Laura Manzella

"En mi profesión encontré al gran amor de mi vida"

Referente del flamenco en Argentina que visita Mendoza.

Muchos nos pasamos la vida buscando ese fuego sagrado llamado “gran amor”. Ella no. Lo conoció el día en que se calzó por primera vez los zapatos de flamenco; desde entonces, un huracán gitano la llevó a un viaje impensado y maravilloso que derivó en tablaos de todo el mundo.

Desde hace diez años, uno de los destinos de esa incesante marcha artística es el Festival de Alburquerque (EE.UU), premiado por el festival de Jerez como uno de los más importantes del mundo. Allí Laura Manzella, única artista argentina, comparte experiencias con familias gitanas puras, españolas y andaluzas, provenientes de generaciones y generaciones de artistas flamencos (como la familia Farruco, Juana Amaya, El Torombo, Israel Galván, María Pagés, Alejandro Granados, Mercedes Ruiz, familia Campayo,  Eva la Yerbabuena, entre otros).

Ese cúmulo de vivencias las comparte, luego, con los alumnos de su instituto –espacio por el que transitaron bailaores del país y de otras latitudes- y en las clínicas que dicta en provincias como Córdoba, Tucumán, Rosario y Mendoza, a donde también lleva sus espectáculos y participa como jurado de certámenes.

Su amor por los tablaos quedó impreso en cinco propuestas, “Así somos los flamencos" (2001), "Temple y pureza" (2002), "Flamencos de sangre" (2003), "Bailaoras" (2004) –espectáculo del que también participa Carito Echegaray y que este año integró la programación del Mayo Flamenco- y "Flamenco, en nombre propio".  En los cuatro primeros, su hermano, Mariano Manzella, guitarrista flamenco, dirigió la parte musical.

Con todo este bagaje llegó la bailaora y coreógrafa, esta semana, y por segunda vez, a Mendoza.

Aquí despuntó su talento en la clínica de baile que dictó y aquí también decidió dejar su pasión gitana, junto  Melisa Picón (bailaora) y Rodrigo González (guitarra flamenco), en “Laura Manzella: Flamenca en Mendoza”, espectáculo que podrá podrá verse hoy en el  tablao Olé-Olé (Belgrano y Pedro Molina, Ciudad) a las 23.

Una velada imperdible en la que también artistas locales y de la provincia de San Juan dejarán su impronta. Hablamos de Carina Beysa (cante), Pablo Garay (baile), Juan Manuel Gil (guitarra flamenca),  Alejandro Morales (percusión, bajo y coros), Ricardo Sánchez (flauta traversa) y Leo Landa (percusión y accesorios).

Desde una mesa de café, en el hotel en donde está alojada, nos concedió una entrevista en la que dejó en claro, por qué el arte jondo y milenario es el amor de su vida.

- De nuevo en Mendoza…

- Estuve este año en el Mayo Flamenco, por primera vez. Pablo Garay, con La Fragua, me volvió a convocar para dar una clínica y hacer dos funciones. La del Mayo fue una experiencia maravillosa y enriquecedora, y tuvo muy buena repercusión en la gente. Hace diez años que estoy viajando a uno de los festivales más importantes del mundo, premiado por el Festival de Jerez y a donde van figuras renombradas; es un honor estar allá, porque comparto y aprendo muchísimo, pero fue una gran sorpresa descubrir que en mi país, en Mendoza, había uno que estaba en el mismo nivel. Con respecto al tablao del viernes tenemos muchas expectativas porque vamos a bailar con Pablo Garay y Melisa Picón, que es una gran bailaora porteña,  acompañados por Rodrigo González, un guitarrista.

- ¿Qué diferencias notás entre la movida flamenca que se da en Mendoza y la que hay en Buenos Aires?

- En Buenos Aires hay mucha movida, porque hay más gitanos, pero no existe un festival así. Cada lugar tiene su pro y su contra, y en base a eso se generan distintas necesidades; justamente como acá quizá no hay ni tantos músicos ni tantos bailaores, se ha generado esto maravilloso que es el Mayo Flamenco. Esa es una diferencia notoria. Y ahora, además, Mendoza tiene el proyecto a largo plazo llamado, Provincia Flamenca. Estoy gustosa de estar en el comienzo porque me parece serio e interesante y además porque como flamenca que soy tengo el deber y el deseo de apoyar todo lo que haga que el flamenco crezca en mi país.

- ¿Cuándo te acercaste al flamenco?

