Dra. Adriana Rodríguez

"La violencia intrafamiliar dejó de ser invisible"

Jueza de Familia de Mendoza

Adriana Rodríguez, jueza de Familia, aborda el tema de la violencia social desde las relaciones interpersonales que se dan en el núcleo familiar. Para ella, es allí donde se generan los modelos que luego se reproducen en otros aspectos de la vida cotidiana y que hacen que, si existe violencia de puertas hacia adentro, el panorama sea el mismo hacia fuera.

“Lo que podemos ver desde la función judicial es que la violencia intrafamiliar que dejó de ser invisible. Durante mucho tiempo, décadas, este tipo de violencia, principalmente contra la mujer, estuvo oculta porque existía una especie de mandato social. Se entendía que era algo normal. Se había naturalizado la situación, como una norma dentro del hogar. No sólo conyugales, sino entre hermanos y otras relaciones familiares”, analiza.

- ¿Existen sectores más vulnerables que otros en estos casos?

-No. Esto no es algo que sea exclusividad de las clases sociales más bajas. Por supuesto que son quienes tienen más dificultades a la hora de pedir ayuda o acceder a la Justicia, porque, además de la situación de violencia, se les ha vulnerado sus derechos sociales y económicos. En cambio, en las clases altas, la violencia, que es mucha, se evidencia sobre todo a  nivel psicológico.

- ¿Por qué estas historias comenzaron a hacerse públicas?

-Porque, justamente, hay mayor debate público. Tiene que ver con que también hay una mayor concientización ciudadana. Hay legislación que también ayudó a este cambio; desde la década del ’90, con la Ley de Violencia Familiar. Igual, la leyes, hoy por hoy, resultan insuficientes. Porque hay más registros, más bases de datos, pero no logramos ponernos de acuerdo entre los actores del Estado para articular las medidas en contra de la violencia doméstica.

“La intervención nuestra a veces tampoco es suficiente. No existe una red para asistir a quien quiere salir de esta situación. Una vez que constatamos que existe violencia, podemos parar esa violencia. Damos una orden, que puede ser exclusión de hogar o una prohibición de acercamientos, pero sólo interrumpimos el proceso de sometimiento”.


Cambios sociales

“Los hombres dejaron de ser el sostén exclusivo del hogar. Es más: el Código Civil, hasta el año 1987, indicaba que la mujer sólo tenía que dedicarse a tareas domésticas. La ley de Matrimonio Civil y Divorcio es muy nueva en términos de procesos sociales. En estos veinte años se comenzó a reconocer la igualdad entre el hombre y la mujer. Y este reconocimiento, desde lo legal, significó un cambio fundamental. Pero lejos de representar una mayor estabilidad, he notado durante ocho años como jueza, que los matrimonios casa vez duran menos”, advierte Rodríguez.

- ¿Por algo en especial?

- La tolerancia bajó, porque se lo tomó como una cuestión contractual que en cualquier momento puede cambiar.

- Se pasó del “hasta que la muerte los separe” a una cancelación de mutuo acuerdo.

- Exacto. En las audiencias se ve que hay parejas que dejan de lado el proyecto en común y el proyecto de familia porque, como explican, ‘ya no funciona’. No hay más contenido tradicional: se acaba el romanticismo o la misma forma de pensar, y se termina el matrimonio”.

-¿Y no tiene que ver con que el divorcio dejó de ser mal visto socialmente?

-En algunos casos sí. En otros, más allá de saber que no pueden estar juntos, no pueden separarse. El problema es cuando hay vínculos enfermizos. Son relaciones disfuncionales, que en muchas ocasiones ponen a los hijos como excusa para seguir juntos. No logran divorciarse porque, si bien no pueden estar solos, no buscan contención en la otra parte. Y hablamos de contención en el sentido etimológico: sentirse contenido es sentirse contento con ese vínculo. Necesitan que el otro lo retenga. El vínculo enfermo trabaja con eso, porque una de las partes se sabe necesaria para el otro.

- ¿Esas relaciones siempre generan violencia?

-Eso se plantea cuando alguien se anima a dar el paso para separarse: desde la otra parte no siempre es aceptado, y lo que no se puede sostener por la razón, se hace por los golpes o con el castigo psicológico. Los hombres tienen el golpe más fácil, pero la mujer busca elementos para ejercer el poder de otra manera, como la tenencia de los hijos. La violencia adquiere ribetes perversos. Los chicos testigos de violencia toman y reproducen ese modelo en cualquier otro ámbito. Por ejemplo: golpea a otros chicos en la escuela o, en el caso de los adolescentes, castigándose.

- En el concepto de “contención” hay muchos que no se sienten contenidos por el Estado. ¿Se trata de una sociedad triste?

- Claro. Y eso se manifiesta con hechos de violencia, alcoholismo o depresión. La persona se siente disminuida. Y el hombre, que perdió su trabajo, no encuentra en el grupo social otras herramientas para construir una subjetividad diferente a la que marca que él tiene que ser el sustento de su familia.
Opiniones (2)
22 de agosto de 2017 | 10:58
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22 de agosto de 2017 | 10:58
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  1. Un tema tan dificil de abordar esta explicado con la sencillez de la excelencia. Demuestra en pocas palabras la interrelación que existe entre los diferentes problemas sociales, llendo al fondo de la cuestión que en definitiva no es mas que la falta de amor, para lo cual no hay escala social- EXCELENTE
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  2. si bien hay leyes ,como explica esta jueza, del dicho al hacho......creo que cdo inalmnte la mujer se anima adenunciar los hachos de violencia, comienza con situaciones judiciales que la averguenzan que la dejan desprotejida del atacante, porque la justicia es muy lenta, sino no habrian tantos casos de mujeres que terminan en el hospital,en los mejores de los casos.... y los hijos son tratados como el mismo agresor ,pasando por mil un cuestionamntos que le hacen sentir la culpa ..de que ellos son los que terminan " haciendole eso a papa" dejemonos de hipocresia, la justicia no toma cartas en el asunto hasta que los hechos son irreversibles....... SRES JUECES ACTUEN USTEDES ANTES DE QUE LO HAGAN LOS AGRESORES.
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