Tomás Hirsch

"Lo más importante de Obama es el cambio del pueblo estadounidense"

Candidato a la presidencia de Chile por la alianza Juntos Podemos

El dirigente humanista chileno Tomás Hirsch pasó por Mendoza para participar de un simposio en el que su tema fue la vinculación de la ética con la política.

Lo hizo en un momento clave: se prepara para asumir por segunda vez el desafío de competir por la presidencia de su país, como lo hizo en 2005 con la alianza Juntos Podemos. Y lo hace a semanas de que ese movimiento consolidara su caudal electoral en los comicios municipales del vecino país, obteniendo el 10 por ciento de los votos y más de 100 concejales y varias alcaldías.

Pero también se sentó en un panel en el que se habló sobre cuestiones tan divergentes como ética, convicencia, paz y política a escasos días del triunfo de Barack Obama en los Estados Unidos, algo que, por lo menos, cambió la agenda temática del mundo aunque aun no se traduzca en definiciones concretas.

"Hoy día -analizó Hirsch en su visita a MDZ-  no hay nada más alejado de la ética que la política y nada más alejado de la política que la ética. Hay que acordarse, al reflexionar sobre esto, que el origen de la política está, precisamente, en la aplicación práctica de la ética".

Motivado por el avance de los movimientos sociales y la búsqueda de "nuevos caminos", el entrevistado renovó su entusiasmo por la política, pero por una política nutrida de múltiples expresiones y no sólo por dirigentes moldeados para tal fin.

"Yo creo -dijo Hirsch- que la inmensa mayoría de la gente que ingresa a la política lo hace desde la buena fe, buscando una sociedad mejor. Buscan expresar desde la acción social expresar una cierta ética. Pero luego, en la praxis política, eso se va superando. Se entra en un mundo manejado por los intereses de grupo y van quedando atrás los intereses que le dieron el impulso original. Sin embargo, los pueblos están buscando estos caminos. La gente está buscando una nueva coherencia entre lo que se dice, se propone y se hace".

Fundó y luego de fue de la Concertación chilena. Pero tiene intactas las esperanzas de encontrar, en esos "nuevos caminos", el que nos lleve al "sentido común", tal como lo cuenta en el transcurso de un extenso diálogo.

- ¿Cómo fue el nacimiento del espacio opositor  a la dictadura chilena que se dio en llamar Concertación?

- En plena dictadura a los humanistas se nos hizo evidente que teníamos que construir un gran acuerdo para terminar con ella. Fuimos los primeros en su momento en proponer la formación de un acuerdo amplio. Así se fue construyendo, hasta llegar a conformar la Concertación de Partidos por la Democracia. Lo cierto es que la Concertación, que luego presentó la candidatura presidencial de Patricio Aylwin, respondía a una aspiración no sólo de recuperar la democracia, sino te diría de construir un país con justicia social, con participación, con una descentralización que permitiera a las regiones tomar la fuerza que les correspondía.

- ¿Se lograron aquellos objetivos?

- Yo creo que la democracia en Chile la recuperó la gente, los jóvenes, los trabajadores, las mujeres, pero no los partidos políticos, no la dirigencia de los partidos, entre los cuales me incluyo. No fuimos nosotros. Tomamos, representamos ese caudal. Para el primer gobierno de la Concertación, lo importante era recuperarla. Era una transición. Pero cuando se discute el segundo gobierno, que fue encarado por Eduardo Frei, se nos hizo evidente que se estaba intentando mantener y consolidar un modelo político, económico y social heredado de la dictadura. Y sentimos, con toda franqueza, aunque la palabra es dura, que se estaba traicionando la voluntad de la gente. Tratamos de que eso no fuera así; hicimos un esfuerzo enorme. Y no fue. Y bueno…renunciamos, que es una figura un poco rara, porque dejamos los cargos que teníamos en el gobierno…

- ¿Abandonaron los puestos? ¿Cómo cuáles, por ejemplo?

- …Bueno, yo era embajador en Nueva Zelanda…Los dejamos a todos. Digimos: en estas condiciones, no es lo correcto continuar ocupándolos. Nos retiramos. Fuimos leales al gobierno de Aylwin hasta el final, pero en el segundo gobierno ya no participamos.

- Abandonaron el gobierno y también la Concertación de partidos…

- …Abandonamos la Concertación. Fue una decisión ética. Mis amigos de los otros partidos políticos –con los cuales no he perdido la amistad- me decían: “¡tú estás loco; cómo van a dejar los cargos!”. Habíamos no sólo embajadores sino altos funcionarios, viceministros. “Eso no se hace; no hagan eso; van a quedar en el desierto”, nos decían.  Fue así. Políticamente fue así y también lo fue mediáticamente.

- ¿Qué hicieron entonces, porque usted tuvo un buen caudal de votos como candidato a presidente en 2005?

