Pablo De Santis

"Los detectives son seres imaginarios"

Escritor

Es imposible saber cómo piensa Pablo De Santis, autor de El enigma de París, la novela que recibió el premio Planeta-Casa América el año pasado. De hecho, no entiende por qué existen periodistas que, además de describir situaciones, hacen lo mismo con los pensamientos de los personajes de historias reales. Aún así, es fácil imaginar que se trata de un tipo que no reniega de la modernidad, pero que prefiere aquellas situaciones que ya fueron probadas y que siempre funcionan.

“Al menos uno antes podía ver si la cinta corría y tenía la seguridad de que estaba funcionando”, comenta a la presencia de un reproductor de MP3 que hará las veces de grabador.

Con las novelas de De Santis pasa algo similar. Son historias ubicadas en un tiempo y en un espacio donde los relatos y los personajes policiales gozaban de cierto romanticismo, cuando nadie mataba sólo por robar un par de zapatillas.

Invitado especial de la Feria del Libro, el autor de La traducción, en diálogo con +Cultura cuenta qué sintió cuando publicó su primer libro, explica su afición por la literatura policial, destaca cuáles son para él las claves del género y afirma que “el periodismo se convierte en literatura cuanto más directo es”.


- ¿Hubo un momento en que explotaste como escritor o que vos sentiste que explotaste como escritor?

- Con esta novela última, El enigma…, sí. Igual, ya venía publicando muchos libros. Como hace muchos años que escribo, fueron diferentes momentos y distintas instancias de reconocimiento. Creo que hubo un reconocimiento mayor hace diez años, cuando publiqué La traducción, una novela que fue finalista del Premio Planeta, que estaba fuera de circulación y que hace poco fue reeditada.

- ¿Esa reedición tuvo que ver con el premio del año pasado?

- Sí. Reeditaron varios libros míos para adultos.

- ¿Y vos qué preferís? ¿El género para adultos o el juvenil e infantil?

- Las dos… para mí no hay diferencias muy profundas. Es como el mismo mundo imaginario.

- ¿Pero vos notás que marcás diferencias a la hora de escribir para un público o para el otro?

- Siempre hubo diferencias, pero de distintos tipos, según los momentos. Las novelas para chicos eran más breves y tenían protagonistas más jóvenes. En algún otro momento me pareció que las novelas para adolescentes jugaban con un imaginario más libre; con un mundo menos realista que en la novela para adultos. Y ahora siento que en la novela para adultos me permito un mundo de mayor ambigüedad moral. Cuando escribo para jóvenes eso no lo hago.

- El enigma… es una novela para adultos con un personaje joven.

- Sí, y es una novela que han leído adolescentes y adultos y hasta encontré chicos de escuelas primarias que la han leído. Porque tampoco es una novela que a un chico muy lector le resulte imposible.

- En algunos de tus libros aparecen edificios, monumentos… ¿Es algo buscado especialmente, es un leit motiv o nunca te diste cuenta de eso?

- Los edificios son como las metáforas de las novelas. Hay un gran parentesco entre las novelas y los edificios, entre las novelas y las ciudades. Jugué mucho con el tema de los edificios en una novela que se llama La sexta lámpara, que es una novela que cuenta la historia de un arquitecto italiano en la Nueva York de principios del siglo XX. Es la historia de un inmigrante que se va metiendo en el mundo de los constructores de rascacielos. Es una novela que se acerca a la literatura fantástica. Está muy presente el tema de la Torre de Babel y hasta qué punto la arquitectura construye significados o no. Y después el tema de la gran exposición de París…

- ¿Cómo definís El enigma…? ¿Como un policial, como una novela de suspenso? Y en todo caso, ¿qué diferencia hay entre una y otra?

- Es una novela policial y es una novela sobre un policial también. No es el mundo real, es un mundo muy alterado, donde los detectives son grandes personajes y las novelas policiales no existen y los cuentos policiales no existen; se habla de eso como si las peripecias de estos personajes fueran algo real.

- ¿Cuánto influye haber trabajado como periodista a la hora de escribir una novela policial?

- A mí, del periodismo, siempre me marcó la velocidad. Y me marcó mucho eso de conocer gente que uno nunca hubiese conocido de otra manera. El periodismo también te hace ir a lugares a los que nunca irías si no fuera por una nota. Yo trabajé en una revista muy farandulera, que se llamaba Radiolandia, donde además de noticias sobre actores y romances, también había mucha presencia del mundo de lo oculto, constructores de pirámides, todos personajes estrafalarios.

- ¿Aparecieron alguna vez estos personajes?

- De alguna manera siempre están. Tengo un cuento fantástico que es una historia bastante realista de la época de la revista Radiolandia. Es un cuento que está publicado en un libro que sacó Juan Sasturain sobre el programa Ver para Leer.

-¿Cómo ven los escritores un programa sobre libros y que no aburre?

- A mi parece genial. Juan Sasturain fue siempre un gran escritor y un gran inventor de artefactos de todo tipo. Uno de esos artefactos fue la Revista Fierro, de historietas, donde empecé a colaborar cuando tenía 21 años. Juan tiene la capacidad para convocar gente a su alrededor. Es una especie de líder carismático.

- ¿Qué te gusta leer?

- Leo de todo. Leo novelas policiales, mucha literatura fantástica…

- ¿Te sentís influenciado por algún escritor en especial?

- Yo empecé a escribir por leer a Ray Bradbury. Por supuesto que también influyeron figuras como la de Borges. Y me impresionó mucho cuando de muy joven conocí los libros y en persona a Ricardo Piglia y a Andrés Rivera, que fueron muy gentiles conmigo cuando era muy joven.

