Fernando de la Rúa

"En cuanto a la humildad, Illia fue el 'Pepe Mujica' argentino; no lo supimos cuidar"

Ex presidente argentino.

En el día en que el radicalismo buscaba una nueva alianza, esta vez con el PRO de Mauricio Macri, MDZ Radio buscó la palabra del último presidente de la UCR que gobernó con una alianza: Fernando de la Rúa.

El cordobés que llegó a ser el primer jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires gobernó el país por poco tiempo y renunció en medio de una grave crisis social. Su gestión la inició junto a diversos sectores, y entre quienes fueron parte de su gobierno estuvieron muchos dirigentes del actual kirchnerismo, nucleados entonces en el Frepaso, como Nilda Garré, Diana Conti, Juan Pablo Cafiero o Juan Manuel Abal Medina.

En diálogo con Gabriel Conte, Santiago Montiveros y Mariano Bustos en el programa "Tormenta de ideas", el ex presidente argentino repasó su historia radical, evitó hablar de la Convención de su partido y reveló que hizo cuando se subió al famoso helicóptero que lo sacó de la Casa Rosada en diciembre de 2001.


 ¿Cómo fue su primera experiencia al lado de Arturo Umberto Illia y Ricardo Balbín? ¿Cómo fue ser joven y llevar los ideales del radicalismo?

- Me incorporé al gabinete del ministro del interior, Juan Palmero, ministro de Illia y eso me permitió tener mucho trato con él, a quien ya conocía, porque fue amigo de mi padre. Así que fue una linda época y muy triste al final, cuando se vino el golpe.

No lo supimos cuidar...

- No, no lo supimos cuidar y se perdió el concepto del valor de la constitución, hubo una gran campaña propagandística para que la la gente dejara de creer en la constitución. Algo formal, no importante, una campaña muy organizada, digna de estudio, donde se invirtió mucho para torcer los valores de la ciudadanía.

¿Coincide con que Illia pudo ser el "Pepe Mujica" argentino?

- En cuanto a la humildad sí, pero en cuanto a la proyección de gobierno Illia era más profundo: Él había dejado un plan de desarrollo, mejoró las condiciones de la economía. De modo que las condiciones para el derrocamiento fueron falsos. Se lo quiso poner en un cono de sombras, sin embargo, después la gente empezó a valorarlo y tuvo su reivindicación posterior.

Usted gobernó la ciudad de Buenos Aires y sabe lo difícil que es manejar la capital del país. ¿Cómo ve la gestión de Macri?

- Es buena, es una gestión de muchas obras y de muchos gastos. A mi me tocó gobernar la ciudad en un estado de enorme déficit, y nos manejamos con esos recursos. Creo que hicimos una gran transformación, al punto de que muchos de los programas del plan estratégico que definimos entonces se siguen realizando ahora. Se ve mucho la obra de la gestión Macri.


Rodolfo Terragno nos decía que el radicalismo aprovecha este mojón plantado en cada provincia para fundar el diálogo entre los distintos partidos. ¿Coincide con la esa postura?


- Es cierto, la presencia territorial del radicalismo en todo el país es muy importante. Tiene la estructura de un partido político, que por dificultades, desinteligencias o falta de espacio para proyectar figuras o ideas propias, es un poco postergado. La Alianza fue un tiempo difícil. El origen fue el pacto de Olivos, fue la reforma constitucional del 94, que hizo crecer al Frepaso y achicó al radicalismo, entonces, era necesario unir a la oposición para el cambio y enfrentar a Duhalde. Hoy se da una situación semejante, por otros motivos, donde el radicalismo tiene que ver cómo contribuyo al cambio que la sociedad quiere.

¿Por qué su gestión no dio marcha atrás con una de las principales banderazs del menemismo? ¿Por qué no devaluó su moneda?

- Era la opinión de todo el país, la campaña del 99 tuvo coincidencia en todos los candidatos: había que mantener la convertibilidad. Esto es un instrumento, no es que uno deba aferrarse como algo dogmático, pero había que salir gradualmente, para evitar la explosión que significó la explosión de la salida de la convertibilidad hecha por Duhalde, donde ya se hizo por otros motivos, no sólo por la conveniencia económica, sino por la gran presión de intereses que había detrás para el negocio de licuar sus propias deudas. Había una presión fuerte de grandes empresas y medios, entonces querían sacar una gobierno que no hacía una devaluación inmediata, para poner a un presidente que le diera la devaluación como un regalo. Y fue un desastre.

¿Haber nombrado a Cavallo fue el gran error de su gestión?

