Carlos María Domínguez

"Los libros construyen una casa dentro de otra"

Escritor.

Es uno de los narradores argentinos más significativos de la última década. Perspicaz y sutil, sus obras indagan desde la novela, el ensayo o la biografia sobre el acto de escribir, de leer, de disfrutar o padecer del ejercicio de la lectura. Acaba de reeditarse uno de sus trabajos más celebrados, La casa de papel, que lleva vendidos más de 100.000 ejemplares y ha sido traducido a dieciocho idiomas.

Carlos María Domínguez dice que Montevideo lo eligió. De ahí que hace casi veinte años resida en la capital uruguaya. Narrador, dramaturgo, biógrafo y crítico literario, el argentino nacido en Buenos Aires en 1955, dedica su días a la tarea de ejercer la palabra por escrito. Y siempre el resultado es tan delicioso como atrapante.

Editada en Argentina por Alfaguara, su novela El bastardo, recrea desde una perspectiva biográfica llena de encanto, la vida del escandaloso Enrique de las Carreras, poeta uruguayo menor y maldito, atrapado entre el romanticismo y el modernismo y la amistad de grandes talentos literarios rioplatenses del 1900 como Horacio Quiroga, Florencio Sánchez y Julio Herrera y Reissig.

En su nouvelle La casa de papel , que obtuvo el Premio Lolita Rubial y el Premio de los Jóvenes Lectores de Viena y ha sido traducida a dieciocho idiomas, recorre accidentes, rituales, fetichismos, fanatismos, persecuciones de ejemplares únicos y personajes que han hecho del libro su pasión y su obsesión. Ágil y bella, esta pequeña novela es una fábula repleta de poesía acerca de los sutiles riesgos del amor a los libros.

Es autor, además, de las novelas La mujer hablada, que recibió el Premio Bartolomé Hidalgo; Pozo de Vargas; Bicicletas Negras; Tres muescas en mi carabina, Premio Juan Carlos Onetti; y del libro de cuentos Mares baldíos. Ha escrito las biografías Construcción de la noche. La vida de Juan Carlos Onetti (en colaboración con María Esther Gilio), y Tola Invernizzi. La rebelión de la ternura. Es autor de las obras de teatro La incapaz, basada en El bastardo, y Polski ,en colaboración con Jorge Boccanera.

- ¿Por qué eligió Uruguay como destino literario?

- Uruguay me eligió a mí, seguramente para contarle a un porteño que la casa era más grande que el puerto de Buenos Aires. Después me entregó unas cuantas historias de las llamadas reales y todo estaba tejido entre una orilla y otra del Río de la Plata. Montevideo es una aldea literaria, para quien la sepa descubrir, no porque tenga una literatura notable, que no le falta, sino porque el tiempo está impregnado de una ambigüedad especialmente seductora para la curiosidad, los momentos vivos y los momentos muertos de un escritor.

- ¿Qué le impulsó a escribir sobre Roberto de las Carreras, el poeta protagonista de El bastardo?

- Roberto era una leyenda que corría de boca en boca entre los memoriosos de la aldea. Mi amigo y editor Beto Oreggioni me invitó a rescatar su memoria y en el curso de la investigación descubrí que la vida de Roberto y la de su madre Clara eran un asombroso fresco de las audacias y las contradicciones del patriciado rioplatense. Dos seres desesperados que denunciaron con talento y temeridad la doble moral del 900, que los volvió locos. Escribí sus biografías con un tono novelístico porque la novela estaba hecha en los documentos y expedientes judiciales.

- La casa de papel es a la vez un ensayo y una metáfora de la relación de un lector con su biblioteca. ¿Cómo imagina al lector de esta nouvelle?

- El lector de La casa de papel es el lector de todos los tiempos, enamorado de los libros y destinado a enloquecer con ellos bajo todas las formas de la ilusión, el fetichismo, la curiosidad y la melancolía. Desde los bibliófilos más exquisitos hasta el agreste Alfonso Quijano. Todos los lectores construimos con los libros una casa dentro de otra, anulamos al menos una pared y la abrimos en el tiempo humano. Luego los libros nos ven amar, trabajar y morir, como mudos testigos.

- Coincido con usted en que "los libros son peligrosos"? ¿Puede explicar en qué sentidos?

- Meten ideas locas en la cabeza de la gente, nos inducen a pretender la precisión y la belleza, las ganas de cambiar el mundo o de morir agobiados por su exceso. El saber ocupa lugar y nos vuelve más solos. Los libros nos inquietan y perturban, nos dan dolores desconocidos que hacemos nuestros, unos nos consuelan, otros nos atormentan. Lo saben los padres cuando prohíben ciertos libros a sus hijos, o se los disimulan, lo saben los dictadores cuando los queman, lo saben los sacerdotes cuando los anatemizan y los pedagogos, cuando orientan unas lecturas y desaconsejan otras.

- ¿La literatura puede matar?

