Antonio Rangel Bandeira

"Si el Che viviera, estaría preso en Cuba"

Politólogo brasileño.

Antonio Rangel Bandeira es un personaje multifacético. Brasileño de Río de Janeiro, fue revolucionario en Portugal, asesor de Allende en Chile, exiliado en Canadá y docente en Nueva York. Fue viceministro de Desarrollo Social de Fernando Enrique Cardoso y secretario de Cultura de su ciudad natal. Es politólogo y, como tal, autor de numerosos libros y documentos de análisis que han servido unas veces como referencia y otras, para la polémica.
 
"Sombras do Paraíso"  (Sombras del paraíso, en español) fue el libro que lo reubicó política e intelectualmente. A lo largo de 543 páginas impresas en 1994, Rangel Bandeira ofrece un panorama devastador de la Revolución Cubana y de la Cuba castrista. Aun hoy, sitios de Internet de unos 10 países hacen referencia a su polémica obra, que fue prologada por el ex presidente de Portugal, Mario Soares y en el que relata su visión personal de Cuba tras una visita efectuada a ese país como "invitado especial" del gobierno de Castro.
 
Durante el diálogo, el autor, carismático, provocador, culto y mundano no dudó en soltar: "Conozco Mendoza desde abajo del asiento de un auto. Así salí de Chile tras la caída de Allende".

Rangel Bandeira es la astilla del mismo palo. Por eso, su pinchadura produjo sangrado y dolor. Lo cuenta aquí, como también demuestra su admiración por el Che Guevara, cuestiona por igual a las dictaduras "de izquierda o de derecha" y analiza qué es el "socialismo del Siglo 21" de Hugo Chávez. 
 
-¿Qué vigencia tiene hoy el análisis político sobre Cuba que hizo en su libro "Sombras do Paraiso", publicado hace 14 años?

-Ya se preveía en él que el régimen intentaría seguir el modelo chino, de abrir gradualmente para la economía capitalista sin democratizar el poder (lo que empieza a intentar hacer), y la eficacia de los controles y la represión de un formidable y sofisticado aparato de seguridad que impide la presión social por la democratización.

-¿Por qué un ex revolucionario como usted escribió un libro en contra de la revolución cubana, tal vez el mayor ícono del marxismo en la actualidad?

-Soy de la generación de 1968, y crecimos tomando como modelo el régimen cubano, que nos parecía destinado a compatibilizar justicia social con más libertad. Nos equivocamos, pues la justicia alcanzada era artificial, basada en los millones invertidos por la Unión Sovietica en la isla, y la libertad se volvió más limitada que en la dictadura de Batista.

-¿Qué consecuancias le trajo en su vida política, personal o intelectual la publicación del libro?

-Como defensor entusiasta de la revolución, yo sabía todo lo que era posible saber del proceso cubano sin haber estado en ese país. Cuando lo visité, como invitado oficial del gobierno en mi carácter de viceministro de Bienestar de Brasil, tuve  la oportunidad de ver todo lo bueno que se había construido en Cuba. Por mi pasado de revolucionario, no me controlaron y es así que pude circular libremente por la isla, ocasión en que descubrí, o confirmé, todo el malo de una dictadura y de la escasez causada por un sistema burocrático y corrompido que no funciona.

Con el libro, no fue fácil criticar el modelo que ocupara nuestros sueños de juventud. Era como que cortar con la posibilidad de mejorar el mundo. Pero como continúo creyendo que es posible el cambio, me costó, pero critiqué la feroz dictadura que se construyó en nombre de un socialismo inexistente. Fui más allá: traté de entender y analizar por qué las revoluciones violentas hechas para conquistar más libertad terminan el gobiernos liberticidas, no solamente en Cuba, ya que también analizo la Unión Sovietica, China y otros países del mundo soviético, además de las dictaduras de derecha.

-¿Qué opinaron sus camaradas?

-Parte de mis amigos rompieron relaciones conmigo, y se negaron a leer el libro. Eso es grave, tratándose de intelectuales. Pero no se atrevieron a criticarlo públicamente, probablemente por les faltaron los argumentos fácticos. Yo uso mucha teoría en mis análisis, pero el libro se basa en hechos  irreprochables.

