Andrés Gioeni

El cura gay que colgó los hábitos se confiesa y mira con cariño al papa Francisco

Ex sacerdote católico mendocino, el primero del país en abandonar la Iglesia por reconocerse homosexual públicamente. Modelo, actor y escritor.

Disminuyó sus pretensiones pero las hace, así, más asibles: de la fe en Dios, aquel de quien se dice que existe y que "todo lo sabe, todo lo perdona; todopoderoso", a la esperanza en un hombre de carne y hueso, su "representante" en la Tierra: el papa Francisco.

Se trata de un hombre joven que ahora podés ver sobre un escenario teatral (si vas a Buenos Aires, claro) o que pudiste ver en programas de TV. Tal vez, alguna vez, recibiste una hostia de sus manos, una bendición o recepcionó tus confesiones.

Hablamos de Andrés Gioeni quien, tras vivir un proceso de autoreconocimiento, ya siendo cura católico, descubrió que el celibato no era para él y algo más: que sus sentimientos más profundos, el amor que solo se experimenta en una pareja, el deseo más santo de un ser humano, le brotaba a borbotones hacia personas de su mismo sexo.

Ese "clic" en su vida, tremendo y definitivo, lo vivió -nos cuenta en una charla amena, pero apurada- con "mucho dolor y vergüenza".

Su decisión fue pionera. Andrés no es el primer sacerdote que cambia de hábitos: el amor de Dios por el de una persona que lo acompañe, si es posible, hasta el fin de sus días. Pero sí el primero "gay" (ese eufemismo neutro que queda justo al medio del grosero y descalificativo "puto" y el discreto y casi académico "homosexual") que lo reconoce abiertamente, ante el público y los medios, en todo el país.

Rompió los esquemas hace unos días, siguiéndole el ritmo al papa Francisco. La cuestión es que al papa se le ocurrió hablar, a 15 mil metros de altura y ante un grupo de periodistas preguntones, sobre la homosexualidad y el cristianismo, rompiendo con una costumbre ancestral de no hablar del tema.

Dijo entonces algo así como que él "no era quién" para impedirle a los homosexuales, gays o putos, como se les quiera llamar, no gozar del amor de Dios con la Iglesia Católica como medio.

Andrés, "el ex cura gay", tal como reza la etiqueta con la que los medios lo presentamos, le mandó una carta al sumo pontífice. Lo hizo desde MDZ y logró una repercusión mundial. Su carta la tomaron los medios nacionales primero y luego, los internacionales.

Tras el impacto, las redes sociales multiplicaron por decenas de mil su mensaje en inglés, portugués, francés. Él escribió un sobre en italiano. La dirigió a la Basílica de San Pedro en el Vaticano. Y ahora espera que Jorge Bergoglio, el papa, la lea por donde sea (impresa, en Twitter, en Facebook, en la prensa o que se la comente alguien) y le responda a su propósito: hablar de estos temas, discutirlos, avanzar.

Andrés Gioeni ya no carga con su condición sexual como si se tratase de una cruz. Y nos lo cuenta así:

¿Cómo te surgió el impulso de escribirle una carta al papa? ¿Te animó la “cercanía” que implica que sea argentino?

- Algo de eso debe haber. Que hable nuestro idioma, verlo tan cercano, que sea argentino…  Pero creo que el impulso se dio después de ver la cantidad de gestos que está teniendo de apertura; es casi como que no puede hacer la vista gorda en este tema. El Catecismo todavía sigue teniendo la misma respuesta al homosexual que cuando figuraba como enfermedad en los años 90. La ciencia avanzó, la psicología también, la OMS sacó del listado de enfermedades a la homosexualidad, y la Iglesia sigue con la misma respuesta. En diversos países hay consenso de aceptación, de discriminación, de equiparación. Pero la Iglesia sigue anclada en el mismo mensaje. El tiempo es propicio para que este tema sea revisado y reanalizado. Y como le digo en la carta no le pido que eso se dé ya, pero sí que él dé un acompañamiento.    

