Lucas Malaisi

"Los chicos viven cosas que sus padres y abuelos jamás vivieron"

Autor del libro "Cómo ayudar a los niños. Educación emocional".

“Yo salgo a trabajar muy temprano y vuelvo muy tarde. Mis hijos lo saben: no es que me vaya de juerga, estoy trabajando. Los quiero y los extraño inmensamente y creo que ellos a mi también. Los veo sólo cuando están durmiendo y no me atrevo, aunque quiero y a veces me tienta hacerlo, a despertarlos, para que ellos me vean también. Les hago un nudo en la sábana. Por la mañana, cuando se levantan para ir a la escuela, ellos, al desatarlo, ya saben que su padre les dio un beso mientras dormían”.

Con este relato, un humilde trabajador sanjuanino resolvió la culpa que lo aqueja en una reunión de padres de la escuela. De inmediato, su relato se transformó en un breve ensayo sobre los sentimientos. Hablaba de calidad de tiempo y no de cantidad; de “ser” y no de “tener”.

Sin saberlo, sin quererlo, estaba fundando una forma no escrita ni regulada de transmitir a la generación que lo sucederá, valores cimentados en las emociones humanas.

La anécdota fue contada por el psicólogo Lucas Malaisi, un sanjuanino que llegó a Mendoza para la presentación de su libro “Cómo ayudar a los niños. Educación emocional”, editado aquí por Zeta y presentado en el colegio ICEI con el auspicio de MDZ.

El párrafo marca desde la A hasta la Z la dimensión del propósito de quienes, como Malaisi, impulsan, proponen y exigen un cambio de paradigmas en la educación argentina.

Con Ernesto Sábato siempre a mano, el autor recordó: “Necesitamos escuelas que favorezcan el equilibrio entre la iniciativa individual y el trabajo en equipo, que condenen el feroz individualismo…La búsqueda de una vida más humana debe comenzar por la educación”.

Malaisi reflexionó, ya con palabras propias, en torno al tema que nos convocaba: "tradicionalmente el sistema educativo se centró en las habilidades académicas, priorizándolas por sobre los demás aspectos del ser humano. Pero esto parece estar coadyuvando con lo que Sábato llamaba ´la deshumanización de la humanidad´; en tanto se le da al educando una serie de datos que debe almacenar, tal como si fuese una computadora a la cual se le introduce un disquete cuyo contenido, simplemente, debe alojarse en ésa, independientemente de que sea necesario o utilizable”.

Hablamos con él sobre lo que pasa y lo que debería pasar con la educación, los docentes, las madres y los padres, los hijos y hasta sobre el perdido rol de sabio de los abuelos.

- ¿Cuánta importancia le da la educación formal hoy a las emociones y en concreto a la “educación emocional” como nuevo campo?

- Hay una especie de doble mensaje: algo así como que “me interesa, pero no puedo”. Se produce en los docentes, en general lo que Ernesto Sábado llamaría como “el fetichismo del programa”, ni una coma por fuera de lo establecido por la superioridad. Sin embargo, tengo que admitir que cada vez más, como personas que son, los docentes están admitiendo que hace falta abordar ese aspecto.

Tenemos que preguntarnos qué pretendemos de la educación: ¿la queremos igual o nos hace falta un nuevo sistema? Si de lo que se trata es preparar a los chicos para el mundo adulto, ¿por qué no se lo educa en las emociones? Yo creo que por omisión a este tipo de educación los estamos discapacitando a futuro.

- ¿Pueden avanzar o están trabados por la burocracia educativa?

- Yo creo que están presionados por las autoridades para cumplir con lo que es obligación, de acuerdo a lo establecido por el programa, tal cual lo describe Sábato. Se está en la inercia de exigir los contenidos. Todavía los paradigmas de los docentes no han cambiado, aunque subjetivamente lo están haciendo, intuyen que hace falta el cambio. Yo los veo como en una búsqueda.

- ¿A partir de esta necesidad es que comenzó a trabajar en la elaboración del libro?