Así y todo, yo gané nuevos amigos. Fui fiel a mis principios. Asi como luché contra la dictadura brasileña, pagando con dos años de clandestinidad y 8 años de exilio, no podía callarme frente a crímenes semejantes, a pesar de ser silenciados, o justificados, por un pseudo discurso de izquierda.

Una dictadura es siempre dictadura, no importa que sea de derecha o de izquierda. Los daños a los derechos individuales y las consecuencias, acaban por ser similares.

-¿El libro alcanzó alguna repercusión en Brasil?

-En Brasil la repercusión fue grande, com muchas críticas favorables en los medios. Algunos intelectuales de izquierda, ex amigos, se reunieron en el Consulado de Cuba en San Pablo para decidir qué hacer: dicidieron no criticar el libro, no contestarme, para no alimentar el debate. Método típico de las dictaduras, a las que no les interesa las controversias. Una vergüenza para gente que tenía una tradición de lucha por la democracia y la libertad en Brasil.

-¿Y en Cuba?

-Allí naturalmente el libro no entró. Pero Fidel comentó con un amigo común que el libro le incomodaba, porque estaba acostumbrado a ataques de la derecha, no desde la izquierda. Consideró al libro "un torpedo traicionero, un ataque por detrás", según sus propias palabras.

Para mí, fue un elogio, porque trata de demostrar que, comparando la acción de Fidel, ella tiene mucho más a ver con el papel de un caudillo, a pesar de su retórica de izquierda, que con un gobernante socialista. Su régimen siempre fue unipersonal, de culto a la personalidad y total supresión de la crítica. Nada que ver con la teoría marxista, pero con mucho en común con la tradicción de las dictaduras latinoamericanas, más allá de la pantalla de un discurso de izquierda.

-El ex presidente Mario Soares, de Portugal, parece ser más duro que usted en el prefacio. ¿Qué motivó a Soares a prologarle "Sombras do Paraiso"?

-Escribí el libro por dos razones. Una sentimental: yo me reuní, clandestinamente, con varios intelectuales de izquierda, algunos marxistas, en mi viaje a Cuba y ellos me dijeron que no tenían defensores fuera de Cuba. Los críticos se dividían entre los defensores del capitalismo y los defensores de Fidel. No había espacio para la izquierda democrática cubana, que existe, y que no tenía voceros. Me pidieron que denunciara todo lo que vi en Cuba y demostrara que había socialistas y marxistas en Cuba condenados al silencio o en prisión. Esto me provocó un fuerte sentimiento de compromiso y decidí hablar.

La segunda razón fue de orden práctica y de ahí la afinidad entre Mario Soares y yo: reconocíamos algunas conquistas de la revolución cubana y no queríamos que sucediera con Cuba lo que pasó con la Unión Soviética, que perdió todo lo bueno que tenía (salud pública, cierta igualdad social, etc.) y ganó sólo lo malo del capitalismo salvaje.

Como Mario Soares era un líder importante de la Internacional Socialista, queríamos fortalecer en Cuba y en el exterior, a una minoría de políticos e intelectuales cubanos socialdemócratas y socialistas democráticos, creando esa alternativa para romper con la polarización capitalismo versus castrismo. La idea era "preservar las conquistas de la revolución y democratizar el país".

Entonces, el prólogo del presidente Mario Soares es más duro con el régimen cubano que el libro porque él no tenía mayores esperanzas de cambio democrático, era más escéptico que yo, y los hechos demostraron que él estaba en lo cierto y yo equivocado.

En esa época, yo tenía una esperanza, aunque remota, de que Fidel siguiera los pasos de Gorbachov. De entrada, por su dependencia económica de los rusos, quemó la posibilidad de democratización. Hasta la feroz censura de los medios se volvió menos implacable. Pero los que entonces se manifestaron, incluso varios periodistas, fueron después detenidos y torturados. Algunos terminaron escapando hacia Brasil.

-¿Se arrepiente de su publicación o está conforme, frente al panorama actual de Cuba?

