Raúl Silanes

"Cipolletti nació, trabajó y murió en el agua"

El escritor ofrece otra visión de Cipolletti


Raúl Silanes sigue siendo un escritor y eso se nota apenas conversa sobre César Cipolletti. En este caso se trata del último leit motiv de un nuevo libro suyo- aunque en colaboración- que esta  semana fue presentado y que, simplemente, lleva el nombre del ingeniero hidráulico, con numeración tan minimalista e inevitable (1843-1908). Llega Cipolletti a nuestros días como uno de esos personajes olvidados, entre lo más granado de la Mendoza profunda, que, al menos esta semana, y gracias a este texto, se convirtió en persona: respira, habla, emociona. Y en este tránsito, del personaje a la persona, ya habría que reconocer el primer mérito de un trabajo que suma otros más, y que también trae a nuestro adormecido panorama político, nuevas formas para entender qué fuimos, qué somos y qué seremos, si es que seremos algo mejor a lo que somos, si es que alguien está interesado en tomar la posta.

- “Después de publicar y presentar el segundo libro en EE.UU. me hice esa pregunta que suele dormir en la conciencia de los escritores: ¿y ahora, después de esto, qué?”.

- Y nadie sabe, ni él mismo, cómo fue entonces que entre sus numerosos proyectos de escritura surgió el rastreo, documentación y seguimiento de la obra formidable de Cipolletti, todo un visionario, pioneros que ya no existen en el país, o que al menos no aparecen con tanto desparpajo en las tribunas públicas. Mendoza aún crece y se desarrolla por visiones que en su momento fueron fundantes y determinantes. Y nada menos que en asuntos referidos al agua, con mayor dimensión si pensamos que en Mendoza el desierto es protagonista.
Cipolletti, al llegar aquí, gozaba de un prestigio admirable, en el mundo entero. Sus contribuciones al progreso de los países era comentario de toda Europa en su época. Sus logros habían comenzado por el tendido eléctrico de Milán, la primera ciudad europea en contar con ese sistema de iluminación. Rápidamente fue llamado para realizar lo mismo en Roma. De allí en más no paró de trabajar. "Y supongo que cuanto mayor era el desafío, mayor sus deseos de participar y contribuir con su lucidez y conocimientos", dice Silanes, ahora, al mediodía, mientras la alarma de un autómovil acompaña a esta esquina desde las 9 de la mañana. Y sí, la que sube cuando ese jinete sin cabeza parece domarse, es una mujer. Ella nos mira como diciendo: ¡tanto problema por una alarma que suena durante cuatro horas!

- ¿Cómo llega a Mendoza, entonces, semejante luminaria, el gran Césare?

- Lo convencen por una idea descomunal, que era ni más ni menos que la de domar el Aconcagua. Parece que no encontraron mejor manera de seducirlo que diciéndole que había que organizar el agua que caía desde las cumbres del continente americano, pero especialmente la del Aconcagua. Guillermo Villanueva fue el mendocino que persiguió a Cipolletti por varias ciudades de Europa con el ofrecimiento de que viniera a trabajar a la Argentina. Julio Roca había trabado amistad con él, y de allí el interés del gobierno, especialmente de Emilio Civit, su ministro de Obras Públicas, de conseguir sus oficios para “hacer” todo en esta tierra.

- La cifra respecto a la construcción y a su responsabilidad en los diques del país es asombrosa.

- Exactamente. Cipolletti es el dueño de 29 de los 50 diques de Argentina, lo que parece una especie de locura teniendo en cuenta que murió en 1908. Y hay otro dato que es espectacular, y que se refiere a una epopeya, pero de las verdaderas. Y es cuando el navega el río Colorado desde los Andes hasta la salida al mar. Se trata de 1400 kilómetros a mula, un viaje muy productivo, durante el cual toma apuntes, diseña y proyecta a lomo de mula. Lo más increíble del caso es que los indios de la Patagonia se encontraban en la otra margen del Colorado y que los instrumentos que el gobierno nacional daba como apoyo no eran elementos técnicos, sino fusiles y cañones, única forma de custodiar y salvar el pellejo por entonces. Sin embargo, lo más increíble es que de ese viaje, y declarando su carácter humanista, escribe un plan, que luego es presentado al presidente Roca, acerca del desarrollo de la Patagonia, donde dice, entre otras cosas, que el objetivo no es la guerra, ni las muertes, sino el agua, que es lo que siempre llevó progreso a cualquier asentamiento humano. Su plan consistía en distribuir el agua inteligentemente para incorporar lo que podría decirse era la “vida salvaje” de los indios al desarrollo de una zona que el país aún no veía propia. Más extraordinario es el hecho que este informe fue corregido por Cipolletti durante su estadía en Italia y luego enviado a Roca en forma definitiva.

- Este libro que se ha presentado ha sido fruto del trabajo en equipo de empleados públicos, lo cual parece, en primera instancia, una hazaña.

