Américo Castilla

"Los museos de Mendoza adolecen de fragilidad institucional"

Experto en gestión cultural.

Es artista plástico, crítico de arte y uno de los más destacados especialistas en la ardua y no pocas veces ingrata tarea de gestionar la dirección de un museo. Estuvo en Mendoza participando de las jornadas "Museos. Nuevos espacios. Nuevos medios", organizadas por el Museo Killka y la Fundación TyPA que él preside.

Américo Castilla es sinónimo de eficiencia en cuanto a gestión cultural se refiere. Su vasta cultura y su experiencia como responsable de importantes instituciones a nivel nacional así lo acreditan. Durante doce años, entre 1992 y 2003, dirigió el Área Cultural de la Fundación Antorchas, desde donde diseñó e implementó variadas estrategias para el incentivo de las formas innovadoras del cine, teatro, música, literatura, danza y las artes visuales.
Fue Director Nacional de Patrimonio y Museos de la Secretaría de Cultura Argentina (2003-2007) y tuvo a su cargo el Museo Nacional de Bellas Artes (2006/2007).

Hoy está al frente de la Fundación Typa. Teoría y Práctica de las Artes que tiene como misión "contribuir a la preservación urgente del capital artístico -físico y humano- existente y futuro. Promover la creación artística y el debate cultural, y establecer vínculos entre la producción artística de la Argentina y la de otras regiones del mundo".

De ahí que patrocinara, junto al Museo Killka, Espacio Salentein, estas jornadas sobre museología y brindara una charla en la que se refirió a uno de los temas viscerales de esta especialidad: el montaje de una muestra, en la que además explicó cómo hacer o reformar un museo y cuál es la metodología que se requiere para hacerlo más receptivo para un público más numeroso y diverso.

- ¿Cuál es la intención de la fundación que preside al brindar estas conferencias en distintas ciudades del país?

- Nuestra misión comprende no sólo al país sino que se extiende también al resto de Iberoamérica. Creemos que la demanda por una cultura mucho más comprensiva de la contemporaneidad tiene que provenir desde todos los ámbitos afines para que tenga alguna eficacia. En el siglo XIX era corriente que un pequeño grupo de amigos fuese quien dictaminase los contenidos de la cultura, y de hecho fue de esos cenáculos que provinieron las tradicionales instituciones culturales públicas como los museos, los archivos, las bibliotecas o los teatros. Todos ellos en menor o mayor grado soportan crisis de funcionamiento por no haber podido adaptarse a una época en que los consensos incluyen a muchos más interlocutores y de muy diversas pertenencias sociales. A su vez, cada provincia tiene sus particularidades y puede aportar de un modo original a la discusión de la cultura que desamos para el país.

- A propósito del título del seminario, "Nuevos públicos, nuevos medios", ¿cómo es el perfil de este nuevo público?

- El público que en todo el mundo concurre masivamente a los museos hoy en día, tiene hábitos muy influenciados por la oferta interactiva para el uso de su tiempo libre: la televisión, con buenas o malas, pero infinitas alternativas de imágenes que se inauguran o cancelan con un movimiento del dedo, el Internet con sus múltiples capas de significado y acceso inmediato a la información, la publicidad de las ciudades que ocupa un espacio de lectura que antes estaba reservado sólo a los libros, la abrumadora presencia de la gráfica o los juegos electrónicos. Todas las personas están dispuestas a que los museos les cuenten historias y también a contar las propias. Están en condiciones de demandar un diálogo. En cambio, difícilmente ya toleren que desde la cima del conocimiento erudito los museos les presenten cédulas en latín que describan la taxonomía de un fósil o una planta. Todos los visitantes están muy satisfechos de que los eruditos sepan lo que saben pero preferirían que no se los cuenten en su jerga académica. Si se le da la opción, el público prefiere establecer un diálogo con el narrador a partir de las experiencias sensibles que les ofrezcan los museos. En ese caso, los contenidos pueden alcanzar, si están bien planteados, objetivos complejos de aprendizaje y apreciación.

- ¿Hay que construir, desde las políticas culturales, un público nuevo en Argentina? ¿Cómo se logra?

- El público existe, simplemente hay que reconocerlo en sus diferencias y ofrecerles un contexto amigable. La oferta publicitaria de productos de consumo está dirigida muy agresivamente a los estratos de mayor poder adquisitivo, ya que el resto de la población no interesa como sujetos consumidores. La cultura tiene en cambio la misión específica de brindar reconocimiento a cada uno de los grupos culturales que integran con sus hábitos disimiles nuestra sociedad, de conocer sus demandas, de elaborar discursos apropiados y de promover diálogos que aporten nuevos sentidos a su curiosidad innata.

