. Decían cosas tales como “Sartori ha envejecido”, “no sabe lo que hace” o “perdió la razón”. Recordando entonces mis discusiones de estudiante con él fui yo quien salió a decir: Sartori sí tiene razón. Y entonces abrimos este debate que tiene que ver con discutir en torno a una displina que, tal como está, no ofrece el tratamiento adecuado para entender la verdadera complejidad que representa hoy la política. El método científico, de alguna manera ha funcionado  como una “camisa de fuerza”, encerrando al pensamiento y ha renunciado a la  crítica para dar lugar a saberes demostrables empíicamente, pero cada vez más irrelevantes.

- El tema lo plasmó entonces en un libro que, convengamos, tiene un título tan provocador como Sartori…

(Aferrado a su nuevo libro)…Si claro, se llama “La muerte de la política” y pretende una visión crítica, reconociendo los límites de la ciencia política, mucho más allá de lo que lo hizo el propio Sartori. Finalmente hago un mapa de todas las perspectivas dominantes que quedan para reconocer sus deficiencias y luego propongo alternativas. A veces, que implican una buena dosis de creatividad de parte de quien analiza a la política, pero siempre sosteniendo la necesidad de tender puentes con otras maneras de abordaje. Seguir sólo con la ciencia política no lleva a ninguna parte.

- ¿Qué sensación le deja que sea una personalidad como Sartori quien se halla sumado, como usted dice, a un planteo de un discípulo suyo que, inclusive, en un principio iba en contra de lo sostenido por el maestro?

Bueno…pues, muy bien. Cuando Sartori se suma, aunque tardíamente, hace las cuentas, serenamente, de esa disciplina y dice: Esto que yo ayudé a formar tomó un camino totalmente distinto. Y eso me parece muy valioso. Ahora, hay que reconocer que en los últimos años, él ya se viene alejando de aquellos planteos…

- …Recordemos la tremenda polémica que abrió hace diez años como “Homo videns. La sociedad teledirigida”…

Exactamente. El último Sartori es un Sartori ensayista; que arriesga el pensamiento con ideas provocadoras, sugerentes y que quizá nos dicen mucho más que los tratados rigurosos de la ciencia política que escribió en su primera etapa, la politológica, donde incluso estaba obsesionado con los conceptos. Y recordemos, también, otras polémicas que lanzó y que lo llevaron a escribir las obras más reconocidas, curiosamente.

- ¿Por qué cree que obtuvo recién aquí el mayor reconocimiento?

¡Precisamente porque está diciendo cosas que desde la ciencia política no se pueden decir! Se aventuró en las ideas, provocó discusiones…

¿…De algún modo, piensa que acercó la ciencia política al gran público y no sólo a los seguidores de la disciplina?

Hizo divulgación pero no sólo eso: en su obra de estos últimos años hay pensamiento fuerte. Como reconocer las transformaciones cerebrales que ocurren por efecto de la mediación de la comunicación de medios, no es poca cosa. Tesis que en primera instancias parecerían ridículas por no ajustarse al molde de la ciencia política, pudo lanzarlas al debate desde otro lugar. El sostuvo que “homo sapiens” ya fue sustituido por el “homo videns”, debido a la modificación de la estructura mental de los seres humanos. Luego, habló del papel de los medios en la configuración del nuevo ciudadano, hipótesis que él no se preocupó por demostrar empíricamente, sino que su objetivo estuvo nada más y nada menos que en abrir polémicas para que todos podamos arribar a conclusiones.

- Esta libertad, esta liberación de la “camisa de fuerza” como usted calificó a la ciencia política, le permitió al italiano también polemizar en torno a la multiculturalidad…

Eso lo hizo después de “Homo videns”, efectivamente, y fue allí en donde desbarató muchas de las posiciones generalmente aceptadas sobre el tema, sosteniendo que, por encima de los derechos universales no hay nada. Fue allí cuando señaló que aquellas particularidades idiosincrásicas que permiten en algunas naciones los linchamientos, la lapidación de las mujeres o su castración están fuera de lugar. Sartori sostuvo que la humanidad ya acordó algunos valores universales que dejan esas prácticas de lado y que seguirlas sosteniendo, denigran la universalidad, por ejemplo. El preguntó: “¿nosotros desde Occidente debemos aceptar esas prácticas aberrantes, porque es un dato de su cultura?”. Y respondió que “no”. Hemos aceptado unas condiciones de derechos humanos. Es un gran provocador que plantea cosas fundamentales para el mundo. Y así avanzó más adelante analizando, en otros ensayos, los grandes males de la bioética y de los problemas ecológicos…

- Da la idea de un Sartori –ya que definitivamente terminamos hablando más de él que de tu libro- mudó de su condición de padre de la ciencia política a la categoría de profeta…

Algo así (risas) Porque en alguna medida también alertó sobre el calentamiento global. De alguna manera, es un Sartori pensador, no un Sartori científico.

