Carlos Perciavalle

"Somos como los buenos vinos, nos añejamos y nos ponemos mejor"

Actor protagoniza, junto a China Zorrilla, de "El diario privado de Adán y Eva"

Carlos Perciavalle es, sin duda, un referente del teatro en Argentina. 

Encabezó, a fines de los '60, junto a actores de la talla de Antonio Gassalla y de Edda Díaz, una movida teatral que sentó las bases de lo que luego sería conocido como Café Concert; en los ’80, su personalísimo estilo -verborrágico y desprejuiciado- llegó a la pantalla chica a través de sus monólogos y tuvo, también, una exitosa incursión en la Revista y la Comedia Musical.

La primera vez que compartió escenario con su entrañable amiga, China Zorrilla, fue en  1964 con “Canciones para mirar”, una obra basada en canciones de María Elena Walsh que descolló en el New York de aquél entonces.

Pero luego esta genial dupla llevó a a las tablas , en 1982, “El diario privado de Adán Eva”, una adaptación que la actriz hizo de la obra de Mark Twain. Con esta propuesta, tres veces respuesta, se presentan los actores uruguayos en Mendoza.

Antes de la función, la segunda que darán en el Teatro Plaza de Godoy Cruz, Carlos Perciavalle concedió una entrevista a MDZ en la que no ahorró elogios para su compañera de elenco ni detalles acerca de la obra.

- ¿Cómo fue retomar la obra después de tantos años?

- Es la tercera vez que lo hacemos. La obra debutó hace 28 años, después la hicimos hace 12 años y ahora. Es un espectáculo divino, te diría, exagerando, que la vida es antes y después de ver un espectáculo tan tierno, conmovedor y lindo como este. La obra es la misma, pero la hacemos mejor ahora. Somos como los buenos vinos, nos añejamos y nos ponemos mejores. Desde que se estrenó, todas las veces que la hemos hecho, cuando termina se para todo el teatro (acá, en Puerto Alegre o Asunción) y gritan bravo, lloran y se ríen. Es una obra conmovedora, realmente, y la China se merece todos créditos. No solamente hizo la adaptación sino que escribió con Federico García Virgil todas las canciones, que son divinas, y ella está ¡divina! a su edad, con 86 años (puedo decirlo porque ella lo dice). Hay momentos, cuando hace de una mujer sexy y se empieza a enamorar de Adán, que parece una chiquilina de 15 años y ¡no podés creer! Todo eso, sentados mientras tenemos un texto en la mano, porque la puesta es como si estuviéramos leyendo. Por supuesto que lo sabemos perfecta y que nos apartamos del texto, yo me levanto y canto pero no se parece a algo que hayas visto antes.

- ¿La amistad que desde hace tantos años tenés con China, se plasma en escena, más allá de la relación de los personajes?

- Si, por supuesto. Primero porque hacemos una conversación como de media hora, sentados en nuestros lugares y antes del espectáculo, en la que China cuenta la historia cuando ella vio la obra en New Cork, en donde estábamos viviendo juntos. Y además, hay una empatía personal, una química entre nosotros que llega hasta la gente de una forma maravillosa. Hay algo maravilloso que se produce con esta obra, y que es la primera vez que me pasa en 52 años de carrera: nadie tose en el espectáculo. Es tal la fascinación, que la gente no tose, está como adorando el show, hipnotizada. Y es que la química que tenemos con China es real, trasciende el borde del escenario y llega al público de una forma muy tangible y evidente.

- Vos mencionás tus cincuenta y dos años de carrera, y uno se pregunta cómo hacés para mantenerte tan vital y entusiasta.

- ¿Cuánta gente hay que pueda hacer en la vida lo que realmente le gusta y que, encima, le paguen? Poca. Y yo desde muy chico quise actor, quise hacer a la gente feliz. Me gusta hacer reír y creo que es la misión que yo tengo en esta reencarnación. Lo hago cada vez con más garras y con más entusiasmo. Incluso ahora que China estuvo internada por una bronquitis (no se agarró una neumonía porque es más fuerte y más dura que nadie, sana como pocas) porque extrañaba hacer el paraíso. Ayer volvimos a hacer una reunión y nos reímos un rato largo; hacer la obra es muy entusiasmante, no me canso nunca y no me cansaré nunca.