- La concepción de la museística ha cambiado en todo el mundo. ¿Nuestro país se ha adaptado a estos cambios de paradigmas?

- Aún no, aunque ya hay signos de cambio. En el mundo se vive el presente como el momento de mayor apogeo de los museos. El público claramente los prefiere con relación a otras ofertas de entretenimiento y a otras opciones de aprendizaje no formal. Pero para que esto sucediera fue necesario dar un vuelco en la forma narrativa de los museos. Los objetos no comunican por sí solos. Es necesario elaborar guiones como se hace con el cine o las historietas, con la ventaja de que en los museos se dispone de objetos tridimensionales, acceso a imágenes virtuales, sonido, y la posibilidad de trabajar con sensaciones táctiles y espaciales.

- ¿Cuáles son los principales problemas que afectan a la administración, la gestión de los museos argentinos?

- Su estructura funcional. Muchas de ellas responden a moldes de comienzos del Siglo XX. Los museos están asimilados a otras oficinas públicas, sus empleados no están debidamente jerarquizados ni hay planes regulares de capacitación. Si las autoridades políticas tomaran conciencia del potencial del museo como mediador de conflictividad social, como proveedor de herramientas para evitar la discriminación, como ámbito de construcción de ciudadanía e instrumento único de aprendizaje y conocimiento, otra sería la realidad. Para que esto suceda es indispensable construir un ejemplo piloto en la provincia. Hacerle cumplir esa función al menos a uno de los museos a elección y permitir que se observen sus efectos.

- ¿Cuál es, o cómo debería ser, la relación entre la gestión privada y la gestión pública de los museos en nuestro país?

- La gestión privada ha demostrado cabalmente cuáles son las herramientas de gestión más eficaces para alcanzar sus objetivos. En los museos argentinos aún es una novedad hacer un plan estratégico de gestión. Hasta las economías familiares se basan en un plan estratégico, pero el padre de familia al menos tiene conciencia de cuánto dinero va a disponer al cabo del año, cómo va a cumplirse el ciclo de capacitación de sus hijos y cómo va a custodiar los valores que prioriza dentro del ámbito familiar. Los museos normalmente no disponen de presupuestos ni de planes de gestión. Son evaluados por la cantidad de público que reciben, pero no por el contenido del mensaje que transmiten ni por su calidad institucional. Es necesario aprovechar la buena experiencia de gestión del ámbito privado y formular sistemas mixtos que permitan el buen gerenciamiento de recursos y el cumplimiento de la misión de los museos. Durante mi gestión a cargo de la Dirección de Patrimonio y Museos de la Secretaría de Cultura de la Nación  y como director del Museo Nacional de Bellas Artes logré cambiar el sistema de gestión del principal museo del país y designar por concurso al nuevo director ejecutivo, ahora con mayor jerarquía administrativa, un director artístico y uno administrativo también jerarquizados, y un Consejo Asesor que permita la toma de decisiones de modo colegiado.

- En su vasta experiencia y conociendo todos los museos argentinos, ¿cree que hay políticas de Estado honestamente interesadas en la conservación del patrimonio? ¿O se trata de un mantenimiento por inercia, por obligación, como es el caso del Museo Emiliano Guiñazú-Casa de Fader en Mendoza?

- Ambas cosas. Creo que se han tomado medidas muy importantes de políticas públicas en resguardo del patrimonio, como la ley 25.743 de protección del patrimonio arqueológico y paleontológico, o la creación del Comité Nacional de Prevención del Tráfico Ilícito de Bienes Culturales y las campañas resultantes de esa gestión, o los talleres de capacitación para la preservación del patrimonio que funcionaron en todo el país. El Archivo Provincial de Mendoza y la Biblioteca San Martin fueron beneficiarios de esos programas. También es cierto que la fragilidad institucional de la mayoría de los museos no les permite ser actores de esta tendencia de resguardo.

- ¿Cómo evalúa las diferentes experiencias mendocinas respecto de sus museos, desde el Cornelio Moyano al del Área Fundacional?

