Víctor Redondo

"La poesía y el arte son el último reino"

Poeta, creador de la editorial Último Reino y vicepresidente de la SEA.

Es uno de los grandes poetas de nuestro país. Invitado a integrar el jurado del Certamen Literario Ciudad de Mendoza, el creador de la respetada editorial Último Reino y actual vicepresidente de la SEA (Sociedad de Escritoras y Escritores de la Argentina), explica las claves de su tarea como editor de poesía, detalla la actividad que desarrolla la sociedad que dirige y habla del profundo vínculo que lo une a nuestra provincia.


Con la responsabilidad de integrar el jurado en el Concurso Literario Ciudad de Mendoza de Poesía y Cuento Corto el poeta Víctor Redondo visita Mendoza este fin de semana. Hombre de pocas palabras, porque los hechos han sido su sello personal, creó en el año 1979 la Revista de Poesía Último Reino y la célebre editorial de pesía del mismo nombre que lleva publicados más de 500 títulos y está considerada por la crítica especializada como una de las más importantes de América Latina.

Su incansable labor y compromiso con el escritor y su obra lo llevaron a organizar en el año 2001 la SEA (Sociedad de Escritoras y Escritores de la Argentina). Desde allí se dedica a echar luz sobre la realidad y las necesidades de los escritores argentinos.

Como poeta ha dado a conocer al mundo libros como Poemas a la maga (1977, reeditado en 1985), Homenajes (1980, reeditado en l985), Circe, cuaderno de trabajo 1979-1984 (publicado en 1985 y reeditado en 1991) y Mercado de ópera (1989). También se animó a la novela con Las familias secretas (Catálogos, 1985). Su vasta y consolidada obra lo ubican dentro de la literatura argentina como un comprometido escritor que excede al lápiz y al papel y se embarca en la difícil tarea de la lucha por la igualdad.

La militancia ha signado su camino, sólido en su discurso, coherente en sus acciones. Víctor Redondo es la excepción a la regla, demuestra que es posible creer en un mundo mejor, aunque se nos pase la vida en el intento.

- ¿Hubo algún objetivo al momento de crear la revista y la editorial Último Reino?

- No, objetivo no me puse ninguno, la historia se fue armando sobre la marcha. Yo tengo treinta años de relación con la poesía y te das cuenta de que por más que pasen los años siempre seguís aprendiendo, pero no aprendiendo en cantidad sino en profundidad. Incluso te diría que me siento feliz de haberme olvidado muchas cosas de teoría literaria. Con el tiempo se desarrolla como otro sentido, no leés desde lo intelectual sino desde el corazón. Desde ese punto de vista, una palabra te mata un poema o te lo levanta. Así que no me puse ningún objetivo, simplemente las cosas se fueron dando y se transformó en una manera de vivir. Además con mis amigos compartimos el mismo vicio, el de la poesía.

- La SEA vino a ocupar un lugar vacío en el mundo literario argentino. ¿Cuál es su espíritu?

- En mi vida hay dos pilares importantes: la actividad personal que desarrollé con una editorial junto a un grupo de poetas y la militancia cultural. Desde hacía un tiempo la SADE (Sociedad Argentina de Escritores) se había ido prostituyendo cada vez más, ya no se representaba ni a sí misma, era una payasada. Pero por esas cosas de las burocracias, era la representante de los escritores, aunque en realidad no era representante de nada. Nosotros desarrollamos trabajos dentro de la SADE durante muchos años. Nos presentamos en dos elecciones consecutivas en donde fuimos arrasados por el fraude. Y al final la gente que formaba todo este grupo planteó públicamente que había que hacer otra cosa. Ya no se podía seguir perdiendo años en tratar de cambiar eso. Yo en un primer momento les dije que había que esperar un poquito, había que esperar la oportunidad. Y llegó el día en que sí, era el momento e hicimos un llamamiento humilde a los escritores diciéndoles que si no pensaban que ya era hora, quizás, de empezar a pensar en otra sociedad que nos represente. Y la respuesta fue alucinante porque en treinta horas recibimos ochenta y seis respuestas. Y entre las primeras adhesiones estaban Tomás Eloy Martínez, Angélica Gorodischer, Mempo Giardinelli, un montón de escritores de primer nivel, que estaban de acuerdo con hacer una nueva organización. Y ya llevamos siete años; tuve el placer de ser su primer presidente.

- La sigla lleva en sí una expresión de deseo, que sea…

- Si, la gente dice: que sea, que sea. El tema del nombre se discutió muchísimo, se propusieron muchos nombres de fantasía, pero nosotros queríamos que el nombre indicara que nuestro objetivo no era un objetivo diversificado sino que luchábamos por una cosa muy concreta; que la nuestra era una posición sindical, de los escritores. Una de las características diferenciales que tiene es que esta sociedad es de escritoras y escritores, con lo cual concretamos un debate que posteriormente se dio en muchos otros ámbitos.

- ¿En qué anda la SEA por estos días?