-Yo terminé influyendo en la izquierda de otros países, que pasó a ver el régimen de Cuba con ojos más críticos y menos crédulos y dogmáticos. Pero mi frustración fue no haber influido dentro de Cuba. En estos momentos uno ve la importancia de la censura en el impedimento del debate y las transformaciones políticas.

-¿Tuvo posibilidad de discutir el contenido de su libro con algún miembro del gobierno cubano?

-Es que no me permiten volver a Cuba. ¿Cómo se puede defender un régimen que no permite a un intelectual, que dedicó toda su vida a luchar por justicia y libertad, a entrar al país? La supresión de la crítica es absoluta, y es incompatible con las enseñanzas de Marx, un extraordinario crítico y defensor de la libertad de expresión. Por eso insisto: a pesar de los colores "revolucionarios", el régimen cubano se inserta en la tradición de las dictaduras latinoamericanas subdesarrolladas y caudillescas.

La apertura de Cuba

-Fidel abandonó el poder formal en Cuba. ¿Hacia dónde cree usted que llevará ese camino?

-El sistema no funciona. Cuando la Unión Soviética se democratizó, y cortó los imensos subsidios económicos, el sistema cubano entró en colapso. Yo lo vi allí, cuando visité Cuba en 1992. Ineficiencia y corrupción, son las características del "modelito".

Se habla de la "responsabilidad del bloqueo de Estados Unidos". Cuando estuve en la isla, Cuba tenía relaciones económicas con 48 países y ahora las tiene con muchos más. El bloqueo siempre fue un pretexto para no abrirle espacio a la crítica y a la oposición interna. En ese aspecto, la política de Estados Unidos siempre benefició a la continuidad de la dictadura y se ha mantenido así porque es la política interna de Estados Unidos: son los votos de la numerosa, influyente y rica colonia de cubanos que determina la posición de Washington.

El mayor soporte de la dictadura de Fidel siempre fue la intransigencia de los gobiernos de Estados Unidos, a pesar de las aparencias en contrario. Uno necesita del otro para mantenerse en el poder.

¿Sigue usted pensando igual que Alina, la hija de Fidel, que la revolución se tornó "una pesadilla"?

-Es una verdadera pesadilla. Imagine lo que significa ser un hombre con mentalidad libre, con pensamiento crítico en una isla cerrada, de donde no puede salir, donde todos los empleos son públicos. Es decir ¿que si criticas, pierdes el empleo y no tienes qué comer? Control absoluto sobre el ser humano. Peor, si tú no manifiestas apoyo al gobierno, firmando manifiestos, yendo a las reuniones del Partido Comunista o a las marchas de apoyo al gobierno, simplemente pierdes los pocos derechos que uno tiene de comprar alimentos, objetos esenciales, de ser promovido en su trabajo, además de ser insultado.

Deprimido, angustiado, sin poder hablar o publicar nada que sea crítico, uno ni siquiera puede tomar un tranquilizante, porque todo está controlado (el alcohol es caro y el cubano puede comprar ron a buen precio una vez por año, en el día de los novios, en "San Valentín").

Decir que es ua pesadilla, en verdad, es poco. La dictadura ha hecho de Cuba un verdadero infierno para los hombres de alma libre y espíritu crítico.

-¿Piensa que el pueblo cubano quiere cambiar?

-Si es comparada con la Alemania comunista y con la Unión Soviética, Cuba ha desarrollado un sistema más eficiente y total de control sobre el individuo, mucho más sofisticado.

Por ejemplo, no es la policía la que allana la casa de un eventual crítico. Es "el pueblo". Es decir, miembros del partido o de los consejos de la Revolución, que son llevados a atacarte para que luego se diga que "es el pueblo y no el gobierno quien te ataca".

Cada consejo de la Revolución, en cada cuadra, se dedica a controlar toda tu vida, desde la actividad profesional hasta la vida intima. Fidel ha vuelto los modelos totalitarios idealizados por George Orwell y otros teóricos en una realidad tenebrosa.

