Raúl Salinas

"La cárcel está así por impericia y desidia"

Autor del libro "El problema carcelario. Límites del castigo"

“La privación de la libertad no es más que la aplicación de un mal deliberado”. Con esa potente oración, Raúl Salinas, abogado con orientación en derecho penal de la Universidad de Buenos Aires, docente, consultor de organismos internacionales y asesor de la Procuración Penitenciaria de la Nación da inicio a su libro “El problema carcelario. Límites del castigo” (Editorial Capital Intelectual, Bs. A s., 2006).

Además, participó durante el año 2005 de un ambicioso estudio denominado “Lineamientos para un sistema de seguridad pública, democrática y eficiente para la provincia de Mendoza”. Lo hizo desde la organización ILSED y para el Instituto de Ciencias de la Seguridad de la Universidad de Congreso.

Su capítulo del libro publicado y presentado aquí por expertos de la talla de Alberto Binder, Marcelo Saín, Darío Kosovsky y Mariano Ciafardini estuvo enfocado en propuestas para la transformación del sistema penitenciario.

El trabajo cayó en saco roto.

Según Salinas, “entre las consecuencias que genera el encierro, aun el ejecutado en condiciones dignas, surgen para los presos problemas de diferentes características: físicos, psicológicos y sociales”.

Mendoza sabe del problema. Quisiéramos usar la palabra “conoce”, pero tal vez los problemas generados alrededor de nuestro sistema penitenciario pasan demasiado rápido como para que, realmente, se pueda tener una conciencia real de su dimensión y consecuencias.

“Al igual que los bienes –analiza el autor- los males son distribuidos en nuestra sociedad de modo desigual”.

Y es desde allí  donde comienza a auscultar un problema desde lo más profundo, las injusticias anteriores a la comisión de un delito; no por el final de ese círculo vicioso que es el encierro en la cárcel.

Con Raúl Salinas, precisamente, repasamos el estado de situación de nuestro sistema de cárceles, a días de ocurida una nueva crisis que, al parecer, ya está cayendo en el olvido.

- ¿Desde su trabajo para la Universidad de Congreso está al tanto del problema carcelario de Mendoza?

- Mendoza es uno de los distritos que, en el período reciente, ha mostrado severos problemas en materia carcelaria. Desde el “motín vendimial” en adelante sus niveles de hacinamiento y violencia se proyectaron hasta llegar a las instancias interamericanas, como el conocido “Caso de las Penitenciarias de Mendoza ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos".

- ¿Cree que hay solución a los problemas como el hacinamiento o se trata de cuestiones "irreparables" como piensa una porción de la opinión pública?

- Creer que se trata de problemas irreparables sería pensar que se trata de un destino fatal e inexorable.  Mendoza llegó a la situación actual como producto de varias causas muy concretas, además de la  impericia y la desidia. Con voluntad política y un trabajo profesional y serio pueden lograrse transformaciones importantes. Hay muchas experiencias concretas que así lo muestran. 

- ¿Por qué a pesar de la insistencia con la denuncia el mal funcionamiento de nuestra cárcel la situación no cambia demasiado?

- La denuncia usualmente implica exigir respuestas judiciales para la situación de las víctimas concretas de la cárcel, para las personas de carne y hueso y sus familias. No alcanza con señalar las violaciones a derechos humanos, investigarlas, sancionar a los responsables y reparar a las victimas.

Es importante trabajar en el diseño y la implementación de una política pública que genere respuestas serias y sostenibles en la prevención del delito, en la justicia penal y la carcelaria, en cada una de las causas que aportan para configurar el escenario actual.

- Hace poco el CELS,  en su informe alternativo ante el examen mundial de DDHH señaló que todo está igual de mal en las cárceles de Mendoza. ¿Esto se repite en todo el país o el caso de Mendoza es único y paradigmático?

- En líneas generales todos los sistemas carcelarios presentan problemas similares, particularmente en materia de hacinamiento y violencia. Sin embargo, el caso mendocino por su entidad, virulencia y sostenimiento en el tiempo resulta un caso paradigmático.

