L. Repetur y A. Scarpetta

"Cantapueblo se instaló como un proyecto necesario"

Creadores y directores de Cantapueblo, encuentro coral que cumple 20 años.

“¿Para qué sirve la utopía? Para eso sirve: para caminar”, ilustra Eduardo Galeano en “Ventana sobre la utopía”. Y la afirmación sirve para retratar la esencia de Cantapueblo, un proyecto que nació hace 20 años como una utopía y que hoy, tras un largísimo camino recorrido, es uno de los referentes de la actividad coral en Argentina y en los demás países de la vasta Latinoamérica.

Más allá de ese crédito, meritoriamente ganado, este año es doblemente especial para el tradicional encuentro de coros que “caminan” juntos Alejandro Scarpetta y León Repetur. El evento no sólo celebra haber alcanzado las dos décadas sino también su llegada a Guarenas, Venezuela, y a Río de Janeiro, Brasil –dos cálidas geografías que serán sede, por primera vez, de “la fiesta coral de América"-.

Puntualmente, la programación de Mendoza -que incluye voces de Holanda, España, Venezuela, Brasil, Chile, Uruguay y siete provincias argentinas-, cerrará el domingo, con la clásica masa coral y la presencia de Opus 4, en el Estadio Vicente Polimeni (Roca y Dr. Moreno, Las Heras).

Antes de ese mega concierto, sus creadores y directores, recuerdan -en diálogo con MDZ-, los pasos que, a fuerza de pasión y trabajo, dieron en todos estos años; pero además retratan el auspicioso presente del proyecto así como de cuáles son los planes futuros.

- ¿Cuando piensan en el punto inicial de Cantapueblo, hasta dónde los lleva la memoria?

- León Repetur: a 20 años atrás, a Godoy Cruz, cuando conversábamos con Alejandro, en el área de Cultura del municipio, desarrollar esta experiencia a partir de la que él había desarrollado como niño cantor.

- Desde esas primeras charlas hasta que se concretó el proyecto, ¿cuánto tiempo pasó?

- Alejandro Scarpetta: todo comenzó porque se estaba armando un movimiento de coros barriales y había que hacer una muestra. Así se armó el Primer Encuentro de Coros de Godoy Cruz, que provocó un gran impacto en la sociedad. A partir de esto a León se le ocurrió armar algo más formal. Por entonces yo acaba de tomar un seminario de música popular latinoamericana, en Buenos Aires; era el primero que, en todo Latinoamérica, se centraba en la música coral popular. Venía, también, con un espíritu de revitalizar lo propio y de generar un espacio exclusivamente para este tipo de música, algo que el mundo coral no se había tomado ni el tiempo ni el trabajo de darse.

L: era también parte del diseño de una política cultural. Estábamos recién recuperando la democracia, veníamos de un pulso muy grande con lo que eran las actividades al aire libre, con especial protagonismo de la gente. Después de tantos años de censura y percusión, las políticas culturales en ese momento buscaban abrir, generar espacios grandes de participación donde la gente se reencontrara. Veníamos de una destrucción del tejido social, por eso el movimiento coral trabajar en las escuelas, en los barrios con gente de otros coros, otras provincias y otros países era parte de una política que se comenzaba a diseñar. De ahí surgió el pueblo cantando, y Cantapueblo salió como una palabra que identificó el proyecto. Otra cosa importante fue el hecho de que la municipalidad ya había tomado la decisión de alquilar el Teatro Plaza. Comenzamos el proyecto de una manera sencilla, austera, como era todo en esa etapa; nosotros éramos nuestros propios empleados, todavía no se habían aburguesado tanto los funcionarios, trabajábamos al pie del cañón. Pensábamos, poníamos en marcha, y ejecutábamos las ideas. Esta fue una etapa artesanal. Después fuimos incorporando conocimientos que nos permiten llegar hoy a estar en tres países.

- Y esto justo coincide con los 20 años de Cantapueblo. ¿Lo planificaron así o se dieron todas las condiciones para que suceda?