- ¿Cree que esto pasó porque la ciencia política se enamoró de sus propias herramientas y dejó de mirar con curiosidad a la política?

 Creo que es consecuencia de un proceso, hasta cierto punto, normal en las ciencias sociales o en cualquier ciencia “científica”, si me permite la expresión. Porque evidentemente el paradigma en el que se mueven las ciencias sociales predominantemente en el mundo, es el cientificista, el empiricista. Entonces, el camino normal, el derrotero clásico de una ciencia es la especialización. Y en algunos  casos la hiper especialización. Así es como avanzan en el conocimiento. Pero esto es algo que uno lo puede entender perfectamente en las ciencias exactas. La neurofisiología ha avanzado gracias a que hay un neurofisiólogo que pudo descubrir en la complejidad del cerebro en dónde estaba la zona particular en la que se desarrolla el mal de Parkinson, por citar un ejemplo. Eso es bueno. Pero cuando lo que uno estudia es la política, lo primero que tenemos que reconocer es que no es un elemento químico que se pueda medir en un laboratorio.

- Vamos al principio: ¿Qué es la política?

Es lo que hacemos los humanos todos los días. Es el lugar decisivo  de la existencia humana, de la libertad, de la acción pública, de la definición de aquellos valores que nos articulan como sociedad. Entonces si esto es así, ¿por qué tenemos que tener esa manía de la hiperespecialización? En si misma, la política es de una gran complejidad. Yo creo y eso es lo que planteo en el libro, es que quien quiere acercarse, aproximarse a esta complejidad y decir algo original, lamentablemente tendrá que renunciar a esta hiperespecialización que exige la ciencia política como si fuera algo normal.

- ¿Adónde llegan quienes siguen usando aquellas herramientas de la disciplina sin aceptar esta apertura?

Y bueno, producen sólo saberes triviales; se pierden los aspectos sustantivos de lo que pasa en la política. Esos saberes, al final de cuentas, pueden terminar siendo útiles sólo para dos o tres especialistas que están trabajando el mismo tema, pero no para la humanidad. Las ciencias sociales, a diferencia de las ciencias exactas, finalmente buscan entender a la sociedad lo que es también entendernos a nosotros mismos. Cuando Sartori dice que la ciencia política le ha dado la espalda a la sabiduría política, se está refiriendo a esto. Es decir, lamentablemente la ciencia política caminó un camino que la llevó a darle la espalda al pensamiento. Y si realmente queremos intentar explicar la complejidad de la política debemos caminar por otros caminos.

- ¿Cuáles son aquellas propuestas que usted anticipó que formula en su libro?

Yo propongo salidas que hasta son transgresoras y que resultan incómodas para la comunidad politológica que trata de conservar su status científico. Creo que hay más sabiduría política en una buena novela que en un tratado cientificista o en un artículo publicado en una revista super especializada, en donde si no se sabe cálculo integral o diferencial, nunca vamos a entender nada. Si lees “La fiesta del chivo” de Vargas Llosa, por ejemplo, vas a estar frente a un tratado de política, pero de una manera ingeniosa y creativa. La ficción a veces nos arrima más a esa sabiduría que la ciencia política perdió en el camino.

- ¿Cuál ha sido la respuesta a estos planteos desde la política práctica?

Muchos comentarios, pero muy en la línea de lo que en su momento le criticaron a Sartori. Pues si yo no estoy tan viejo, será que soy también un provocador, y cosas como esas…Pero hay gente que evidentemente ha entendido cuál ha sido el objetivo del libro.

- ¿Qué se propuso con “La muerte de la política”, además de lo que ya nos contó?

- El título lo dice todo. Busco generar reacción, pero no para destruir. Yo soy politólogo, aunque finalmente me he distanciado de la disciplina y creo que si realmente nos interesa la cuestión política hay que desafiar a la disciplina que se asume como la poseedora de los instrumentos y las herramientas más sofisticadas.

 

Opiniones (2)
20 de agosto de 2017 | 03:38
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20 de agosto de 2017 | 03:38
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  1. No he leido el libro (¿debería hacerlo?) pero me hace acordar de otros títulos rimbombantes como: "El fin de las ideologías" de Daniel BELL de 1960...o "El fin de la Historia y el último hombre" un libro de 1992 de Francis Fukuyama....claro anunciar el apocalipsis...vende no? Si estoy convencido que las ciencias sociales aún tienen que madurar y para ello deberán salir a la calle, lejos de los inmaculados ámbitos académicos. para luego volver remozadas y con mas sabiduría. Todo depende de como se emplace "lo humano"...si como paciente o como agente de transformación. Lo veremos en breve.... Buena nota.
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  2. Tiene razón Cansino. Excelente su propuesta de esa mirada a la ficción como fuente de conocimiento. Aunque no es nueva. Linda entrevista.
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