Palo Pandolfo

"La música es una forma de depurarse"

El músico se presentará esta noche en Mendoza.

Roberto “Palo” Pandolfo espera en una esquina de Buenos Aires en la puerta de un estudio antológico, “Matadero Records”. El ruido es silencio y el humo proviene del cigarrillo que fuma apurado por volver a trabajar. La reflexión es su música y la música es el vicio que mejor le sienta. Tiene la voz grave, los pelos revueltos y respuestas que le brotan sin la emisión de la pregunta.

Vive en estado de arte y lejos de la ciudad, a la que considera violenta. Es un perfecto conversador del que brotan las acotaciones más sensibles. Fue parte de los jóvenes militantes, “un hippie que después se hizo zurdo”. Hoy se plantea la búsqueda del equilibrio y con nuevo disco prepara el viaje de la música.

La historia es conocida. Después de su imborrable paso por “Don Cornelio y La Zona” y más tarde “Los visitantes”, este trovador moderno continuó su carrera como solista y desde entonces, su desafío fue pararse como profesional. Junto a la nueva formación que lleva el nombre de “El ritual”, “Palo” Pandolfo se presentaráesta noche en Cava Vieja -ex Bodega Giol- Maipú.

- ¿Tu paso por Mendoza forma parte de una gira nacional?

- No, es una visita puntual a la provincia en un momento muy particular porque hace menos de dos semanas terminé mi disco nuevo, un arduo trabajo: “Ritual criollo”. El 11 de julio, casualmente, sale el material de fábrica. Este mes está dedicado al lanzamiento y la promoción. Elegí Mendoza porque he trabajado en varias ocasiones allí, sobre todo como solista. Este toque en Mendoza me parece genial. Vamos a hacer algunos temas nuevos, repasar otros de “Antojo” y “A través de los sueños” y por supuesto, de “Los visitantes” y “Don Cornelio”. Vengo laburando contra viento y marea. Lo que pretendo con este show es cerrar el primer semestre para volver en noviembre a la ciudad de Mendoza pero ahora quiero conocer Maipú, ver qué pasa, saber si la gente se mueve para allá; tengo ganas de que sea una fiesta.

- ¿Qué tiene de particular este nuevo material?

- Por empezar, es sumamente importante la herramienta del disco para el músico. “Ritual criollo” es psicodélico y está inscripto en la música contemporánea. Tiene la rítmica del mestizaje sur, el sonido puesto en instrumentos acústicos, la guitarra criolla, la forma de decir las cosas.  Yo vengo dando muestras de esto desde “Los visitantes” y de a poco, sin querer, fueron revelándose elementos de la música popular con raíces argentinas. El disco tiene el juego intuitivo en la composición y el tumbado, que si no estuviera me aburriría. 

 - ¿Cómo es volver con nuevo disco después de tantas vicisitudes que tuviste con los materiales anteriores?

- Como solista empecé a laburar en 2001, cuando lancé mi primer disco en octubre de ese año, meses antes de la debacle. Fue todo cuesta arriba, un delirio. Dos años después grabé una demo muy linda, “Intuición”, que puede escucharse en Internet gracias a los chabones de la web, porque para los productores no era comercial. Figura como no editado pero está. En 2004 saqué mi segundo disco publicado por compañía, “Antojo”. A los seis meses, los socios que me contrataron tuvieron diferencias. Como resultado, se bloqueó el material, se descatalogó, fue sacado de la venta en el momento en el que videoclip de “Ella vendrᔠestaba en MTV y Muchmusic; era un momento glorioso y estos dos sátrapas abortaron todo. Este disco, entonces, significa mucho para mí. A pesar de estas vicisitudes mi carrera se siguió desarrollando y hasta inclusive, creciendo. Siempre estoy sumando y nunca restando, haciendo “la gran Gieco”: agregando repertorio para hacer rock & roll.

- ¿Cuándo surgió la inquietud de componer y qué rituales tenés en el momento creativo?

- Empecé desde chiquito, cerca de los 12 años, y lo que siempre hice fueron canciones para decir algo. Me volqué a ellas desde el principio, aunque tenga textos y poesías que algún día publicaré. Escribo para el tema. Busco la expansión energética, de la conciencia, como decían los hippies. En los últimos años adquirí un sistema, un ritual estricto. Después de mucho tiempo logré acondicionarme un cuarto, que es mi lugar para crear y dormir la siesta. Hay una tabla sobre dos caballetes con un mantelito boliviano de ancestros con la simbología chamánica que tienen todos. Yo lo puse, fue intuición, de esto me enteré después. Tengo una vela, un cuaderno de tapa dura con rayas, una lapicera a cartucho, un whisky escocés, para fumar. Está la cama, la ventana, árboles. Me siento y me digo “voy a laburar”. Es buenísimo, todo un momento de gloria y de celebración.

- ¿Cómo conseguís el equilibrio entre los altibajos que implica vivir de la música?

