León Arslanián

"No hay que salirse de la Ley para poder perseguir un delincuente"

Ex ministro de Seguridad de la provincia de Buenos Aires.

León Arslanianián es un hombre relacionado en Argentina estrechamente al combate contra la inseguridad. Autor de la única reforma policial que ha podido encararse en el país, el especialista en el área estuvo en San Martín, donde fue abordado por MDZ Gran Este. Polémico en su momento por la ejecución del desembarco de la política en la fuerza policial, Arslanián responde algunos de los interrogantes que más preocupa no sólo al vecino del Gran Este en la actualidad sino del resto de la provincia.

- Doctor, usted estuvo poco tiempo como ministro de Justicia en el gobierno de Carlos Menem…

- No llegué a estar un año y medio como ministro en el gobierno de Carlos Menem, el tiempo suficiente como para que el objetivo fundamental se cumpliese, que fue cambiar el sistema de enjuiciamiento penal e instalar en la Nación el juicio oral y público, en materia penal. Era una deuda terrible que tenía el país. Luego me fui del gobierno por estar en desacuerdo con el modo y las personas que iban a integrar los cargos del nuevo proceso.

- Luego colaboró con Eduardo Duhalde en la provincia de Buenos Aires donde encaró una reforma de la seguridad, muy comentada…

- En esa época fue un desafío enorme llevar adelante un cambio en la seguridad en Buenos Aires. Aunque estaban dadas las condiciones para eso. A la bonaerense se la identificaba como la maldita policía. En aquél momento, el detonante fue el crimen de Cabezas, antes de eso la supuesta participación de la fuerza en el atentado a la AMIA, entre otros casos de crímenes y de otros delitos. De manera que no daba la cosa para más y Duhalde dijo: “esto hay que cortarlo de alguna manera”.

La reforma que encaramos se basaba en varios ejes, entre ellos, el desembarco político en la institución policial. El problema más significativo que veíamos era que la institución estaba autogobernada, había sufrido un proceso de autonomización severo,  había que recuperar la conducción política de la institución. Se necesitaba de una ingeniería jurídica: la creación por un lado, de un ministerio con incumbencia directa hasta el cambio de la estructura, la supresión de la figura del jefe de policial y un fenómeno de descentralización, es decir modernizarla, profesionalizarla, terminando con la estructura de conducción macrocefálica y piramidal. Darle la característica que debe tener: ser una fuerza civil armada. Estaba muy poluída por lo que fue la dictadura militar que la puso al servicio de una represión ilegal. Había que limpiar a la policía de los elementos negativos. Y luego, darse un plan en materia de recursos humanos que era incorporar muchos más efectivos. Logramos ingresar a 5.000 policías al año, con nuevos criterios de incorporación. Suprimimos la suboficialidad, fusionamos los escalafones e incorporamos a jóvenes con estudios secundarios cumplidos.

- ¿Qué modelo tomaron?

- Tomamos ideas de la Unión Europea y en cuanto a modelos de organización, adoptamos criterios aplicados en Canadá. Mucho fue de nuestra creación, pero las orientaciones fundamentales fueron europeas.

- ¿Se produjo una disminución del delito, luego de la Reforma?

- En mi libro “Un Cambio Posible” en realidad hay una rendición de cuentas, lo que supone mostrar las estadísticas de aquellos delitos que pueden verificarse y que expresaron –durante nuestro desempeño en el gobierno- una disminución drástica del delito del orden del 36 por ciento, en términos generales y del 50 por ciento de homicidios. Esto es verificable.
Es una lástima, pero hay una gran confusión en los medios de comunicación, por ignorancia en muchos casos y en otros creo que hay intereses, en algunos, por supuesto, no en todos. Porque hay operaciones políticas e ideológicas de por medio.

- Pero la realidad indica que el delito ha crecido en la Argentina…

- Argentina tiene una posición cómoda y que dista de ser lo que algunos medios de comunicación intentan mostrar. Por ejemplo, en materia de homicidios que es el delito más grave, nuestro país tiene un índice de 5.27 cada cien mil habitantes y en la provincia de Buenos Aires que era de 14 cuando me hice cargo, llegó a ser de 7.5  cada cien mil habitantes cuando me fui. Quiere decir que se redujo sustancialmente. Pero si nos comparamos con ciertas ciudades de Estados Unidos, vamos a llegar a la conclusión que estamos mucho mejor que  Detroit o Chicago. Para que tengamos una idea, el índice de homicidios de la provincia de Buenos Aires es igual al de Nueva York y todo el mundo se llena la boca hablando de las maravillas que hizo Giuliani. Hay mucho de mito en esto y ligereza a la hora de juzgar. Estamos, por otra parte, mejor que Brasil. San Pablo tiene 21 homicidios cada cien mil habitantes, el promedio de los homicidios de la región -América Latina-, es de 23 homicidios.

