Diego Peretti

"Siempre suceden cosas que sorprenden"

Actor y médico psiquiatra. Protagonista de "Muerte de un viajante".

Hace años tomó una decisión que lo llevó a encontrar su lugar en el mundo.

Es que Diego Peretti supo a tiempo –apenas comenzó a tomar clases en la Escuela de Raúl Serrano- que la actuación era “un lugar que difícilmente iba a abandonar”. Por eso decidió dar un paso al costado en la que hasta entonces había sido su profesión, la psiquiatría, y abocarse de lleno al teatro, ese universo de inagotables e irrepetibles aquí y ahora.

Y su decisión, por cierto, le valió no sólo aplausos y satisfacciones personales sino también el reconocimiento del público y un sin fin de proyectos que lo llevaron a la televisión -"Los Simuladores" (2003), "Locas de amor" (2003), "El hombre que volvió de la muerte" (2007) y "Cuestión de sexo" (España, 2008)-, y el cine -"Alma mía" (1999), "No sos vos, soy yo" (2004), "Tiempo de valientes" (2005), "¿Quién dice que es fácil?" (2006), "La señal" (2007) y "Música en espera" (2008), entre otras-. Una larga lista de empresas en las que despuntó su talento.

Con uno de estas llega el actor este fin de semana a Mendoza. Aquí dará, junto a sus compañeros de elenco, tres funciones de “Muerte de un viajante”, de Arthur Miller; un clásico que tiene impresas las directrices escénicas de Rubén Szuchmacher y cuyo rol protagónico (Willy Loman) interpreta Alfredo Alcón -ver ficha técnica-

Desde su casa en Buenos Aires, el otrora médico psiquiatra, en diálogo telefónico con MDZ, apunta detalles de la obra -en la que se pone en la piel de Biff Loman, el hijo mayor de la familia- y responde, con su inconfundible voz pausada, una a una las preguntas.

- ¿Qué cosas te pasaron desde el estreno de la obra, a principios de 2007, hasta ahora?

- Fue un año de funciones. Después, tanto Alfredo como a mí nos surgieron trabajos en España; él hizo el Rey Lear y yo, una miniserie y una película. Pero teníamos acordado que cuando volviéramos, en agosto, íbamos a empezar a ensayar para la gira por el interior del país -que durará hasta el 15 de noviembre-. Después volveremos a la Plaza (N/R: la obra se estrenó en la sala Pablo Picasso de Paseo La Plaza) para terminar el ciclo, y posteriormente hay una gira programada por Uruguay. Estoy muy contento, la obra es una de las que uno estudia en la Escuela de Teatro; es un clásico muy potente, siempre me encantó. Fue un placer y un orgullo que me convocaran para integrar un elenco encabezado por Alfredo pero también con María Onetto, Carlos Bermejo, Roberto Castro, Sebastián Pajoni, que son todos actores de teatro de muchos años, y con mucha sabiduría.

- Y con la dirección de Rubén Szuchmacher…
- Con Rubén no había trabajado pero tenía ganas de trabajar con él porque había visto obras suyas y me habían gustado.

- Centrémosnos en la obra y en tu personaje.

- Arthur Miller dice que esencialmente es una tragedia o un drama familiar, digo tragedia porque culmina con la muerte de Willy Loman. Un padre deposita sus frustraciones y sus deseos en su hijo, quien debido a una gran desilusión -provocada por el mismo padre-, decide, como castigo, no lanzarse a cumplir esos deseos. Primero lo hace por resentimiento pero después, porque se da cuenta que lo que él quiere como persona es otra cosa. Esa es la columna vertebral de la obra pero también abarca diferentes aspectos; es como un abanico que se abre con muchos temas. Como todos los clásicos, el mapa de la obra es simple pero a la vez es muy ambiguo. Cada personaje se puede entender de distintas maneras. Construí el personaje como lo hago siempre, primero aprendiendo el texto y luego poniendo el cuerpo –en este caso con la relación de amor/odio que tiene con el padre-; después viendo la caracterización: mi personaje suele trabajar de muchas cosas pero está trabajando como un peón de granja, le gusta estar al aire libre, y tiene 8 años menos que yo. Todo esto va delineando el personaje.

- Y la psicología del personaje, ¿cómo la construiste?

- Como son personajes complejos y tan bien escritos, uno puede empezar a hablar de ciertos conflictos que pueden tener pero no se puede agarrarlos, definirlos, conceptualizarlos claramente porque son personajes que respiran una vida propia, parecen de verdad. Uno puede definir a alguien psicológicamente pero hasta “ahí”, siempre suceden cosas que sorprenden. Los humanos somos muy clasificables pero al mismo tiempo muy inclasificables y esto es lo que sucede con obras tan buenas como esta.

- Justamente allí radica su vigencia y universalidad…

- Exacto. Es una familia que está envuelta durante años en el pago de la hipoteca de la casa, y cuando el padre está a punto de pagar la última cuota, lo despiden del trabajo y lo jubilan. El hijo mayor no cumple los deseos del padre; mientras que el hijo menor, que hace Sebastián Pajoni, trata de parecerse al padre y es un hombre con carisma, canchero y que evita procesos de trabajo y busca resultados. En ese sentido, la obra tiene una vigencia que parece escrita por Tito Cossa.