Ese sistema total de control hace que el cubano sea un pueblo ignorante de lo que sucede en el mundo y en su proprio país. Apenas sabe lo que le muestran los medios censurados, que además son malísimos y aburridos. No hay periodistas en Cuba. Son todos voceros del partido y de Fidel. Nunca se cuestiona. Se pregunta lo que se juzga que el gobierno desea que se pregunte. Las entrevistas son una farsa. No hay debates. Apenas el discurso oficial monótono ¡y desde hace más de 50 años!

-¿Por qué la gente no se manifiesta en contra de todo esto que usted señala?

-Las consecuencias de lo que digo son que la mayoría repite la retórica oficial como se fuera una oración, repetitiva y sin conciencia crítica. Sin información alternativa, creen en las autoridades. Pero muchos simplemente se desconectan, no escuchan, no se interesan más por nada que sea de interés colectivo, viven en un mundo de sombras, de miedos y de poca esperanza. Los intelectuales, o se corrompen, o viven en la depresión y el desencanto. O se matan. Los índices de suicidio, según me confió una psicóloga cubana, es el más alto del mundo, números que son escondidos, naturalmente.

Durante muchos años yo creía en las estadísticas cubanas, que los ponen entre los campeones en educación y salud. Conversé con muchos técnicos y observé cómo son manipuladas y controladas. Lo que es malo no aparece.

Un amigo, asaltado en una calle de La Habana, no consiguió registrar el evento como robo; tuvo que firmar un documento en la policía diciendo que había "perdido" su cámara, pues, según le afirmó el policía, "en Cuba no hay robos".

-Sin embargo, se destaca como méritos de la Revolución el alto nivel educativo y el acceso a la salud por parte de la gente...

-Cuando mis amigos, que todavía tienen una necesidad psicológica de creer en la Revolución cubana, reconocen que, "está bien, en Cuba se tortura, no hay libertad, hay mucha corrupción, pero le han dado educación y salud al pueblo. Hay que preguntarse: ¿que educación reciben? ¿De qué vale una educación dirigida, dogmática, que no enseña a pensar, sino solamente a repitir el discurso oficial? Y la salud pública, mantenida por décadas con la plata soviética, ahora, sacrificando otros sectores, incluso la alimentación, está en decadencia total. Hay farmacias a precios populares, pero casi no hay medicinas. Hay muchos médicos, pero que reciben 30 dólares al mes, y que ruegan poder ir trabajar a otro país, admitiendo que, aun así, el gobierno les tomará 80% del sueldo que reciban en el exterior.

El gobierno vive de aparencias y de palabras. La censura y la represión impiden las manifestaciones de descontento y que la mayoría de la población tome conocimiento y consciencia de sus problemas. Creen que en los demás países la situación es peor, y que la culpa por una economía que no funciona es del imperialismo norteamericano. Un mundo de fantasías y de humor negro. El escapismo son los chistes, desde que no se refieran al propio Fidel, en público, porque en la sordina se ríen del "líder máximo".

Chavez y el futuro de la isla

-¿Que papel le otorga usted a Chávez en el futuro de Cuba?

-El coronel Chávez (y no se olvide que Chávez empezó como un militar golpista lationoamericano más) es un Fidel con petróleo. Está siendo un aliento para el régimen cubano, subsidiando petróleo en una economía que no tiene cómo comprar combustible al precio de mercado. Cuando estaba en Cuba, el país estaba casi todo parado. La gente caminaba horas hasta el trabajo o simplesmente no iba a trabajar. Chavez es un retroceso en América latina, una realidad que vivíamos décadas atrás, con demagogos manipuladores que destruyeron lo poco de instituciones democráticas que teníamos en nuestros países.

Es más un caudillo, que peor aún que Fidel, no está haciendo ninguna reforma social importante, pero que distribuye alimentos a los pobres y armas a sus partidarios, y no crea empleos o fortalece la organización independiente del pueblo. Chávez es una caricatura de Fidel, y su influencia está toda basada en su capacidad de comprar gobiernos vecinos com el poder del petróleo. Cuando vislumbrábamos una salida para Latinoamérica, que fuese una propuesta socialdemocrática, compatibilizando justicia social con libertad, como los gobiernos de Lula en Brasil y de Bachelet en Chile, Chávez representa un triste retroceso, que no hace más que reforzar a los conservadores e Estados Unidos, dándoles argumentos.

