Víctor Pintos

"En los '90 hubo un genocidio de ideas muy fuerte"

Periodista, investigador y productor musical.

Decir que es periodista del rock es como quedarse corto. A estas alturas, se encuentra más cerca de un singular historiador, aún más si tenemos en cuenta esa frase: “El periodismo es la primera versión de la historia”. Lo curioso es que, a través de sus libros, no ha deseado reflejar una, sino varias versiones de este segmento particular de la historia nacional que ya cumplió 40 años.

Cuando se pone a hablar de rock es algo así como un "gran Larousse ilustrado". Ojo: cuando uno lo escucha, no parece relatar desde un pedestal, sino con aquella misma fascinación de un pibe de 16 años cuando, en su Olavarría natal, era uno de los dos únicos tipos que se apresuraba a tener entre sus manos la legendaria “Expreso Imaginario”, revista de la que formaría parte cinco años después.

Nos referimos a Víctor Pintos, periodista del rock naciente. Pero también escritor e investigador de épocas en claroscuro, cuando lo que hoy llamamos rock nacional era una contracultura perseguida y censurada, allá por los años '60 y '70, pero que daba rienda suelta a sus primeras leyendas de una manera muy cruda. Tal es su libro “Tanguito –La verdadera historia”, cuya investigación sirvió de base para el guión de “Tango Feroz”, de Marcelo Piñeyro. En este rumbo, le sumamos un documental para la cadena MTV, “Mejor hablar de ciertas cosas”, sobre la historia del rock nacional.

Como escritor e investigador, también abrevó en las memorias de esa voz personalísima que ha tenido el folklore: así, publicó “Atahualpa Yupanqui-Cartas a Nenette” y “Atahualpa Yupanqui- Este largo camino (Memorias)”, que revelan momentos inéditos y esa particular forma de observar al mundo desde el silencio del autor de Cerro Colorado.

Esta fascinación por la música también lo llevó a incursionar como productor musical junto a su amigo León Gieco, y por ello se dio el gusto de grabar, entre otros, a un músico que es caro para el sentir de los mendocinos, Antonio Tormo.

Por último, actualmente es director de www.rock.com.ar, portal que se dedica a cubrir los principales acontecimientos del movimiento rockero de estos días.

Por todo esto, y por algunas cosas más que surgirán a lo largo de la entrevista, es que llamamos a Víctor, aún más si consideramos que tiene una relación muy particular con Mendoza, por sus amigos y por ese recital de Amnesty en 1988 que, nos confió, lo conmovió muchísimo cuando le tocó cubrirlo en el Estadio Malvinas Argentinas. 

- ¿A qué se debe tu visita a Mendoza?
- Por un lado, estoy haciendo dos viajes en uno. Por un lado, voy a llevar una conferencia multimedia, “Llegando a Tacuarentown”, que le cuenta a estudiantes secundarios la historia del rock nacional. En rigor, a partir de las canciones del rock, se hace un recorrido por los últimos 40 años de la historia nacional. (Ver nota relacionada)

- ¿Y la otra razón?
- Acabo de publicar un segundo libro sobre Atahualpa Yupanqui, que en verdad es un rescate de sus memorias. Tiene un texto que estaba incompleto e inédito, el que me fue confiado hace 8 años y que en el último tiempo completé transformándolo en un libro. Hoy por hoy, puede parecer como las mismas memorias, respetando incluso el título que él había puesto a su proyecto inconcluso. Y sobre todo respetando el tempo, la forma de relato, la forma de recorrer cosas de su vida que había dejado escrito. Lo que hice fue una recuperación de los originales, completándolos con grabaciones de Yupanqui y recopilando memorias de su vida que no estaban escritas.

