Andrés Labaké

"El arte contemporáneo produce pensamiento crítico"

Artista plástico y director del Fondo Nacional de las Artes

Entre la filosofía y el psicoanálisis, más allá de su formación como arquitecto y afectivamente cerca de su San Juan natal, el actual director del Fondo Nacional de las Artes es, sobre todo, un lúcido artista.

Andrés Labaké llegó a Mendoza con un doble propósito: tomarle el pulso al arte local  conociendo personalmente a quienes lo crean y escuchando sus problemas y demandas, y exponer por primera vez en nuestra provincia.

Su historia artística está subrayada por logros como sumar más de 60 exposiciones en ferias internacionales en Nueva York, San Francisco, Chicago, Miami, Toronto, Caracas, Romas y Buenos Aires, además de decenas de premios. Sus obras se exhiben en varios museos, universidades y fundaciones nacionales y colecciones particulares del país y del exterior.

De su San Juan natal, Labaké, elige decir: "Soy sanjuaniño, como digo, porque sólo viví hasta los 12 años allí. Después me fui a vivir a Buenos Aires, pero uno siempre se siente del lugar en donde vivió la infancia, donde armó toda su caja de recuerdos y sus significaciones primeras".

Por eso, aclara que no habla "de inspiración sino de alimento. Uno se va formando y esa supuesta inspiración no es otra cosa sino cómo uno procesa toda la información que tiene, sus relaciones, sus observaciones de y sobre los demás, sus lecturas. Uno es uno y es un montón de personas a la vez", subraya como atento estudioso del psicoanálisis en la línea de Jacques Lacan.

Respecto de la experiencia de exponer por primera vez en Mendoza –en una muestra que comparte con Egar Murillo y Mica en el Museo Municipal de Arte Moderno- comenta que "fue una propuesta de Egar Murillo, quien me parece un excelente artista no sólo de Mendoza, sino del país. Me interesó y acepté. Opté por traer trabajos de distintas épocas. Seleccioné obras que sirvieran como para dar un pantallazo de lo que vengo haciendo desde hace tiempo. Que sirvieran para mostrar mi lenguaje, ciertos símbolos que repito, como las sillas o las barcas".

Andrés Labaké es desde hace casi cuatro años director del Fondo Nacional de las Artes (FNA), organismo que depende directamente del Poder Ejecutivo de la Nación y de la Secretaría de Cultura de la Nación.

- ¿Cómo llegaste a ser director del Fondo Nacional de las Artes?

- Después de un período complejo en el que el Fondo estaba prácticamente acéfalo. Hace unos cuatro años se reformuló y se armó un nuevo directorio con otras premisas, entre ellas que los directores fueran artistas.

- ¿Artistas kirchneristas?

- (risas) Yo no soy kirchnerista. Coincido con ellos en muchos aspectos que han desarrollado pero en otros no. Me considero crítico porque mantengo cierta distancia. Nunca tuve una actividad política partidaria, si bien todo lo que hace uno es político, quizás por ese mismo posicionamiento de los artistas y de los productores de cultura que nos estamos despegando constantemente del poder y mantener una cierta distancia crítica para poder operar. Nos convocaron a Tulio de Sagastizabal y a mí, primero porque querían que fueran artistas, querían bajar la edad de los directores y querían que fuera gente del interior. Así se armó ese directorio y la mayoría todavía estamos hoy.

- ¿Cómo empezaron a trabajar?

- Hicimos una reinterpretación de lo que era el Fondo en muchos aspectos, en los objetivos, en los contenidos y en las estrategias. Todo eso modificó el accionar del Fondo. Cuando vos me decías que el Fondo en Mendoza no existe, eso fue lo que encontramos en muchas provincias, no sólo en Mendoza. Encontramos que el Fondo Nacional de las Artes tenía presencia sólo en Buenos Aires. Esto sucedía porque en las provincias se manejaba con delegados que trabajaban ad honorem y que por lo general sabían de una especialidad pero no de todas. Esto, obviamente, hacía que pasaran más información de danza si ese delegado venía de la danza o de la plástica si venía de la plástica. Nosotros quisimos revertir eso, renovar a los delegados y formarlos. Pero tenés una imposibilidad concreta, si no tenés rentada a esa persona que está trabajando para la cultura siempre estamos trabajando gratis. Encontramos otra vuelta.

