Vicente Zito Lema

"Los Kirchner usan los derechos humanos por conveniencia"

Periodista, escritor y psicólogo.

El reconocido intelectual estuvo esta semana en Mendoza brindando diversas conferencias y seminarios. En diálogo con MDZ da cuenta de su formación y militancia en torno de los derechos humanos, habla se su trabajo como periodista y editor de históricas revistas literarias y critica abiertamente al matrimonio Kirchner. 

Amante del remo y de los filósofos griegos, “descubridor” de Juan L. Ortiz y Jacobo Fijman, director de revistas canónicas para el periodismo argentino como Crisis y Cultura y Utopía, Vicente Zito Lema ofreció durante esta semana una nutritiva serie de conferencias y seminarios en nuestra provincia.

El poeta, dramaturgo, periodista y docente, fundador de la Universidad Popular de Madres de Plaza de Mayo, amigo Julio Cortázar, Rodolfo Walsh, Haroldo Conti, Paco Urondo y Eduardo Galeano, entre un centenar de importantes nombres de la literatura y el pensamiento argentino y latinoamericano, y discípulo de Enrique Pichon-Rivière, el creador de la escuela de psicología social, suma un treintena de libros de poesía, obras de teatro, psicoanálisis y crítica literaria.

Para Zito Lema “la política es el camino hacia el bien común” y le resulta imposible “separar lo bello de lo verdadero”. En esta nota pone en duda el compromiso respecto de los derechos humanos por parte de Néstor y Cristina Kirchner, repudia a Aníbal Fernández, ministro de Justicia de la Nación, y critica el doble discurso de algunos intelectuales reunidos en torno del poder.

- ¿Cómo llega al mundo de la palabra escrita?

- Llegué de la mejor manera que se puede llegar. Leyendo a los clásicos. Estoy feliz de haber entrado así a la literatura, con un abuelo mío que tenía una pequeña librería de viejo. Después supe que mi abuelo, que estaba en la pobreza, se estaba deshaciendo lentamente de los libros que él amaba. Yo viajaba desde Floresta hasta el barrio de San Cristóbal, salía de la escuela primera y me quedaba con él hasta la noche. Casi nadie entraba. Yo pasé varios años de mi infancia leyendo ahí. 

 - ¿Qué libros eran?

- Dostoievsky, Aristóteles, Platón. Quizás no eran las mejores lecturas para un chico de siete años. pero yo empecé a leer, sin entender casi nada de que lo leía. Pero fue mi iniciación. Creo que tenía ocho años y era mi cumpleaños y sacó un libro de una estantería y me lo dedicó. Era De las leyes, de Cicerón. A partir de ese libro decidí estudiar abogacía. A mí me apasionaron siempre la literatura, el periodismo, y la escritura en general y la búsqueda de lo justo. Ese libro desencadenó que estudiara derecho. Ahora lo pienso y me sonrojo, no había cumplido 21 años cuando me recibí de abogado. 

- ¿Cómo se inició en el periodismo y en la edición de revistas literarias?

 - Cuando empecé tenía 22 años. Me inicié muy pronto en el mundo intelectual. Y llegué por la pasión. El periodismo cultural es la gran pasión de mi vida. He fundado y fundido muchas revistas. La primera revista fue Cero, con amigos que quiero mucho y que han dejado su huella en los medios de comunicación, entre ellos Nicolás Casullo cuya muerte me ha dejado un gran dolor. Con Nicolás fundamos Cero. También estaba Jorge Carnevale, Humberto Constantini y Diego Mare, todos grandes poetas. También Roberto Santoro. 

 - ¿Cuál es el gran recuerdo del trabajo en esa revista?

 - El haber rescatado, el haber sacado a luz a uno de los grandes poetas de la Argentina y que estaba como oscurecido. Juan L. Ortiz. Contribuimos a sacar a luz a Antonio Porchia. En cero publicamos Patoto, un bellísimo cuento de Ernesto Guevara que me acercó el poeta José Luis Mangieri y que trajo como consecuencia que la policía me fuera a buscar y yo entrara en otro mundo. En ese mismo número publicamos poemas de Ho Chi Min traducidos por Juan L. Ortiz. Cómo no iba a publicar estos poemas que son una belleza y ese excelente cuento de Guevara. Cero era una revista estrictamente literaria y yo que no tenía muchas incursiones en la política, todo inocente, estaba Onganía en el poder, los publico. Ahí empecé a comprender que amar lo bello también puede traer problemas con el poder. 