- Quienes han tenido a su cargo la política penitencia de Mendoza son personas formadas en la materia y muchas veces reconocidas por su compromiso aun fuera de Mendoza. ¿Por qué que no han logrado poner en caja el problema?

- La problemática del control del delito y la gestión carcelaria son dos políticas que responden a un modelo más amplio destinado a gestionar la conflictividad social. Cuando los distintos filtros institucionales creados para limitar y contener la violencia fallan, la justicia penal y la cárcel deben asumir  una gran cantidad de conflictos con muy pocas herramientas para hacerles frente.

Es imposible pretender generar acceso a educación,  salud, vivienda y trabajo a partir del encierro de grandes cantidades de personas.

Por otra parte, los niveles de delegación de funciones en las autoridades penitenciarias, su autonomización del gobierno democrático, la falta de transparencia y las prácticas institucionales violentas no son cuestiones que puedan transformarse rápidamente sin cambios radicales basados en un plan consensuado que cuente con fuerte apoyo político.

Se trata de procesos complejos que exigen sostenimiento en el tiempo y mejoramientos permanentes.

- ¿Hay factores internos de poder que no se han logrado cambiar?

- Pasar de un modelo de gestión tradicional en donde las autoridades penitenciarias se encargan de todo, a cualquier costo y con altos niveles de desentendimiento de las autoridades políticas a otro más moderno, transparente y legalista no es sencillo.

La democratización del espacio carcelario, al igual que sucede con cualquier otro espacio, siempre encuentra resistencias. Esto implica enfrentar décadas de abandono, de prebendas y de slogans y políticas autoritarias que jamás resolvieron ni un solo problema.

- ¿Qué hace falta a nivel político para que el cambio se produzca y la cárcel deje de ser noticia?

- Lamentablemente la cárcel solo es noticia frente a hechos trágicos como motines, revueltas, incendios y muertes. Sin embargo, para poder asumir el problema y su entidad es fundamental tener conciencia del mismo, de los perjuicios que genera y de los costos que insume. Transparentar la situación de la cárcel, generar controles cruzados, aumentar la participación comunitaria y darle mayor visibilidad sin dudas contribuirán a tener cárceles menos violentas.

Para que la cárcel cambie debe generarse una conciencia ciudadana que reconozca como inadmisibles a los hechos que suceden y que genere escrutinio, auditoria pública y presión para las autoridades.

Opiniones (3)
23 de octubre de 2017 | 16:49
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23 de octubre de 2017 | 16:49
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  1. creo q desde cada uno de nuestros lugares dentro de la sociedad, tenemos derecho a pensar cada uno de forma distinta, lo mas importante es respetarnos como seres humanos, si todos tuvieramos la oportunidad de conocer ese valor, y tantos otros , que se aprenden a lo largo de nuestra vida ,podriamos, no tener tantas carceles llenas , ni gente q se queja del sr salinas,ni violencia en las escuelas.
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  2. No se toma en cuenta el problema social pero del otro lado el problema social de las victimas (somos todo la osciedad), siempre se victimiza al que delinque y no se pienza en la vidas destruidas , los suelos rotos, los hijos sin padres, los padres sin sus hijos, el dia que se pience mas an la comunidad y no tanto en los derechos de los que se equivocan creo que empezaremos a ver un p`rincipio de solucion a esto que si es un problema social serio, pero no de un solo lado del espejo
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  3. Este señor igual que Lavado, se dedican a sacar de la carcel a asesinos, ladrones, violadores etc. Tambien quieren que la pasen bien en su lugar de detención, después de haber destruidos familias enteras. Según estos personajes, los derechos humanos son para la gente de mal vivir, en cambio para el resto, solamente hay ignorancia. No podemos perder el tiempo en leer notas a estos personajes nefastos que hacen que los delincuentes queden impunes, y quienes trabajamos, vivamos entre rejas.
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