-En voz baja, algunos dicen que Venezuela podría anexar o apadrinar a la Cuba post Fidel. ¿Es un exceso de imaginación? ¿Cómo ve esta posibilidad?

-Cuba, cuyo sistema económico no se mantiene solito, necesita desesperadamente de la ayuda de Chávez. pero se ven algunos pequeños pero simbólicos intentos de liberalización económica con Raúl en Cuba. Mientras tanto, Chavez estatiza. Va a llevar a Venezuela al desastre, en lugar de aprovechar el alto precio del petróleo para industrializar el país. Al contrario, están importando hasta lechugas, la inflación se dispara, los alimientos desaparecen y Caracas es hoy la capital más violenta del mundo, estimulada por la corrupción del gobierno y de la policía.

-¿Cree que es viable el "socialismo del siglo 21" que impulsa Chávez? ¿Qué es en comparación con los socialismos conocidos hasta hoy?

-Eso de socialismo no tiene nada. Llamar a la estatización de la economía y supresión de la libertad de información, de socialismo, es desconocer que el nazismo también lo hizo. Lo que hay en Chávez son sólo iniciativas tendientes a controlar la opinión pública, callar a las  voces críticas y a la oposición, y construir una cultura de culto a la personalidad. En la economía, controlar artificialmente los precios y estatizar. Estas son fórmulas viejas, de los años 50, hace tiempo superadas como parte de los equívocos cometidos por la izquierda. Revivir este modelo de nacionalismo estatizante es, parafraseando a Marx, "repetir la historia como una farsa".

-Usted plantea en el libro que Cuba buscaba instaurar el modelo chino. Hoy es evidente que no sucedió de esa manera. ¿Qué pasó en Cuba? ¿Cómo cree que funciona a pesar del bloqueo?

-Creo que intentan en lo básico el modelo chino de "capitalismo de Estado", principalmente ahora con Raúl. Una característica del modelo cubano es la estructura de poder económico no basada en el Partido Comunista, aunque sí en las fuerzas armadas. Los militares se volvieron los administradores de las empresas estatales, y con eso, com los privilegios que tienen en relación a los civiles, el partido mantiene los militares leales al gobierno. Cuando alguno se rebela contra la corrupción, como sucedió con el general Ochoa, héroe de la guerra de Angola, los fusilan por "corruptos".

Las últimas pequeñas reformas promovidas por Raúl, permitiendo que se compre teléfonos celulares, computadoras u otros eletrodomésticos (a precios inaccesibles a quien no recibe propina de turistas o plata que llega desde Miami), fueron criticadas por Fidel porque él sabe el peligro representado por teléfonos celulares y computadores, que podrán permitir que el pueblo se informe y escape al control férreo del partido. Fidel sabe que no hay dictadura "más o menos". La información libre, por pequeña que sea, hace pensar, libera las consciencias. Funciona como uma bola de nieve: cuando se prueba la libertad, si quiere más y termina el conformismo, ya que el coraje nace de la conciencia.

Otra característica del régimen es que no hay un culto al partido o al gobierno. El culto es a Fidel. Cuando yo estaba ahí, uno podía criticar blandamente el gobierno o a algún ministro, pero nunca a Fidel. Yo busqué en las librerías libros marxistas, desde los clásicos hasta los actuales y no existen. Sólo se pueden acceder a libros de Stalin y los discursos de Fidel. No se estudia marxismo en Cuba, sino los discursos de Fidel. No se encuentran libros de Gramsci o otros teóricos modernos del socialismo. El régimen no es marxista, es castrista. Como podría ser "trujillista" o "getulista". Pero dictadura al fin, siempre, en nombre del pueblo.

Su experiencia en el Chile de Allende

-¿Qué diferencia hay entre Allende, con quien usted colaboró y Fidel?