- ¿Y qué sentís cuando pasás por una librería y ves un libro tuyo en la vidriera?

- No sé… con el tiempo a uno le da como cierta timidez. Al principio sí me llamaba mucho la atención, aunque mi primer libro nunca estuvo en una vidriera. Igual llamaba la atención que estuviera publicado. Ese primer libro lo editó Daniel Divinsky, el dueño de Ediciones de la Flor. Era un libro que se llamaba El palacio de la noche. Vendió muy poco, creo que 300 ó 400 ejemplares. Entonces pensaba: ¡Qué bárbaro que alguien compre un libro de un autor desconocido! Siempre me quedó la duda sobre quién podía comprar ese libro. Me sigue pareciendo más extraño eso que ver a alguien comprando un libro mío ahora.

- ¿Cómo es la vida de un escritor?

- Por lo general somos personas sencillas. Como no trabajamos de otra cosa, estamos marcados por la vida doméstica y familiar, al cuidado de los niños. También hay muchos viajes.

- ¿Tus hijos leen tus libros?

- Sí, han leído y les he leído.

- ¿Alguna vez hicieron alguna crítica o te hicieron saber si algún pasaje de un libro los tocó de cerca?

- No, no recuerdo. Sí, a lo mejor, que les haya gustado una parte. Además, creo que los libros son como una duplicación de los padres.

- Entonces para ellos es todo muy sabido…

- Sí, claro. No sé si eso, pero sí saben que es otra versión del padre.

- ¿Cuál es tu ambiente más cómodo para escribir?

- Nada en especial. Escribo en mi casa o en un pequeño departamento que tengo cerca de casa. No pongo ninguna música cuando escribo y no escribo mucho tiempo por día. Puedo estar un rato. Pero no es algo que pueda hacer durante seis horas o de manera continua.

- ¿Sólo en los momentos de inspiración?

- Sí, y además me cansa escribir mucho tiempo. Lo que hago es juntar muchas ideas. A veces es más importante haber encontrado la solución a un pequeño problema para la estructura de un libro que haber escrito 30 páginas.

- Cuando escribís un policial, ¿sabés sólo cómo empieza o también sabés cómo va a terminar?

- Yo todos los libros los pienso completos; más si es un policial. Después puedo cambiar algo, pero más o menos es como lo pienso.

- ¿Y después lo vas adornando?

- Después uno va trabajando. Se ve cómo reaparecen los elementos ya dados. En el poema eso es la rima o la repetición de ciertas palabras que vuelven a aparecer, pero con el sentido cambiado. En literatura son situaciones o personajes. Y el policial ha trabajado siempre especialmente con esto. Arranca con elementos del azar y los convierte en necesario. El policial hace dos preguntas: qué pasará sobre el futuro de la historia. Pero hay otra, y es qué pasó. A veces hay una historia que se inició antes de que empezara la novela.

- ¿Cómo ves los casos policiales reales que son llevados a libros?

- El género nunca tuvo demasiada relación con el mundo real. La figura del detective es una figura arquetípica como una fantasía total. Los detectives son seres imaginarios. A veces los periodistas se acercan a la literatura, pero no buscando lo mejor del periodismo; al contrario: es como si necesitaran alejarse del periodismo. Empiezan a describir el clima, con cuestiones poéticas, y ahí arruinan completamente la narración. El periodismo se convierte en literatura cuanto más directo es. Tiene que ser profundamente periodístico y no apartarse de eso.

- Pero están los casos de quienes buscan ser más importantes que la noticia y coquetear con un cuento o una novela.

- Puede ser que haya algo de eso. Trabajé mucho tiempo con Enrique Sdrech, y en esa época el periodismo policial no era prestigioso o, en todo caso, tenía prestigio, justamente, por ese desprestigio. Había cierto romanticismo.

- ¿Leés periodismo policial?

- ¡Sí, me encanta la página policial! Algunos escriben muy bien y otros no. Creo que a todos nos interesa el tema. Por eso es lo primero que leo. Me causa gracia cuando ponen cosas como “Juan, cuando dobló en esa esquina, no sabía que lo iban a acuchillar…”. ¡Y claro! Si hubiera sabido, no doblaba.

- ¿Son relatos omnipotentes o juegan a escribir un libro?

- Eso puede ser. A mí cuando me cuentan un hecho real y me dicen lo que iba pensando esa persona, no me gusta. ¿Cómo saben qué iba pensando esa persona?

- ¿Alguna vez te basaste en algún hecho real?

- No… no, no. No como centro de la trama, porque mientras más alejado estás de la realidad más fácil es meter cosas personales.

- ¿Qué tema es una materia pendiente?

- Quisiera hacer una continuación de El enigma de París. Ya en Buenos Aires, con el mismo detective. Pero por ahora ése no será mi próximo libro.

- ¿Te llama mucho la atención el principio del siglo XX?

- Me llama la atención la visión del futuro en una época donde el futuro tenía tremenda importancia y que para nosotros es el pasado. Por otra parte, en el tema específico de la literatura policial, cuando uno se aleja del tiempo inmediato, puede tomar su carácter mítico y simbólico. En el mundo de hoy, la figura del detective es muy difícil de sostener, se pierde. Hay una serie de cuestiones científicas que hacen perder la figura de un detective como Columbo.

- ¿El escritor de novelas policiales tiene algo de sus personajes?

- Creo que no. Por lo pronto, ningún escritor de policial cometió crímenes.

Opiniones (1)
24 de agosto de 2017 | 02:41
2
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24 de agosto de 2017 | 02:41
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
  1. Al igual que los dentistas.
    1
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