Celia Astargo

Una mamá del corazón

La periodista y locutora Celia Astargo adoptó a tres niños y en esta emotiva entrevista cuenta cómo fue el proceso y la adaptación.

Todos los mendocinos cenamos con ella durante diez años. Nos contaba lo que había pasado durante la jornada, en el noticiero de Canal 9.  Celia Astargo es una de las grandes periodistas y locutoras mendocinas que poco a poco se fue instalando en los hogares y, aunque ya no esté en televisión, sigue trabajando en las mañana en LV10, un lugar en donde asegura le gustaría jubilarse.

Sucede que en la casa de Celia Astargo todo cambió. Antes, el orden reinaba, ahora los rasti, los lápices de colores, los dibujos en las paredes, las muñecas y algunos autitos, están por doquier.

 


Y es que Celia no podía tener hijos y  aunque de alguna manera se había acostumbrado a vivir con esa realidad,  un día se dio cuenta de que en su vida y en la de  Julio, su pareja, hacía falta un cambio por eso pensaron en la posibilidad de adoptar. Pero en lugar de uno, se hicieron cargo de tres hermanitos muy chiquitos (tenían 2, 3 y 4 años en el momento de la adopción) en marzo delo 2007.

Cuando llegué a la casa de Celia toqué a la puerta. Su inmensa sonrisa me recibió, pero casi al instante, tres cabecitas  se asomaran alrededor de ella, curiosos de ver quién llegaba. Desde ese momento, realizar esta entrevista no fue fácil. Antes de comenzar con mis preguntas, los chicos manifestaron su curiosidad acerca de mí:  ¿te vas a quedar a dormir?, ¿sos amiga de mi mamá?, ¿qué venís a hacer?, te regalo mi tijera (me dijo el único varón y más chiquito de los tres).

Mientras yo caminaba entre niños, juguetes y una perra chiquita adentro de la casa, trataba de saludar a Celia y comentarle brevemente detalles de mi vida después de casi diez años sin vernos.

Luego de acomodar a los chicos para que tomaran la leche y hacer callar al ovejero alemán que estaba en el patio, logramos sentarnos a tomar mate y comenzar nuestra charla, interrumpida en varias oportunidades por los chicos, los perros y hasta por mis propios hijos llamando para ver a qué hora iba a volver de trabajar.

- ¿Te costó mucho hacer el cambio?

- Cambiaron nuestras prioridades absolutamente. Imaginate que estuvimos más de 15 años conviviendo con Julio (Funes), y vivíamos con nuestro ritmo, si en algún momento se nos ocurría viajar a San Juan el fin de semana, agarrábamos la moto, una campera y nos íbamos no más, nada nos ataba.

- Pero,  es un cambio que vos quisiste hacer.

- Por supuesto. La verdad es que si hay algo de lo que no me arrepiento es de que en las buenas y en las malas, con mucho o poco dinero, siempre nos fuimos de vacaciones. En moto, en auto, en colectivo o a dedo; siempre salimos y fuimos para todos lados y eso fue muy lindo y muy importante para nuestra pareja.

-¿Qué te hizo cambiar todo esto, porque de alguna manera todos queremos tener la libertad de ir a donde queramos sin ataduras?

- Mirá,  no podría decirte a ciencia cierta qué fue, ni quién o cuándo fue lo que me hizo cambiar. Sólo sé que un día me di cuenta de que en nuestro mundo hacía falta un cambio, y había espacio para más.

- Me acuerdo de que muchas veces hablamos de tus dos perras ovejeras (Amazona y Akira) y siempre las presentabas como tus dos hijas.

- Sí, las perras siempre compartieron todo con nosotros. Es más, cuando nos fuimos a vivir juntos con Julio, tuvimos que buscar una casa con un patio para vivir porque si no, en un departamento, las perras se iban a morir. Antes estábamos todo el día trabajando, 12 o 14 horas en la calle, no podía ser. Nos resultó bastante complicado encontrar el lugar adecuado, pero se nos dio. Conseguimos comprar una casa aquí en Maipú, que es donde yo nací, me crié y viví toda mi vida, excepto los pocos años que estuve viviendo en el centro.

-Sigamos hablando de esa necesidad de cambio que  sentiste en tu vida- ¿Cómo lo tomó Julio?