- ¿Considera que su poesía y su teatro son políticos, como lo señala la crítica literaria?

 - No, yo creo que toda literatura es política, que todo arte es político. No es que algunos practiquen un arte político y otros no. Recuerdo que hace poco se publicó una Antología de la poesía social argentina, donde incluyeron varios textos míos y fue presentada por Horacio González, el actual director de la Biblioteca Nacional. Horacio González ese día dijo algo que me quedó retumbando. Dijo que la poesía social comienza donde la poesía común termina. Y me tomó como ejemplo, dijo que era la poesía que algunos se animan a transitar después de ser poeta. No sería el camino menor, sino el camino en donde lo mínimo es ser poeta y donde algunos llegan a convertir su poesía en una materia social, en una belleza social. Pensemos en qué se entiende por política en el mundo de hoy. Precisamente en la biblioteca de mi abuelo leí a Aristóteles y creo que algunas ideas aristotélicas sobre la política tengo. Cuando se hoy habla de política yo ya no sé de qué habla la gente. Se habla de política como un camino hacia el bien común o se habla de política como un ejercicio muchas veces canallesco de la búsqueda de poder. Para mí la política es el camino hacia el bien común y ahí considero que toda poesía es política, porque el bien común es la búsqueda de lo bello, lo verdadero. Separar lo bello de lo verdadero no es posible. O es posible para algunos, pero no para los poetas que yo amo ni para los artistas que respeto. Vincent van Gogh, por ejemplo. A partir de ahí yo nunca voy a diferenciar lo bello de lo verdadero.

 - ¿Qué es lo que lo atrae de la locura?

 - Es cierto que me atrae, que me conmueve, que me apasiona. He peleado y peleo por los derechos humanos en los hospicios. Ahí me sirvió la abogacía porque he presentado recursos de amparo por el sufrimiento de los internos, por las condiciones de maltrato que se viven en ellos. Estoy por la desmanicomionización, una palabra difícil, que es por lo que trabajé siempre y tema sobre el cual tengo muchos escritos. El mundo de la locura lo abordé en una veintena de libros. Primero conocí la locura a nivel literario. Recomiendo a todo el mundo que lea el Fedro de Platón, ahí está una de las fuentes de mi pasión. Platón pone en boca de Sócrates que dos formas de la locura, o de la posesión, se da en la escritura de la poesía y en el enamoramiento. Esas son dos cosas que yo he practicado siempre, enamorarme y escribir poesía y las dos me remiten a la locura. Esta combinación hizo como que admirase la locura porque parecía la fuente para acercarse a la verdad del amor y a la verdad de la poesía. Y me acerqué a dos poetas mayores, Isidoro Ducasse, conde de Lautreamont, y Antonin Artaud, que me siguen marcando tanto que desde el año pasado estoy dando un seminario sobre Artaud. 

- ¿Cuándo pasó de la literatura a la realidad?

- Cuando me crucé con el pintor Juan Batlle Planas, el introductor desde la plástica del surrealismo en Argentina, y me habla de la existencia de lo que él consideraba un poeta genial y artista de grandísimo talento, Jacobo Fijman. Batlle Planas me deja como un mandato: tenés que conocerlo, tenés que buscarlo, nosotros sus compañeros de generación nos olvidamos de él y nada hicimos cuando lo internaron en un hospicio. Estoy hablando del año 66. Batlle Planas muere y yo, marcado por ese recuerdo, me puse a buscar a Jacobo Fijman. Ahí ya no era leer a Platón o a Artaud, sino buscar a un hombre genial. Buscando a Fijman se despertó en mí otra cuestión ligada más con lo fraternal y los derechos humanos. Durante tres años recorrí hospicios y terminé mi búsqueda en el mismo sitio donde la había empezado, el hospital psiquiátrico de la ciudad de Buenos Aires, el hospital Borda. Allí lo encontré. Pero además de Fijman, yo ha estaba marcado por todo lo que había visto en los hospicios. Empecé a escribir notas en diarios y revistas para que se termine el sufrimiento de los internados en los manicomios. Vi que hombres y mujeres eran tratados como animales, al principio me asombró y siempre me hirió. Y me convertí en un defensor de personas a las que se les niega su condición de seres humanos. Hay miles de casos. Todos conocemos el asesinato de la doctora Jubileo que murió porque denunció la poderosísima mafia de los que saquean los cuerpos de los enfermos mentales para vender sus órganos, porque aunque esto parezca de novela de terror todavía eso sucede en la Argentina.