- ¿Cuál?

- Independientemente del problema de los delegados, queremos que el Fondo deje de ser una oficina, una página o un formulario. Desarrollamos un plan que es visitar todo el país. Lo que estamos haciendo desde hace tres años es ir a las ciudades chicas, medianas y grandes. Los directores estamos viajando, haciendo un trabajo de campo y tomando contacto directo con los artistas, con las instituciones culturales, con las problemáticas y las singularidades de producción de cada región. Después de ese contacto decidimos la manera de designar los recursos en materia de becas, subsidios y préstamos. Y desarrollamos programas para los artistas del interior. Hay un ciclo que se llama Pertenencia, que ya se hizo en Mendoza. Los directores viajamos, tomamos contacto, hacemos una selección y se termina en una muestra en el Fondo Nacional de las Artes multidisciplinaria, donde hay música, arte, teatro, literatura, cine, mesas de debate, de todo. Es un mes dedicado a una provincia. Y fueron muy interesantes. Otro programa, que se llama Interfaces y está dedicado a las artes visuales, se elige a un curador de dos provincias para que trabajen en conjunto y se hace una muestra con artistas de una y otra ciudad, la muestra se hace en ambas ciudades y finalmente en el Fondo.

- ¿Qué repercusiones han tenido estos programas?

- Básicamente, han modificado la relación con los artistas. Cuando nos llega un pedido de beca o de subsidio, ya no es papel y un curriculum, sino que sabemos en qué proyecto está trabajando ese artista, cuál es la problemática de la región y en qué medida nos interesa apoyarlo o no. Es tomar un contacto directo. Y esto lleva mucho tiempo.

- ¿Y qué pasa con Mendoza?

- En el caso particular de Mendoza, cuando empezamos a desarrollar el programa Pertenencia, en el que para mí lo más importante es la visita al lugar y el estudio de campo, por razones muy personales y privadas, no pudimos viajar. Entonces designamos a una curadora externa, por decirlo de alguna manera, que fue Laura Valdivieso. Laura hizo un trabajo impecable, muy bueno. Pero yo estaba en deuda con el estudio de campo real, más allá de conocer a varios artistas mendocinos, y no me había acercado a ver el problema institucional y la particularidad de la ciudad de Mendoza y de la provincia en general. Esto lo estoy haciendo con este viaje.

- ¿Cómo pueden los artistas tomar contacto con el Fondo?

- Estamos promoviendo que la gente se acerque al Fondo a través de Internet. Toda la información de todo lo que estamos haciendo y tenemos para ofrecer está en la página del Fondo en la red. El Fondo Nacional de las Artes es un organismo estatal y público que es de todos, no de es un gobierno. Esto me gustaría que quede muy claro.

- ¿Qué balance hacés de tu gestión?

- Creo que el gran cambio es que se nacionalizó el Fondo Nacional de las Artes, se federalizó. La mayoría de los programas, becas y subsidios son para el interior, para artistas del interior. Eso revirtió la tendencia histórica de que el 80 por ciento de las becas y subsidios eran pedidas y otorgadas a gente de la ciudad de Buenos Aires, que no necesita tanto como el resto del país. El otro tema que se modificó, sobre todo en las artes visuales, es que hicimos un giro estético conceptual con respecto a lo que se venía haciendo. Como en muchas instituciones, el Fondo mostraba siempre cierto conservadurismo, se mostraban obras de artistas convalidados y con circulación nacional. Se compraban para el patrimonio del Fondo obras de artistas que no tenían ningún riesgo. Nosotros incorporamos al criterio curatorial de las muestras la decisión de acompañar el proceso de experimentación del arte contemporáneo, emergente, joven, acá no hablo de edad sino de tipo de producción, en las muestras y en las colecciones. Sin descuidar a los artistas consagrados, porque no es excluyente nuestra postura.