Cuando se discutió el matrimonio igualitario, ¿de qué lado estuviste?

- Jaja, no sé si estuve de algún lado. Me llamaron de varios programas para hablar del tema y prefería no intervenir cuando me decían quiénes estaban invitados. Eran posiciones muy extremas. Me ponía en ambos lados y entendía ambas posturas. Obviamente entre mis amigos y allegados sabían que quería que saliera la ley, pero quizás hubiera estado bueno más tiempo para debatir. Ahora que está la ley hay que seguir hablando del tema. La sociedad necesita todavía madurar mucho este tema. Quedaron muchas preguntas sin resolver. Todo debate es enriquecedor. 

¿Y cómo viviste las movilizaciones de la Iglesia en contra de la ley y la opinión activa de Bergoglio en contra?

- Con impotencia. A Bergoglio lo comprendía porque él como Cardenal tenía que defender los valores tradicionales de familia, de matrimonio, etc. No se le podía pedir que él militara a favor. También quizás dijo algunas cosas que dolieron y ofendieron a la comunidad homosexual.  Y del lado de la comunidad homosexual se escuchaban muchas voces aguerridas, muy críticas y ácidas, pero hay que comprender que son años de lucha sin ser escuchados. Hay una historia detrás de cada postura que hay que respetar y conocer. 

¿Pensás que el papa Francisco ha cambiado de opinión o creés que están dadas las condiciones para que llame a la Iglesia a replantear posiciones hasta ahora irreductibles en torno a este tema?

- En el fondo creo que Francisco tiene hace años una opinión tomada al respecto, porque siempre estuvo cerca de la gente. Él conoce y sabe que también en las parejas homosexuales hay historias de amor real, verdadero. Y como ser humano tiene una apertura y una visión del tema como toda lo es toda su filosofía: muy cristiana y por eso muy humana. Como Cardenal tenía que defender algo que se le pedía en una Iglesia concreta, la Iglesia Argentina, y era una batalla que no debía perder, desde Roma presionaban para eso.  Pero ahora está en una posición que, paradójicamente, le da más libertad. Parece muy verticalista lo que voy a decir, pero no tiene a nadie arriba a quien responder más que al Evangelio, a Dios y a su conciencia. Entonces puede pedir y acompañar que muchas cosas se profundicen. Está en el lugar indicado, el lugar que el Espíritu Santo en el consenso de la elección le otorgó.

Antes de entrar al seminario, ¿sabías de tu inclinación sexual? ¿Podrías decir que “te metiste a cura para ocultar una vergüenza”, como dicen las señoras de barrio?

- No, no lo sabía. Ahora mirando hacia atrás me doy cuenta de que tenía muchas herramientas y signos para saberlo. Pero la mente humana (esto podría explicarlo mejor un psicólogo) muchas veces no quiere ver realidades y “no hay peor ciego que el que no quiere ver”. Cuando ingresé al Seminario lo hice con una búsqueda sincera. De hecho todo mi seminario fue seguir discerniendo y optando por el Sacerdocio.

¿Creés que son muchas las personas (hombres y mujeres) que terminan siendo curas o monjas porque no se atreven a vivir en plenitud la sexualidad?

- Sí, claro. Algunos influidos inconscientemente, otros que lo hacen como refugio. Pero a renglón seguido tenemos que decir que muchos otros también entran con una vocación sincera y de corazón. La persona humana es un misterio insondable. Hay capas y capas de misterio.

¿Cómo viviste tu reconocimiento sexual adentro de la Iglesia?

- Con mucho dolor y vergüenza. Al principio no quería darme cuenta y luchaba, como diría San Pablo, “dando coces contra el aguijón”. Hasta internamente le pedía a Dios un tiempo de reflexión, me decía que era como un tiempo donde “le pedía gancho a Dios”, una especie de impás para saber qué me pasaba. Pero que pasado ese tiempo tenía que dar una respuesta. Fue muy doloroso y traumático, no le desearía a nadie atravesar esa experiencia.