- ¿Qué críticas puede hacerle al periodismo actual?

- Yo he trabajado siempre en medios. Soy parte del mundo del periodismo. Y desde ese lugar soy un hombre crítico frente al poder, frente a la concentración de los medios, frente a la actitud de medios concretos, trato de tener un juicio justo. Frente a la situación de la enfermedad mental y de los enfermos en los hospicios no puedo negar que los medios en nuestro país han sido muy abiertos. Yo nunca tuve problemas para escribir y denunciar esta situación. Si no se hace tanto, es porque los periodistas seamos sinceros, no se interesan por la temática. Los medios en relación al caso de la doctora Jubileo trataron muy bien al tema. Sí quiero decir que he visto en algunos programas de televisión el aprovechamiento horroroso, canallesco, del dolor del otro. No hay que olvidar nunca que un enfermo mental es alguien que sufre un profundísimo dolor, un dolor único.

- Y respecto de la administración del discurso político que hacen los medios, ¿qué opina?

- Hay muchas cosas en juego. Yo no quiero ser crítico porque sí. Sigo el tema y me invitan a las disputas sobre la temática y he visto en la práctica real, que volviendo a la época del ex presidente Menem, una época terrible por lo que causó en nuestro país, se da algo paradójico. Por un lado la propuesta de cerrar los hospitales psiquiátricos pero no desde el bien, sino que se toma una lucha legítima pero para profanarla, para pervertirla, en busca de la justificación de políticas nefastas. Por ejemplo, los terrenos donde están asentados los terrenos del Hospital Moyano y el Hospital Borda son extensos, bellos y están ubicados en una zona de gran valor inmobiliario. La cuestión es simple: cerrar los manicomios y hacer un gran negocio inmobiliario. Esta es la propuesta del poder. 

- ¿Qué críticas le hace a la administración del matrimonio Kirchner respecto de los derechos humanos?

- Tengo cuidado de decir lo que yo puedo decir con la mayor claridad posible, porque conozco muy personalmente a la gente que está a cargo de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación. Los dos cargos máximos los tienen Eduardo Luis Duhalde y Rodolfo Matarolo. Ellos son mis amigos, mis compañeros de lucha de los años 60 con quien he compartido todo tipo de aventuras, peligros, exilios, atentados. No voy a negar mi cariño por ellos y reconocer que saben de los temas que hablan. Obviamente, no tengo ningún respeto ni por sus prácticas ni por sus dichos del señor Aníbal Fernández, ministro de Justicia. Me parece deplorable todo su discurso y él es como la cabeza formal. De este señor no tengo ningún respeto intelectual y a nivel humanístico estoy en la vereda de enfrente. Hago esta diferencia porque tengo la obligación. Duhalde y Matarolo son dos intelectuales de prestigio. Fernández es un ministro que muchas veces habla y me da vergüenza ajena.

- ¿Por qué hay intelectuales tan prestigiosos detrás de los Kirchner? ¿Qué están apoyando?

- En relación a los derechos humanos, ni el señor ni la señora Kirchner no tienen antecedentes como para creerles realmente que el interés por los derechos humanos sea real en ellos. Porque los dos son abogados, porque éramos poquísimos los abogados que nos dedicábamos a la defensa de los derechos humanos y cualquier abogado que en aquellos años se acercaba a nosotros, y esto es público y lo sabe cualquiera, no era rechazado por una cuestión ideológica o de buena o mala piel. Porque éramos tan pocos, tan perseguidos, tan acosados, que cuanto más fuéramos mejor hasta por una cuestión de sobrevivencia eran bien recibidos. Por otra parte, el ex presidente Kirchner y su señora siempre han hablado públicamente de sus antecedentes en el peronismo revolucionario y ese comité de abogados que trabajábamos en derechos humanos estaba formado en buena medida por intelectuales, artistas, abogados que veníamos del peronismo revolucionario. Como Rodolfo Ortega Peña o Rodolfo Walsh. Es decir, tenían todo el espacio para trabajar. Mi pregunta es que si les interesaba tanto el tema y nuestras puertas estaban abiertas, si ideológicamente no iban a tener problemas, si eran tan necesarios, ¿por qué nunca se acercaron a nosotros? Yo pienso que debe haber algunas razones de fondo y pienso que hablar tanto de los derechos humanos o es una cuestión de culpa tardía o puedo sospechar legítimamente que más que interesarles la profundidad ética, el tema es utilizado desde un lugar menor de conveniencia política. Eso es lo que me eriza la piel. Además, creo que no se puede hablar de una parte de los derechos humanos olvidando sistemáticamente el conjunto de los derechos humanos, porque todos los que trabajamos en la práctica y en la docencia de los derechos humanos, sabemos que los derechos humanos no son divisibles, que es un todo. Un todo que comprende la defensa de la dignidad de la vida, de los derechos políticos, de la libertad de expresión, pero a la par los otros derechos humanos que llamamos sociales. Por lo tanto, preocuparse sólo por la vigencia de lo justo en un campo olvidando el otro no es lo que mis queridos amigos Matarolo y Duhalde han enseñado y escrito. 