- Re bien, y me acompañó en todo, siempre.

- ¿El proceso de adopción fue complicado?

- Y sí, tenés que llenar muchos papeles, cuestionarios, tenés muchas consultas con asistentes sociales, psicólogos y mucha gente alrededor del tema que evalúa qué clase de personas somos, cómo vivimos, de qué vivimos, etcétera.

-  ¿Cómo tomaron la decisión?

- Primero nos asesoramos y nos inscribimos en el registro de adopción. Allí nos hacen una serie de preguntas en un cuestionario impreso que al principio me pareció muy chocante y agresivo, pero después entendí que cada pregunta estaba “psicológicamente” puesta en ese papel.


- ¿ Cómo eran las preguntas?

- Tenías que responder cosas como si querías un chico recién nacido o hasta qué edad aceptarías uno, de qué raza, de qué etnia preferías, si estabas dispuesto a salir a la calle llevando de la mano a ese niño. Cuando las empecé a leer, me molestó, pero finalmente comprendí que era de vital importancia ese tipo de investigación de parte del Servicio de Adopción.

- ¿Siempre tuviste la idea de adoptar tres?

- No, queríamos uno, pero en el proceso, llegamos a una etapa en la cual nos dijeron que ya estábamos en una especie de “recta final” junto a otras parejas que también estaban buscando adoptar. En ese momento comenzaron a hacernos preguntas más específicas sobre chicos de determinada edad, hasta que nos dijeron que estaba la posibildiad de adoptar a tres hermanitos. Nos contaron la historia de ellos y cuando la  asistente terminó, allí sentí que los chicos ya eran míos.

Hasta ese momento Celia se había emocionado con recuerdos y cosas que contaba sobre su vida, pero sus lágrimas sólo habían llegado al borde de sus ojos;  luego de decirme esto, sus párpados no alcanzaron a contener la emoción de sus palabras. Incluso, debo reconocerlo, a mi también me emocionó el relato.
 
-  ¿Pasó mucho tiempo hasta que pudieras conocer a los chicos?

- No, los conocimos y  a partir de allí hubo un proceso de adaptación, empezamos a visitarlos en la casa de adopción, a llevarlos al parque, hasta que la asistencia social nos dijo que iba a pedir que nos los pudiéramos llevar a la casa. Las chicas de Avome estaban muy entusiasmadas porque nosotros lográramos obtener la tenencia de los chicos, mientras que la gente del registro de adopción fue  mucho más cauta. Ellos nos decían que si nos llevábamos a los chicos, los teníamos que traer de vuelta a dormir acá; en cambio las chicas de Avome nos decían: "Si se van y los chicos se quieren quedar, no los traigan”. Fueron momentos tensos pero también muy lindos. El proceso de conocernos, Julio, yo y los chicos siguió, pero nosotros ya habíamos preparado el dormitorio con sus tres camitas, juguetes y cositas para que ellos comenzaran a sentir que eran parte de ellos. Los trajimos un día, se quedaron a dormir la siesta y compartir con nosotros mucho más que una salida.

-  ¿Cuál fue la reacción de la familia y de los amigos?

- La mejor. Nos ayudaron y apoyaron muchísimo. Cuando nos entregaron los chicos tuvimos que hacer turnos de visita porque era mucha la gente que llegaba queriendo conocer a los niños; les traían regalos. Mientras, nosotros tratábamos de no perturbar tanto a los chicos con tantos cambios.

-  ¿Vos creés que hay miedo por parte de la gente para adoptar?

. Y sí, hay un montón de prejuicios, de cosas que se precipitan, no es lo mismo adoptar a un bebé que un chico más grande. Te tenés que hacer cargo de un montón de cosas porque los chicos ya vienen con una historia a la que hay que respetar. Es bueno que los chicos tengan un presente y un futuro, pero es fundamental que construyan un pasado también.

-  ¿Charlás con tus hijos este tema?

- Siempre, porque ellos han preguntado sobre la mamá de la panza. Si bien son chiquitos, lo hablamos mucho y tratamos de explicarles bien el tema y responder todas sus preguntas.

-  ¿Cómo te sentís como madre?

- Y... ( dice mirando para todos lados como pidiendo ayuda), estoy haciendo lo que puedo, los chicos no vienen con un manual bajo el brazo.