- A: no, pudo haber sido también a los 17 años (risas). En realidad Brasil viene de una experiencia anterior. En 2000 intentamos hacerlo allá, incluso ya teníamos un equipo armado trabajando, pero todo lo que ocurrió en la Argentina en aquella época no nos permitió concretar el proyecto. Ya teníamos ganas de lanzarnos a otros lugares. Este año concretamos Brasil y Venezuela porque se dieron las condiciones.

L: ya habíamos trabajado en Chile y en Ecuador, la idea siempre fue expandir el proyecto porque creemos que enriquece a las ciudades y a la actividad coral, y además porque había receptividad en esos espacios. Los equipos que trabajan en Brasil y Venezuela son grupos corales que han venido al Cantapueblo varias veces y nos propusieron hacerlo en sus países. Nosotros ya veníamos pensando en el tema del franquiciado, así hicimos un curso de capacitación de quince días en Venezuela. A partir de ahí se pudo concretar esta instancia que esperamos, sume a otras ciudades.

- De alguna manera, la permanencia del evento a través del tiempo convirtió a Cantapueblo en una marca registrada…

- L: es casi un genérico de los encuentros corales. Y ese fue un trabajo que venimos desarrollando desde nuestra fundación. Por ejemplo, este es un encuentro no competitivo, para intercambiar.

A: no es un festival de coros. En “La fiesta coral de América” hay un sentido de alegría del canto y de la gente; no sólo el público sino también los coros participan con ánimo festivo. Con el tiempo fuimos cambiando algunos slogans y adoptando nuevas frases para que el evento fuera distinto a lo que se estaba haciendo.

L: y esto tiene que ver con una idea con Alejandro venimos desarrollando desde hace muchos años, sobre qué es la cultura y la actividad artística para nosotros. Es la posibilidad de que el hombre se reencuentre, retome la palabra y se comunique con sus semejantes; de volver a recuperar la alegría de hacer las cosas en las calles y de forma colectiva. Todo tiene que ver con este concepto de la cultura como un espacio casi sagrado en donde el hombre encuentra sus verdaderos valores; allí es franco, solidario y expansivo. Cantapueblo es el eje que mueve esta concepción.

- ¿Cómo recibe el público esta propuesta que, para los coros, es esencialmente festiva?

- A: ya detectamos que el público adhiere a esta nueva forma de presentar los coros. Hace 20 años, el movimiento coral tenía una connotación vinculada a lo serio o lo erudito, Cantapueblo ingresa para sumarse a esa historia pero hace un aporte ofreciendo una comprensión más fresca de lo que es el canto coral. A los coros siempre les pedimos que canten obras de sus lugares, ligadas al repertorio popular. Esto hizo que un público nuevo se sumara y comenzara a regocijarse con la música que posiblemente escuchó de cada país. Creo que la gente va feliz a los conciertos e intenta participar, y los coros están más abiertos a comunicarse con el público, no sólo desde lo musical sino también desde la puesta en escena.

L: además siempre estamos pensando en cómo acercar más gente y cómo para convocarla de otra manera. Investigamos mucho nuestro público, lo encuestamos en los conciertos pidiéndole su opinión. Entendemos que hay que respetar y entender al otro, porque nos puede orientar como gestores culturales. La cultura no es ocurrencial, la gente tiene que sentir que lo que se está proponiendo es algo que también quiere o desea; y cualquier política cultural, sea estatal, privada o no gubernamental, debe tener en cuenta esta realidad. En ese sentido nos costó mucho Cantapueblo porque el mundo coral estaba muy aislado pero logramos que esté al lado de la gente, esto genera un atractivo y un crecimiento simbólico del espacio ciudadano que contiene a estos proyectos. Hoy todos los pueblos se movilizan a conocer esos espacios, por eso es tan importante que existan. En ese marco ponemos nuestro granito de arena.

- ¿En qué momento el Cantapueblo empezó  a consolidarse y ganar ese espacio que no existía?

- A: Hace diez años.