- ¿Por qué crees que la historia del rock tiene algo para enseñarles a estudiantes?
- No descubro nada si te digo que la música es uno de los principales intereses de los pibes en estos tiempos. Coincido con Bruce Springsteen cuando dice que “Yo siento que aprendí mucho más en los tres minutos de una canción, que en todos los años en que fui al colegio”. Algo de razón tiene. Me parece que cualquier modo lícito y honesto está bien para que un pibe se interese por nuestra historia y enseñarle la importancia de empezar a tener memoria. Y, por otro lado, me parece bastante particular el asunto del rock, porque es el folklore más joven que tiene la Argentina. Tiene una historia tan increíble, porque cuando el rock argentino cumplió 18 años y llegó a la mayoría de edad, había pasado quince bajo gobiernos militares. De alguna manera, eso lo va a marcar por siempre, porque es un género musical que nace con tanta adversidad, con censura y persecuciones. A partir de ahí, hay una relación muy fuerte. Incluso, hasta cuando el rock no habla de la realidad que lo circunda. Si lo ves un poco en perspectiva, el rock argentino cambió cuando llegó la democracia. La música dio un giro, pasamos de escuchar Serú Girán a Soda Stereo y a Virus. De pronto, empezó a haber ritmo, más frescura, canciones más cortas y directas. Era como si el país se sacara una mochila de 400 kg que llevábamos en los hombros.

- ¿Y el rock sirvió para oxigenar?
- El rock o sirvió para oxigenar o en todo caso se vio cómo la gente empezó a respirar otro aire con las canciones que escuchábamos en ese momento. Para aquellos que dicen que el rock hablaba de la realidad en tiempos idos, creo que hay una relación directa entre el rock de los 90 y el nacimiento del rock chabón y barrial, con el neoliberalismo, Menem y la tinellización de la cultura. Resistencia barrial al abandono que hacía el sistema de todo ese sector social. El rock barrial, en ese punto de vista, es casi como un punk argentino, que dice “me chupa un huevo todo, me cuelgo la guitarra y aunque no sepa mucho voy a hacer mis canciones porque necesito decir lo que nos pasa”. Hay alguna conexión entre la aparición de esas bandas muy primitivas pero sinceras del rock barrial, con el movimiento de cumbia y con pibes dejados de lado por el sistema, que se refugian en música muy sencilla pero que les pueden dar cinco minutos de alegría. Por otro lado, desde los contenidos, el rock se larga a putear, pero todo se expresa de una manera muy básica y primitiva. Dónde está la poética de Homero Manzi o aquella de Charly García de los `70, cuando escuchás esas canciones. Y bueno, loco, el país está así, hecho mierda. En los noventa hubo un genocidio de ideas muy fuerte.

- En ese sentido, Pity Álvarez es el referente de esta época...
- Es un paradigma muy fuerte. Pero ojo, soy de los que piensa que hoy el rock está viviendo un momento formidable por la diversidad que tiene. No me creo que sea solamente lo que veamos en el Pepsi Music o el Quilmes rock. Eso es el emergente que ve la gente que mira La Viola por TN. Pero eso no es todo el rock. En el interior hay una multitud de bandas, muchas de ellas buenísimas, hay una diversidad de propuestas muy interesante. No veo que aparezcan en La Mega, que es una radio muy masiva de Buenos Aires que se jacta de pasar rock argentino, Gabo Ferro, a Iluminate, a Flopa, y creo que por ahí está pasando la posta del rock de hoy.

- ¿Cuando empieza este largo camino en el periodismo de rock?
- Empezó en 2º año de la escuela secundaria, cuando me compré el disco de unos pibes flacos y de pelo largo que se daban en llamar Sui Generis, que me partieron la cabeza. Ahí empecé a escuchar de fondo lo que había pasado con el rock de ese momento y lo que había ocurrido unos años antes. Me acuerdo que en ese año `72, cuando salió “Vida”, de Sui Generis, empecé a escuchar Manal, Los Gatos y Almendra, me hice del primer disco de León Gieco, ya venía escuchando a The Beatles, Bob Dylan. En el periodismo, comencé a los 16 años, en una radio de Olavarría con un programa de rock. En el 77, produje unos conciertos, todo un despropósito, porque estábamos en medio de la dictadura. Nos fue fenómeno, llenamos el estadio y terminé haciéndome amigo de León Gieco, a quien había traído, y hoy me puedo jactar que me considera un compañero de ruta desde hace 30 años. De hecho, León fue el tipo que me dijo que me fuera a Buenos Aires para laburar. Tuve la fortuna, a poco tiempo de llegar, de que me llamaran para escribir en la revista con la que yo soñaba trabajar: Expreso Imaginario.