- Debe tener algo especial si la repusieron por tercera vez…

- Tiene algo inexplicable. Me lo dicen y yo me doy cuenta que pasa, dado el fenómeno de “la no tos”. La gente tose cuando se pone nerviosa, cuando se aburre o algo le pasa. Es una experiencia única y que vale la pena ver. Tanto es así, que China, a su edad, hace de una chica de 15 años por momentos, porque la obra es toda la vida de Adán y Eva y de cualquier pareja, todos nos podemos sentir identificados con estos dos personajes. Ha tenido tanta repercusión que hemos hecho funciones en Porto Alegre, en español, y la gente se reía como si habláramos en portugués. En octubre vamos a Estados Unidos (Miami, New York), y Puerto Rico. Hay una demanda impresionante por el espectáculo, y eso me pone muy feliz.

- ¿Y en esas plazas, van a lugares de habla hispana o traducen la obra?

- No, lo hacemos en español y el que entiende, bien. En New York, el segundo idioma más hablado es el español. Nosotros en el año 1964 hicimos “Canciones para mirar”, de María Elena Walsh, en español, en New York y en esa época no había ni portorriqueños ni cubanos y se llenaba de americanos. Yo les preguntaba si entendían y aunque no entendían ni una palabra les resultaba sumamente poético. El arte no tiene idioma, cuando es un producto bueno, lo entiende cualquiera en cualquier idioma.

- ¿Tenés algún otro proyecto además de la obra?

- No porque con esta obra creo que podemos seguir muchísimo tiempo. Hay propuestas para hacerla también en España y Chile. Existen infinidad de posibilidades y mientras pueda hacer Adán y Eva con China, lo voy a seguir haciendo.

- ¿Sentís que te han quedado cosas en el tintero?

- No. Hoy me preguntaron si me quedaron cosas pendientes y yo contesté: “no quiero que me pase, pero si yo cuelgo el teléfono y me muero, quiero que publiquen que soy un hombre feliz, que hice todo lo que me gustó”. Si tengo más vida seguiré haciendo miles de cosas y si no, considero que estoy cumplido. Siempre hice lo que quise, con mucha alegría, nunca tuve que hacer un trabajo a contrapelo o que no me gustó.

- Hiciste muchos años televisión…

- El otro día pasaron en Crónica, un programa dos horas y media que armaron con shows míos que hice hace 21 años en Canal 2. ¡Nunca me llamó tanta gente por teléfono!, ni siquiera cuando estaba haciendo  “Cantando por un sueño”. La China me llamó y me dijo: “¡Qué divina que era!”. Salen Claudia Lapacó, Enrique Pinti y muchísima gente. Fue un placer hacer televisión, como lo fue hacer “Costumbres Argentinas” y “Cantando”, porque lo adoré. La televisión, en esencia, sigue siendo la misma, lo importante es que te guste lo que tengas que hacer y que lo hagas con comodidad.

- ¿Te gustaría hacer un programa como aquél?

- Sí claro, pero no se puede pagar eso ahora, los canales han cambiado mucho y no se les ocurre. Yo no tengo uno, porque si lo tuviera lo haría seguro.

- También protagonizaste un gran musical, “Cabaret”, ¿volverías a hacerla?

- No Cabaret pero sí otra. Me ofrecieron volver a hacer “La jaula de las locas” pero sin Tato no. Cuando ya la hiciste con alguien tan genial como él ya nunca, nadie, lo puede suplir. Pero hay muchas cosas, hay miles de obras para hacer y si tengo chance, las haré y sino, con las que hice estoy feliz.

- ¿Cómo es un día típico tuyo, si es que lo tenés?

- Es una pregunta que ya me han hecho muchas veces y no sé cómo explicar como no hay dos días iguales. No tengo una rutina. Hago meditación y yoga cuando puedo (he estudiado yoga toda mi vida). Trato de salir poco y de cuidarme mucho para tener toda la energía y toda la fuerza para la función.

- Una última, ¿el aplauso corona todos los esfuerzos?

- Sí.
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