Artista plástico

Eduardo Hoffmann: "Lo que no es tradición es plagio"

Sus cuadros acaban de engalanar la Quinta de Olivos. El artista más conocido de Mendoza hace foco en revalorizar espacios para promover el arte. Y confiesa algo más que un hecho solidario.

Eduardo Hoffmann fue uno de los que pasaron por los estudios de MDZ Radio en Pinamar. Este es el diálogo que mantuvimos con Gonzalo Arroyo, producido por Franco Pereira. Con el adelanto exclusivo del propio artista: dos obras suyas  de gran formato hoy son parte de la escenografía de la Quinta de Olivos, allí donde vive el presidente y su familia.

"Estoy en Cariló, de vacaciones. Nuestra vida familiar ha cambiado porque hemos adoptado a un "rusito" en nuestra vida. Tiene 10 años. Hay gente que también trabaja por el bien de la humanidad y convocó a 10 chicos de orfanatos de Ucrania que hablan ruso y me llevó uno a casa. Como no pudimos sacarlo del país, vinimos a tomar vacaciones a Cariló", cuenta, sobre la realidad de su vida doméstica.

Este encuentro sucedió un día antes que conociéramos el incendio producido en la cúpula histórica de un edificio no menos significativo: el que ocupa el ECA (Espacio Contemporáneo de Arte) pero que, sin embargo, alojó la casa central del Banco de Mendoza desde su inauguración. Se ha generado una polémica alrededor de este incendio, un daño más en el ya de por sí escaso cuidado y protección de lo bienes patrimoniales de Mendoza. Planteo las preguntas que me hizo llegar un lector, que debieran ser respondidas muy claramente: ¿La secretaría de cultura no debía controlar los trabajos que se realizaban? ¿La empresa contratada era idónea para trabajar en un edificio patrimonial? ¿Cuál fue la licitación para otorgar este trabajo y qué empresas se presentaron? ¿Qué tipo de relación tiene el Secretario de Cultura con la empresa finalmente contratada?

Ahora sí, vamos con Hoffmann, que ni en verano descansa de todo, atrapado por esta pasión que lo ha llevado a ser uno de los artistas más destacados de Argentina.

- Este chico sobre el que estas contando, ¿está sin familia, es un refugiado?

- Sí. Además, nosotros trajimos una traductora que tiene 10 años (hija de la novia de mi asistente, que es ucraniana), que nos cuenta cómo él salió caminando con su hermanito en búsqueda de otro orfanato, ya que el suyo lo habían bombardeado. Caminaron 100 kilómetros buscando otro asilo.

- Vos tenés un hijo de esa edad, también.

- Amancio, si, de 9 años. Y a quien le preguntamos si quería, porque él iba a tener que compartir los privilegios que tiene. Además, el chiquito nos dice "pá y má", no nos dice Karina y Eduardo. Gracias a la traductora que simultáneamente nos traslada todo lo que dice este chico, la historia es increíble, muy pragmática. El es una dulzura, no tiene un ápice de resentimiento. Vienen otros chicos a jugar y lo hace con todo el mundo, pero los chicos le empiezan a hablar y el levanta los hombros y les dice "soy ruso". El está con nosotros hace 20 días.

- Vos nunca estás de vacaciones, Es sabido que no parás. ¿En qué andás en estos días?

- Leí lo de John Berger, que murió hace poco y no fue Nobel (me pareció mucho lo de Bob Dylan, hubiera sido genial que se lo den a este hombre). "Un hombre afortunado" es un libro que llegó a mi vida y es extraordinario. Allí habla del dibujo y yo lo leo como si no supiera de dibujo. Y en esas lecturas empiezo a ver desde mi casa, en la que tengo un balcón, y comienzo a deletrear cada línea de un árbol que veo. Y el de al lado es distinto: entiendo el ADN de ese árbol y entiendo otras cosas gracias a ese libro que leo de Berger, que era un artista plástico frustrado.

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Karina, Amancio y Eduardo, en Olivos. La obra que los respalda ya es parte del paisaje de la quinta presidencial.


- Sos el gran pintor de Mendoza, Y a mi modo de ver sos parte de los 5 mejores de nuestro siglo XX.

- (Ríe) Si yo te dejara decir eso.... ¿qué lugar ocupo yo? No es tan así. Tenemos a Julio Le Parc, que es una maravilla. Fernando Fader, Carlos Alonso, Ducmelic. Y hasta tendría que hablar sobre Quino, otra gran maravilla, ya que es un gran artista.

- Estas en ese lote o Top Five. Pero no importa

- Lo que sí me ha sucedido es que siempre me he rodeado de amigos como Ramón Puig, Julio Le Parc, Javier Segura, Egar Murillo, Marcelo Mortarotti, vos. Y como toda esta gente es un privilegio me hacen a mi un tipo de elite, pero podemos atribuirlo a la gente que me ha rodeado. Y también eso me permite dudar y entonces pienso: "¡La puta! ¡Soy bueno entonces!".

