Sergio Pomar

El espíritu de pionero en sus vinos de Patagonia

El sanranfaelino es jefe de enología de dos de las bodegas de San Patricio del Chañar: Del Fin del Mundo y Malma.

La historia del sanrafaelino Sergio Pomar es atractiva en distintos niveles y en varios planos, más allá de lo específico de su trabajo. Primero decir que llega a la entrevista media hora antes de lo pactado. Y no sé si es la primera vez que me ocurre. Nunca lo he visto antes de saludarlo Y, ahora, luego de un tiempo de maceración autoinflingido, me cuesta pensar que alguien tan joven tenga tanta buena carrera y responsabilidad en la industria.

Mientras recorríamos los pasillos de la radio y la redacción lo iba presentando no muy clásicamente. En vez de decir que era el enólogo de Bodegas Del Fin del Mundo y Malma, en el patagónico terroir San Patricio del Chañar, en Neuquén, utilicé otro modo para que lo conocieran acaso más rápido. 

Este muchacho, repetí varias veces, es el responsable del 50 % de todo el vino que se produce en Patagonia. Y de más del 50 % de las mejores marcas que desde hace 15 años vendimian esa sombra indefinible que en algún momento dividió la "civilización" y la "barbarie".

Sergio Pomar bodeguero 5


"Me fui a Patagonia en 2006. Y mi idea era irme allí por 3, 4 meses", dice. Eso sucedió luego que se recibiera como Licenciado en Enología en la Facultad Don Bosco. Junto con Leo Borsi son la Nueva Guardia del Vino en San Rafael. Sin embargo, ninguno de los dos vive allí. Uno en Francia, el otro al otro lado del río.

En San Patricio del Chañar, hace dos décadas, no había mucho más que el persistente viento del principio de fin. Hoy, no solamente ha logrado posicionarse como una zona de producción de grandes vinos y espumantes del país, sino que varios empresarios importantes han jugado fichas allí: Pomar trabaja para las familias Viola y Eurnekián. Pero hay en marcha un proyecto ambicioso a cargo de Bulgheroni, nombre fuerte y que adquiere mayor gravitación para la industria.

Una de las razones es por las nuevas condiciones que ha impuesto el cambio climático. Muchos de ellos entienden que allí tardará en hacerse sentir el rigor de un fenómeno que nos tiene a todos como responsables. Y allí, en este marco, Pomar llegó en 2006, como bien lo recuerda. Junto a su novia. Hoy su esposa. Apenas se graduó hizo un año de experiencia en una bodega muy pequeña de San Rafael:

- En la finca Simonassi teníamos un asesor, Ricardo González, que me taladraba la cabeza con Patagonia: "que el clima, que las condiciones, que el potencial". Sin querer fue quien me inoculó el virus Patagonia. Y en unos meses tomamos la decisión. Eramos jóvenes y era el momento de probarnos. Tenía 26 años.

- Y en qué condiciones llegaron.

- Como marcianos (ríe). Y sin trabajo, ya que íbamos en el plan de conocer. Ninguno había viajado más al sur que a Malargüe. Así que le dije a mi novia, para entusiasmarla, que se fijara en Google Earth. Y que aparecían centros comerciales, un cine (risas). Y nos fue muy bien. En ese momento Neuquén vivía un momento de desarrollo importante. Encontramos oportunidades para los dos. Es impresionante como el desarrollo del petróleo activa el resto de la actividad económica. Mientras yo iba a San Patricio y veía de cerca cómo estaba creciendo el lugar, una bodega al lado de la otra. Era impresionante.

Patricio

San Patricio del Chañar, el terroir argentino que más ha crecido en el país.

- ¿Y cómo encontraste trabajo allí?

- En esas semanas me llamó González, para que hiciéramos un trabajo de cortes en Simonassi. Y le dije que yo ya no trabajaba más allí. Me preguntó adónde estaba. Y le respondí con risa: ¡en Patagonia! En ese entonces era el enólogo de bodega Aniello. La cuestión es que trabajé con él allí 8 meses y luego se produjo una vacante en bodega NQN, como primer enólogo. Lo conocí a Roberto de la Mota, un verdadero maestro de vida. 

- ¿Qué fue lo que te atrajo de Patagonia?

- Conocer una región de vinos absolutamente nueva. Hasta no hace muy poco tiempo no había una sola planta. Y hoy hay casi dos mil hectáreas cultivadas. En nuestras dos bodegas producimos 10 millones de litros. Así que ver y estar en una región nueva fue y es la gran atracción. Y participar de los comienzos para mí es muy atractivo. 

- A lo pionero.

