Ana Wainstein

"El dolor no cesa y el reclamo por justicia tampoco"

Directora del Vaad Hakehilot y sobreviviente del atentado a la AMIA.

El 18 de julio de 1994 la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) recibió el mayor ataque terrorista de la historia argentina luego de que  un vehiculo explotara al pasar por la puerta  y redujera el edificio de siete pisos a meros escombros.

A punto de cumplirse 14 años existen dos causas judiciales, una por la investigación y otra por las irregularidades que se produjo en la misma, hoy -aunque el recuerdo siga vivo en la mente de quienes lo vivieron en carne propia- son miles los que luchan porque la causa no sea olvidada.

MDZ habló con la licenciada Ana Wainstein, directora de la Federación de Comunidades Judías Argentinas Vaad Hakehilot, quien además de trabajar activamente por la comunidad judía en el país –actualmente la sexta más grande del mundo- es una de las sobrevivientes del trágico atentado que dejó como saldo 85 muertos.

Wainstein estuvo de paso por Mendoza para dar una charla sobre el atentado y la actualidad de la AMIA. En sus propias palabras relató aquel fatídico ataque y todo lo que implica en términos de memoria y justicia para su comunidad.

-La Federación que usted preside representa a 54 comunidades judías en las que viven cerca de 12 mil personas en todo el país. Concretamente, ¿qué labor desempeña la federación?

- La comunidad judía argentina que en su gran mayoría está en Capital y gran Buenos Aires también está conformada por los judíos que viven en el interior. A partir de la generación de instituciones judías como la de Mendoza y de otras provincias siempre se ha mantenido un contacto entre las instituciones de Buenos Aire y en particular con la AMIA que ya tiene 114 años. Nosotros lo que hacemos desde Vaad Hakehilot es colaborar y apoyar a las instituciones que tienen a su cargo la organización de la vida judía, esto tiene que ver con mantener la tradición viva, con que los chicos aprendan la historia judía, la música y el arte. También informarlos sobre quiénes fueron sus abuelos y cómo llegaron a la Argentina.

-En Argentina reside la comunidad judía más grande de Latinoamérica, ¿por qué?

- Argentina es un país muy abierto a la inmigración y las condiciones socioeconómicas de fines del siglo XVIII y XIX generaron en Europa una expulsión de gente, en momentos de la Revolución Industrial, de las hambrunas, de las guerras internas en Europa y Norteamérica fue tradicionalmente un punto de llegada de esta gente que buscaba nuevos horizontes. Concretamente, Argentina también fue un polo receptor de esta inmigración italiana, española y en esa hola inmigratoria también vinieron judíos con el objetivo de aprovechar un país en desarrollo. La primera institución judía en Argentina data de 1862, es decir bien temprano dentro de la historia. Además, hay que tener en cuenta que en países como Rusia y Lituania había muchas acciones en contra de los judíos por lo que se invitó desde aquí a estas comunidades a vivir en este país. Otro factor importante es  que esa inmigración se dirigió al campo y se crearon colonias agrícolas judías, algo único que no existía en otros lugares del mundo a excepción de Israel. Ayudó, además, que este fuera uno de los países más desarrollados de América Latina con una clase media en ascenso, un lugar donde los que llegaban lograban cosas muy interesantes. Llegaron desde muchísimos países como ser Ucrania, Lituania, Rusia, Rumania, Alemania, Francia e Inglaterra, desde la parte norte del África, del Mediterráneo, de Turquía, de Grecia y fue un verdadero polo de encuentro.  Es así que hoy la comunidad judía en Argentina es la sexta en importancia en el mundo.

- Con la línea de trabajo que usted tiene y en los tiempos cosmopolitas que transitamos, ¿podría decir que los argentinos somos una sociedad que convive abiertamente con otras culturas o aún existen índices de antisemitismo?

- Desde el retorno a la democracia hubo un cambio muy importante en la sociedad en términos de respeto por las diferencias, por una diversidad que nos constituye como sociedad en un país que tuvo varios momentos de odio, de odio anti judío concretamente y en el cual hubo altos niveles de prejuicio en la sociedad, incluso, de una impronta de odio proveniente desde marcos católicos también. Esto fue visible durante la dictadura, existen testimonios de que fueron especialmente perseguidos y torturados por ser judíos una gran cantidad de jóvenes a quienes  les decían que se los perseguía por su religión y para ellos se utilizaban consignas y simbología nazi. Al mismo tiempo, Argentina fue muy generosa con los inmigrantes porque desarrolló un sistema educativo público que permitió la creación de una clase media muy fuerte. Por ello, puedo decir que no todo es negro o blanco, hubo momentos diferentes. Desde la vuelta a la democracia la sociedad se va convirtiendo en una más pluralista y más respetuosa de las diferencias. Hoy no podríamos decir que hay acciones permanentes antisemitas. Hay acciones, hay pintadas, hay actos antisemitas, pero no es una característica que sea absolutamente notoria sino que creo que es una lección aprendida, la de valorar la diversidad en un mundo donde uno ve el que contacto con otras culturas a través de Internet es muy abierto y fluido. Hoy por hoy, el conocimiento sobre lo judío es más diversificado y, en particular, el atentado a la AMIA ha hecho comprender que lo que se atacó no era más que una institución judía que trabajaba para ayudar a los pobres, por la educación, por la ayuda mutua. Si bien uno no puede descartar que haya personas que odian y que cuando odian no sólo es contra los judíos sino contra lo que es diferente. Estos atentados tienen que ver con la existencia de personas que siguen odiando, que odian a judíos pero que mataron también a no judíos. 
 