- Efectivamente. Yo vengo trabajando el tema de la educación emocional desde que estaba en la facultad, cursando la carrera y luego de recibido, di muchas charlas en las escuelas y los docentes me pedían documentación al respecto. Entonces decidí  compendiar la que conocía y agregarle mis propuestas. Y allí preparé el libro.

- ¿Qué respuesta ha tenido?

- Buena, aunque mis expectativas siempre están centradas en que haya una mayor repercusión en las aulas, obviamente. El libro no sólo está circulando bien, sino que los docentes lo aceptan. Ya hay en San Juan tres guías de estudio y ahora estamos intentando convenir con el gremio docente, UDAP, para que el trabajo llegue a toda la provincia, por lo menos.

- ¿Qué le piden los docentes en esas charlas?

- Técnicas concretas. Como en todo, en este país hay un sobrediagnóstico. Todos analizan, pero pocos autores ofrecen herramientas concretas. Generalmente se les quiere cortar las manos a quien las usó mal, pero no analizan que esa persona seguirá con las ganas de seguir usando mal las manos que ya no tiene. Yo creo que tenemos que enseñarle a no actuar así o a conseguir lo que quiere por otros medios, ya que evidentemente no ha resultado efectiva la política de andar cortando manos…

- Aparentemente hay una toma de conciencia incipiente en los maestros, pero ¿qué pasa con los padres y madres?

- Descubren el tema cuando se lo contamos, recién allí. Es un tema nuevo. Yo diría que cuando “caen”, toman conciencia y me llueven las consultas.

- ¿Qué dicen en esas consultas?

- Describen cómo viven los chicos y cómo están pasando por alguna crisis familiar. Inmediatamente se dan cuenta de los riesgos y problemas, pero los padres no son el problema, no quiero inculparlos. Está pasando un fenómeno que es exclusivo de esta época y es que los chicos están viviendo experiencias que sus padres y abuelos jamás vivieron.

- ¿Y cómo reaccionan los padres frente a esto?

- Están desorientados, como podrá comprenderse. Recordemos que antes, el abuelo era la fuente de sabiduría. Cuando un nieto quería saber cómo actuar frente a determinadas demandas de la vida, como la adolescencia, tenían en el abuelo a un compinche que ya había pasado por todas. Hoy los abuelos no saben nada, informáticamente hablando y por eso los adultos ya no son fuente de consulta de los hijos y nietos. Por el contrario, éstos les achacan desconocimiento de la realidad, disminuyen su trascendencia en la vida a raíz de esta carencia.

- ¿Es la informatización la única causa de este divorcio entre padres e hijos?

- Está claro que hay otras actitudes que influyeron para que los chicos actúen de esa manera. Durante mucho tiempo, los padres no quisieron que sus hijos vivieran lasa mismas carencias y restricciones que ellos sufrieron cuando eran jóvenes y borraron todos los límites, renunciaron a ser padres. Antes la adolescencia era el momento de preparación para la adultez, una instancia previa de ensayo y error. Hoy, los adultos quieren ser adolescentes, compiten con ellos, se quieren identificar con la generación anterior.

Las madres, compiten con sus hijas y entonces las hijas se quedaron sin modelos. Antes un chico podía pensar: “cuando sea grande quiero ser médico” y respaldarse en la imagen de algún familiar de esa profesión. Hoy los médicos se quejan de su trabajo y ni se les pasa por la cabeza recomendarle su profesión al hijo, con quien compite. ¡Quiere ser como el hijo y no médico!

- Se produce un cruce de identificaciones…

- Así se les llama: identificaciones cruzadas. El adolescente no valora al adulto, sino a sus pares. Pero hay que tener atención con este tema y no echarles toda la culpa a los jóvenes, ya que son los adultos quienes le están dando un “valor extra” a la adolescencia; son quienes están sobrevalorando esa etapa de la vida, la codician, la desean y generan que quienes están en esas edad, abusen de ello.

- ¿Todo esto usted cree que podría ser abordado por la escuela, para empezar a cambiar una realidad que resulta adversa tanto para jóvenes como para los adultos?

