Ricardo Olivera Wells, coleccionista de juguetes

"No me tiro de panza a jugar con los autitos porque no hay quien me levante después"

Juntó unos 4 mil juguetes y ayudó a fundar un Museo del Juguete en San Isidro, Buenos Aires. Los más representativos de la Argentina y su opinión sobre las nuevas tecnologías en los niños. Una entrevista de "Tormenta de ideas", por MDZ Radio.

 La niñez no es algo que se supere. Se acumula sobre ella una sucesión de aprendizajes y experiencias que la van dejando lejos en el tiempo. Pero se equivoca quien piense que la avidez por jugar, divertirse, conocer y hasta de ser ingenuo han muerto en cada uno de nosotros con el paso de los años. Es el "qué dirán" y la cultura que nos rodea lo que impide que nos tiremos de panza al suelo a jugar con unos autitos. Es más aceptado, y por eso lo hacemos, jugar con un teléfono o ante una consola en la TV, por ejemplo. O entregarnos por completo al Candy Cash en las horas muertas de espera. O salir a cazar Pokemones, "por nuestros hijos". ¿Un partido de fútbol con amigos? ¿Un tenis cada tanto? Allí dejamos reaparecer lo que quedó bajo varias capas de muchos otros momentos, probablemente más duros y, por ello, más presentes, como advertencia de que hay que estar firmes de pie para esquivar lo que pueda venir.

Pero hay un hombre, Ricardo es su nombre, que ya tiene más de 60 años y que optó hace unos 20 por seleccionar, reunir, guardar y mostrar juguetes. Con ello, consiguió avanzar con la creación del Museo del Juguete en la localidad bonaerense de San Isidro, que fue inaugurado en julio de 2011 en una casona de Boulogne donde hace décadas funcionó un orfanato. 


Hablamos con Ricardo Olivera Wells, de él se trata, sobre su pasión. Y nos contó qué lo llevo a ésto y qué consiguió, además de divertirse:

Ricardo olivera wells

- ¿Cómo arrancó con la idea de coleccionar juguetes? ¿Lo ha hecho toda su vida o empezó de grande?

- Empecé ya de grande. Yo tengo 58 y hace unos 20 años que empecé a coleccionar. Me gustaban los juguetes y la posibilidad del museo ha sido la coronación de ese anhelo porque me permite compartir. El hecho de que uno pueda mostrarlos, jugar con ellos, es una alegría que le da al coleccionismo. Muchas veces es una complicación, pero en definitiva es un placer enorme.

- ¿Cuéntenos cómo es el museo? Esto de que pueda compartir sus juguetes con los niños, ¿es que no están solo en las vitrinas?

- Fue todo un desafío hacer que los chicos se interesaran por juguetes que no habían conocido, que no tenían posibilidades de conocer porque no se fabrican más y los padres tampoco son de mi generación. La primera directora del museo, Daniela Pelegrinetti, logró hacer algo interactivo muy interesante. Es muy lindo. Hay actividades todos los fines de semana y cada tanto hacemos algo en la que se usa un juguete de mi colección, porque es un reclamo permanente, tocar los juguetes de las vitrinas.

- ¿Qué juguetes tiene su colección?

- En realidad, yo tengo de todo.

- ¡Ah bueno!

- (Risas) De los años ´70, tengo prácticamente todo lo que se hizo acá en la Argentina. Porque la idea al principio fue guardar un testimonio de lo que en otras épocas se fabricó en el país, que fue realmente importantísimo, interesante, fantástico y que de repente había desaparecido. Empecé a juntar con esa idea. Así salió. Y como tengo dos hermanas mujeres, la viví muy cerca de los juguetes de ellas, así que es un caso atípico entre todos los coleccionistas que forman mi grupo. Porque he juntado cosas de mujeres y varones.

- Si tenemos que sacar un promedio, ¿cuál cree usted que es el juguete típico argentino? Yo le cuento lo que a mi me parece: las bolitas por un lado y los camiones Duravit, por el otro.

- Fueron un ícono. Daría para hacer todo un programa hablar de la historia de Duravit y de la empresa que ahora conducen los hijos de los creadores. Una historia fantástica. pero en mi época, no soy un dinosaurio pero al jugar no había computadoras ni televisión, por lo que los juegos de mesa ocupaban un lugar preponderante.

- Eso es verdad en mi época también...

- ... El Estanciero, todo ese tipo de juegos, el Mekano...

- Y el TEG que es un invento argentino...

- ¡Claro! Pero ese ya es posterior. Yo lo jugaba a los 20 o 25 años. Cuando yo era chico estaba el Juego de la Oca, las Damas y el Estanciero, que era la adaptación criolla de un juego americano.

- ¿Usted ha tenido la suerte de tener familia? ¿Es de los que demonizan a las nuevas tecnologías?

- Por supuesto que no. Cada época tuvo sus juguetes y obviamente no puedo estar en contra y el museo tampoco, acompaña ese avance tecnológico y, de hecho, hemos recibido donaciones de cantidad de juegos electrónicos de las primeras épocas. tenemos una consola de juegos y es la miel del lugar.

- ¿Alguna vez sacó la cuenta de cuántos juguetes llegó a juntar?

- Más o menos tengo fichados unos 4 mil.

- ¡Impresionante!

- Fue un placer enorme, una de las cosas más lindas que me ha pasado en la vida es coleccionar. Es fantástico.

- Está claro que no hay edad para los juguetes.

- Por supuesto que no. Yo tengo un grupo de amigos jugueteros que jugamos como chicos.

- ¡Cuénteme que se tiran de panza a jugar con autitos y terminamos una nota maravillosa!

- No. No nos podemos tirar de panza porque después no hay nadie que nos levante. (risas). Jugamos en una mesa, por supuesto, con scalectric, con todo, por supuesto.

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