- Son casos distintos. El primero proviene de la iniciativa de la Junta de Historia y todavía carga con los resabios del antiguo "Panteón de la Patria". Una disposición de objetos muy conservadora y una mirada al pasado por cierto respetable, pero cristalizada. En una sociedad que se reconoce como dinámica, con procesos históricos interesantísimos, plenos de significado, se ofrece la posibilidad de poner en escena algunos interrogantes que permitirían a los ciudadanos dialogar activamente. El Museo del Area Fundacional en cambio es una concepción más moderna y muy eficaz para comprender qué era la Mendoza colonial, pero requeriría un trabajo de dispositivos interactivos que le permitieran actualizar sus contenidos, así como una reserva técnica que resguardase los bienes que no están en exhibición. De todos modos, ambos museos tienen un patrimonio interesantísimo y merecerían un trabajo de reformulación de sus discursos.

- ¿Cómo deberían, en su opinión, reformarse o reformularse, las propuestas museísticas de Mendoza?

- Habría que volver a plantearse las preguntas básicas. Porqué está este museo en pie, para qué, reformular su misión y establecer cómo hacer para cumplirla. También jerarquizar los contenidos a transmitir y tener en claro qué experiencia se pretende que el visitante se lleve consigo. La visita debiera ser grata y memorable y tiene que competir en un plano al menos de igualdad con las otras ofertas disponibles del uso del tiempo libre. Si hay disposición política para hacerlo, también hay muchos ejemplos de cómo lograrlo.

- ¿Qué condiciones debe tener un director o directora de un museo? ¿Cómo se forma?

- Actualmente los directores de muchos de los museos son polifuncionales, no son muy tenidos en cuenta por la administración, no están bien remunerados y por esa misma razón corren el riesgo de sentirse poco reconocidos y, en algunos casos, actuar como los persistentes dueños de esas mansiones olvidadas. Esto lleva a que haya una larga historia de directores que dedicaron su vida para hacer que su museo sobreviva, pero que no se preocuparon lo suficiente por facilitar activamente el acceso de los investigadores, o del público de todo género. Jerarquizar la función es un requisito previo para poder tener un director que pueda realmente transformar la institución. Hoy en día sin embargo, no es suficiente que el director conozca de arte o de historia. Debe ante todo ser un gran gestor para cumplir la compleja tarea de actualizar las funciones de una institución tan postergada.

- ¿Cómo evalúa el nivel de curaduría de las muestras en nuestra provincia?

- La especialidad del curador es reciente y está muy asociada a los museos de arte, donde tradicionalmente se ha valorizado más a la obra de arte en sí y las paredes en blanco de su entorno, que a la búsqueda de ámbitos propicios al intercambio con el público. En mi opinión, curar una exposición no consiste en disponer los cuadros de un modo bonito sino preocuparse por armar un equipo de especialistas capaz de elaborar una hipótesis teórica, de fundamentarla, de preveer el contexto dentro del cual se incorpora esa formulación, su estrategia de montaje, de programas públicos, de publicaciones y de evaluación de los resultados. La Universidad Nacional de Cuyo tiene un altísimo nivel teórico en su Facultad de Artes, en las de ciencias y en la de historia. Se requeriría una participación más activa de esos investigadores para la creación de hipótesis realmente de peso que puedan ser consideradas por los técnicos de los museos, y descifradas en términos museísticos. El público lo merece.

Patricia Rodón

Opiniones (1)
21 de octubre de 2017 | 07:38
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21 de octubre de 2017 | 07:38
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  1. UNA ENRIQUECEDORA HERENCIA OLVIDADA Y ENCAJONADA EN EL BAUL DE LOS RECUERDOS, EN ALGUN LUGAR DEL CRICYT O MUSEO CORNELIO MOYANO , SIN PODER MOSTRARSE A UNA COMUNIDAD AVIDA POR CONOCER UNA PARTE TAN IMPORTANTE DE NUESTRO PATRIMONIO CULTURAL Y PROCURAR REDESCUBRIR INTERESES PARA LOGRAR QUE NUESTRA JUVENTUD MANTENGA VIVA LA LLAMA DE LA INVESTIGACION DE NUESTRO SUELO, COMO LO HIZO EN VIDA EL PROF.MANUEL TELLECHEA Y CONTINUA EN ESTA ARDUA TAREA SU HIJO EL ING. MANUEL TELLECHEA (H). LA ASOCIACION AMIGOS DEL MUSEO, ESTAMOS TRABAJANDO PARA QUE NO QUEDE EN EL ANONIMATO ESTA OBRA QUE FUE LA VIDA MISMA DE UN GRAN HOMBRE Y DE LA QUE SU HIJO QUIERE DAR CONTINUIDAD PARA SUMAR AL FUTURO DE NUESTRA PROVINCIA LA CUOTA DE CULTURA, NECESARIA PARA ENRIQUECER UNA SOCIEDAD TAN MATERIALIZADA.
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