- Nos abocamos a construir una alternativa de izquierda progresista. Estuvimos en eso durante años. Hasta que recién en el año 2001 logramos constituir el frente Juntos Podemos, que con el tiempo se fue convirtiendo en la alianza de izquierda más grande que ha habido en Chile desde la época de Salvador Allende. Nos presentamos primero a las candidaturas municipales y luego fuimos por la presidencia. Me designaron candidato presidencial y más de 94 organizaciones la apoyaron. Obtuvimos entonces un resultado que en el contexto chileno ha sido la más alta que haya tenido la izquierda.

- ¿Obtuvo medio millón de votos?

- Sacamos medio millón de votos, que acá puede sonar a poco pero en el contexto chileno es mucho. Desde allí sostenemos esta construcción que nos ha permitido que este año en las elecciones municipales nos haya ido bastante bien, consolidando ese caudal. Tuvimos el 10 por ciento de los votos y más de 100 concejales, alcaldes electos. Está claro que somos la tercera fuerza política.

- ¿Les permitió acceder al Congreso?

- No podemos tener parlamentarios mientras no se modifique el sistema binominal que rige en Chile a nievl constitucional. Esa es una gran tarea: la lucha contra la exclusión es una prioridad. No es sólo la exclusión política parlamentaria. Es la exclusión de los jóvenes, de los mapuches, de las mujeres, de los adultos mayores. Hoy estamos trabajando ya para la próxima elección presidencial que es el año que viene.

- ¿Volverá a ser candidato?

- Lo soy, faltan muchas conversaciones; pero por el momento lo soy.

- ¿Cómo enmarca su candidatura en el contexto de lo que va pasando en los otros países latinoamericanos y aun, en los Estados Unidos?

- Si bien en Latinoamérica no estamos viviendo una revolución, si estamos viviendo un intento de los pueblos por encontrar nuevos caminos. Esos nuevos caminos toman una forma particular en cada país. El proceso venezolano es diferente al ecuatoriano. Así como este último, más tecnocrático al boliviano, que es más social. Y aun, distintos del nicaragüense, en donde hay influencias de otro tipo. Son diferentes. Son más notables aquellos que se han traducido en gobiernos, pero también se nota la movilización social en Uruguay, aquí mismo en Argentina y en Brasil también. Hay un gran intento en Latinoamérica por encontrar nuevos caminos. Si te fijas bien, no pasan por lo que es la izquierda tradicional utópica: ni en Bolivia, Ecuador o Venezuela vas a encontrar fuerzas tradicionales de ese tipo, son más bien las nuevas organizaciones sociales o movimientos.

- Sin embargo, terminan realineando a las fuerzas tradicionales de izquierda…

- Es así, pero a través de nuevos intentos, nuevas búsquedas que tienen factores en común, como la integración latinoamericana, la recuperación de los recursos fundamentales, la generación de nuevas constituciones más democráticas, la inclusión de  sectores que han sido los más discriminados. Son todos elementos  que están muy presentes en todos estos procesos. Entonces yo tengo mucha esperanza en América Latina.

- ¿Y en lo nuevo de Estados Unidos?

- Yo tengo muechas esperanzas. No pretendemos decir que Obama va a ser un nuevo Evo Morales; no. Pero claramente va en la dirección de algo diferente, de algo nuevo. Sobre todo, más que lo que él pueda o no hacer, refleja un nuevo proceso entre los jóvenes estadounidenses. Y Chile dentro de este contexto, también busca avanzar. Tal vez, desde un poco más atrás porque fue cuna del neoliberalismo en la región. Pero busca avanzar. Michelle Bachelet, aun habiendo sido contrincante mía, ha sido una muy buena persona que quiere hacer cambios profundos y que ha sido tremendamente amarrada por lo poderes emblemáticos de la política tradicional chilena. Le han atado las manos. Pero me parece que hasta ella representa este nuevo momento.

- ¿Se puede decir que la transición política en nuestros países, tras superar las dictaduras, se ha demorado más tiempo del esperado?

- Se ha demorado más tiempo porque son muchas líneas las que se entrecruzan. Hablábamos recién de estos nuevos intentos, pero al mismo tiempo te encuentras con una socialdemocracia, que tiene distintos nombres en cada país que tiende a ser un poco administradora del modelo y que habla más de “reformismo” que de transformaciones estructurales. Es lo que le pasó a Lula, sobre todo, en el primer gobierno. Entró totalmente condicionado por el Fondo Monetario Internacional que le hizo firmar un compromiso para recibir los 3 mil millones de dólares al comienzo de su mandato y luego avanzó con mucho temor de no herir susceptibilidades e intereses de los grandes industriales brasileños y de la banca. Todo esto hizo que el proceso fuera mucho más lento del que se quería.

- ¿Con todos ellos, Latinoamérica está mejor o peor?