- A propósito de arte contemporáneo, tu obra es muy conceptual y simbólica.

- Es que trato de transmitir contenidos. Depende de qué disciplina elija para desarrollarlos, siempre es el medio por el cual trato de transmitir esos contenidos que preestablezco. Siempre parto de una reflexión o de una inquietud filosófica o psicoanalítica y desde ahí elijo el medio para llevarla a cabo. Recorriendo el país, por la gestión misma del Fondo, uno de los puntos que me llamó la atención es que muchos artistas de muchas regiones y a veces en ciudades muy pequeñas, conviven con una dualidad. Porque tienen acceso a través de internet con toda la producción internacional de arte contemporáneo, pero cuando ellos encaran un trabajo que tiene que ver con el uso de la tecnología en el arte, tienen una incapacidad concreta, puesto que a veces en su ciudad no hay un laboratorio fotográfico que amplíe su foto, por ejemplo, con buena calidad. O no tienen computadoras como para trabajar como quisieran. La precariedad de lo que tienen a mano se junta con la necesidad de producir obras vinculadas a lo tecnológico.

- ¿Esto obstaculiza la creación concreta?

- En realidad, creo que son las mismas operatorias conceptuales de otros artistas que están en centros mucho más desarrollados. Pero cuando se quiere materializar, se tiene que trabajar con lo que hay a mano. Si el medio elegido es la pintura, no hay grandes diferencias. Si el medio elegido es la robótica, hay impedimentos muy grandes porque acá no hay un gran desarrollo. Entre esos dos extremos hay muchas variantes. Es muy interesante ver cómo los artistas, siguiendo lo que pasa en otros ámbitos en Argentina, terminamos replicando el “lo atamos con alambre” y esa precariedad la llevamos a la obra y termina enriqueciéndola. Al no existir la tecnología tan a mano, hay una gran producción de ingenio, por decirlo de alguna forma. Y eso caracteriza a nuestras producciones: son arte contemporáneo pero muy local. Es una problemática hasta regional. Muchas veces se habla de arte regional y en los circuitos culturales eso significa lo folclórico, lo que los centros esperan de la periferia. Yo creo que el arte regional implica el estar reflexionando, reflejando las problemáticas regionales. Y esta es una problemática regional.

- Entonces, ¿vos creés que hay un arte regional?

- Es difícil. Es particular la cuestión según cada región. Hay una dicotomía en muchos campos artísticos sobre qué es el arte visual en las regiones. Hay una lucha dialéctica entre qué es lo que representan las artes visuales en las distintas regiones. En el campo nacional a nivel teórico conceptual este tema está superado. Pero a veces vas a ciudades pequeñas y encontrás criterios enfrentados porque las instituciones, las públicas y las privadas, no acompañan los procesos en desarrollo. Suelen trabajar con lo que ya está convalidado o consagrado. Con lo cual es muy difícil que un museo, por ejemplo, de estas pequeñas o medianas ciudades, no tenga un criterio más conservacionista o de poco riesgo en sus colecciones y en sus muestras. Y no hace circular la producción contemporánea. Si a eso le sumás que hay muchas escuelas o facultades de arte, no todas, que se han quedado con una formación casi académica moderna, y no se actualizan ni sus docentes ni sus textos en lo que es el debate actual de lo que es la contemporaneidad de las artes visuales, tenés que la institución formativa está atrasada respecto de lo que se está produciendo en el país y en el exterior. Y tenés los museos y centros de arte también desfasados. De ahí que haya grupos de artistas que procuren una formación alternativa y circuitos alternativos para obras alternativas.

- ¿Se debate sobre arte en Argentina?

- Salvo en muy pocas ciudades está muy poco instalada la discusión de qué es el arte en la contemporaneidad. O sea, preguntarse qué es producir artes visuales contemporáneas.

- ¿Y cuál es tu respuesta a esa pregunta?

