Claudio Andreani

"Las crisis nos ponen más activos y más abiertos de mente"

Empresario

Son cuatro hermanos y hasta algunos años atrás los cheques de las operaciones del grupo económico Andreani los firmaba la madre de ellos, según aseguran quienes conocen los manejos más íntimos. Claudio es contador. Luego hay dos ingenieros: Gianfranco y Adrián. Y por último el arquitecto Alberto. Nada tienen que ver con los Andreani del servicio postal ni de cargas. Pero no por ello hay que restarle importancia a su influencia en la economía. Más aún en la regional (Mendoza, San Juan, Neuquén y La Rioja), más aún en la mendocina (son los dueños de las aceiteras Lahur y Yancanelo), y más aún en la sanrafelina, donde poseen, además, el hotel Tower, que incluso tiene casino.

- Quería confirmar una de esas historias del mundo de los negocios, que los tiene de protagonistas a usted y a sus hermanos. Se refiere a la compra de una empresa, Commercial Resins, fábrica mexicana, que tomaron casi en quiebra. ¿Es cierto que algunos años más tarde, y luego de levantarla nuevamente, se la vendieron a Halliburton, compañía del actual vicepresidente de EE.UU., Dick Cheney?

- Como grupo económico, en el tema de revestimientos, sí, lo hicimos. E incluso la dotamos de avances tecnológicos que llegaron a diversos lugares del mundo. Específicamente en los revestimientos para aguas profundas, que tecnológicamente son los más exigentes. Y cuando se desató aquel efecto Tequila, la empresa no estaba quebrada, sino que los dueños, americanos, se estaban yendo de México por las consecuencias de  aquella crisis. Y, bueno, nosotros aprovechamos el know-how que tenemos los argentinos, de poder agarrar empresas en situaciones difíciles. Es una práctica que tenemos muy presente (sonrisas). Así es que empezamos a trabajar en esa empresa, la hicimos crecer en facturación, la dotamos de tecnología a partir de nuestros conocimientos, y la vendimos. No estaba ligada directamente al vicepresidente Cheney, sino a Halliburton, de la cual él era accionista. Pero nunca tuvimos una relación con él, personalmente. En un principio nos asociamos y luego ellos nos la compraron.

- Coincidirá que ir a México, comprar una empresa, apenas pasado el Tequila, que fue devastador, no es algo muy lógico.

- Bueno, nosotros tuvimos esa visión. No te olvides que habíamos formado una empresa, la nuestra, en un momento peor: la Argentina de la hiperinflación. Aquí comenzamos con aquella prestadora de servicios para la industria petrolera. Y con esto quiero decir  que estábamos acostumbrados, ya que el México del post-Tequila vivió un proceso inflacionario. Y en ese contexto veíamos que el petróleo iba a ser una solución para los países que estaban en crisis y que, evidentemente, para extraer petróleo y comercializarlo se necesitaban nuevas tecnologías. Y este razonamiento hoy es válido para muchos empresarios argentinos, acerca de que las crisis puede ser una oportunidad internacional. Hoy nosotros no estamos analizando ningún negocio fuera del país. Pero el conocimiento que podemos tener los argentinos es sabernos manejar en crisis. No es alegre decirlo. Pero lamentablemente así nos hemos formado en el país con los ciclos económicos que tenemos.

- ¿Recuerda cuál fue su primer negocio, en su temprana edad? Me refiero a lo que considera que lo marcó a fuego en el mundo de los negocios.

- Más que del primer negocio me acuerdo de mi primer trabajo. Fue con mi padre, que nos llevaba a trabajar en verano a su empresa. En verdad eran dos trabajos. Uno ere podar álamos, para plantar y hacer una gran forestación, en una chacra de Neuquén. Y el otro era manejar la parte administrativa de un pañol, que es donde están todas las herramientas de una empresa. Y mi primer negocio fue un frigorífico de peras y manzanas. Y claro que mi estudio particular, pues cuando me recibí como contador me dediqué a esta actividad durante cinco años, asesorando. Llegué a tener cuarenta clientes, entre chicos y medianos.

- El grupo económico Andreani, en la actualidad, está muy diversificado. ¿Podría realizar un panorama de las empresas en las que participan y las proyecciones para el año en curso?

