Guillermo García

"El consenso combina lo ideal con lo posible"

Presidente del Fondo para la Transformación de Mendoza.

Es Contador Público Nacional , egresado de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Cuyo en 1989. Nació en General Alvear hace 44 años. Trabajó en el Departamento General de Irrigación entre 1991 y 1997, en donde también fue director de Administración y Finanzas. Entre 1997 y 1999 se desempeñó en el Ministerio de Ambiente y Obras Públicas, como coordinador de los sistemas de información; supervisor de la Unidad de Planificación y Control de Gestión y además fue miembro del Consejo de Administración del Fondo Fiduciario de Obras Públicas y del Comité de Concesiones de Obras y Servicios Públicos.

También ha prestado oficios en la Legislatura, asesorando en materia de finanzas públicas, presupuesto, administración financiera, economía y financiamiento de obras públicas, servicios e infraestructura. En la actividad privada asesoró a FECOVITA. Fue gerente de la Asociación de Cooperativas Vitivinícolas y miembro del Consejo Ejecutivo de la Corporación Vitivinícola Argentina, institución en la que se desempeñó como gerente administrativo.  En el ámbito académico es profesor titular de la cátedra Comercialización Vitivinícola de la Universidad de Congreso.

La charla con el actual director ejecutivo del Fondo de Transformación es de una actualidad digamos fogosa: el conflicto social y económico que preocupa a buena parte de la sociedad es uno de los temas que el funcionario aborda con sinceridad. También se refiere al perfil productivo de la Mendoza de las próximas décadas y destaca que el sector vitivinícola es uno de los caminos para una Argentina moderna, dinámica y pujante.

- Tengo una serie de preguntas…

- Dejemos que fluyan, entonces…

- En realidad, en estos días, atento a la realidad política y económica, tengo más dudas que preguntas.

- Bienvenidas, entonces, porque por ahí encontramos algunas respuestas.

- ¿Usted es peronista?

- Soy afiliado al Partido Justicialista, desde hace bastante, sí.

- ¿Es la suya una tradición familiar?

- Mi papá no era militante. Y en realidad yo siempre he estado más en la función técnica. Nunca he participado en ninguna lista o en un cargo electivo. No he tenido un desarrollo de militancia fuerte, pero sí he estado en el justicialismo o muy cerca de él.

- Deduzco que no es un cuadro político, sino más bien técnico.

- Sí, exactamente. Si existe esa categorización…

- Bueno, en el peronismo de hecho existe.

- Sí. Pero para el resto de la sociedad, por ahí, esa distinción, entre técnico y político, medio que es difícil, porque se encasilla al político. Y más en épocas donde la palabra político es mala palabra. Quizá por eso todo el mundo trata de separarse de todo eso que es la política. Lo cierto es que a mí me gusta la política con mayúsculas, que es el quehacer diario: cómo contribuir para engrandecer la República todos los días…

- Que vendría siendo la función de lo técnico ¿no?

- Es obviamente lo técnico. Y después están los estrategas políticos que, en definitiva, son los que mueven los hilos para que muchas veces aspectos, que uno trabaja en la coyuntura, tengan su correlato en los resultados de lo estratégico. El Fondo para la Transformación es el resultado de un acuerdo político.

-  Y quizá una de las últimas políticas de Estado exitosas.

- Si vos ves la Ley de creación, y repasas el diario de sesiones del tratamiento, y las discusiones que se dieron, con matices, después de catorce años, nosotros podemos decir: se está cumpliendo con esta Ley. Algunos podrían decir, no obstante, que se podría trabajar más en la inversión educativa, o en la asociatividad…

- O en lo tecnológico.

- También, claro. Pero son matices. La esencia, que es tratar de ayudar a los nuevos emprendimientos, al crecimiento de Mendoza, esa visión de largo plazo y que los fondos empleados de alguna manera se reciclen, se cumplió. Si esto es hacer política, bienvenido sea.

- Esta agencia ¿ha demostrado que es posible y necesario el trabajo entre lo público y lo privado?