-Allende era un socialista democrático, un político de excepcional habilidad y un espíritu democrático, que escuchaba, que dudaba, que buscaba convencer por el consenso y la persuasión. Un político extraordinario. Con respecto a Fidel, puede decirse que los iguala su habilidad política. Pero Fidel es megalómano, un paranoico que nunca se acostumbró, desde sus épocas líder estudantil, a resolver las cuestiones por medio de la violencia y por la fuerza. Su formación jesuítica, que encontró guarida en el leninismo y el stalinismo (y nunca en Marx o Engels), reforzó su personalidad de comandante militar, que es lo él es. No tiene ética. Usa todos los medios para conseguir los resultados que él cree son beneficos para el pueblo, como Robespierre. Es un fanático vanidoso, que eliminó físicamente a todos sus oponentes o críticos que han puesto en riesgo su dictadura unipersonal dentro del partido.

No dudo de sus buenas intenciones, pero de ellas está lleno el infierno. Es del tipo de los que "matan para su propio bien". O, como decía Nietzche, "tiene compromiso con principios, y no con las personas concretas". Es el padre que decide lo que es mejor para el hijo adolescente, sin escucharlo, sin darle libertad de elección. Pero es la educación que ha tenido y 50 años de poder unipersonal solo fortaleció su vanidad y megalomanía. Es un jacobino moderno, que mata, asesina y provoca destrucción, creyendo que está construyendo la vida y la paz. Cree que los fines justifican los medios, cuando sabemos hoy día que los medios determinan los fines.

-¿Allende comprendía esas diferencias? ¿Tenía discrepancias con Fidel?

-Eran políticos totalmente distintos, a pesar de se respetaban. Por otra parte, la Revolución Cubana todavía tenía un aura de romantismo e idealismo en la época de Allende y Fidel objetivamente ayudó a Allende a controlar la ultraizquierda del "Mir", que en ese tiempo, por su extremismo, solo le daba argumentos a la oposición de Allende.

Como orador, Fidel era superior. Yo lo escuche durante 6 horas, al rayo del sol durante su viaje a Chile. Aunque Allende también era buen orador. Fidel tiene un perfil de un comandante militar y nada más, ese es su estilo. Mientras que Allende era un político democrático, abierto y generoso.

Yo creo que los dos se semejaban por la habilidad. Pero finalmente, es más hábil el que convence y no el que impone.

-¿Cómo cree usted que hubiese sido un Chile sin Pinochet y con la continuidad de Allende en el poder?

-Yo viví dos años exiliado en Chile, durante el gobierno de Allende y el país venía de una tradición de democracia ininterrumpida. Eso se reflejaba en la fuerza de las organizaciones de masa, en la democracia participativa y en la capacidad política de sus políticos que no eran buenos teóricos, ya que la academia era subdesarrollada, pero los políticos tenían una gran práctica y experiencia acumulada y por eso eran tan habilidosos y excelentes oradores. También caracterizaba la época la la independencia y emancipación femenina, en el debate y crítica permeable a toda la vida social.

Chile no parecía parte de América latina. Con Pinochet, ese país se volvió como lo peor que ha tenido nuestra América del Sur, lo más retrasado, retrógrado y oscurantista.

Con Lagos, a quien conocí cuando eramos colegas en la Flacso y él era solo un sociólogo allí, y con Bachelet, Chile avanzó muchísimo. Eso nos da una idea de lo que podría ser Chile si nunca si hubiese interrumpido la democracia o si al menos no se hubiese retrocedido en su progreso social y cultural, ya que hay que reconocer el avance económico de la época de Pinochet.

Es un país excepcional,  que en algún momento se volvió un país triste. Muchos años de dictadura cambian la personalidad de un pueblo. También lo viví en Portugal que fue un país de avanzada en el siglo pasado, con movimientos y reformas sociales de vanguardia y después de 48 años de dictadura, se tornó resignado, conformista y mezquino. La democracia está restaurando la vena crítica del portugués.

El Che

-En su libro afirma que si el Che Guevara estuviera vivo, estaría preso. ¿Qué quiere decir con esto?

-El Che no se conformaba con reducir a Cuba a ser un satélite de la Unión Soviética. Además, quería promover revoluciones violentas en todo el mundo, en su romanticismo, lo que también contrariaba la política soviética de coexistencia pacífica.