- La educación hoy tiene que cambiar. No puede ser la misma que la que fue hace 50 años atrás. Tenemos a chicos con muchas herramientas, pero no hemos desarrollado lo que yo llamo la inte-eligencia.

- ¿A qué le denomina de esa manera?

- De una separación en su análisis de la palabra inteligencia en inte-eligencia, resulta para mi la capacidad de elegir internamente lo mejor para sí, y que podríamos abreviar en el concepto de “saber elegir”. Yo lo analizo en este libro: como persona integral, es inte-eligente quien sabe qué quiere o cuáles son sus objetivos. Es inte-eligente quien sabe que la situación en la que está es el resultado de sus propias elecciones pasadas. Y estro implica estar en contacto con las propias emociones, con los elementos del mundo circundante, las preferencias, una adecuada autorregulación emocional.

Con esto quiero decir que cada uno es quien debe elegir qué quién quiere ser, pero para ello, hay que saber cómo tomar contacto con las emociones y eso, la escuela actual, no lo enseña y, por lo tanto, genera más frustraciones que otra cosa.

Creo que en este sentido, hay que equilibrar la balanza. Hay que generar un zarandeo de los paradigmas en educación.

- ¿La falta de saber manejar las emociones en el aula tiene que ver con un resurgimiento de la violencia?

- Es que a veces hay problemas que se vuelven patologías. No expresar las emociones puede llevar a enfermedades y eso está científicamente comprobado. Las respuestas de la escuela actual al problema no son precisamente las mejores. Por ejemplo: mientras que frente a un chico que tiene hambre y que pide comida a gritos, jamás diríamos “dejalo, sólo tiene hambre”. Sin embargo, frente a un chico que todo el tiempo está haciendo cosas para que le prestemos la atención sí le respondemos con: “dejalo, sólo quiere llamar la atención”. Hay que entender que no es “sólo”, sino que está demandando algo fundamental, atención, pero los adultos no valoramos las necesidades afectivas y emocionales, sólo las materiales.

- ¿Es cierta esa afirmación docente que dice que “los chicos vienen así” y que no se los puede cambiar?

- No es que el chico venga con problemas “de fábrica”, sino que las causas están en el ambiente. El consumismo y la economía tienen mucho que ver. Donde están mal económicamente, ambos padres están ausentes porque deben salir a trabajar. Pero por las presiones del ambiente, si a la familia no le va mal, igual salen todo el día a trabajar, no porque les falte dinero, sino para juntar más plata.

Estamos tratando de llenar las carencias del “ser” con el “tener”, y las necesidades emocionales, como compartir, no se pueden satisfacer con cosas materiales sino con actitudes emocionales.

- ¿Se puede decir que se trabaja sobre la violencia que se ve, pero no sobre la simbólica?

- Estamos acostumbrados a la violencia y ya nos resulta normal, en muchos casos y sólo discutimos su intensidad. Por otro lado, está muy normado el tema. Las reglamentaciones dicen qué es violencia y qué no, y eso lleva a trabajar mucho sobre las causas de la violencia, que es más costoso y que es una tarea que en todo caso le toca al Estado en su conjunto. Pero con respecto al hecho de un humano puntual, eso no surte efecto. Se le prohíbe drogarse, emborracharse, ir a los boliches; se le aumenta los límites a un chico o una chica, pero no se les ofrecen recursos alternativos, otra oferta de posibilidades de acción para que no tengan que caer en esto que les prohibimos.

Creo que hay que generar que ellos mismos se den cuenta de que toda esa lista de cosas no les sirve. Si sólo las prohibimos, los hacemos más profesionales en la evasión. Porque los chicos necesitan popularidad con respecto al grupo de pares y a los padres, para que alguien les preste atención.

Habría que invertir la cuestión: todos los chicos demandan atención, ¿por qué no empezamos a dársela antes de que la pidan?

- Los padres no saben esto. ¿Lo saben los docentes?

- La ley de educación entrena para desarrollar un proyecto de vida y el desarrollo como hombres y mujeres. Pero no está establecido quién entrena a los chicos para que sepan quiénes quieren ser por sí mismos.