- Es posible, sí, trabajar en conjunto, respecto a la transformación y al crecimiento de Mendoza. Porque la realidad es que estos procesos no puede hacerlo sólo el Estado, ni tampoco por su parte los privados. En la política de Estado tiene que haber una sinergia entre los dos para construir. Si lo hace sólo el Estado, por su cuenta, corre el riesgo de equivocarse. Y si lo hace únicamente el sector privado, como ha sucedido en otras épocas…

- ¿La brecha de crecimiento es gigante?

- Es gigante, sí, porque al privado le cuesta abstraerse de sus intereses particulares. Le cuesta muchísimo.

- Más aún cuando el concepto de Responsabilidad Social Empresaria (RSE) parece una utopía.

- (Asiente). Nosotros en la Corporación Vitivinícola Argentina tenemos el gran desafío de los consensos. ¿Por qué? Porque en el seno de la organización conviven los grandes, los chicos, los trasladistas, los productores, los que venden en el mercado interno, los que exportan, empresarios mendocinos, sanjuaninos. Entonces cuando se trata de construir los consensos es una tarea muy difícil. Ahora, una vez que llegaste al consenso, no te para nadie. Y es ahí cuando se transforma en política de Estado. No porque esté el Estado, sino porque no te para nadie.

- Sin querer nos hemos adelantado a un tema que parece central en el país: el asunto del consenso. Palabra que tanto cuesta ejercer en Argentina.

- Yo vengo del sector vitivinícola, donde hemos visto lo que fue el Comité Vitivinícola, allá por los años 80 y 90, y haber construido una mesa, donde los temas como el de las retenciones, no merecían discusión…

- Perdón por la interrupción: ¿por qué no se discutía este tema en el sector, cuando hoy tiene al país en vilo?

- Porque trabajábamos permanente en la rentabilidad. Y era un tema que se discutía en el ámbito que correspondía, por entonces aquella mesa del Comité. Y buscamos antes la solución con el Estado. Un ejemplo es el acuerdo que logramos para el champagne. Nos aplicaban impuesto interno. Y dijimos: “No, no lo hagan. A cambio nosotros nos comprometemos a invertir”. Y así fue acordado en 2005, con el ministro Lavagna. Quiero significar con esto que, cuando hay diálogo, entre el sector público y el privado, se logran entendimientos para evitar problemas que en definitiva era aplicarnos un impuesto. Porque la discusión de hoy en día, en definitiva, es la aplicación de un impuesto.

- ¿Cómo se resuelven estos conflictos en la Corporación Vitivinícola?

- Y estos temas  se discuten previamente, hasta llegar a un acuerdo. Y después se avanza. Con instancias de diálogo permanente. Algunas más complejas, otras menos, pero siempre buscando precisamente no levantarse de la mesa de acuerdo hasta no lograr consenso. Y seguro que allí adentro, en la discusión, alguien gana y alguien pierde, pero nadie se entera. La gente se entera de la existencia del acuerdo y no de lo que cedió cada una de las partes. Esto es esencial. La gente se tiene que enterar del resultado del acuerdo y no de qué perdió cada uno de los sectores. Y para eso hay que ser muy prudente y no abrir la boca, para no confundir. Porque además, si abrís la boca antes, y después tenés otra opinión, rompés el acuerdo.

- Si entiendo bien, lo que está diciendo es que hay que utilizar la prudencia, no la falta de transparencia.

- Sí. Prudencia para evitar la ruptura del acuerdo

- ¿No está diciendo que en esa mesa se arregla la "transa"?

- No, para nada, al contrario. En esa mesa justamente se tienen que dar todas las discusiones. Y una vez llegado al acuerdo, aunque se pierda, no tenes que salir a difundir que perdiste o que ganaste. En el consenso no hay ganadores ni perdedores: es una combinación entre lo ideal y lo posible. ¿Qué hay algunos que tienen que ceder, más o menos? Sí. Pero lo que triunfa es el acuerdo, el consenso. Y no la posición individual. En la última reunión de la Corporación, que se trató el presupuesto, discutimos durante siete horas. Hasta que llegamos a un acuerdo. Sólo difundimos el informe del resultado. ¿Qué pasó allí dentro, quiénes, cómo y que se discutió? Sólo lo saben los participantes. Y ojo que allí no hay votación. Pero nadie se levantó de la mesa hasta que no se arribó a un acuerdo.