- Yo siempre digo que no hace falta que todos hagamos arte contemporáneo. No es una obligación. Lo que veo como característica en la producción global, es que es global pero con la singularidad de cada lugar. Cuando hablo de producción contemporánea no digo que tengamos que hacer producciones miméticas con respecto a lo que se hace globalizado. Uno puede tener incorporado lo que es la producción de artes visuales post Duchamp, o sea que está atravesada por una concepción filosófica, por la pregunta de qué es el ser mismo del arte y cuáles son los objetivos y las intenciones, y estar produciéndolo desde la localidad de uno, con las particularidades de su región pero con las operatorias conceptuales de estar haciendo arte contemporáneo. Yo no creo haya necesidad de definir qué es el arte contemporáneo porque los márgenes son muy difusos y siempre se están renovando, pero hay ciertas hipótesis que elaboran las características particulares de la evolución de las post vanguardias del movimiento moderno. La producción de artes visuales en el movimiento moderno está acompañada con producción del pensamiento crítico filosófico que van, todos juntos, superando a lo anterior. La propuesta era extremar hasta sus últimas consecuencias la producción en una misma disciplina. Llevar la pintura hasta sus últimas consecuencias abstractas, y así en todo. Después de los ´50, filosóficamente y en todo el mundo, ya no necesariamente una teoría debe superar a la otra, sino que hay una diversidad mayor, y hasta como una multiculturalidad donde pueden convivir teorías y producciones. Partiendo de esta base filosófica, las artes visuales acompañan este proceso. Para mí, desde una mirada personal y subjetiva, el arte contemporáneo pasa por producir pensamiento crítico y una sensibilidad crítica.

- ¿Los artistas saben lo que hacen?

- (risas) La mecánica del artista que produce arte contemporáneo pasa por ponerse en un rol consciente de productor de operaciones visuales. Tiene que saber desde qué inquietudes quiere trabajar, desde qué objetivos y reflexiones, conocer cuál es la pregunta que se está haciendo, o cuál es la reflexión formal ya sea filosófica, social, política de la cual parte. Tiene que saber que la disciplina pasa a ser un medio, no es un fin en sí mismo. O sea, si está pintando no elige la pintura sólo por pintar o si hace fotografía no sólo es para reproducir lo que hay. Intenta que la obra no sea una representación literal ni de su intención filosófica ni de algún objeto. Si hay un objeto ese objeto está significando metonímicamente otra cosa. La obra no es la pintura en sí. Y todo esto trata de incluirlo en una poética propia. Hago mucho hincapié en esto porque una obra basada sólo en los puntos anteriores, sólo en el planteo filosófico o sólo en el planteo material, no termina de convertirse en obra.

- ¿Qué opinás de los artistas que violentan la sensibilidad del espectador al estilo de quien deja morir a un perro, de quien pinta con sangre de enfermos de VIH o de quien hace comida para peces con un cadáver?

- En principio me parece que ese tipo de obras corren el riesgo de que es tanto el acento puesto en la provocación que ni siquiera logra transmitir el contenido de su inquietud. Porque cuando el grado de provocación es tan alto, todos nos quedamos varados en un acercamiento donde eso nos choca tanto que no llegamos a hacer una lectura de qué es lo que el artista está diciendo. Creo que hay que tener cuidado con los modos que uno elige para transmitir. Porque al final, está puesto tanto el acento en el medio que termina invalidando la obra. Hay muchos artistas que lo hacen para estar en escena, para figurar en el circuito. Creo que hay que ver cada caso en particular. No creo que se trate de debatir sobre lo que está bien o lo que está mal. Yo creo que un artista contemporáneo, consciente de producción, tiene que trabajar desde un lugar ético. Y si bien la ética no es un bien universalizado, creo que uno tiene que trabajar desde su posicionamiento ético y ellos deben considerar que eso no está mal. Si me lo preguntás personalmente, yo creo que sí está mal, porque estamos jugando no con objetos o cosas inanimadas, estamos jugando con la vida y yo creo que la vida hay que respetarla en todas sus formas.

Patricia Rodón

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