- ¿Cómo recibe el público de las provincias la obra?

- Es la primera gira grande que hago con una obra y aunque no tenía expectativas, estar en las provincias no puede ser mejor. La gente llena los teatros, nos esperan a la salida y entiende más sutilmente la obra, porque se ve que es gente que es más tranquila, que tiene tiempo, no están pensando en otra cosa. En un clásico, que dura más de dos horas, siempre suenan celulares, las personas se ponen ansiosas. En el interior del país -Salta, Tucumán, Jujuy, Santa Fe y Rosario- la gente detecta un montón de detalles que, por ahí, pasan desapercibidos en Capital. Para el teatro necesitás cierta concentración, el público es como un sujeto más.

- En general tus personajes siempre son amables y abundan en bondades. ¿Alguna vez te enamoraste de un personaje?

- Me estaba acordando recién de un personaje llamado Criminal que hice en Canal 9, en 2005, con Inés Estévez. El tipo mataba según un código de justicia que él iba armando y ciertamente, tierno no era. Pero reconozco que aunque sean personajes moralmente deleznables o criticables, trato de comprenderlos y, obviamente, si acepto hacer un personaje es porque me da pie para poder ahondar por ahí. “El hombre que volvió de la muerte” también era una persona que se dedicaba a matar, la típica fábula del monstruo que había hecho Narciso Ibáñez Menta en el 71’. Pero trato de ser, en ese sentido, honesto con lo que le pasa al personaje, no ser efectista y quizá eso es lo que se termina traduciendo en ternura. Quiero hacer lo mejor posible, me gusta mucho la actuación pero no siento amor por un personaje, como siento por una mujer o por una hija.

Alfredo Alcón y Diego Peretti, los protagonistas de la obra.

- ¿Sos autocrítico?

- Sí, bastante. Me cuesta mucho verme, generalmente no lo hago porque lo que está hecho, hecho está. Si encuentro fallas me pongo mal. También evito conocer determinados gestos con cada experiencia y no conocerme tanto en la actuación para evitar un poquito caer en eso que llaman “el oficio”.

- ¿En esos momentos reflexivos surge el psiquiatra?

- No, no utilizo nada que tenga que ver con la psiquiatría, son más bien técnicas que aprendí en la escuela de teatro. Aunque ya estoy atravesado por ese discurso desde hace mucho tiempo, no lo puedo evitar pero no lo utilizo -no me sale hacerlo naturalmente-.

- Si lo hubo, ¿recordás cuál fue el momento puntual en el que decidiste abandonar la psiquiatría por la actuación?

- En las primeras clases de teatro me di cuenta de que más allá de que me diera plata, o de que fuera profesional o no, la actuación era un lugar que no iba a abandonar fácilmente. Fue al principio de la carrera, con Carlos Demateis, un profesor en la Escuela de Raúl Serrano que ahora está en España. Recuerdo que sentí una fuerza muy grande, de estar en un lugar que me pertenecía. Ahí me parece que hice un click. Lo sentí como una vocación, me gustaba muchísimo analizar un texto, construir un personaje, encontrar la manera de expresarlo corporalmente. Sentí que todo ese universo me atraía mucho y que difícilmente iba a dejar.

Diego Peretti junto a Sebastián Pajoni, en "Muerte de un viajante".

- ¿De qué disfrutás cuando no estás en ese universo?

- Hago deportes, leo, estoy con mi familia, veo películas (soy cinéfilo).

- Y volviendo a ese mundo, ¿qué planes tenés para 2009?

- Terminé una película hace dos semanas, “Música en espera”, con Natalia Oreiro y Norma Aleandro;  dirección de Hernán Golfried, que ya me había dirigido en “Los Simuladores” y “Tiempo de Valientes”; y guión de Patricio Vega, que escribió “Los Simuladores”. Es una película muy linda, me parece que va a gustar. Sigo con la obra hasta marzo y en marzo, seguramente, tengo otra película.

- Una última, ¿conocías Mendoza?

- Vine hace mucho tiempo, en la secundaria. Como actor no vine nunca. Me acuerdo de lugares que me impactaron como el Aconcagua, Las Leñas y Tupungato. Con el elenco teníamos muchas ganas de visitar esa plaza.


Ficha técnica:
Muerte de un viajante, de Arthur Miller
7, 8 y 9 de noviembre a las 21.30
Teatro Independencia - Chile y Espejo, Ciudad.
Entradas: desde $50 a $90 (en venta en boletería del teatro)

Dirección: Rubén Szuchmacher
Actuán: Alfredo Alcón (Willy Loman), Diego Peretti (Biff Loman), Sebastián Pajoni (Happy Loman), María Onetto (Linda Loman), Roberto Castro (Charlie), Carlos Bermejo (Ben), Pablo Caramelo (Howard) y elenco.

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