- Con esa relación que hace, Ud.  quiere decir que nos tenemos que conformar?

- No, esto significa que nosotros tenemos que pelear por que los índices sean menores todavía. Por plantearnos como un objetivo fundamental, el tema de la seguridad. Y por no equivocarnos a la hora de hacer el diagnóstico y de elegir los instrumentos para luchar contra este fenómeno.

- Qué piensa de los “garantistas” y de aquellos que propugnan la “mano dura”?. En Mendoza estuvieron representados ambos sectores en los primeros meses de la gestión de Celso Jaque.

- Este es un falso dilema. Plantearlo así es un error garrafal. Es uno de los tantos errores que se han cometido en esta materia. La acusación de “garantismo”, respecto de quienes aspiran a que se cumpla la Ley a la hora de perseguir delincuentes y juzgarlos, me parece que es desconocer los principios básicos que tiene la Constitución Nacional.

Muchos creen que las garantías constitucionales que datan de 1853 son un invento perverso para impedir o evitar que el delito se castigue y esto no es así. Quienes preconizan la “mano dura”, no entienden la naturaleza del problema. Y creen ver en la Ley un obstáculo. Este es un dilema perverso porque nunca la observancia de la Ley es, ni puede ser, un obstáculo. No hay que salirse de la Ley para poder perseguir un delincuente, juzgarlo, tener eficacia en la prevención del delito. Hay que saltar de ese dilema y lo que se necesita es tener un buen diagnóstico, buenas propuestas y mejorar sustancialmente las instituciones. Venimos de una historia trágica en la Argentina. De poco sirve incrementar la magnitud de las leyes cuando no se las aplica. Si tomamos la cantidad de delitos que se cometen en un año en el país, resulta ser que algo más del 2 por ciento recibe sentencia condenatoria. De qué estamos hablando…¿Qué sentido tiene llenarse la boca diciendo que la Ley es insuficiente?.

- ¿Cuál es el origen de ese dilema entre garantismo y mano dura que Ud.  considera un error?

- Quienes empezaron a hablar de “garantismo”, lo han hecho con un espíritu crítico, tratando de que esto sea visto como un demérito, por parte de quien pueda preconizar algunos puntos de vista. Creo que lo que se trata de eludir, es la discusión de un modelo económico. Quienes defienden un modelo liberal, cuestionan a quienes a la hora de dar una explicación racional sobre el delito y sus causas, introducimos como uno de los orígenes fundamentales a la exclusión social, a la extrema pobreza, etc. Esto remite necesariamente, a la discusión de un modelo económico determinado, a los criterios de redistribución del ingreso, entre otros aspectos. Entonces. es muy fácil, en vez de dar esta discusión y en vez de aceptar los subproductos no deseados, de ciertas políticas económicas, tratando de denostar a quienes piensan así. Y empiezan a relativizar los instrumentos clásicos con que el liberalismo se ha valido para combatir el delito: un incremento de la pena, apelación al sentido mágico de la pena, restricciones en materia de libertad durante el proceso, endurecimiento de todo el proceso penal, etc.

- Las restricciones en cuanto a la libertad de los encausados y el endurecimiento del proceso,  ¿constituyen una solución?

- Está a la vista que esa no es la solución. No la ha sido en ninguna parte y hasta ahora lo que estoy viendo es que, cada vez,  se abren paso con mayor vigor -hablo de CEPAL, Naciones Unidas para del Desarrollo, las concepciones políticas modernas en Europa en este momento- estos puntos de vista que asocian al delito con situaciones de naturaleza social. Esto no quiere decir, de ninguna manera, que no se deba recurrir a los instrumentos del sistema – al Derecho Penal, a la cárcel, a las distintas instancias del proceso penal- que debe ser modernizado, vigorizado. Estoy en contra del abolicionismo penal. Creo que las cárceles deben cumplir el objetivo que hoy no lo alcanzan, que es socializar y educar. Fíjese lo que pasa, nos llenamos la boca todo el tiempo, hablando de que las penas son insuficientes y que los delincuentes entran y salen y sin embargo, el sistema no es capaz de sentenciar más del 2 por ciento de los delitos que se cometen por año, según estadísticas del Ministerio de Justicia de la Nación.