- Sí, pero desde el lugar de aportar al trabajo de algunos hombres visionarios. Tuve la suerte de contar y conocer a gente como Roberto de la Mota, Marcelo Miras, Michel Rolland. Le estoy totalmente agradecidos y es un privilegio trabajar con ellos. Mi pasión es hacer vinos y estar en contacto con ellos, más allá de los técnico, también me forma como ser humano. 

- ¿Cómo es trabajar para las dos bodegas, al mismo tiempo?

- Ambas se mantienen de forma independiente, incluso hasta en los estilos de sus vinos. Roberto tiene una forma de imaginar el vino y Michel va por otro camino, aunque tienen coincidencias en el tratamiento de los vinos más estandarizados. Pero en la línea premiun son muy diferentes. Allí sí se les nota la impronta de cada uno. Bodega Fin del Mundo se enfoca en un mercado más masivo y Malma produce para restaurantes, vinotecas, con un concepto más de bodega boutique.

Sergio Pomar bodeguero 7

 

- Julio Viola, uno de los dueños, es el verdadero creador de este terroir.

- Así es. Esta ha sido su visión y su gran apuesta. Antes de su llegada no había ninguna planta de vid. El fue quien realizó los primeros estudios de suelo. Y en 15 años la calidad de los vinos se ha consolidado. La verdad que la familia Viola tiene ese gen de pioneros. Y como en nacido en Uruguay tenemos unos cuadritos de tannat.

- Hablar del varietal tannat en Patagonia es...

- (Interrumpe) Es como raro, sí (carcajadas). Pero estamos consiguiendo buenos resultados. Igual, hacemos pocas botellas.

- Yendo a algo más serio. Bien sabes que la última cosecha en Mendoza y la que viene son de las más complicadas en varios años y por distintos aspectos. Este escenario, ¿es una oportunidad para el desarrollo de otras regiones? Es una pregunta que evita la idea de pensar un éxito a partir de una desgracia, sino de un planteo en términos reales.

- Y este año fue uno de oportunidades para todas las regiones fuera de Mendoza. Patagonia todavía elabora muy poca producción en un contexto más general. La realidad es que cuando la gran productora atraviesa una cosecha complicada se valorizan las otras regiones. En nuestro caso, éste ha sido el mejor de los útimos 10 años. Hablo en términos de clima y calidad. Las lluvias llegaron luego de haber levantado la cosecha. Y antes de abril, el clima estuvo magnífico para reforzar nuestros programas de mejoramiento de la calidad. La verdad que hay un merma importante en el volumen del vino y esto también revalorizó la venta a granel, a valores históricos y como pocas veces se ha visto.

BDEL FIN


- No sabía del caso patagónico, pero sí que esta cosecha magra le ha permitido mayor protagonismo al vino que se produce al norte, en Salta. Es una realidad que los mendocinos no terminamos de asumir, creo.

- Nosotros creemos que en la próxima vendimia sucederá algo similar, aunque no tan extremo. Pero la tendencia va a seguir.

- ¿Por que?

- Porque los problemas climáticos en las planta no se arreglan de un año para otro. La vid necesita dos años para regenerarse. Por eso creemos que seguiremos teniendo oportunidades. Quizá esté malo decirlo, pero es la realidad.

- ¿Cuál es el potencial en San Patricio del Chañar?

- Enorme. Y pienso que a futuro será una gran región. Tiene grandes cualidades. Primero: hay muchísimo lugar, hay mucha agua. Nuestros viñedos están irrigados por el Río Neuquén. Los caudales de los ríos fue algo que me sorprendió apenas llegué. Y las condiciones climáticas son ideales: gran amplitud térmica. Y el viento, que nos permite tener plantas naturalmente sanas.

- ¿Es posible suponer que se irá corriendo hacia el sur la linea de producción, en buena parte por estas derivaciones del cambio climático?

- No tengo dudas. Ya hay muchos bodegueros que están en la zona, directa o indirectamente. Los vemos probando y haciendo algunos experimentos. 

- ¿Qué tendríamos que aprender los mendocinos de los vinos de Patagonia?

- Siempre estoy en contacto con Mendoza porque la verdad que los que aprendemos somos nosotros.  Pensando la pregunta diría lo siguiente: Patagonia tuvo un ciclo de aprendizaje. Y se trató de manejar como se hacía aquí. Y así aprendimos que muchas de las técnicas importadas no eran necesarias. Se pudo dar vuelta gracias a la actitud y a la facilidad de ir modificando y probando. Creo que esa apertura nos permite cambiar más fácilmente. Tuvimos que cambiar y seguir las leyes del lugar. Patagonia es un lugar muy intenso, desde todo punto de vista. Y dinámica.


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