- Permítame el siguiente razonamiento: es peronista, es funcionario de un gobierno peronista y entiendo que su postura se contrapone con el actual manejo de un conflicto, el del campo, ya que parece incompatible su postura con la posición oficial.

- Lo que sucede es que la verdad de todo la conocen quienes hasta ahora han estado negociando…

- Malos negociadores, es obvio, sin manejo del conflicto. Hace más de 80 días…

- (Interrumpe) Sí es evidente que el agro está haciendo lo siguiente: parecen que intercambian algo y apenas lo saben, dicen: “Vamos a consultar a las bases”. (Silencio) ¿Dónde existe eso? No, no me estoy contradiciendo ni criticando al gobierno.

- Son las cuatro entidades más representativas del sector en todo el país. Y aún así permanecen cohesionadas.

- Está bien. Pero estamos hablando de las estrategias del consenso. Y cuando uno se sienta a una mesa de negociación no se retira hasta que no se termina en un acuerdo. Porque cuando comenzás a ir, venir, las opiniones y las posiciones cambian.

- ¿Su percepción es que vamos a un estado de asambleísmo total?

- Exactamente. Y eso que es un tema puntual. Imaginemos cuando periódicamente debamos construir consensos. Se hace imposible trabajar así. Ojo que esto que estamos hablando refiere a la forma de trabajar de la dirigencia, en general, donde tiene que saber asumir, en definitiva, los mandatos. ¿Hay un poder legítimo o un poder delegado? Cuando hay poder legítimo no hay que consultar a nadie. Y quien es dirigente debería saberlo. Y si has sido elegido tenes que sentarte y agotar la discusión hasta lograr el consenso. Y eso implica que vas a tener que ceder y pagar las consecuencias de haber cedido cuando vayas a revalidar el título de dirigente. Estas son las reglas del consenso. De lo contrario, pegas un portazo y decís: “Ya vengo, voy a consultar de nuevo”. De esa manera no se construye consenso.

- La sospecha en esta disputa casi histórica, no por magnificarla, sino porque es realmente un hito, es que ya somos todos perdedores. Basta con leer los reportes internacionales sobre nuestro país, algunos indicadores económicos…

- Es un reflejo, sin duda. Cuando la tasa de interés está en un 18 % ¿de qué vamos a hablar? Los elementos de la macroeconomía, de lo geopolítico, nos están dando elementos para decir: Argentina hoy podría estar igual o mejor que en 2005, 2006 o 2007. Y con una tendencia a superar largamente el año 98, que fue el mejor año de la década pasada.

- Estos indicadores los conocíamos ya desde el año pasado. Quiero decir: antes del conflicto desatado en el campo.

- Claro. Por eso en definitiva a este conflicto hay que llamarlo, como se viene planteando, como un conflicto político. Porque, la verdad, lo que estamos discutiendo es cómo se distribuye parte de la riqueza de algunos argentinos, y qué se hace una vez que eso se distribuye.

- Este planteo, tan claro, jamás existió, al menos oficialmente nunca fue expresado.

- Y no sé, qué sé yo. Públicamente no ha surgido cuál es la discusión. Pero el documento del Partido Justicialista, que distribuyeron en Buenos Aires, habla en términos generales…

- Pero eso fue recién la semana pasada.

- Sí. Pero habla de los impactos económicos que tiene todo esto. Y después están los primeros discursos de Cristina, en los que habla del grado de concentración que presenta el sector sojero, que, a todas luces, es el que ha generado el problema, aunque en realidad el problema está en todos los sectores. Salió en “Clarín, justo en la época del principio del conflicto, un informe sobre la cantidad de las hectáreas sembradas, 2007-2008, para tomar el período agrícola, y tanto la soja como el girasol, como el sorgo, el trigo, el maíz… todo crece. Es indudable que si  todo crece es porque las cosas están bien. Distinta sería la discusión si hubieran comenzado a caer las hectáreas sembradas. Pero si todo crece es porque vamos por más. Nadie invierte para perder plata. Por eso digo que la pelea es por ver cómo ese incremento se distribuye y qué se hace con esos recursos. Esa es la discusión. O sea que hemos pasado de una discusión acerca de la bonanza a términos y situaciones como el estancamiento con inflación. Por lo que en esta instancia comenzamos a hablar de otra cosa. La única ventaja en este panorama es que la macroeconomía nos está dando tiempo. Antes no lo tuvimos. Y los que somos más viejos hemos vivido años muy duros con inflación. No queremos saber nada con la inflación, porque, si tuvimos años muy duros, fue por culpa de ella, más algunas cuestiones de errores políticos. La inflación carcome a la industria argentina, al trabajo, a la producción.