- Esencialmente venimos del rubro gas y petróleo y construcción. Y en los últimos diez años nos fuimos volcando al sector del turismo. Y es el mismo tiempo que prácticamente llevamos en la agro-industria, con aceite de oliva y acetos, productos de alta gama en la industria alimenticia. Hoy hemos bajado nuestra posición en el sector energético. Y estamos haciendo desarrollos en hotelería en varias plazas: en San Rafael, en el norte de Neuquén, en Capital Federal y la última incursión es en Asunción, Paraguay, con el Hotel Guaraní, que es un ícono del país.

- Es una de las joyas arquitectónicas del Paraguay.

- Exacto. Y hemos re-abierto ese hotel, que estuvo cerrado durante doce años. Ha sido un trabajo arduo, de restauración y reconstrucción. Nuestra participación allí coincidió con un tiempo en el que Paraguay vive una apertura más democrática, tras la derrota electoral de un partido que estuvo en el poder durante muchísimos años. Hoy hay un cambio, que ha generado una situación de país que tiene fundamentos macro-económicos muy buenos. Desde luego que falta trabajar los aspectos sociales y micro-económicos. En este contexto vemos una oportunidad. Y se trata de una experiencia, en el tema de turismo, de expandirnos hacia otros países.

- Analizando en perspectiva la evolución del grupo económico que representa parece existir una reconversión gradual de sus negocios.

- Sí, es cierto. Muchos otros grupos por ahí no abandonan sus actividades originales. En cambio nosotros vivimos un momento en el cual nuestro socio, Socotherm, decidió comprar toda la compañía. También hemos sido en su momento socios de Techint en Brasil. De modo que creímos que esa venta era la oportunidad para cambiar. Y no nos ha ido mal con esta elección. Generalmente uno piensa: “sólo el tiempo lo puede decir”. Y la verdad es que vendimos en el momento de mayor valor de la compañía. Y todas esas empresas, que cotizan en bolsas, no sólo ahora, están en dificultades.

- Usted es un hombre de la Patagonia, nacido en Neuquén. Y conocedor de la Argentina profunda y sus problemas. ¿Cómo se logra un mayor ejercicio del federalismo en este país que parece condenado al centralismo?

- Coincido en el diagnóstico. Hoy la Argentina tiene los recursos en manos muy concentradas y en forma discrecional. Eso además va en contra de las economías regionales. No nos olvidemos que hoy, en el orden nacional, hay 15 mil millones de pesos en subsidios. Y que en su mayoría se quedan en el conurbano bonaerense. Y esta situación hace que las provincias tengan muchos menos recursos. Las provincias tienen a su cargo la salud, la educación, la seguridad, la justicia, el desarrollo económico, o sea, casi todos los temas importantes para la sociedad son de exclusiva erogación de las administraciones provinciales. ¿Qué se hace con el presupuesto nacional? La mayor parte se asigna para subsidios. Y obras públicas con un criterio de distribución que no es el más lógico. Quiero decir: veo provincias con muchas responsabilidades, pocos recursos y un poder central con muchos recursos y con un manejo no tan claro. Y creo que este es un tema que Argentina tiene que resolver, más en estos momentos con un panorama de crisis internacional.

- También es un hombre interesado por los temas políticos Incluso cuenta con una intervención legislativa en Neuquén.

- Sí. He sido diputado provincial. Me gusta la política, sigo varios temas, pero esencialmente creo, que hoy, como hombre de empresas, todas nuestras empresas contribuyen con sus impuestos y queremos que, más allá de la política, lo que aportamos les llegue a las personas que no tienen tantas oportunidades. Y hay un proceso en el cual los empresarios ya nos tenemos que involucrar, porque el aporte que hacemos tiene que sentirse mucho mejor para el bienestar de la gente. Debemos marchar hacia un país con menos asimetría. Y esto de meterse en la política no es malo. Creo que lo peor que podemos hacer es no estar atentos a las cosas que suceden en la Argentina. Y nos ha ido mal, justamente, por la falta de participación.

- Ha enfrentado, en su momento, al propio gobernador de Neuquén, Sobisch. Toda una audacia, ¿no?

- No ha habido enfrentamientos profundos, no, no. En realidad la militancia viene de una agrupación universitaria y de la juventud. Y sí, estuvimos en disidencia con todos los gobernadores (ríe). Pero viéndolo hoy debo decir que aquella era la rebeldía que uno tenía como joven. Lo importante es que hoy con toda esa experiencia uno la tiene volcar en hacer cosas grupales, que sirvan al conjunto de la sociedad. Debo decir de entonces que si bien uno tenía posiciones individuales o rebeldes, nunca estaban relacionadas a intereses particulares.