-Usted vivió en carne propia el atentado a la Asociación Mutual Israelita Argentina ¿puede relatar su experiencia?

- Ese día, que fue lunes, yo y mi secretaria entramos a la AMIA pocos instantes antes de lo sucedido y estuvimos con la gente de seguridad, con el mozo que siempre nos traía el café, es decir, comenzó con la normalidad de un día cualquiera hasta que me dirigí a la parte de atrás del edificio para hacer una consulta y eso significó la diferencia porque en aquel momento en que yo llego se produjo el atentado y el edificio comenzó a desmoronarse…En ese momento, se generó un caos en ese lugar y yo recuerdo sentir la desesperación de saber que mi secretaria estaba del otro lado, era terrible. Ella murió en el atentado junto con el mozo y todas esas personas que pocos instantes antes yo había saludado, fue una situación muy difícil en la que no sabíamos si el edificio iba a caerse por completo ni sabíamos qué hacer. Logramos salir por un puentecito metálico que había hacia el techo de un edificio que había en la parte de atrás para bajar a la calle. Fue una situación muy dura, pero aún más fuerte fue, al estar allí arriba, darnos cuenta de la gran destrucción que se produjo; el edificio estaba completamente destruido, los de los costados también. Era muy conmovedor escuchar los gritos de quienes nos habíamos salvado y, aún más, el de otros que llamaban por sus familiares. Por ejemplo, el de una señora cuyo marido estaba en la guardia y que suponía que había sido una víctima, que no iba a poder salir y fue así, allí murió. Fue algo terrible, todo el tiempo teníamos sed porque el polvillo estaba por todas partes, había heridos y todo ese caos que genera tanto dolor me compromete todo el tiempo en poder contarlo para que AMIA no sea algo que pasa el día y se olvida, o que si pasa otro año nos olvidamos. Nos ha marcado como sociedad porque si bien tuvo lugar en una institución judía, ocurrió en el centro de una ciudad.  Fue algo que ocurrió por ideologías que implican destruir al otro y por el cual no hubo remordimientos a la hora de poner una bomba y querer destruirnos, entonces, este acto terrorista nos obliga a recordar, a no permitir que ese tipo de ideas nos invadan. Por eso es tan importante seguir contándolo, pero mucho más importante es el reclamo de justicia porque 14 años después aún no hay justicia.

- El presidente del Congreso Judío Mundial, Ronald Lauder dijo que se sabe “quién lo hizo desde Irán, pero en cuanto a la investigación en la Argentina, es importante determinar quién ayudo a los iraníes". Habiendo pasado casi 14 años, ¿cree que será posible dar con estas personas?

- Es difícil responder, porque por un lado tengo el deseo de que realmente se haga justicia, lo más cerca de las personas que realmente estuvieron involucradas, aquellas que lo financiaron, lo planificaron, que lo ejecutaron desde afuera y en la conexión local. Yo creo que se puede seguir investigando, creo que se debe seguir adelante. Es importante analizar por qué hubo tantas fallas en la investigación, por qué hubo tantas limitaciones para investigar de verdad, por qué se ocultaron tantas decisiones que tenían que ver con la investigación. Creo que la institucionalidad y la justicia argentina como poder independiente deben funcionar y es precisamente eso lo que tenemos que seguir buscando. 

-Uno de los procesados es el ex presidente de la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA) Rubén Beraja.  ¿Cómo miembro de la comunidad qué sensación le provoca esto?

- En principio, lo que uno debe entender es que se habla en niveles muy diferentes en cuanto a cuan involucrada estuvo cada persona. La pregunta es quién pagó, quién produjo, quién armó todo para que eso ocurriera, quién liberó la cuadra de policías y quién, luego,  hizo que parte de esa investigación no tuviera un resultado inmediato. Se que el ex presidente de DAIA estaría vinculado, pero me es difícil opinar. Si se demostrara su vinculación, supongo que se debería investigar por qué sucedió eso, me resulta difícil poder opinar porque tampoco se con certeza el nivel de vinculación de las otras personas que están siendo investigadas, pero es claro que hay otros niveles de responsabilidad. Por ejemplo, quien tiene a cargo la Secretaría de Inteligencia de Estado tiene más responsabilidad con lo que pasa con la justicia que otros.