- Cómo encontramos las soluciones, entonces, si el delito sigue creciendo...

- Acá hay un problema muy grave que es la deserción de la clase política en la materia. Porque en vez de plantear de cara a la sociedad y desnudar el problema tal cual es y de generar una genuina participación comunitaria, a través de foros como lo hicimos en Buenos Aires para que el debate sobre el tema tenga racionalidad. En vez de liderar este tipo de procesos, se dejan liderar por una multitud confundida. Entonces, esta es una defección de la clase política. Y lamentablemente, mientras esto suceda, vamos a seguir en el populismo penal. La gente se queja, pide, protesta, incluso plantea lo que cree que puede ser una solución con el incremento de la pena, por ejemplo, y el gobernante sale corriendo hacerle caso para conseguir su favor -esto es demagogia pura- hasta que se demuestra que fracasó. Mientras tanto, funcionó el pensamiento mágico, en el sentido de que se aumentan las penas, todos nos vamos contentos a la casa, creemos que dormiremos en paz porque tal o cual delito tiene el doble de las penas y los delincuentes se mueren de risa, frente al fracaso estridente de las distintas instancias del sistema penal y de un ámbito que sigue produciendo delitos.

- ¿Qué se debe hacer, entonces?

- Hablar con franqueza, producir el debate. Hay correcciones que hacer, reformando la policía en profundidad, la Justicia, la cárcel. Hay que regenerar instancias de control social que han desaparecido para evitar que el delito se siga produciendo. Hay que tener una propuesta inclusiva, apta para poder luchar contra la exclusión social. Hay que trabajar en todos estos frentes. Hay que cerrar el grifo. No debemos pensar, simplemente, en ver cómo combatimos el delito que se sigue produciendo. Hay que tener una política preventiva que haga eje en lo social, económico y cultural. Si no se hace esto, todo lo demás es ridículo, es una pérdida de tiempo, fracaso en fracaso. Van a reformar doscientas veces las leyes y no van a conseguir ningún resultado.

- ¿Cuál es la situación que se presenta a nivel nacional?

- Este debate está ausente y hay que darlo. Hay que encarar una reforma de las instituciones. El gobernante se tiene que preguntar por ese dos por ciento de sentencias. Tiene que decir Basta…basta de penas nuevas. Cuando ocurrió el destello de Blumberg que consiguió afear un poco más el sistema penal, con reformas, y hasta tomó lista a los diputados. En ese momento,  salieron todos corriendo para sancionar nuevas leyes. Me pregunto: ¿cuál fue el resultado?... ninguno. Perdimos el tiempo. Y seguimos en este juego de hipocresía. Hay que hacer el esfuerzo de desideologizar todo esto, hasta donde se pueda.

- La inseguridad tiene solución, entonces…

- Absolutamente. Y mejora, tranquilamente, cuando hay buenas políticas. Por eso mejoró en Buenos Aires durante nuestra gestión. Nadie más habló de la maldita policía y no hubo más secuestros extorsivos, que son los más visibles. Por supuesto que si le expreso a la gente que bajaron los delitos, me dirá: “pero si en la esquina de mi casa mataron a una persona”. Hay que mostrarle a la gente que hay otro modo de razonamiento, de escuelas de capacitación, nosotros las hicimos y estuvieron destinadas a quienes participaban en los foros. Hay que darse ese trabajo, porque lo demás es bla, bla, bla.

- Vino a San Martín a la Cátedra Libre Sanmartiniana que organiza la Municipalidad y, además va a presentar su libro “Un Cambio Posible”…

- En el libro hago una reflexión profunda sobre estas cosas que estamos hablando y, por supuesto, con especial referencia a la reforma que hicimos en la provincia de Buenos Aires. Pero hay que destacar algo muy valioso que es un nuevo consenso que nosotros implementamos para la construcción de un nuevo paradigma en materia de seguridad. Logramos que CGT, CTA, la comunidad académica, la comunidad docente, las distintas iglesias, entidades profesionales, cámaras empresarias, entre otras organizaciones, estuvieran de acuerdo en firmar un documento de trece puntos que es el” Acta de Consenso”, donde están estas ideas.

- En Mendoza el gobierno ha convocando a las entidades para trabajar en seguridad…

- Me parece muy bien, entonces harían bien en leer el primer capítulo de este libro que -creo- se vende en las librerías de Mendoza.

 

 

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