¿Conocías en ese momento a otros curas que vivían tu misma situación?

- Sí. Pero tenían diferentes criterios y diferentes modos de verlo. Yo preferí no vivir una doble vida.

¿Te asustaste o lo viste como una revelación que había que asumir?

- Me asusté mucho. Creo que en ese tiempo me debo haber deshidratado cuando lloraba rezando. Quizás el agua de esas lágrimas fueron las que permitieron crecer en mi interior la semillita de verdad.  

El hecho de que la Iglesia sea tan cerrada con la homosexualidad, ¿te alejó de tus convicciones religiosas?

- Al principio sí, mucho. Pero me imagino que es como una actitud defensiva, echarle la culpa a la Iglesia de lo que yo no quería ver y asumir. Es más fácil la actitud de víctima.  Pasó mucho tiempo para reconocer mi responsabilidad. El alejamiento de las convicciones religiosas es como un efecto dominó, cuando empezás a cuestionar algo, caen todas las fichas juntas.

En el Seminario, ¿hablabas de sexo con tus compañeros de estudio? ¿Cómo lo abordaban al tema?

- Gracias a Dios lo compartíamos y dialogábamos con los compañeros. Éramos una comunidad, un grupo bastante inquieto con preguntas y búsquedas (terminamos ordenándonos cuatro de los doce que ingresamos juntos). Creo que bastante abiertos y dialogábamos mucho sobre estos temas. Teníamos criterios similares y queríamos escuchar mucho la experiencia de la gente. Hoy sólo uno ejerce el ministerio. Los demás tomamos rumbos diferentes.

 

¿Es posible el celibato?

- Creo que es posible el celibato pero muy pocos son llamados a ello. Hay sacerdotes que lo viven muy bien. Pero es un porcentaje muy chico. Se requiere mucha madurez sexual, afectiva y humana. Y hoy no hay tantas personas con esas cualidades. Muchos curas lo viven con alegría, otros con mucha frustración y tristeza. Otros prefieren vivir una doble vida.

¿Qué pensás de las teorías de psicología que indican que el autoprohibirse el sexo provoca perversiones?

Que tienen mucho de verdad. Por eso hay que intentar vivir el celibato no como una autoprohibición del sexo, sino como una forma diferente de vivir la sexualidad. Lamentablemente pocos seminarios presentan esa visión. Y entonces uno termina “amputándo” algo esencial de la persona, su sexualidad.

¿Es una lucha perdida la de permitir la homosexualidad dentro de la Iglesia?

- No, para nada. Que no se permita no quiere decir que no exista. Quizás ese “permiso” no lo veamos nosotros o nuestros hijos, pero tarde o temprano el fruto cae por su propio peso. Es una batalla que no tiene que claudicar. Muchos sacerdotes en muchas comunidades están optando por dejar comulgar a los laicos homosexuales. Y hay sacerdotes homosexuales viviendo el celibato y otros que no lo viven. Hay miles de testimonios de diferentes matices dentro de la Iglesia. Por eso, tarde o temprano lo que se practica, pasa a ser parte del dogma.   

¿Y la de que los curas y monjas puedan tener sexo? ¿Es un debate al que crees que se le animaría una nueva generación de obispos si el papa pusiera el tema sobre la mesa?

- Estoy convencido –y espero no equivocarme- de que Francisco no termina su pontificado sin permitir que el celibato sea una opción libre para el Sacerdocio. Puede llegar a quedar ligado como obligatoriedad sólo a los que quieran ser religiosos (porque es uno de los tres votos de su vocación), pero no será obligatorio para vivir el Sacerdocio.  En las primeras comunidades cristianas los presbíteros podían casarse, por lo tanto no es algo ligado a lo teológico. Fue algo que se introdujo en la Iglesia por prácticas y leyes posteriores.

¿Ves al papa como un hombre carismático y poderoso, o solamente carismático?