-Dicha entidad fue marginada de los últimos actos conmemorativos, pero este año volverá a estar presente ¿es positivo esto para el bienestar de la comunidad?

- Siempre es bueno que se sumen voces, salvando las diferencias. Uno debe entender que cada una de las familias de las víctimas puede tener una visión diferente sobre cómo es la mejor forma de llevar adelante la investigación y de qué manera reclamar justicia. Esta existencia de diversidad, también pudo crear una diferencia sobre sentirse cómodos o no con quiénes son los que participan. A pesar de las diferencias, que todos nos podamos reunir está muy bien, el lunes también habrá un acto de Memoria Activa, que cada uno haga un acto no está mal porque todos apuntamos a lo mismo, queremos saber la verdad, que los culpables sean llevados a juicio y que paguen según el dictamen de los jueces. Salvando las diferencias, si uno escucha y mira hoy el triste suceso de Cromañón, hay padres que opinan una cosa y otros otra con respecto a quién hay que llevar a juicio, es natural que existan diferencias.

- ¿Qué análisis puede hacer de la participación que han tenido Néstor y Cristina Kirchner en el caso?

- Se han generado ciertos hechos durante las dos presidencias que han ocupado un lugar diferente de lo que otras gestiones han hecho. En particular, en declaraciones que manifiestan el interés por querer buscar justicia, pero tal vez lo más importante es haber llevado a la Organización de las Naciones Unidas la solicitud para que Interpol busque a los seis iraníes a los que la justicia argentina solicita poder interrogar. Este gesto fue muy importante, de una manifestación clara de una acción terrorista de Irán, que acompaña la postura que este país tiene en término de negar el Holocausto, de una posición anti judía. Uno podría decir que han habido cambios en este último tiempo que evidencian un interés por resolver el caso, por lo menos en cuanto al lado internacional.

-Más recientemente, el presidente de la Confederación Israelita de Río de Janeiro, Sergio Niskier dijo textualmente lo siguiente: “La cultura del odio que se instauró a partir del atentado contra la AMIA no cambió y se temen otros ataques ya sea en Buenos Aires o en cualquier parte del mundo”. ¿Comparte ese temor?

- De forma genérica sí creo que los atentados a las Torres Gemelas, en Atocha y Londres nos hacen pensar que siguen habiendo personas con acceso a las armas, con mucha facilidad de acceder a dinero para proveer esas armas y a enseñar esas metodologías que siguen instalando el odio y que hacen posible todo en cualquier lugar del mundo. Hoy no creo que haya instalado en Argentina un sentimiento anti judío, pero no porque lo crea yo sino porque hay estudios de opinión a lo largo de los años en la población en general y los porcentajes de personas en las que se podría haber encontrado un cierto prejuicio contra nuestra comunidad son menores a los de otros momentos. 

-En la actualidad, ¿Qué significado cree que tiene la sigla AMIA para todos los argentinos?

- AMIA tiene una historia de 114 años y ha sufrido un cambio muy significativo tras el atentado porque ha ingresado en la esfera pública, lamentablemente, relacionado al atentado, pero con el tiempo, se entendió que es una sociedad que se encarga de temas que otras entidades también cumplen sólo que con la comunidad judía como destinataria. Hoy, AMIA realiza acciones culturales y brinda posibilidades de empleo, entre otras tareas. Esto quedó más claro y con una relación hacia una sociedad con una mirada más pluralista, algo que se incrementó aún más con la crisis del 2001 porque las organizaciones no gubernamentales fueron las que salieron a ayudar al prójimo y AMIA tuvo un rol muy importante en esto, con una larga trayectoria de solidaridad y lo hizo en el contexto de “Diálogo argentino” y “Foro del tercer sector”. En este sentido, AMIA es hoy un actor muy importante en la sociedad  a lo que se suma el permanente reclamo por justicia, los reclamos permanentes para seguir concientizando, para conseguir que se esclarezca esto. Hoy, no sólo a la comunidad judía le interesa sino que a toda la sociedad argentina le interesa que esto se esclarezca y ese es el apoyo que vemos de forma permanente. AMIA hoy está vinculada a un reclamo que no cesa, porque el dolor no cesa, el reclamo por justicia no cesa. Fundamentalmente, hay que entender que una sociedad sin justicia es una sociedad débil.

Video que invita a uno de los actos del 18 de julio.

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