- Ahora la lucha que estamos llevando a cabo es por un subsidio a los escritores mayores de 65 años que no tengan otra jubilación. Es una reivindicación por la que hace ya un año que luchamos y nos encontramos con el paredón de la Legislatura porteña, no solamente del PRO, también del Frente para la Victoria. Ponen piedras en el camino. Este es un proyecto que ya tiene 500 firmas y a estos dirigentes les importa un pito. Hay muchos escritores muy reconocidos que murieron en la miseria. La SEA es un organismo gremial que lucha por la reivindicación de los escritores y nos ubicamos netamente dentro de la lucha por los derechos humanos.

- ¿Qué cosas te conmueven hoy?

- Estamos viviendo una situación absolutamente excepcional, un derrumbe catastrófico, una crisis que hace más de medio siglo no vivía la humanidad. Es la crisis a la que nos lleva el capitalismo con su consecuencia de desocupación, baja de presupuestos, menos salud, menos educación, es decir: hambre. Todos los financistas que generaron esto no van a tener problemas, el problema lo vamos a tener nosotros, nuestros amigos, y toda la gente que va a ir de a poco perdiendo el trabajo, que de hecho ya está pasando. En el terreno general la visión que tengo es pésima y trato de compensarla con una militancia política que ya tiene más de treinta y cinco años dentro de la izquierda, en el Partido Obrero. Y esto no sólo sucede en Argentina, en el resto del mundo está igual la cosa, mis amigos que viven afuera me dicen que están cada vez más apretados. Todas estas crisis las termina pagando el pueblo. Y por otro lado están la poesía y el arte que son ese último reino, ese único lugar de cierta paz y belleza. Entonces lo que no encontrás en la vida real, si bien la poesía también es la vida real y uno la usa para mejorarla, lo que te da un libro, una melodía, un poema, no se puede comparar con nada, salvo con hacer el amor.

- Sos un ícono para toda una generación desde el compromiso, desde el lugar bien ocupado, desde tu gestión. ¿Cómo te sentís en ese lugar?

- Mirá te digo una cosa, yo tengo 55 años pero en el fondo me siento igual que cuando tenía 25. Pienso lo mismo, siento lo mismo, pero un poco me cansé. Quise abrirme de alguna de mis actividades y no me dejaron. Porque la gente es más lo que habla que lo que hace. Cuando vos decís "vamos a hacer esto o aquello", todos te dicen que sí, que bravo y al otro día no queda nadie y estás vos solo. Entonces vas y lo hacés. Todas esas cosas con el tiempo te van gastando. Pero bueno, hay que seguir, porque lo otro es peor.

- ¿Cómo te llevás con la tecnología, por ejemplo, con el surgimiento de los blogs?

- Perfectamente, internet es maravilloso. Participé en un blog colectivo por mucho tiempo hasta que por motivos ajenos al blog lo dejamos de hacer. Pero sigo los blogs que hacen los amigos escritores, les echo una miradita. Si tuviera más tiempo haría el mío. Lo que tiene de lindo el blog es que te permite publicar cosas que no las publicarías en ningún otro lado, es veloz, te enterás de muchas cosas, amo los blogs, los buenos.

- Llegás a Mendoza para participar como jurado en el Concurso Literario Ciudad de Mendoza. Esto te da la posibilidad de conocer lo que se está escribiendo en el interior del país y en otros lugares también. ¿Qué es lo más jugoso de ser jurado?

- Mi conocimiento de la poesía de toda la Argentina viene de haber sido jurado en tantos lados, de participar en congresos y de viajar y visitar amigos poetas. Ser jurado te da esa visión panorámica imposible de tener de otra manera. La poesía argentina es maravillosa, no hay pueblito donde los poetas no se junten, en todos hay algún taller, un bar donde se encuentran, y el entusiasmo y pasión que ponen en querer a la poesía es algo conmovedor. Desde encuentros en Chilecito, Villa María, Cutralcó, Salta, todo te da una visión muy interesante de la que, entre otras cosas, se descubre que la famosa poesía regional hace tiempo que ha desaparecido. No sé si es bueno o es malo. Lo que sí puedo decir es que se ha globalizado, usemos esa palabra aunque no me guste, dentro de los poetas algo que trasciende el paisaje que los rodea para pasar a tener una visión poética de la poesía. Por lo tanto las preocupaciones son muy parecidas entre un poeta de Posadas y uno de Capital Federal. Por algún motivo la poesía se fue homogeneizando. Obviamente el poeta antes estaba más aislado, ahora con internet lo que lee uno lo leen todos. Todos leemos todo. Es una riqueza infernal. Por suerte, hay poesía para rato y esperemos amargarle la vida a unos cuantos verdugos.

- ¿Con Mendoza tenés un vínculo muy fuerte?

- Quiero mucho a Mendoza porque acá vivió al final de su carrera como profesor Alfonso Sola González, un poeta que siempre admiré y que resultó ser el abuelo de mis hijas. Y quedó en Mendoza gran parte de la familia Sola que son maravillosos. En Mendoza viven Julieta, Mercedes y Cristóbal Sola.

- ¿Cómo definirías a Víctor Redondo?

- Un luchador contra la injusticia porque no se puede vivir si el que está al lado tuyo se muere de hambre; un buscador de placer, que lo encuentro siempre en el arte.
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