-  ¿Cuál es tu modelo de madre?

- Mi mamá, sin dudas. Yo rescato de ella cosas que me parecen muy valiosas. Nosotros éramos dos hermanas y hasta los 12 años no nos dejó hacer nada en la casa, porque ella decía que nosotros teníamos que jugar.

- Mmm, me siento una mala madre entonces...

- Yo también, pero hay que tener en cuenta que hay diferencias. Mi mamá era ama de casa, si bien no me quiero justificar, pero siento que las cosas son distintas. Yo trabajo afuera durante la mañana que es cuando los chicos están en la escuela, en la tarde estoy siempre acá y tengo alguien que me ayuda porque de otro modo no podría hacer las cosas. Además, a los chicos sólo les hago hacer las cosas que sean de ellos, juntar los juguetes, ordenar sus cosas, son hábitos que yo creo después los trasladarán a otras cosas.

-  ¿Qué hace Celia Astargo si está hablando por teléfono y los tres chicos gritan a la vez?

- Le digo a la persona con la que estoy hablando, “disculpame un momentito...”, tapo el tubo del teléfono y digo “ se vaaaan paaaraaa alláaa.... que estoy hablando por te-lé-fo-no”, y los echo.

- Muy gráfico lo tuyo. ¿Y si la casa está limpia y entran los tres corriendo con los pies con barro?

- No, bueno, con eso estoy resignada, porque detrás de ellos entran los perros, ya estamos acostumbrados. Y bueno, se limpia después.

-¿  Y si te dicen que no quieren tomar la leche?

- Negociamos (respondió casi sin respirar). La negociación es vital y los chicos son unos grandes negociadores. A la más grande le da un ataque si le decís que no va a ver dibujitos, la del medio se muere si se queda sin postre y el varoncito todavía no le hemos encontrado la vuelta, pero por ejemplo cuando llegó a nuestra casa no comía solo, entonces empezamos a decirle “qué bonito te ves cuando comés solo”, entonces ahora cuando come dice “me veo bonito”.

-  ¿El castigo es un recurso válido?

- No siempre, hay casos que con ponerlos en penitencia no alcanza.

-  ¿Qué valorás y qué criticás de las madres de ahora?

- En la escuela de mis hijos me encuentro con madres que tienen la mitad de mi edad, son pocas las madres cuarentonas con hijos de seis años. Yo noto que las otras mamás son más relajadas. Por ejemplo, a  mí me costó mucho ver que los chicos ensucien su ropa, o que se revuelquen en el suelo. Hasta que me di cuenta de que a mí también me gustaba ensuciarme. Las madres de ahora son más relajadas en ese aspecto, no se hacen demasiado drama. Aunque veo que ese no hacerse drama lo trasladan a cosas más importantes como no preocuparse ni ocuparse de los problemas de sus hijos en las escuelas. En las reuniones de padres somos siempre los mismos.

 


-  ¿Te sentís completa en este momento, lograste ese cambio que estabas buscando?

- Totalmente. Nuestras prioridades han cambiado absolutamente y no me molesta para nada, ni siquiera tener que dejar el canal. Yo siempre dije que me quería jubilar en la radio y es lo que conservo ahora.

-¿ Volverías al canal?

- Yo creo que sí, pero no ahora. Me gusta mucho hacer radio, disfruto mucho lo que hago. Es muy lindo trabajar de lo que soñaste toda tu vida, desde que estaba en la escuela yo hacía la locución en los actos, así es que esta fue siempre la carrera de mis sueños. Es muy pronto pensar en volver al canal por ahora.

A pesar de que habríamos podido charlar durante horas, la entrevista tenía que terminar, además la memoria de mi MP3 se consumió.

Mientras Celia me acompañaba hasta la puerta, la mayor de sus hijas me regaló un dibujito para que yo se los mostrara a mis hijos. Luego la del medio reclamó que había sido ella la que lo había recortado, por eso a ambas les agradecí el gesto y prometí conservar el regalo. Mientras tanto el varoncito, empecinado en darme algo, volvió a ofrecerme su tijera como regalo de despedida, aunque minutos antes también se la había ofrecido a Nacho, el fotógrafo que me acompañó en este trabajo.

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