- ¿Buenos Aires también te ha quedada chica?.Lo pregunto porque cada vez más tu obra recorre el mundo en todos los puntos cardinales.

- Buenos Aires es un puerto lleno de sorpresas. Me llegaron arquitectos chinos. Hablo de número uno en Taiwán y en Nueva York, que trabajan en La Venecia de Taipéi y me pidieron obras para el museo que van a inaugurar. Es que en Buenos Aires pasa gente por la vereda que no sabés quiénes son y te pueden cambiar la vida. Eso tiene esa ciudad.

- ¿Cuesta vender obras, sobre todo la que no querés vende?

- La obra que no querés vender es con la que tenés una relación romántica, muy relacionada con tu vida. Yo tengo algunos retratos de Amancio que no podría vender y sin embargo he sido tentado y lo he pensado (carcajadas).

- El Estado no toma el arte y a la cultura como una inversión. ¿Cómo pensás que el Estado debe trabajar con eso?

- Sería bueno empezar por los antros de cultura que están en decadencia o cerrados. ¿Cómo se hace? Yo sé que juntar miles de dólares para construir de nuevo el Fader es imposible, porque hay prioridades mayores que levantar un museo. Pero podríamos hablar por ejemplo, desde MDZ, para realizar una súper gala solamente para recaudar fondos para el Fader, como hacen en todo el mundo. Que cada uno de nosotros, a los que nos gusta el arte, venda 10 entradas de 2 mil pesos cada una y así hacemos que el Fader sea nuestro. Mirá qué fácil. Esto es lo que los museos más importantes pero todos en general realizan para salvar estos espacios.

Edu

- ¿Cómo conociste a Máxima Zorreguieta?

- (Ríe) Un día nos llega una tarjeta con el escudo de Holanda invitándonos a una comida. Yo dije: "por más que se hayan equivocado, voy" (carcajadas). Partimos para allá, estaba nuestra no bien ponderada presidenta. Y había un protocolo montado no para ella sino para la anfitriona. Y en un momento había que saludar a la reina: La chica, con tacos, mide dos metros, más teniendo en cuenta que es reina. Yo me cagué de miedo y me quise ir, pero me empujó mi mujer contra ella y con voz finita le digo: "Yo soy Eduardo Hoffmann". Y ella me dijo: "Hoffmann, te tengo en mi cuarto. Un amigo mío me regaló una obra tuya y quería conocerte".

- ¿Cómo sigue tu año en cuanto a exposiciones?

- Abrimos este museo en Taipéi, yo lo inauguro en mayo (creo). Luego estamos armando con el Pilo Bordón una muestra importante en Chile y otra con el embajador en Bruselas Mario Verón Guerra. Este montaje lo estamos armando como una muestra y con Daniel Goldstein estamos llevando a la mejor cellista del mundo, en una gira en Roma, París y Bruselas.

- Las investigaciones tienen que ver muchas veces con seguir lo que otros no pudieron continuar. ¿Los pintores hacen lo mismo?

- Eugenio d'Ors decía "lo que no es tradición es plagio". Yo puedo tomar la posta de muchos que me interesan, del arte universal, no sólo en Mendoza. Cada uno puede tener reservado un Goya, cualquiera. Cada uno lo elaborará desde su percepción. Creo en eso porque lo he hecho. El que hizo alarde de esto fue Picasso, que hizo las meninas 90 veces.

- Ya no le ponés nombre a tus obras, sólo apenas siguen una serie de números.

- Sí y llevo un inventario con el número de la obra, quién la tiene, cuánto mide y la técnica (risas). Si yo le pongo un nombre limito y subestimo al espectador. Una vez un chico se encontró con "Río alto que roe las estrellas" y el chico dijo: "No es un río, es una serpiente". Le pregunté por qué y me dijo que "porque la serpiente donde pasa la cabeza pasa todo el resto del cuerpo, por eso hace serpentear como el río". Ante esta clase de situaciones: qué le voy a poner nombre ahora, por más que le coloque prosa de Borges, te termina tirando por tierra un chiquito, con un planteo simple.

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Juliana Awada, una de las clientas más importantes de Hoffmann, al igual que su madre.


- ¿Cómo ves al país?

- Yo tengo un secreto que ahora dejará de serlo: Tengo dos obras en la Quinta de Olivos, que cuando dije que las quería regalar, porque los Awada son todos coleccionistas de mi obra, en homenaje a esa amistad, me dijeron que de ninguna manera. Hay un comodato firmado y me la devolverán cuando se vaya el presidente.

- ¿Hay en danza algún otro proyecto para Mendoza?

- Yo sueño con un proyecto que es una asignatura pendiente. Se trata de algo que se basa en un canasto. Cuando se trasladaba el vino de Mendoza a Buenos Aires se hacía en tinajas de terracota muy grandes, de dos o tres metros, y se los envolvía en un canasto de totora. Ese canasto me inspiró para hacer un dibujo llamado El Canasto, que es una escultura pero sirve como arquitectura. Está planteado que en el subterráneo de esta estructura exista una galería de arte, 12 murales, que ya los terminé.

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