- Entonces, ¿qué es lo que pasa?

- Entonces los pone en un espacio de complicidad política. ¿Cómo van a olvidar que no se puede separar el terror de Estado de esa época del terror de Estado cotidiano de tantos niños que mueren de hambre? O mis amigos olvidaron sus propios discursos y prácticas o tengo que sospechar que las necesidades políticas menores de estos tiempos los están desviando de su verdadera manera de entender lo que siempre para nosotros fue muy claro: no se puede defender los derechos humanos políticos, no se puede hablar de terrorismo de Estado haciendo una lectura arqueológica, si a la vez no se pelea con el mismo énfasis para que los derechos humanos que diariamente se violan y se conculcan en este tiempo constitucional tengan también el amparo y la preocupación total del gobierno. Le digo esto: ni Ortega Peña ni Paco Urondo ni Rodolfo Walsh ni Haroldo Conti, ninguno de los compañeros que pagaron con su vida el amor por la vida pienso que se sentirían conformes si un gobierno elegido constitucionalmente reproduce mecanismos de exclusión social, de abandono de los sectores más humildes y de que la Argentina sea hoy uno de los países que tiene la policía de gatillo fácil más grande de Occidente. Y que tenga un índice, como lo denunció Unicef, de casi 25 niños menores de cinco años que mueren diariamente por desnutrición y por las secuelas morbígenas de la desnutrición. 

- ¿Cómo lo explica?

- Es un doble discurso que nosotros repudiábamos como generación. Decíamos que era una forma atroz de ejercer el trabajo intelectual. Me cuesta decir estas cosas pero tengo un compromiso intelectual con la verdad y cuando alguien desde algún medio me pregunta, bueno, lamentablemente porque hay también dolor en lo que estoy diciendo, debo decir lo que pienso. Lo que no quita, justicia mediante, la gran tarea que con relación al terrorismo de Estado está haciendo el gobierno.

- Volviendo a la pregunta inicial, ¿por qué estos intelectuales están con los Kirchner?

 - A partir del tema del campo una muy grande cantidad de intelectuales más que tomar partido por el kirchnerismo, y en esto me incluyo, tomamos partido por la defensa del sistema constitucional. Alguien dirá, nunca estuvo realmente amenazado. Yo te puedo decir, y quiero ser lo más amplio posible, porque es materia de disputa. Lo que yo te puedo asegurar es que para pensadores marxistas como León Rozitchner que nunca ha participado del gobierno, pensadores como Osvaldo Bayer que vienen del anarquismo, pensadores que vienen de los distintos sectores de izquierda o del peronismo revolucionario como Horacio González, pensadores independientes como yo, nutridos en el pensamiento cristiano de muchacho y en el materialismo dialéctico de grande, pues yo te puedo decir que todos nosotros sentimos en carne propia, quizá por haber padecido el terrorismo de Estado, que se estaban dando circunstancias que nos hacían ver la sombra de la alteración profunda del orden constitucional y desde ahí hemos reaccionado. Y desde ahí no quiere decir que vaya  callar mis críticas al poder, que no reflexione y señale tantas cosas que critico al señor y la señora Kirchner, pero fue un momento muy concreto. Muchos de nosotros sentimos que estábamos en vísperas de una alteración constitucional y reaccionamos. Quizás nuestra subjetividad haya exagerado la lectura de los síntomas, pero discutimos el tema y ¿por qué todos sentimos que se venía la casa abajo? El intelectual tiene un compromiso, no con los partidos políticos sino con lo social y con lo humano. Y desde ese lugar yo soy de los que creen que hay que mantenerse independiente. Sentimos que estaba en peligro la propia vida. Habrá que dejar que las aguas decanten y alguien podrá decir con mirada crítica y honesta que nos equivocamos. Seré de los primeros en reconocerlo. 

Patricia Rodón

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