- A veces no entiendo porque nuestra dirigencia, tanto la política como la empresarial, no se detiene en el manejo de Brasil, siendo un referente tan próximo, y al mismo tiempo tan distante.

- Es lo que también les digo a muchos empresarios de aquí: hay que mirar a Brasil. En Brasil la articulación pública y privada ha funcionado a la perfección. Ellos han apreciado su moneda, el real, y aunque han sufrido la pérdida de competitividad en el tipo de cambio, sus exportaciones crecen.

- ¿A qué lo atribuye?

- Porque hay un Estado que es amigo del sector privado. Hay una preocupación por ayudar al sector privado y hacia eso debemos apuntar.

- No es menos cierto que allí la mayor productividad y el aumento del volumen de las exportaciones son cuestiones casi patrióticas. Lo mismo corre para el caso Chile.

- Sí, es una cuestión de patriotismo. Los tipos están más preocupados por ser más eficientes, trabajar mejor, ser más competitivos, lo que hace que permanentemente puedan reducir costos. Cuidan el recurso humano y trabajan en producir más. Por lo que si se altera el tipo de cambio la política no depende únicamente de esa variable. Es un tema importante, claro, pero también se debe trabajar en el tipo de aranceles, romper barreras, encontrar en el superávit fiscal la manera de reducir algunos impuestos.

- Aprovechando que el gobernador Jaque está en viaje de negocios por México. ¿Cuál es la posibilidad cierta de acceder con nuestros productos a ese mercado fabuloso?

- Vamos a ver lo que pueda gestionarse en estos días y los resultados alcanzados. Hay un problema en la relación bilateral, ya que los mexicanos están dispuestos a cedernos todo, ya que nosotros podemos manejarnos por fuera del MERCOSUR en función de acuerdos celebrados con anterioridad. Ya el año pasado los mexicanos plantearon que ellos abrían su mercado para nuestros productos, a cambio que les dejáramos avanzar con el tequila. El problema para nosotros es la competencia que se produciría con el sector de los licoreros, de fabricación nacional. El desafío del mercado vitivinícola es propiciar el intercambio sin que la llegada del tequila afecte demasiado a los productores de licores argentinos. El mercado mexicano es muy parecido al brasilero. Nosotros no nos damos cuenta, pero lo que ha representado, para Argentina, y para Mendoza, Brasil, en los últimos veinte años, es impresionante.

- Aún así pareciera existir demasiada hostilidad de parte nuestra con estos mercados.

- (Ríe) Deberíamos estar abrazados… Ir, venir, estar presentes, defender en conjunto estrategias. En el mercado del vino se ha trabajado muy  bien con los brasileros, a pesar de la restricción de los ocho dólares por caja mínimo que impusieron ellos. Y por estos días también se está avanzando con autoridades de Brasil en nuevas negociaciones.

- Hay una discusión, no sé si en todos los sectores, pero sí en algunos con importante poder de decisión e influencia, acerca del perfil productivo de Mendoza. En el futuro ¿deberíamos tener una provincia agro-industrial? ¿Una región de desarrollo de la minería? ¿Es suficiente con prestar servicios? ¿Ser una potencia turística? ¿O un polo tecnológico?

- Lo primero que yo diría es que felizmente Mendoza tiene un sector privado muy fuerte. Con lo cual no sucede, como sí en otras provincias, que las decisiones del Estado son relevantes para la estrategia de crecimiento de la sociedad. Este aspecto es clave. Tomemos el caso de la provincia de Buenos Aires. ¿Cuál es su perfil?

- ¿Agro-exportador?