- Tan carismático como poderoso. Pero creo que Bergoglio tiene claro que ese poder tiene que ser vivido y ejercido como servicio. 

¿Alcanza el carisma para llevar adelante una reforma de cuestiones doctrinarias de la Iglesia?

- El carisma tiene que ir acompañado de una labor comunitaria y eclesial, como se dice hoy en día un “trabajo en equipo”. Que los pastores hagan lo que tienen que hacer, los religiosos lo suyo, los laicos su tarea y los teólogos lo que a ello les compete. Por eso en la carta le pido a Francisco que “incentive, estimule, promueva y acompañe una mayor profundización en la Teología moral sexual acerca del lugar y la experiencia de la persona homosexual.” Esa es una tarea que le compete a los teólogos, pero iluminados desde la experiencia de vida que le pueden brindar las comunidades religiosas, las parroquias, los misioneros, el avance de los científicos, el diálogo con otras religiones, el diálogo con la cultura y el mundo, etc... Un trabajo eclesial.

¿Vivís en pareja actualmente? ¿Qué valorás de poder compartir con otra persona tu vida, en comparación con la solitaria vida sacerdotal?

- Vivo en pareja desde hace 9 años y medio. Pero para encontrarnos tuvo que pasar mucha agua bajo el río. Tuve que aprender a conocerme y reconocerme. Tenemos muchas cosas en común, pero en la mayoría disentimos y nos complementamos. Se requiere de mucho diálogo, mucha renuncia, compartir experiencias, limar asperezas, proyectarnos juntos. Y no cerrarnos a la realidad que nos toca vivir. La Biblia dice: “No es bueno que el hombre esté solo”. Es mejor estar acompañado; tirando de a dos el yugo es más llevadero. Somos con-yuges con un mismo objetivo. 

¿De Mendoza, qué recuerdos tenés del momento en que tomaste la determinación de “colgar” los hábitos?

- Ese momento no me trae recuerdos positivos. Fue muy doloroso para mí. Y también muy doloroso para mucha gente. Todavía encuentro gente dolida y afectada por mi salida. La entiendo, la comprendo. Pero no me puedo sentar a hablar con cada uno a explicarle qué me pasaba en ese momento. Además porque yo tampoco lo sabía.

¿Hay amigos tuyos de la infancia todavía por aquí? ¿En qué barrio creciste y qué recuerdos tenés?

- Sí, muchos amigos. El Facebook me hizo reencontrarlos. Crecí en la Quinta sección en Mendoza Capital. Fui al Colegio de los Hermanos Maristas (cuando quedaba en el centro, en la calle San Martín). Fui al Martín Zapata, estuve en la juventud en la Parroquia del Corazón de María y en el grupo misionero claretiano y tengo los mejores recuerdos de esos momentos.

Ahora que estás de lleno dedicado a la vida actoral, ¿volverías a Mendoza? ¿O es central vivir en Buenos Aires, en donde “Dios atiende”?

- No volvería a Mendoza, pero porque ya rehíce mi vida acá en Buenos Aires. Allá está mi familia y siempre voy a visitarlos. Acá poco a poco y de a pasito voy consolidando mi vocación artística. 

¿Qué te dejó la tremenda repercusión que tuvo tu carta en la prensa?

- Una gran emoción y una gran responsabilidad. De verdad me ha contactado gente de diversas partes del mundo por face preguntando si yo era quien había escrito la carta. Y me llenaban de agradecimiento diciendo que había captado expresar lo que ellos no sabían transmitir y agradeciendo la iniciativa. Gente que me cuenta sus experiencias de vida, similares, diferentes. Gente que se siente cercana porque pude poner por escrito una experiencia común: la de muchos hombres y mujeres que necesitan que la humanidad acepte y asuma que hay gente que es diversa y no por eso condenable.

¿Tenés ganas de dársela en la mano al papa, si no la contesta?

- Tengo muchas esperanzas de que una respuesta va a llegar. Obviamente estar cara a cara con él debe ser una experiencia placentera.