- Empecé a tomar clases de grande, a los 19 años. Estudiaba derecho, nada que ver. Siempre fui muy inquieta, me gustaba el arte y la danza en general. No tenía estudios de danza pero sí una relación muy especial con mi cuerpo. Al año de tomar clases, comencé a bailar con profesionales de Argentina, Los Taranto; y este año estoy con Los Montoya, ambas son familias gitanas que tienen mucho nivel. Ha sido una gran suerte tenerlos porque permiten que se pueda avanzar y entender algunas cosas que provienen exclusivamente del cante. Mi hermano, Mariano Manzella -que me ha dejado un poco abandonada estos últimos años porque viaja constantemente al exterior-, participó en mis primeros cuatro espectáculos. En el último, la dirección musical fue de Rodrigo González, fuimos muy meticulosos con la música y el armado de los bailes. Desde que bailo lo hago con mucha entrega, seriedad y pasión, y creyendo en mí. Como cualquiera que se dedica a algo, me encontré con obstáculos pero lo hice con mucho amor y me pasaron cosas maravillosas. En 1996 viajé, por primera vez a España y me salió un trabajo con Omaira Amaya, hermana de Carmen. Trabajé en Boston con españoles, gitanos y cantaores de Granada. Después empecé a viajar al recital de Nuevo México, donde van figuras de renombre de España. Son lugares difíciles de entrar, muchos artistas flamencos españoles desean ser convocados y yo, sin ser española, ni gitana, sólo un ser humano al que le gusta el flamenco, pude llevarlo. Todas han sido experiencias súper enriquecedoras, formarme así ha sido maravilloso.

- Sos una privilegiada…

- La verdad que sí. En un montón de otras cosas tuve que luchar mucho más y en esto también, a pesar de que se me abrieron puertas grandes que me llevaron a lugares de privilegio. Hace 18 años que vivo con los zapatos de flamenco puestos noche y día; hice cinco espectáculos de mi autoría –en uno de ellos compartí la dirección con Carito Echegaray-, obteniendo éxito y una gran repercusión, sin contar con ningún tipo de apoyo. Siempre hice todo a pulmón.

Laura Manzella junto a Carito Echegaray en "Bailaoras".

- Como todo artista independiente…

-  Soy una artista independiente. Eso no significa que me maneje de manera under, desde mi independencia, sin tener avales o auspicios, obtuve excelentes críticas; trabajé con Rafael Amargo, en el Hotel Faena, en Buenos Aires, y con Antonio Ortega como bailaora solista; fui diez años consecutivos al Festival de Alburquerque, donde me han adoptado como “Hijastra” (el ballet se llama “Hijastros”), todo eso es muy fuerte.

- Y pese a los viajes, seguís eligiendo la Argentina para vivir

- Viajo mucho y me gusta hacerlo, en breve me voy a New York. Tuve ofertas y me planteé vivir en otro país, pero creo que uno puede hacer las cosas bien en cualquier lugar del mundo. Se puede estar en España, haber nacido en una familia gitana y no bailar tan bien (el flamenco es una disciplina muy difícil técnica y espiritual; es un arte milenario, que cuenta historias, hay mucho drama, juerga, pasión y energía). Siempre quiero volver porque, humildemente, me siento un referente en mi país. Me parece bueno traer “algo” y ser reconocida. Me apasiona lo que hago, el flamenco en mi vida es muy importante, me acompañó en momentos sumamente difíciles y también me ha dado grandes alegrías. De la mano de mis zapatitos conocí amigos y lugares inhóspitos. Es mi trabajo y es mi oficio. Siento en mí la capacidad y las ganas de comunicarme a través del flamenco, es algo que elegí para poder manifestarme. En este último tiempo trabajé con Catupecu Machu, hice videos para ellos y también para muchas marcas de moda; me gusta recorrer diferentes públicos…

- Entre todos esos públicos, ¿preferís alguno?

- Para mí lo bueno está entre pocos. Obvio que me encanta estar rodeada de mucha gente, como en el recital de Catupecu, pero la intimidad está bueno. Mi gran amor es el tablao, en una juerga se generan cosas muy interesantes. Me gusta cuando la gente escucha, presta atención y lo vive como quiere. Lo único que pretendo es poder llegar al corazón del otro, que se pueda llevar algo. Este es un objetivo que siempre se cumple porque el público agradece que seas transparente y te brindes.

Laura Manzella en La Trastienda, Buenos Aires.

- ¿Qué cosas sentís como bailaora en esos momentos?

- Siempre después de bailar me siento mucho mejor, haga lo que haga. Le hace muy bien a mi mente y mi corazón. Cuando estoy bien es la mejor manera de festejar y cuando estoy triste, es la mejor manera de reponerme. Antes de bailar estoy muy sensible, porque sé que lo que voy a hacer es verdadero, pero pongo un pie sobre el tablao y me siento como en mi casa. Ahora estoy con una madurez muy interesante, me encuentro con más experiencia y ganas, y con menos miedos. Creo que lo fundamental es buscar lo máximo y disfrutar del desarrollo, sin grandes expectativas y, al mismo tiempo, con todas las expectativas.

- ¿Eso es lo que le transmitís a tus alumnos?

- Doy clases hace muchísimos años, un año y medio después que comencé a tomar clases, quizá algo irresponsablemente. Pero como siempre lo mucho o poco que supe lo di, se me fue multiplicando. Me encanta dar y tomar clases. Melisa (Picón), mi asistente, me ayuda muchísimo, la igual que mis colegas (Carito es una de ellas) y mi familia; destaco a todas las personas que me permiten moverme libremente. Tuve mucha suerte, encontré en mi profesión al gran amor de la vida.

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