- Ahí fuiste secretario de redacción. ¿Cómo fue trabajar en un medio que reflejaba la contracultura argentina en plena dictadura?
- Era un medio que había sido formidable y que estaba en pleno momento de transformación. Yo no alcancé a trabajar en la mítica etapa de Pipo Lernoud y Jorge Pistocci. Llegué cuando el Expreso estaba tomando un nuevo rumbo y asumía como director Roberto Pettinatto. Laburé y me peleé mucho con Pettinatto. Él escuchaba a la Incredible String Band y Talking Heads, y yo era como el contrapeso, quien se ocupaba de decir que Serú Girán estaba siendo impresionante. Me peleé mucho cuando le hice la entrevista a Mercedes Sosa, que acababa de volver a la Argentina, estaba haciendo un ciclo glorioso en el teatro Opera después de la censura y las persecuciones. Y Pettinatto puso una entrevista traducida de Mick Jagger en la tapa. Esto fue hace mil años.

- Como historiador del rock, te acercaste a uno de sus mitos fundacionales. Contános cómo fue acercarse a la historia de Tanguito.
- Cuando era periodista del interior, me llamó la atención la historia de la composición de "La Balsa", entre Litto Nebbia y Tanguito en el baño de un bar. Averiguando, me di cuenta  de que en ningún lado se había contado la historia del tipo. Cuando llegué al Expreso, en la primera reunión con Pettinatto, éste me preguntó qué nota quería hacer, tanteándome. La primera cosa que le dije fue que quería investigar a Tanguito. En una investigación que me llevó casi un año y para la cual el primero que me ayudó y me permitió conocer ese mundo fue Miguel Abuelo. Así fue tapa del Expreso. Muchos años después, para programas de Radio Rivadavia con Juan Alberto Badía, seguí juntando material. Diez años pasaron de aquella tapa y un tipo que quería hacer su primera película se interesó en mi investigación, que fue Marcelo Piñeyro, y que sirvió de base para el guión de la película “Tango Feroz”. En mi libro, ya no contaba solamente la historia de Tanguito, sino que contaba los primeros años del rock nacional. Creo que aún hoy ese libro sigue siendo bastante original, porque no hay relator. Es una sucesión de entrevistas, de testimonios muy breves, encadenados, como si te sentaras en la mesa de un bar y cada uno de los protagonistas de esa época te contara la historia. Fueron 200 entrevistas, once años de laburo. Si me dijeras que volviera a hacer ese libro, hoy te digo que ni en pedo.

- ¿Qué diferencias encontraste entre el mito y la persona? 
- Yo decía que la película estaba muy bien. Pero si querías adentrarte en la historia verdadera, tenías que leer el libro porque ahí estaba la historia posta. Y no la contaba yo, sino quienes la vivieron. Creo que la historia verdadera de Tanguito es tan fuerte que ninguna película se la hubiera bancado. Ahí sí se ve que la película te cuenta una historia para que vos no salgas mal del cine.

- ¿Cómo sentiste ese salto del rock al folklore, sobre todo con uno de los folkloristas más personales, como Yupanqui?
- Un hecho muy importante en mi vida como periodista, cuando estaba en Olavarría, fue haber encontrado en la tapa de Expreso Imaginario a Atahualpa Yupanqui. Te juro que cuando lo vi me dio una emoción…lloraba por la calle como un boludo, porque me parece que eran mundos totalmente compatibles. En mi vida, había escuchado mucho tango y folklore y me daba cuenta que esos tipos eran de verdad. Yupanqui era totalmente compatible con lo que escuchaba de Dylan y The Beatles. Y de pronto aparece una revista que era el paradigma de lo que yo soñaba y lo pone en la tapa. Después, al estar cerca, siguiéndole los pasos, escuchándolo o leyéndolo,  fue como natural. Para colmo, me cruzo en la vida con un tipo como León, que es igual. Para nosotros fue como muy natural que Yupanqui estuviera cerca de John Lennon. Ahora soy responsable de que se hayan editado en Argentina las grabaciones que hizo en Francia, el disco en vivo con León, dos libros, un documental que se llama “Los caminos de Atahualpa” y esta conferencia que estoy llevando a Mendoza. Si vos te acercás, seguro que termina significando algo en vos. Recuerdo que en un festival de jazz en el año `80, en Buenos Aires, un músico reconocido como John Mc Laughlin, guitarrista inglés, empezó tocando “Viene clareando”, de Yupanqui. Recuerdo una entrevista que le hice a Robert Palmer, me dijo que era muy grosso para él estar en el país de Atahualpa. Mercedes Sosa me contó que, una vez se cruzó en el ascensor con Bono en Copenhague, y le dijo que era un honor conocerla ya que era del país de Atahualpa. Evidentemente, es un grosso de la cultura mundial.