- Hace algunas semanas, en San Rafael, se realizó el Concurso Mundial de Aceite de Oliva "Olivinus 2008. ¿Cuál es el desafío en este mercado, que parece ampliar y extenderse en el marco de la Mendoza productiva?

- Nuestro país, en el tema del aceite de oliva, viene realizando un excelente trabajo desde hace varios años. La calidad de los aceites argentinos, con sus variaciones por regiones, cada vez van llegando a más oídos en el mundo entero. Claro que todavía no tenemos un volumen muy importante, a pesar que somos el país más grande en el tema fuera de la cuenca del Mediterráneo, donde se concentra el 97 % de la producción mundial. Y Argentina va a crecer en esto. Claro que no sólo en volumen, sino en calidad. Y para ello debemos trabajar, dentro de la industria, como lo hizo la vitivinicultura. El envasado en origen es un tema que involucra a mendocinos, sanjuaninos, riojanos, para que la producción esté asociada al lugar desde donde sale. Nosotros tenemos la fábrica en San Rafael, Yancanello, y Lahur en Mendoza. Así que estamos muy comprometidos con la industria. Por eso todo evento que podamos impulsar, como Olivinus, para intercambiar conocimientos y aspectos de calidad, lo hacemos con todos los colegas, con los cuales trabajamos en forma muy unida.

- ¿Cuál es el potencial de San Rafael y Mendoza en esta actividad?

- Históricamente el oasis norte, Mendoza, ha sido la zona de mayor producción. El sur, o sea el Valle de San Rafael, es el que actualmente está creciendo más, en cuanto a superficie cultivada. Mendoza no ha estado dentro de los programas de diferimientos impositivos, pero tiene toda una historia y una superficie muy grande, tanto que hoy sigue siendo el mayor productor de aceite de oliva, a pesar de no haber contado con las ventajas de esos diferimientos. Respecto a San Rafael no dudo que es la zona que mayor crecimiento tendrá de aquí en adelante. De hecho pasó de no más de 800 hectáreas plantadas hasta hoy, donde ha pasado las 10 mil hectáreas. Es un volumen con una calidad muy interesante.

- Las cifras confirman el surgimiento de una actividad económica importante.

- Sí, claro. Y además con la ventaja que el aceite puede complementar el tiempo de cosecha en los viñedos, por lo cual se asegura mano de obra intensiva y fuentes de trabajo. Pensemos que la cosecha en olivos puede ir desde abril hasta fines de agosto.

- ¿Cómo surgió la idea de montar un Museo del Olivo, que es un éxito de visitas anuales?

- Somos de origen italiano y cuando nos pusimos a trabajar con los Zingaretti vimos un montón de cosas que ellos tenían a través de su historia en la industria. Ellos vienen haciendo aceite desde 1934. Y tenían un contraste en la fábrica entre la nueva tecnología y todos los implementos que ellos habían usado desde que se dedicaron a la actividad. Ahí es que se nos ocurrió la idea de hacer este museo. Y fue exitosa, no sólo porque nos posicionó dentro de la Argentina, sino que es el único museo de este tipo, en todo el mundo, que está fuera de la cuenca del Mediterráneo. Y figura en las guías internacionales, lo cual es un enorme orgullo. Yo estoy convencido que el agroturismo es lo que ha funcionado muy bien en Europa. Y aquí en Mendoza es uno de los rubros que creo debemos desarrollar. En San Rafael, por ejemplo, las estadísticas dicen que todo visitante conoce al menos una bodega o aceitera durante su estadía. Y en Mendoza, en Lahur, nos visitan casi 50 mil personas por año.

- Ustedes también fueron pioneros en la exportación de aceto, asociándose con los italianos Ranieri. ¿Cuál es la situación actual en este rubro?

- Hemos penetrado con ese producto en el mercado americano. Y estamos accediendo a Asia a través de nuestras exportaciones a Taiwán. Y a Brasil.  En todos los casos ellos son compradores usuales de Italia. Por lo tanto es un proyecto que nos tiene muy entusiasmados. Y estamos logrando un producto de gran calidad, que en muchos casos supera al italiano. Sucede que la calidad de nuestros mostos es muy buena. Si las vides argentinas son buenas para los vinos, imaginate lo mostos, que es la base primaria del aceto. Y respecto a lo de pioneros me gustaría decir que nuestro desafío, en la industria de los alimentos, es realizar la reconversión que hizo el vino, dejando aquellos volúmenes para priorizar los aspectos cualitativos. Todo el mundo puede ver lo importante que fue tomar esa estrategia para reposicionar la industria vitivinícola argentina. A esa visión sí que la creo pionera.