- Salvo en esta última crisis, Latinoamérica está con muy buenos precios en sus materias primas, que están en niveles a los que no habían llegado nunca antes en su historia. Y hasta las posibilidades de invertir por parte de los estados son inmejorables.

- ¿Cuál es el rol de estos estados en momentos de crisis?

- Indudablemente, es invertir en sus cuestiones sociales: salud, transporte, infraestructura, vivienda…

- Hace poco, el periodista Carlos Gabetta, en Le Monde Diplomatique, se animó a soñar con que esta crisis global es la oportunidad para que Latinoamérica se anime a crecer como bloque, potenciando coincidencias y dejando de lado cuestiones más formales o tradicionales. ¿Coincide con esto?

- Es así. Un ejemplo concreto está acá, en Argentina. La renacionalización  de los fondos de pensiones por parte del gobierno a mi me parece destacable. Han tomado esta crisis como una oportunidad para avanzar en mejoras para la condición de los trabajadores. Pero fíjate que en Chile fue un ejemplo digno de estudio ver cómo se alinearon los medios de comunicación y los grandes poderes económicos para descalificar a la Argentina como nunca antes lo había visto. Todos, absolutamente todos, alineados, tratando al gobierno de ignorante, estúpidos, desastrosos…Dijeron cualquier cosa, con tal de evitar de que a alguien en Chile se le meta la idea de hacer algo similar.

- Abrieron el paraguas por si llovía…

- Es que todo ese modelo se sustenta en la apropiación de los fondos por parte de estos grupos, que son las AFJP, para ser reinvertidos en sus propias empresas con el control que ellos tienen. Es decir, se mueven cifras que superan, inclusive, a al Producto Bruto Geográfico (PBG). En Chile, manejan más de 160 mil millones de dólares, lo que representa 1,2 veces al PBG. La sola posibilidad de pensar de que esto pueda ser reinvertido en Chile, manejado por los trabajadores y mucho más, les crea un problema serio y por eso descalifican. Y así ocurrió también cuando Evo Morales reestatizó los hidrocarburos o cuando Rafael Correa modificó la legislación minera. Tienen un caradurismo inimaginable y no han dedicado ni un minuto a la autocrítica de lo que han hecho con el sistema financiero mundial.

- ¿Significa algo que Obama haya ganado para el futuro de Latinoamérica?

- Yo creo en los próximos días vamos a saber quién será Obama. No habrá que esperar mucho más tiempo. Me parece que debe dar señales muy claras en los próximos días o semanas para no quedar atrapado por los grandes poderes que manejan la economía, la política y el aparato militar norteamericano. Debe dar señales de desalinearse de todo este entramado para no quedar amarrado al Clan Bush; dar señales de retiro de los territorios ocupados, de avanzar en la desmilitarización. Ahora bien, en materia de nuestra región, yo no espero grandes cambios, con toda franqueza. Creo que tal vez puedan rebotar aquí ciertos cambios de dirección de los Estados Unidos, pero no que pasemos a estar un lugar tan alto en la agenda estadounidense. Pero sí aspiro a que se cambie la política sobre bases militares en la región. Con Guantánamo y con Cuba en general, creo que va a producirse un cambio y, en tercer lugar, puede desactivarse la Cuarta Flota, volviendola a la situación de no hace mucho tiempo atrás. En materia económica, no espero un cambio en el corto plazo.

- ¿También se contagió del optimismo que generó el triunfo de Obama?

- Yo soy optimista con Obama. Pero no hay que equivocarse. No va a producirse un cambio en dos días.

- ¿Su ascenso a la presidencia no es comparable, acaso, con ese trabajo de “movimientos” y “nuevos caminos” a los que usted se refería al principio?

- Quizá lo más importante de Obama no es Obama mismo, sino eso que tú dices: millones de norteamericanos buscando los caminos de los hablamos antes. Lo más destacable es el hecho de que se lo vote. Esa es la señal más clara de que está cambiando la sociedad norteamericana. Ahora, respecto de él, claramente representa un cambio generacional. Yo compararía el ascenso de Obama con el de Evo Morales. Ambas campañas se sustentaron en las minorías y en los movimientos sociales; ambos tuvieron un componente generacional y la imagen de un mundo posible diferente al que tenemos hoy en día. Tienen mucha simetría.

- ¿Puede decirse que entre tantos gobiernos parecidos, pero diferenciados en las prácticas y en los contenidos ideológicos hay algo que, sin embargo, los une, parecido al concepto de “un sentido común”?

- Ese es el término que usé en mi campaña presidencial: la mía no era una candidatura “de izquierda”, era una “del sentido común”. Coincido con esa idea. Por ejemplo, me parece de sentido común que un país que tiene grandes riquezas no se las regale a las multinacionales y todo esto, con acciones que algunos países lo hacen desde más a la izquierda o más hacia la derecha pero, siempre, actuando con sentido común.

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