- He pasado por infinitos estados y etapas para llegar a la sistematización: el lugar específico, el colocón; “que la inspiración me agarre trabajando” decía uno de los hermanos Expósito. Cuando me propongo hacer una canción lo consigo. Después de estos meses de presentación que se vienen voy empezar a componer de nuevo, ya tengo la base del próximo disco. Es genial llevar el rock & roll a un puerto luminoso. Siempre creo que tenemos que desentrañar un nudo que está “ahí”. Uno tiende a pensar que a algún otro las cosas le resultan más fáciles. El mejor músico es el que se convierte en mejor persona con la música, es algo que escuché de los grandes maestros y me quedó grabado. La música es una forma de depurarse. Muchas veces me siento en la vereda de en frente como un freak y al mismo tiempo soy el más laburante, el tipo de barrio. Estoy medio agrandado porque terminé el disco y tengo fecha de escucha con la prensa. Ahora falta el juicio popular, lo que nos vuelve loco.  Me planteo cuál es el equilibrio, qué voy a hacer si me va bien. Especulo con eso y me asusta.

- ¿Y de las etapas de producción, cuál es la que más disfrutás?

- L a grabación del disco es genial, aunque agotadora y estresante. Hay algo que me encanta, es el ensayo, sobre todo cuando la banda tiene nombre y es un grupo. Siempre estuve acostumbrado a ser la cabeza, pero sin una formación cohesionada no pasa nada. Puedo morirme como Yupanqui o Silvio Rodríguez tocando la guitarra solo, porque entiendo que si la letra sale perfecta y me acompaño con la guitarra, con el oficio adquirido a través de los años de meterle a la criolla, sale. Pero gozo mucho de lo rítmico, de la percusión, del bajo y me encanta la armonía que genera el teclado o el acordeón. Entonces la composición es un ritual íntimo y solitario; el ensayo una celebración en redondo, el encuentro y la repetición de las cosas; y el show en vivo es directamente un cambio de estado, una bola de energía que se mueve en varias direcciones por la que atraviesan todo tipo de cosas. Cuando lográs recibir lo que viene del otro, se produce la  alquimia. Tocar es lo más adrenalínico y diábolico, porque a pesar de los años que llevo en esto sigo sintiendo nervios y sufriendo antes de cualquier show. Este trabajo es genial y soy un agradecido de la vida por haberme dado el don de la música. No lo elegí casi, me traspasó. Po otra parte, me resulta excitante que pasen mis temas por radio.

- ¿Qué cosas te vuelven subversivo?

- El discurso, admitir las dudas de lo que somos, saber que hay mucho por hacer. Creo que habría que hacer acción social fuerte, servicio social obligatorio donde todo ser humano dedicara por lo menos un año a la comunidad, a los que necesitan tanto. Es insoportable vivir en estas condiciones en la Argentina. Hay que pensar dónde está el cambio. Vivo en un aprieto moral. Me construí desde el lumpenaje, puedo tener un auto un día pero estar tirado en el piso al lado de un vagón. Puedo ir muy abajo. Me siento integrado y encuentro la paz en los peatones.

- ¿Te gusta sentir el reconocimiento de la gente?

- Sí, me encanta que la gente me salude y me bese. Hablo con todos, soy muy para afuera. Me gusta lo dionisíaco de la música. Bailaría y saltaría en las calles. La vida es linda. Que me saluden me halaga y me entrego como un corderito.

- ¿Cómo es la vida de Palo Pandolfo?

- Bastante complicada. El tema del disco me consume, no tengo día libre. Me siento asfixiado cuando pasan algunos meses sin componer. Me separé de la madre de mi primera hija en 2002. Al año conocí a mi segunda mujer que rápidamente quedó embarazada, nos distanciamos y hace seis meses volvimos a encontrarnos. Le dediqué mi disco. Ahora vivimos en casas separadas como una pareja posmoderna. Es un momento muy mágico porque en su momento casi no vivimos el noviazgo. Vivo en estado de vértigo. Mi máxima consagración es cuando estoy con mis dos hijas. Vivo para la próxima vez que nos encontremos los tres. Se me pasa la vida por ser un buen padre.

- ¿Qué bandas locales y actuales te gustan?

- Fernández Fierro, Lisandro Aristimuño, el “Flaco” Spinetta (me muero por escuchar el disco nuevo), el movimiento de cantautores locos que hay en Buenos Aires como Tomi Lebrero, Coiffeur, Rosal, entre otros. Me siento identificado con ellos. Me gusta el pelotón de bandas famosas, lo respeto; el neotango, el under, la electrónica también. Me pone mal lo de Charly, estoy solidarizado con él. Quisiera ir a verlo, no tengo tiempo, me da miedo. Pero mi corazón y mi alma están con él. Pero de escuchar, soy de escuchar música clásica: Brahms, Bach, Schubert. También jazz, Yupanqui, Piazzola, Troilo, Pugliese, Fiorentino, The Beatles, Sex Pistols y Bob Marley a morir.

- ¿Qué pensás del regreso de bandas como Soda Stereo o Los Fabulosos Cadillacs?

- Me parece que obedece a dos fenómenos. El posmenemismo cultural dejó algo muy chato y la clase media no sabe qué hacer. En segundo lugar, hay mucha guita para ellos y los entiendo, qué sé yo. Yo no sé si volvería, es difícil. Siento estar transitando el camino de ida, mientras yo pueda decir lo que tengo que decir voy.

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18 de octubre de 2017 | 09:00
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