- Y es uno de los límites que también es importante demostrar en estos tiempos de desidia, chantas y aficionados al curro. Es también retomar aquello de servidores de lo público, de trabajar y sentirse orgulloso por la pertenencia a áreas que hacen al bien común. Es un deber diría hasta casi intelectual: trabajar en proyectos que nos devuelvan la historia, que nos hacen convivir con quienes pensaron tan bien las cosas que hasta el día de hoy vivimos de esos planes maestros, y hacerlo con personas que con mucha pasión y entusiasmo recopilaron varios de los documentos que se ofrecen a la consideración. Está demasiado vapuleado esto de los empleados públicos como para que, quienes pensamos que sí es posible realizar trabajos perdurables, perdamos el tiempo en quejarnos. En ese sentido es también una metáfora: podemos, sí, claro, podemos, más allá de los discursos, los chantas y los mediocres..

- Sin embargo, hay otro libro sobre Cipolletti, aunque ése sí te tiene como único autor.

- Cualquier escritor serio siempre termina afectado por sus obsesiones y lo que sucede con este hombre despertó, ya desde el primer momento, mi curiosidad. No soy historiador, no pretendo serlo, no soy especialista en temas hídricos, aunque de hecho he debido estudiar mucho para entender cabalmente el significado y valor de lo hecho por Cipolletti. Entonces editaré ese libro, que pretendo que sea publicado en el cententario de su muerte, en enero próximo. Allí me doy más libertades e incluso creo que es un libro que despierta preguntas. Algunas historias más íntimas y realmente desconocidas son la base de este trabajo. Quizá sea un ensayo, sí, quizá, ya que estos hombres nos hacen pensar en otra dimensión, a otra escala. Y creo que es una contribución para el debate de ideas. No es menos cierto el tono reflexivo, sin olvidar que soy un poeta, y además un poeta popular. Y que siento fascinación y hasta envidia por esta clase de personas, que nos hacen pensar que la nuestra es una vida muy chata.

- ¿Cómo definir a este italiano, que hasta se radicó en Mendoza, y que la historiografía local comienza a redescubrir, a pesar de ser una celebridad internacional?

- La frase me la dijo una de sus descendientes, la nieta, María Luisa, que me desafiaba con juegos de palabras, lo que ya es extraordinario. Me dijo ella: "Escuche, Silanes, escuche: Cipolleti nació en el agua, trabajó con el agua y murió en el agua". La escuché y pensé: ¡exacto! Menos mal que ella no es escritora (risas). O sí, lo es, pero todavía no lo sabe (más risas). Y es así: nació en una isla, trabajó con el agua en Europa, en América, y murió en altamar, durante un viaje. No fue arrojado al agua, como se hace con la mayoría de las personas, ya que por entonces él componía una lista de 20 personas en todo el mundo que, por sus aportes e importancia, debían momizarse, para rendirles un homenaje distinto al del resto. Y eso sucedió con él: fue momizado, llevado al panteón de la familia Devoto en Buenos Aires, hasta que se lo trajo a Mendoza, a fines de la década del 50. Hoy está enterrado, junto a su mujer, en la entrada del dique que lleva su nombre, en Luján, ahí mismo donde la gente hace asados y juega al fútbol. A lo mejor después de un siglo sea hora de ser más respetuosos. Ojalá el libro sirva, al menos, para que esto al fin suceda.

 

Opiniones (3)
23 de octubre de 2017 | 06:11
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23 de octubre de 2017 | 06:11
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  1. Comentarios del Libro La idea de rescatar a aquelos HOMBRES que hasta ahora solo eran "el nombres" de diques o una calles , que hicieron obras o desarrollaron ideas geniales para la época, es una tarea que hace" otro grande". El libro nos muestra lo que fueron los hombres de esa época, da un pantallazo de aquellos que lo acompañan, que lo convocan ,que estaban en el gobierno, que pensaban, que hacían, aquellos pioneros que creían en el desarrollo de esta tierra, que organizaban la ciudad, aquellos que hacian las cosas con excelencia. Para ellos el tema era claro, en un capitulo cuenta que el gobernador insiste que deben buscar un ingeniero , pero preferentemente de Francia, Italia o España.. porque esas zonas son similares a las nuestras en cuanto al terreno y al clima - Eran visionarios. La presentación, la encuadernación, la calidad del papel y las fotografias me parecieron exelentes. Ademas de facil y ágil lectura. Se nota que hay un trabajo importante de investigación . Me pareció maravilloso que se sumaran al proyecto los familiares de Cipolletti . Se cuidaron todos los detalles. Felicitaciones al equipo.!! Claudia Pintos.
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  2. Un gran reportaje sobre uno de los grandes pioneros.
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  3. Más allá de conocer y con detalles propios y originales de quien es entrevistado, esta nota, sin lugar a dudas, es una de las mejores que han publicado. Raúl Silanes, un "joven escritor" nos trae la frescura de una literatura hermosa en sus acertados comentarios sobre Cipolletti.- Pero agreguemos más, su prosa es agil, pero profunda y rescata sin lugar a dudas, a un hombre que ciertamente estaba "olvidado". Cipolletti un hacedor nato y Raúl un escritor que, como siempre, no es profeta en su tierra, pero quienes seguimos su trayectoria, apreciamos sus valores intelectuales.-
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