- Sí, pero también tiene todo lo que mencionaste antes. Pero es una provincia que tiene tanto potencial desarrollado por el sector privado que nadie se plantea hacia dónde se perfila. Para cualquier actividad hay salida. Cuanto más chica es una provincia más importancia tiene el Estado. Por eso Mendoza tiene enormes ventajas, ya que, además, la actividad privada es muy pujante y fuerte. Y de alguna manera le exige al Estado marcar algunos rumbos concretos. La política hídrica, aquí, es clave, ya que nos ayuda a definir el perfil en el futuro. Irrigación nos tiene que tener permanentemente alerta sobre la disponibilidad de agua para saber si Mendoza realmente va a poder ser un polo agro-industrial que responda a la avalancha de demanda que existe en el mundo. De hecho estamos yendo en ése rumbo. Después viene la discusión de algunos sectores, Turismo y Comercio, que están explícitamente asociados. Cuando uno analiza el movimiento del producto bruto geográfico, sectorial, en el comercio indudablemente hay una participación del turismo muy importante. Esto debería hacernos entender que inexorablemente Mendoza tiene en el turismo una actividad económica más que importante. Y después el tema de la minería. No hay que olvidar que siempre hemos sido una provincia con recursos minerales. Y a mí entender hacia allí hay que seguir profundizando la actividad. Que cada tiempo discutamos sobre la lógica de esa explotación, en el sentido de si vamos a explotar esos recursos ahora o después, es una discusión que cada generación debe dar. Somos una provincia rica en minerales.

- En este punto, el de la minería, parecemos vivir esta ventaja con una suerte de vergüenza.

- ¡Claro! Y volvemos a lo de los consensos. Quizá en este tema tampoco hayamos alcanzado los consensos necesarios. También es cierto que aquí confundimos minería y creemos que es lo mismo la de primera, segunda y tercera categoría. A mí entender debemos apoyar la de segunda y tercera categoría. La restante tiene que arriesgar, invertir y ser controlada. Pero en las otras actividades hay que prestar apoyo. Claro que están los que dicen: “¡Cómo van a ayudar a un minero!”. ¿Por qué se dice o se piensa así? Por lo de la vergüenza.

- ¿Y el potencial energético?

- Ahí tenemos Río Grande sin explotar. ¿Hacia dónde vamos? Si el problema va a ser el agua, la generación de energía: ¡vamos a solucionarlo! Hay que ver cómo y de dónde se sacan los recursos, pero no hay duda que si tenemos un río, que nos puede dar 70 mil hectáreas para producir alimentos, y el mundo está buscando comprar alimentos, no hay mucho que pensar al respecto. Me van a decir, en cada uno de estos puntos: “Hay que hacer las evaluaciones”. Y sí. Pero lo cierto es que hoy tenemos Potrerillos, Nihuil IV, los Nihuiles, y antes de comenzar cada obra se dijo: “Esto no es negocio”. Y lo más cierto es que hoy los tenemos y los estamos aprovechando. No son  obras que se amortizan ni en diez o veinte años. Aunque van a pasar cien años y vamos a seguir sacando energía de allí. Retomando la pregunta de hacia dónde vamos creo que no hay muchas dudas. Ahora, que después, en el camino, logremos incorporar algunas actividades industriales que por ahí vienen rezagadas, siempre es interesante. Por ejemplo, lograr lo que los cordobeses: atraer inversiones para el sector automotriz. Por eso decir que aquí no hay plan es casi como auto-flagelarnos (risas). Tenemos un perfil mendocino, es muy claro. Lo que hay que hacer es tener políticas de Estado, públicas y privadas, para que ese plan sea más agresivo.

- Los más radicales, y no hablo de acólitos de Alem o Yrigoyen, razonan: si tenemos petróleo, energía, turismo, alimentos ¿para qué mandamos los impuestos al gobierno nacional, que casi nunca vuelven en obras? Es una humorada, claro, aunque no deja de ser una buena forma de ejercer el federalismo.

- Ocurre que el concepto de República es anterior. Y con el concepto de patria y de ejercer el patriotismo, yo mando la plata porque confío que la Nación hará las cosas bien.

- Reitero: es un postura extrema. Sucede que el federalismo en el país está más que pisoteado. Porque además es comprobable que los recursos que de aquí obtiene la Nación son mayores a los que regresan, si es que regresan.