L: creo que el salto se dio cuando duplicamos la cantidad de coros (de 30 a 70) porque los que había estado sucediendo durante tres años en Mendoza había corrido como reguero de pólvora. Cuando se produjo ese fenómeno detectamos que el Cantapueblo se instalaba como un proyecto necesario y que era demandado. De ahí en adelante el crecimiento fue permanente.

- ¿Cuál fue la agrupación coral más extraña con la que se encontraron?

- A: tuvimos un coro de niños de Malasia. Como allí hay siete religiones, en el grupo había niños de cada una de estas y tenían una forma de comer distinta. Después, cada coro extranjero que ha venido europeo o latinoamericano tiene la impronta de su país. Por ejemplo, el APZ Tone Tomsic, ganador de distinguidos concursos internacionales que decidieron integrar nuestra programación.

L: otro coro muy importante fue el Carmina Slovénica, un coro de niñas eslovenas. Y los que hoy son nuestros socios, el Orfeón de Guarenas, de Venezuela; y el Dano Coro, de Brasil que vino motivado por el tributo que hicimos a la música negra.

Coro Orfeón de Guarenas, organizador del Cantapueblo bolivariano 2008.

- Si bien cada cierre es especial y en él participan grandes maestros, me imagino que tendrán alguno “soñado”…

- A: En 1995 estuvo Markama, Víctor Heredia –hacíamos su obra, “Sube, sube”-, la Orquesta Sinfónica de la provincia de Mendoza y una masa coral de 2000 voces dirigida por un sueco. Habíamos logrado la síntesis de lo que es Cantapueblo, todas las formas de cultura y de pensamiento estaban en ese concierto. Pero ya estamos pensando en que si el año que viene hacemos tributo al humor, deberíamos traer a Les Luthiers. La gestión ya está hecha…

L: pero ahí es donde se necesita mucha colaboración y apoyo de las estructuras del Estado. Esos montajes para tanta gente y con artistas de gran importancia, requiere que los municipios, la provincia y la nación estén presentes. Nuestra fundación dispone de poder de gestión pero no de las estructuras necesarias. Como lo más importante es la masa coral, si no conseguimos los elementos precisos para un gran cierre, planteamos un escenario de media y ocupamos un espacio cerrado (aunque siempre soñamos con ellos).

- Ahora bien, Cantapueblo ya está instalado; algún día tendrán que pasar la posta…

- L: es todo un tema. Nosotros mismos fuimos haciendo un arduo proceso de aprendizaje durante todo el proyecto; nos capacitamos y contratamos asesores para que nos orienten en las áreas que desconocíamos. Como organización crecimos y generamos espacios de capacitación. Hoy tenemos una escuela en gestión cultural que está operando en Mendoza y Buenos Aires. Casi todo el equipo que participa hoy de la Coppla ha sido alumno del Diploma en Gestión Cultural e Industrias Creativas. Allí vamos detectando a los más entusiastas y a los que tienen más feeling con el proyecto; los incorporamos a la estructura y los capacitamos. Lo mismo hicimos con Venezuela y Brasil. Tenemos la decisión de transferir el proyecto, y ponerlo en manos de otros artistas y gestores culturales. Por suerte hay mucha gente que viene empujando, en la Argentina hay una gran potencialidad. Y aún más en Brasil y Venezuela.

- Y, especialmente, la llegada a esos países se da en un contexto socio-político en donde la presencia latinoamericana es muy fuerte…

- A: Fijáte que los países que este año hacen Cantapueblo son, coralmente, los más poderosos. Argentina está en la vanguardia de lo que es la actividad coral. Aquí hay universidades en las que se estudia Dirección Coral, no así en otros países.

L: Latinoamérica siempre fue nuestra casa. El territorio es el de la patria grande. Siempre hemos planteado que dentro de los objetivos del proyecto está la integración de los pueblos. Y soñarlo, lo va haciendo realidad aunque no se concretice del todo. Como siempre se dice, la utopía es el motor que te pone en movimiento.
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