- Hiciste carrera como productor musical, con León Gieco.  ¿Qué recordás de la grabación con Antonio Tormo?
- Ese fue mi primer disco como productor, que León me confió y que él tenía ese sueño desde hacía mucho. León escuchó a Tormo cuando era niño y se acababa de mudar desde el campo a Cañada Rosquín, y un vecino de enfrente, que tenía una zapatería, ponía “Entre San Juan y Mendoza”. Eso fue muy fuerte para él. Cuando arranca con su estudio de grabación, estábamos con Osqui Amante y me puso en la increíble situación de pilotear el disco. Yo me di cuenta de que era imposible grabar con Tormo, que nunca había grabado un CD, como se registran los discos hoy, primero las bases, luego las guitarras y después la voz. Entonces hicimos un diseño de producción en una capilla en el Centro Cultural Recoleta y en el escenario armamos el estudio para que Tormo tocara junto a sus guitarristas en semicírculo, como los cantaores flamencos, y él en el medio. Luego vino León y tocó unas canciones con él y fue increíble. Siempre recuerdo qué bien le cayó el título del disco, “20/20”. Empecé a leer libros de historia, donde encontré un dato increíble. En la época del primer peronismo, cuando empiezan a llegar desde el interior la llegada masiva de trabajadores y aparecen los llamados “cabecitas negras”, a éstos también se les llamaba despectivamente “20/20”. Decían que los trabajadores del interior, cuando iban a mediodía a una fonda a comer, eran capaces de gastarse 20 guitas en la comida, y otras 20 guitas en la fonola para escucharse un disco de Tormo. Me pareció glorioso, porque hablaba de la estatura que tenía Tormo en ese momento.

- ¿Podés elegir cinco momentos únicos del rock nacional que hayas presenciado?    
- ...A ver, cinco momentos del rock argentino grossos, de los cuales fui testigo.

1. El cruce de Charly (García) y Luis (Alberto Spinetta) en el comienzo del concierto Seru Girán - Spinetta Jade en Obras, 1980, haciendo "Que ves el cielo" de Invisible.

2. León Gieco cantando "Solo le pido a Dios" en el Amnesty de octubre del 88 en River ante 70 mil personas, en la apertura de los shows que luego harían Peter Gabriel, Bruce Springsteen, Sting, Tracy Chapman y Youssou N'dour, con Springsteen sacándole fotos con su camarita pocket desde atrás de unos equipos.

3. Miguel Abuelo con un chorro de sangre en su mejilla por un monedazo que había recibido, mientras terminaba el show de los Abuelos de la Nada en Vélez, durante el festival Rock&Pop del 85.

4. Fito Páez en el Obras de presentación de "La la la", el disco que hizo con Spinetta, estrenando "Ciudad de pobres corazones" con furia. Hacía pocos días que habían asesinado a su familia en Rosario.

5. La Falda, 1985; Luis (Alberto Spinetta) me había pedido que hablara para agradecer la presencia de colegas suyos y de periodistas en el almuerzo de lanzamiento de su álbum "Privé", y yo dije unas palabras en la cabecera de la mesa donde estaban Charly (García), Fito (Páez), Andrés (Calamaro), Luis y León (Gieco), y el fotógrafo de una revista hizo click.

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