Opiniones (9)
17 de octubre de 2017 | 19:14
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17 de octubre de 2017 | 19:14
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  1. Qué lástima que no podamos disentir sin agredirnos. Personalmente me gustó la nota, sobre todo la valentía de Andrés para dar respuestas a inquietudes que pueden ser de muchos de nosotros. Creo que a los mendocinos nos cuesta dejar de ser pacatos. Hay realidades que no se pueden ocultar.Darles luz a ellas sé que nos hace madurar como personas, ciudadanos. Son hechos sociales que existen y está bueno decirlo. Que cada uno se haga responsable de sus interpretaciones.Gabriel, me gustó tu nota. Gracias.
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  2. EL DOGMA DEL MIEDO, o como diría Eduardo Galeano, vivimos en el mundo del miedo. Sino fuera que los comentarios demuestran una falta absoluta de conocimiento de la realidad, diría que son graciosos. Parecen niños pequeños explicándoles a los padres que han vivo al "Cuco". Que si el autor de la nota es ateo; que en la iglesia son todos buenos; que de esto no se habla y se habla sos irrespetuoso, etc., etc. Una falta total de madurez y además de incomprensión de textos. También ud. Conte hablando mal de la iglesia católica siempre (¿?)...Este rebaño parece no haber escuchado al jefe de sus pastores, es más, piensan totalmente distinto y ni siquiera se dan cuenta. Ellos prefieren esconder la basura debajo de la alfombra, antes de reconocer que hay basura, como también reconocer que el ser humano no es perfecto, es más, como el avestruz tienen la cabeza en un pozo, con la diferencia que el avestruz no cree que así llegará a la vida eterna.
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  3. Sr. waingro (nótese que yo firmo con mi nombre y apellido, sin oculatr mi identidad y no sabemos nada sobre usted, escondido en un pseudónimo): dígame ¿cuál es mi irrespeto y hacia quién en esta nota? Realmente me desconcierta su intolerancia. Chabacano es, en todo caso, calificar a los demás alegremente, como usted lo hace conmigo sin conocerme. Pero vea: me estoy interesando por su comentario, que democráticamente publicamos. Espero que me indique en qué soy irrespetuoso. Mi falta de cualidades ya creo que es irremontable a esta altura... sepa disculpar.
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  4. Señor Conte, mas allà de si Ud es o no catolico, gay o no gay, tonto o no tonte, burdo o no burdo......etc. etc., .......UD. si es un IRRESPETUOSO, y realmente no sè cuales son sus cualidades (que deben ser pocas, una persona isrrespetuosa, no sè que le queda, lo peor), para que un medio prestigioso como MDZ, publique sus........., que se yo, es chabacano y Ud. un irrespetuoso.
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  5. cucu2012: No te asustes, son solo preguntas y una persona que las responde. Por suerte, podés leer lo que quieras y lo que no, no, eso es democracia. Pero que no te asuste un ateo: no se puede ser "cada vez más": y en mi caso lo soy y además, muy respetuoso de todo aquello que creo que merezca respeto. Así de simple. En todo caso, estimado, el que arderá en el infierno soy yo, ¿o no? Un abrazo en la diferencia.
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  6. El título de la nota es muy mal intencionado... qué tiene que ver con el contenido???
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  7. Gabriel Conte, se nota que es cada vez mas ateo, todas sus notas siempre son atacando a la iglesia, buscándole siempre algo en que mancharla, ya no es nota este chico homosexual, cambia el rumbo de tus notas, se te nota mucho!!! . Cada vez te leo menos!! ya te pareces a Padilla!!
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  8. Que me perdone este señor pero siento que su carta responde más a una necesidad de estar en los medios que a la defensa de una causa justa, porque sólo aparece acudiendo al escándalo, porque en tantos años no aparece como un gran actor. Quizá me equivoco pero creo que usa cualquier tema para salir dos días en los medios.
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  9. Entre otras cosas que mira con cariño!
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