- Mató a la perra de unos amigos chilenos, que se indigestó con Los hermanos Karamazov, y en ocasiones pueden provocar accidentes, como cuenta la novela. Pueden matar las horas, pero también pueden matar la idiotez y alentar una vida nueva.

- ¿Qué libros le han cambiado la vida?

- El llamado de la selva, de Jack London, que en la voz de un hermano, cuando éramos niños, decidió mi pasión por la lectura. Demian de Herman Hesse inauguró el descubrimiento de una vida interior y me condujo a una mujer insoslayable de mi adolescencia. Alexis Zorba el griego, de Niko Kazantzakis, me metió en unos cuantos problemas, y podría seguir una larga lista de libros y consecuencias, hasta el día de hoy.

- ¿Los libros para usted son un fetiche, una compulsión?

- Son un fetiche pero ya no son una compulsión. Aprendí a seleccionarlos bajo una estricta exigencia de necesidad y fascinación.

- ¿Es usted un bibliófilo o un bibliómano?

- No. Sólo tengo amigos que lo son, y con mi experiencia, la de ellos y otros que me ha tocado conocer, concebí los personajes de la novela.

- ¿Cómo es el crecimiento de su biblioteca personal? ¿De qué se alimenta?

- Mi biblioteca crece ahora por los clásicos ingleses, a veces por el azar de los libros que reseño como crítico, o por adquisiciones muy puntuales. Me deshice de la mitad de mi biblioteca y trato de que la que conservo no crezca, pero sé que es una guerra perdida.

- ¿La línea de sombra, de Conrad, tiene un significado personal para usted o es sólo una alegoría literaria usada en La casa de papel?

- El ejemplar de La línea de sombra que menciono en la novela coincidió con mis experiencias en la navegación y es cuerpo de mi amor por la obra de Conrad. Como del fetichismo no me curo, ya lo he hecho cruzar conmigo varias veces de hemisferio. Para Conrad fue alegoría de su pasaje a la madurez como capitán. Para Brauer y para mí, de un salto a lo que no conocíamos de nosotros mismos.

- ¿Cuánto hay de vanidad en construir una biblioteca? ¿Cuánto hay de soberbia al destrozarla?

- Mucho, quizá, pero ni la vanidad ni la soberbia son, necesariamente, más importantes que el amor por la palabra, el conocimiento, la conversación íntima y lejana, la conservación de un modesto camino de la inteligencia y la sensibilidad, o la necesidad de abandonar un plan de vida y emprender uno nuevo.

- Roberto de las Carreras, Juan Carlos Onetti, han sido objeto de sendos trabajos suyos. ¿Le interesa más la historia secreta de un escritor real que crear un personaje de ficción?

- La más ascética biografía es una forma de la literatura que convierte al biografiado en personaje. El trasiego entre lo que la persona fue y lo que el biógrafo pudo percibir y ordenar de cualquier destino es irreductible y es personal. Me ocupé de Roberto de las Carreras, de Onetti y de Tola Invernizzi, otro mito uruguayo poco conocido en Argentina, porque a su modo, los tres fueron asombrosos y honestos transgresores, y sus vidas trazan un fresco de la cultura y la vida sin más en el Río de la Plata.

- ¿Cuáles son sus autores favoritos de "libros sobre libros"?

- No tengo, y no conozco. He visto que ahora es un género del ordenamiento comercial o editorial, y La casa de papel, naturalmente, ha encontrado un lugar ahí. Pero su escritura tiene otro origen, ajeno al encasillamiento.

- ¿Qué opina de la obra de autores como Ruiz Zafón?

- No le he leído, de modo que no sé qué otros autores serían como él.

- ¿Cómo es su relación con la poesía? ¿Y con los poetas?

- Desdichadamente, irregular. Naturalmente, azarosa, esquiva. Muy cada tanto la visito, o me visita, no sé. La última vez la vi en un cartel rodeado de basura, a la entrada de un terreno cercano a una villa miseria. El cartel decía: "Amacencito El comienzo". Tengo muy buenos amigos poetas y a menudo les envidio la felicidad de dar la vida en un verso.

- ¿Cómo fue coescribir una obra de teatro junto a un poeta como Jorge Boccanera?

- Fue una experiencia íntima y bella. Hicimos juntos la segunda y la tercera etapa de la revista Crisis, y compartimos desde hace años muchas otras cosas. Polski es fruto de un cuento de marinos que escribí para un libro que no se conoce en Argentina y se llama Mares baldíos. Boccanera sumó su mayor experiencia en el teatro y su extraordinario talento hasta que conseguimos darle a la obra una presencia dramática que nos divirtió y nos dejó satisfechos.

- ¿Lee poesía?

- A un novelista la poesía le recuerda que su historia no vibrará por su capacidad de ilustrar la realidad ni por su capacidad de desnudarla, sino por la expresión de su palabra. Leo, cada tanto, a los poetas y aprendo de ellos.

Patricia Rodón

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