- No, porque era un pedido de la sociedad. El error se traduce si uno lo mira en los días posteriores, porque se convirtió en centro de críticas y ataques. Pero en principio, la gente pedía que se llamaba a Cavallo a ver si ayudaba a resolver los graves problemas que teníamos. Los problemas que teníamos se debían a la gran deuda que habíamos recibido del gobierno de Menem, que debíamos arreglarla para no caer en default y la actitud del FMI a partir de que asume Bush. Un FMI que nos hostiga y nos niega la asistencia que correspondía, el mismo fondo monetario que después ayuda a Grecia, Portugal, España. Un FMI que quería poner a prueba el principio del riesgo moral con el que habían enfrentado a CLinton en la crisis de México. Negaban la ayuda. A esto se sumó la conspiración interna, yo no sé quién se aprovechaba más: Si adentro por la actitud del fondo, o el fondo por la actitud de adentro.

¿Adentro quiénes eran?

 - Políticos, alentados por empresarios que empujaban de atrás. Fue algo antipatriótico, porque cuando se da una lucha con organismos internacionales, es necesario una solidaridad interior, en cambio, aquí se aprovechaban para imponer sus ansias de poder. El primer reemplazo, cuando me voy es de Rodríguez Saá, pero a él lo sacan a los 15 días, porque el no quería devaluar. Entonces, lo echan, y lo traen a Duhalde que inmediatamente devalúa, con las consecuencias del corralón, la apropiación de los depósitos en dólares, una caída del salario del 50% y una crisis económica extraordinaria. Después las cosas se resuelven, pero podía evitarse perfectamente la situación dramática que se vivió.

¿Cómo ve hoy al partido?

- El gobierno actual no está preparando las cosas para una transición ordenada de la economía. No está tratando de mejorar las condiciones económicas, sino de empeorarlas. No se preocupan por reducir el gravísimo déficit. Está trasladando para el próximo gobierno, el pago de deudas contraídas. Así que el gobierno próximo tendrá muchos problemas y esto es muy grave. Tendrán un gran acto de responsabilidad frente al país.

¿Cómo fue su día aquel 20 de diciembre?

- El helicóptero, que se ha usado como una imagen de huida, no fue así, sino todo lo contrario. Yo siempre me retiraba en helicóptero, no era una innovación. Fui a la residencia de Olivos, a la sede del gobienro, no me escapé. Estuve ahí, con mi familia, vinieron algunos amigos, hablé con Servini (me parece). Mi decisión de renunciamiento era buena para el país, consideraba: Porque había obstinación de los opositores y me faltaba el apoyo de algunos radicales. Había violencia en las calles. Con el renunciamiento, contribuía a la solución de los problemas. Esa sensación tuve, desde luego, con el dolor de no haber encontrado la debida comprensión de mis conciudadanos y de muchos correligionarios. Creo que el pueblo no quería que el presidente renunciara, pero crearon las circunstancias para que fuera así. Por eso lo definí como un golpe civil, y eso fue, para tumbar el gobierno y quedarse ellos con un gobierno que no habían ganado.

El jueves antes, Cristina Fernández de Kirchner le exigió la renuncia como condición para que la gente deje las calles. ¿Se sintió empujado por Cristina a abandonar el gobierno?

- Ese fue un testimonio de lo que fue su actitud. Estaban los gremialistas, los voceros de Duhalde, el mismo Duhalde. Nadie quiso aportar nada, todos empujaban para que el banco se hundiera, porque querían tomar el poder. Es penoso cuando uno ve eso, después el propio Ruckauf me pedía decretar el estado de sitio, porque la provincia se les desbordaba. Lo que habían iniciado temían que se les volviera en contra, pero lograron organizar una jornada realmente trágica porque hubo hasta muertos. De ninguna manera los 30 que dicen.

Una sola muerte es suficiente.

- Totalmente, una muerte ya es una tragedia.

¿Cuando hoy hablan de golpe blando hablan de lo mismo que le pasó a usted?

- Yo no sé la figura retórica con qué alcance la hacen. Pero usted habrá visto que en cualquier crítica acusan intenciones golpistas. Cuando, después de la experiencia de 2001, nadie quiere que se repita, porque ha sido un retroceso en materia democrática. Yo pienso que hice bien aquel día, porque iba a alentar la delincuencia y la violencia. El principal problema financiero era la provincia de Buenos Aires, no la Nación.

Una vez más la provincia de Buenos Aires pone en vilo a todo el país. Como ahora la interna peronista, entre Scioli y Massa.

- Así era, y hacía falta para que no cayera en default la provincia, porque si caía en default la provincia de Buenos Aires, caía todo el país. Hay que verlo como experiencia, para que actuemos todos con grandeza y patriotismo en los momentos de dificultad y crisis.

Volvé a escucharlo:



El programa

Tormenta

Tormenta de Ideas, sábados de 10 a 13, por el 105.5 MDZradio.com


Conducción: Gabriel Conte, Santiago Montiveros y Mariano Bustos

Producción: Franco Pereira

Asistencia de Producción: Gonzalo Nizza

Asistencia técnica: Maxi de Marco

Redes Sociales: Rodi Pardo

Musicalización: Ricardo Guerrero

Desgrabación: Ana Saldaña

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Opiniones (1)
18 de octubre de 2017 | 12:59
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18 de octubre de 2017 | 12:59
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  1. Illia se nace...
    1
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