- ¿Cómo ve el futuro frente a este desafío incipiente de educar en emociones?

- Me imagino a un educador diciendo qué se debe hacer en lugar de repetir todo lo que no se puede hacer. Estamos acostumbrados a anteponer el no, como si los docentes fueran “adiestradores” de niños y deben entender que son “educadores”. Si lo entienden, su tarea pasará más por preguntar por qué, qué es lo que los lleva a hacer las cosas mal, a ponerles una mano en el hombro que a encerrarlos entre cuatro muros de imposibilidades. Un chico educado emocionalmente debe aprender a explicar qué es lo que les pasa. Me quedo con una frase de Pierre Corneilli: “Hablar de nuestra pena nos ayuda a calmarla”.

Finalmente, creo que hoy en educación se evalúa el “qué sabes”. Yo propongo que evaluamos el “qué sentís”. Pero para que esto sea posible hay que animarse a cambiar de paradigma, ya que el paradigma es el lente con el cual miramos la realidad.

 

"Los chicos ven, los chicos hacen", uno de los videos utilizados por Malaisi para la presentación de su libro.

 

Opiniones (8)
18 de agosto de 2017 | 01:07
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18 de agosto de 2017 | 01:07
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  1. Hoy los chicos viven otras cosas y hay que saber cómo ayudarlos a sobrevivirlas sin haberlas vivido. Después de haber escuchado la charla que Malaisi dió en el colegio ICEI y de leer esta nota, está claro que una de las formas es la educación emocional. Los conceptos son claros y serios. Hay que apoyar como ICEI y MDZ estos esfuerzos.
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  2. Es verdad, a mi abuelo no me lo imagino como emo o flogger, pero si es cierto que a los pibes les cuesta poco ponerla hoy por hoy a diferencia de nuestros ancestros. Grande Malasia!! Muy buena charla
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  3. Lo que Malaisi propone es trabajar la educación emocional, en ese sentido la entrevista es muy buena y pocas veces antes he podido leer un material tal bueno y no, como dice Adela, "dedicarse exclusivamente" a eso. Coincido con ella en todo lo demás y felicito a MDZ por poner a disposición este tipo de materiales.
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  4. No se debenperder de vista las habilidades académicas, es función de la educación inculcarlas, pero no de tipo inciclopedista: Unque tampoco fue tan malo...nuestros padres tenían mejor cultura general que la que tenemos nosotros y ni que hablar de la de los adolescentes. La educación equitativa es aquella que da a cada uno lo que necesita. Trabajar la educación solamente desde la inteligencia emocional, sería otro error. La buena educación se logrará con el equilibrio de las distintas corrientes, ninguna por sobre la otra.
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  5. Todo lo que ayude a mejorar el respeto, la valoración de los otros como personas con sentimientos e inteligencia es positivo. Más cuando se trata de los niños, nuestros hijos, sus compañeritos de aula y todos aquellos "desangelados" que no cuentan con cariño y apoyo cercanos (tampoco buena alimentación, salud ni diversión sana) Excelente nota de Gabriel y muy buenos aportes de este autor, que no conocía
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  6. Tanto por el referente que ha elegido - Sábato - como por el enfoque personal sobre el tema, este joven maestro merece beneplácito y apoyo en la dirección que propone para enfrentar el problema educativo. Sin embargo, sin una fuerte decisión política oficial, por ahora ausente, el progreso será lento y sujeto a las experiencias individuales de maestros conscientes y decididos a enfrentar la crisis , Felicitaciones - Marcos
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  7. Excelente nota! y es cierto, en un mundo donde los adultos se niegan a crecer, donde los abuelos no quieren serlo porque está "out" es lógico que veamos esto. Felicitaciones a MDZ, lo leo todos los días desde mi casa en Chile. Besos atodos mis ex compañeros de redacción de diario UNO y Los Andes que hoy están en MDZ. Besos y enhorabuena. Silvina Ruiz-Diaz
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  8. Felicito a este señor Malaisi por manifestar con tanta claridad los conceptos que a beces los docentes no sabemos explicar.
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