- Vuelven, sí. Ocurre que son muchas veces indivisibles. Pero vuelven. Muchas veces no lo valoramos y otras veces se malgastan. Y por lo general lo que sale a la luz es lo que se malgasta.

- Casualmente, el Fondo para la Transformación que usted dirige nació como producto de la liquidación de una regalías petrolíferas por parte del estado nacional.

- Así es. Y la ley que da origen al Fondo llega hasta el inciso F. Los anteriores fueron asignados a la distribución de esos fondos, entre ellos el reconocimiento para los municipios por su participación en el aporte de las mismas regalías. Y el último inciso es la conformación de este Fondo para la Transformación. Es un claro ejemplo de cómo se pueden acordar políticas de Estado, con los partidos políticos, los sectores privados, que trasciendan la coyuntura. Mendoza tiene varios de estos instrumentos, al revés que la Nación. Y quizá deberíamos pensar en avanzar, como país, en estos acuerdos o contratos sociales. Hacen falta acuerdos sociales para los grandes temas. Aquí ha habido varios. Y hay que tratar de no romperlos y mantenerlos en el tiempo. Por eso no podemos decir que Mendoza no sabe hacia donde va. Justamente sabe gracias a que tiene un sector privado vigoroso y un Estado que ha sabido interpretar en cada tiempo cuáles son las prioridades. Sin duda que hoy el tema seguridad está interpretado por el Estado como una prioridad.

- Y al mismo tiempo como una gran deuda.

- Sí, pero en definitiva no tenemos un Estado tonto. Por ahí lo que tenemos es un Estado más o menos ineficiente. Pero en el fondo no es un Estado que no sepa dónde está el problema. No es un Estado que no se haya dado una política de Seguridad. No es un Estado ausente. Se han sacado leyes. Ha habido debate político. Se han establecido órganos, como la Inspección General de Seguridad. Es decir, políticas de Estado hay. Que después no logremos solucionar el tema es otra cuestión.

- Le he hecho esta misma pregunta a varios funcionarios de la administración Jaque. ¿Fue una sorpresa su victoria electoral?

- No, no. Yo lo conozco al Celso desde 1983. Y él siempre tuvo en claro que iba a llegar. El tema era sólo cuándo, nada más. Pero siempre trabajó en ese sentido. Fue consecuente con su decisión. Siempre tuvo clarísimo que llegaba. Incluso hablamos mucho antes que él tomara esta última decisión y lo tenía absolutamente claro. Además sabía con quiénes iba a estar y con quienes no y en qué condiciones iba a llegar. Por eso objetivamente yo puedo decir que no me sorprendió y más, que era algo que esperaba. Claro que después se gana por muchas otras cosas: por méritos propios y también porque los adversarios ayudan (risas).

- Es un contador atípico: no es aburrido, que es casi la primera condición profesional. Además desarrolla un pensamiento propio, lo que no es común. O sea: contradice el mito del CPN (contador público nacional).

- (Risas) Lo que pasa es que yo también entiendo que uno, en cada lugar que le toca jugar el partido, tiene que hacerlo en equipo, sino irse al banco de suplentes o bien de la cancha. Y uno se va formando, estudia. Por ejemplo, todo lo que hemos hablado acerca del consenso. Si me hubieras preguntado hace diez años atrás hubiera contestado como contador típico. Haber participado en la elaboración del Plan Vitivinícola fue una experiencia maravillosa. Primero que es algo inédito para Mendoza y el país. No hay otro. Lo más parecido es lo que están haciendo en el Instituto de Promoción de la Carne Argentina. Me siento orgulloso porque la vitivinicultura ha dado un ejemplo. Y por ahí, como ya es parte nuestra, no le damos la importancia que merece. Bueno, todo eso me ha armado profesionalmente. Y diría que aprendí a trabajar con dos conceptos: lo urgente y lo importante.

- Salgo de este reportaje con una esperanza: ¡los contadores pueden ser seres humanos!

- (Risas) De cualquier manera coincido en que nosotros, en nuestra formación humanística, somos un desastre.

- ¿Le gusta el fútbol?

- Sí, me gusta. Y soy de la Lepra. Estamos de capa caída (risas).
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