Su salida de Cuba fue una mezcla de ausencia de espacio dentro de la isla, de haber sido incentivado a irse y de realizar sus sueños quijotescos. Se volvió un elemento disonante e inconveniente con la institucionalización y burocratización de la Revolución Cubana.

-¿A qué atribuye la dimensión que ha alcanzado la figura del Che en el mundo entero?

-Simboliza el compromiso con la lucha por un mundo más justo e igualitario, la disposición de sacrificarse por ello, de entregar la vida a los humillados y ofendidos. Un santo. Por erso fascina a los jóvenes y religiosos idealistas. Esa es la imagen. Claro que prevalece en ella sus intenciones abnegadas y su postura de mártir, pero se oculta los métodos que utilizó, fusilando a centenares de opositores sin derecho a la defensa en los primeros días de la Revolución. Y su defensa de la violencia revolucionaria. Pero así era la izquierda en ese tiempo. Si hubiéramos tomado el poder en los años 60, hubiésemos hecho lo mismo. No habíamos aprendido que no se construye una democracia con métodos antidemocráticos y que la justicia social se transforma en corrupción y privilegios, es decir, en desigualdad, cuando se suprime la libertad.

-Su libro pone en duda las verdaderas circunstancias de la muerte del Che. ¿Cuál es su teoría?

-Es difícil saber si la falta de apoyo del Partido Comunista Boliviano a la guerrilla del Che fue pura consecuencia de su fidelidad a Moscú o si además reflejó la posición oculta de Fidel, que veía al Che cada vez más como un obstáculo.

Pero la verdad objetiva es que la falta de apoyo de los sindicatos bolivianos abrevió la derrota del Che que estaba destinado, inevitablemente, a la derrota en aquella coyuntura. Sus teorías, hoy lo vemos, eran voluntaristas e ingenuas y estaban destinadas al fracaso, más allá de su idealismo y sacrificio. Yo admiro mucho la personalidad del Che, su postura de sacrificarse por el bien común. Pero políticamente era ingenuo. Estaba más para santo y mártir que para um reformador social.

-Usted visitó, para escribir su libro, a la familia de Chichina Ferreyra, en Córdoba, una antigua novia millonaria del Che. ¿Qué logró descubrir en sus conversaciones con ella?