- También han sido pioneros en el rubro turismo, impulsando emprendimientos que en una época eran símbolos del abandono, como en San Rafael. Concretamente la puesta en marcha del Tower.

- Ahí nos entusiasmaron Enzo Bianchi y sus hermanos. Por entonces nosotros ya teníamos hotelería en Buenos Aires. Y esa incursión por el sur de Mendoza nos ha dado muchas satisfacciones. Ese proyecto lo inició don Valentín Bianchi en la década del 60. Y lo que a la gente le encantó es que hayamos rescatado las ideas de muchos sanrafaelinos, concientes del potencial turístico de San Rafael. Porque, claro, siempre faltaba infraestructura. Y una cosa importantísima: una vez que nosotros concluimos e inauguramos el Tower, el turismo fue aumentando y surgieron, en capacidad hotelera, como dos Tower más. O sea que el impacto allí no sólo lo lideramos sino que lo compartimos. Hoy, en San Rafael, el turismo es el mayor generador de puestos de trabajo. Hablo de otros servicios, como gastronomía, bodegas. Y el agroturismo es hoy un modelo de desarrollo que San Rafael ha hecho realidad.

- A propósito: ¿cómo cree que evolucionará el sector con la crisis financiera global?

- Nosotros tenemos que estar atentos a los cambios. Si bien podemos pensar que el brasilero puede tener menos dinero, hay un segmento que se iba a Europa y Estados Unidos, y que jamás miró a Argentina como posibilidad turística. Por eso creo que vamos a tener la alternativa, en esta crisis, de buscar mercados, justamente, alternativos. Es el caso de Chile también, al que hay que revalorizarlo. No podemos pensar que ellos vienen aquí sólo porque es barato. Por lo tanto hay que ofrecer mayor calidad. Y para el mercado brasilero nosotros tenemos un turismo cautivo, que es de la nieve. Por eso creo que hay que desarrollar nuestras estrategias: vendernos por nuestros vinos, nuestras montañas. Sé que el gobierno trabaja en un tema clave, como la comunicación aérea. Hay planes para reactivar la ruta Sao Paulo-Asunción-Mendoza, tanto en compañías como Gol y TAM.

- A propósito de la crisis financiera, su grupo operaba en varias bolsas del mundo, si no estoy mal informado principalmente en Italia.

- Por suerte salimos de todo eso (ríe). Por lo tanto no estamos expuestos como grupo a esta crisis de las finanzas. Sí es una crisis a la que tomamos en cuenta. Pero somos un grupo acostumbrado a las crisis y parece que ellas nos ponen mucho más activos y más abiertos de mente. Tenemos un gran cuidado por las fuentes de empleo que hemos generado. No vamos a abandonar los programas de inversión que tenemos en Mendoza, y al contrario, los vamos a profundizar. Estamos convencidos de nuestra competitividad en la agro-industria y en el turismo. Y estamos en plena ejecución de las inversiones, con recursos propios. Nosotros tratamos de hacer las obras directamente, ya que somos constructores. La variable costo está dentro de nuestro management. Y el desafío es hacerlo con calidad y buen precio.

- La última pregunta es una curiosidad. ¿Por qué tardó casi un año en acceder a esta entrevista? Se sabe que es un hombre de bajo perfil, que trabaja intensamente. ¿Cree que es posible un mundo sin periodistas?

- (Risas) Hay una realidad: si me estuviste buscando sabés que he estado por todos lados. Pero siempre te dije que en algún momento el reportaje lo íbamos a hacer. Vivo entre Buenos Aires, San Rafael, Neuquén y Asunción (risas). Y armamos equipos para delegar. Y por suerte estamos logrando un gerenciamiento joven, combinado con la experiencia.

- ¿Cómo hace para delegar?

- Creo que es una cuestión filosófica. Hay que entender que otra gente puede hacerlo, aún con otro criterio, pero sabiendo que lo importante es ponerse de acuerdo en el objetivo fundamental. Y muchas veces cuando delegamos estamos aprendiendo. Esto también nos fortalece ante crisis como la actual.

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