-Primero que nada, constaté que la personalidad anticonvencional del Che ya estaba presente en las actitudes del jovencito Ernesto. No se adecuaba a las formalidades de la familia rica y conservadora, por ejemplo, no usando corbata en las cenas elegantes de los Ferreyra. Pero los conquistó a todos por su inteligencia, incluso, ganando las partidas de ajedrez. Era un joven con personalidad fuerte, convicciones, curioso sobre todo y que les encataba a las chicas. Daba plata a la sobrina de Chichina, Magda, que tenía unos 7 años por entonces, para que fuera a comprar helado y le dejara solo con Chichina en el zoológico.  Era un joven seductor, como otros, pero serio, interesado en los demás. Al contrario de las generaciones actuales, con jóvenes que solo piensan en si mismos, ya se revelaba su personalidad de verdadero socialista, es decir, un hombre dedicado a mejorar la vida de los necesitados. Lo que también es la definición de un verdadero cristiano.
Opiniones (18)
22 de agosto de 2017 | 12:06
19
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22 de agosto de 2017 | 12:06
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  1. PESIMA NOTA BRASUCA OPINOLOGO
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  2. SIRVIÓ NADA MÁS QUE PARA ESTAR EN LAS REMERAS DE LOS QUE NO SABEN NADA DE ESTE PERSONAJE SOMBRÍO Y ASESINO DE CAMPESINOS QUE PENSABAN DISTINTO A ÉL.
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  3. Excelente. Pocas veces leí artículos de este tipo, donde el entrevistado , en lenguaje simple, sencillo y claro coincide con la visión personal que tengo del Che y de lo que dejó atrás cuando salió de Cuba. Fidel hace mucho contra el socialismo real que debería tener la isla, dandole razón de existir a la contra recalcitrante y tenebrosa que opera desde Miami. Su opinión sobre Salvador Allende refuerza mi pensamiento sobre un excelente y malogrado pilar del socialismo con democracia. Pilares que nunca tuvimos ni tendremos en nuestro país.
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  4. A este lo trataran de cayar. Diran que a vendido su pluma al imperio y diran toda clases de calumnias para descreditarlo y desprestigiar sus libros y pensamiento.
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  5. hay una faceta de la personalidad de Fidel de la que solo se ha hablado a pedazos. me refiero a como se ha librado durante años de aquellos que le hacían sombra o que simplemente habiendolo apotado, devenían en molestos personajes ante losojos de Fidel. Queda mucho por decir al respecto. Nos preguntamos todavía muchos cubanos como murió Camilo, donde está su cuerpo...salió alguna vez de aquel aeropuerto en camaguey, y que pasó con el Che...Fidel encontró un aliado mayor en la URSS, el Che era una mancha para esa alianza y había que eliminarlo...que pasó realmente con el general Ochoa y todos los fusilados en la causa No. 1 y 2. Por que desapareció a yanuza cuando le hizo saber que los 10 millones no iban...y así con todo el que se le opuso, con aquel Ministro de salud que le dijo que la polineuritis que empezaron a padecer los cubanos estaba relacionada con el deficiente sistema alimenticio de los cubanos...El día que se sepa de la misa la media nos vamos a quedar patidifusos...mis queridos amigos...
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  6. es contradictorio el solo echo de pensarlo ,pero no esta mas alla de la verdad , conociendo la personalidad de fidel y de su hermano raul ,en rasgos separados ,es posible no solo preso sino deportado de cuba ,y condenado al exilio ,ademas el che tenia ideas mas abiertas , y como lider ,no tenia cominos en cuba ..gracias ..
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  7. Muy acertada, la consideración de Rangel. Yo viví los primeros nueve años de esa Revolución. Y sin lugar a dudas, el Che, estaba fuera de lugar, en esa Revolución, que no era, ni socialista, ni Maxista, sino simplemente Castrista. Un hombre que pensaba por si mismo, que tenía sus propias ideas, estaba fuera del juego y desde luego listo para ser eliminado por Castro.
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  8. Porque contrastaba con la personalidad de Fidel, no puede haber dos gallos en un gallinero. Yo entregúe mi vida, mi sudor y mi sangre a la Revolución cubana , como elemento de pueblo, no tuve cargos ni puestos,ni privilegios, sí leí y viajé lo suficiente dentro y fuera de Cuba para aprender a pensar por mí mismo, por eso me identifico con los puntos de vista del señor Bandeira y discrepo en los menos, y por eso ya no vivo en Cuba. He tenido la oportunidad de vivir la experiencia maravillosa de una revolución social y la experiencia desgarradora de su transformación en el experimento de un loco con poder de convencimiento, aprendí a descodificar la "batalla de ideas" de Fidel, a leer entre líneas y me convertí en un crítico comprometido con MI verdad. tengo ningún acceso a documentos de esos que se desclasifican según las conveniencias, pero nadie me puede quitar lo bailao con la sociedad cubana, mis relaciones con opositores, fanáticos y aprovechaos de la Revolución cubana, me considero lo que alguien llama un "sobreviviente" lúcido y saludable de la Revolución castrista acontecida en cuba, yo no la llamaría nunca más revolución "cubana" poeque fidel castro ruz no le llega al pueblo cubano ni a la altura del polvo de las plantas de los pies de ese "noble pueblo cubano", única verdad que ha dicho en su vida fidel castro cuando lo llamó así. Le ofrezco al señor Bandeira mi memoria histórica y mi correo electrónico, y me sentiría honrado en intercambiar opiniones y otras. Gracias por darme la oportunidad de expresarme.
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  9. Todo bien, pero quién escribe los mensajes, los amigos del autor???????
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  10. la nota es muy polemica,lo que si es mas facil criticar que construir,el capitalismo lleva miles de años,la opresion a los pueblos desde la esclavitud hasta la actualidad y el socialismo no llego a 100 años.eso le falta desarrollar a don bandeira.
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