Facundo Mercadante

"La relación entre el escritor y el lector nunca se rompe"

Novel escritor mendocino.

Entusiasta, locuaz, chistoso, un creativo hiperquinético de mirada atenta. Así es Facundo Mercadante. Abocado a la escritura desde los 7 años, este joven lujanino se adentra con convicción en los mares de la narrativa y siempre llega a buen puerto.

Con varios cuentos y relatos en su haber, y otros tantos en el tintero, esos que todavía no salen a la luz, “El Facu” es de los que se anima a pararse en un bar a recitar, con voz bajita pero convencida, todo lo que tiene para decir, que no es poco.
 
Al leer sus cuentos (muchos de ellos premiados y publicados en distintos concursos), uno se queda con la sensación que de detrás de ese universo ficcional hay un tipo profundo preocupado por la esencia de las cosas, aquello que oculta la punta del iceberg.

Polifacético, si los hay, ha incursionado también en propuestas teatrales cual venturoso explorador de las aristas por las que discurre la expresión.

Sin ir más lejos, el año pasado participó en “Concierto de telarañas”, obra escrita por Rosa Figuero que lo llevó a compartir escenario (bajo la dirección de Benito Talfitti) con figuras de la talla de Ibis Lucero de Chéparo, Marcelo Duval y Juan Carlos Guerrero, entre otros.

También es integrante de un colectivo artístico que lidera el pianista Mariano Cacciavillani (juntos fundaron la agrupación). “Estrategia que nos une” fue el nombre que recibió el espectáculo multimedial en el que Facundo participó con sus textos en el 2007. El resto del colectivo lo componen Andrés Concatti, Marcelo López, Carlos Púrpura e Yvan Conna.

En el diálogo que sigue, Facundo nos convida con un relato particular en los que entreteje fragmentos de su historia personal y su manera de entender el mundo.

- ¿Tu infancia estuvo marcada por la lectura?

- Mis viejos eran muy lectores y me estimulaban mucho (comprar un  libro era más barato que un juguete) y me acercaban a gente que leía. Mi vieja es escritora también, aunque ahora está un poco retirada de las letras pero tiene una gran trayectoria. Ella iba a talleres y me llevaba a mi que tenía 6 años, me tiraba en el piso y ¡quería que colorease!, yo copiaba lo que ellos decían. Después, en la adolescencia, sentía que no encajaba y aunque esa sensación me gustaba, tenía que cumplir con roles sociales, tener amigos, una novia, no podía estar todo el día leyendo. Más grande sí saqué todo lo que me gustaba: escribir, leer, el cine, la música.

- ¿Te acordás a qué edad empezaste a escribir?

- A los siete u ocho años y escribía mucho mejor que ahora. Es más, estoy tratando de volver a esa época (risas). Hacía una especie de prosa poética. El otro día encontré textos de aquella época y dije: “loco, ¿qué le pasaba a este pendejo por la cabeza?, ¡si mira Carlitos Balá!”. De todos modos no escribía siempre, sino muy de vez en cuando, como me pasa ahora.

- ¿Cuáles son estímulos o materia prima?

- Lo que te va pasando, aquello que vas viendo cuando vas caminando. Difícilmente podría escribir sobre el movimiento político del África, sin sentir algo de lo que están sintiendo esos tipos. Aún escribiendo algo que sucedió allá lejos y hace tiempo, tiene que hacer algo que me haya tocado. Por ejemplo, hay un cuento, “El abrazo” que salió publicado el sábado en diario Los Andes, mi viejo no lo había leído. Narra su despido de YPF mezclando elementos reales y otros de ficción. Para ese cuento, lo que me estimuló fue una imagen, el recuerdo de dos tipos abrazados (mi viejo y un compañero). Al fin y al cabo te das cuenta que se termina escribiendo sobre uno.

- Uno de tus cuentos, “Las cosas tienen movimiento” tiene el nombre de un tema de Fito…

- Estaba empezando a hacer la tesina y me metí en el tema de cómo se conocen las cosas. La idea era que demostrara, de manera absurda, cómo el hombre quiere aprehender las cosas. Le puse el nombre del tema de Fito pero se parece a una especie de tratado o ensayo que al final se transforma en crónica. Me gusta que tenga algo de absurdo. Nació un poco de reírse de lo que es lo científico y lo paradigmático y de cómo quiere hacerse el hombre del mundo cuando el realidad, nada que ver.

- Escribir, para vos, ¿es una catarsis, un placer, un ejercicio?

- Si no tiene placer no sirve para nada, pero ese  placer es muy egoísta, se basa en decir: “¡qué bueno lo que me salió!”. Pero en realidad, y ahí viene la parte del ejercicio, el hacerlo transmisible te provoca muchísima más satisfacción. En el fondo uno siempre quiere, intuye, desea que otros digan: “qué bueno está!” y que les guste.

- Supongo que tendrás influencias…

- Sí, lo que voy leyendo me va metiendo, sobre todo, en distintas maneras de contar . Las temáticas sobre las que une escribe no terminan siendo muchas. Son cuatro o cinco disfrazadas, la perspectiva la vás tomando de otros autores porque te gusta la forma de contar. El último que me ha gustado muchísimo por la forma de ver y de contar que tiene, es Juan José Saer. Había leído hace un par de años algunos de sus libros: “Cicatrices” y “Las nubes” y ahora agarré “Glosa”, escrito hace 30 años y es impresionante. Después, los de siempre, los que son dignos de recitar: Cortázar, Borges, Bukowski, Kafka (que me ha vuelto enfermo). Esta pregunta me hizo acordar a un texto de Rolando Concatti sobre un escritor que decía: “yo no leo a otros para no influirme” (risas).

- ¿Por qué elegiste Administración y no Letras?

- Nunca se me pasó por la cabeza estudiar Letras. Me parece que ese estudio sistematizado pasa por el lado de una conexión. Me parece fabuloso que un tipo que tiene toda la vocación de escritor alcance a conocer los autores, los estilos y las maneras de escribir, porque es un tipo completísimo. En principio sentía que me alcanzaba con mi vocación pero después me di cuenta que eso era totalmente erróneo, porque se deben tener muchísimas herramientas y las herramientas te las da la lectura o el estudio. No estudié Letras y no lo haría ahora, pero hoy, cuando leo, ya no lo hago bajo esa mirada de placer porque ya estoy pensando cómo ha logrado contar algo el escritor.

- ¿Sentís o creés que existe una camada de escritores jóvenes mendocinos?

- Sí, aunque creo que hablar de nueva generación o camada es medio subjetivo. Haciendo una comparación con los sentidos, los que yo tengo para decir que sí son dos: la gente que conozco que escribe, que es joven; y los que he visto publicados. Por eso, desde donde yo estoy parado, creo que sí. Es más, hay cuatro o cinco que son espectaculares, diez que son buenísimos y otros tantos que tienen ganas de escribir, que es lo más importante.

- ¿Cómo ves el círculo de las letras en Mendoza?

- Está medio parado, está faltando crecer en todo sentido. Cuando en el crecimiento lo cultural viene rezagado, o con una noción de cultura unívoca el tema se complica. El caso de las editoriales, por ejemplo es todo un tema. Es cierto que casi no hay gente que lea, pero en otros lugares donde pasa lo mismo, es otro el trato que se le da a la gente que está en la Literatura. Es muy valioso salir a encontrarse con un público y leerle lo que une escribe con la cara y la voz propia, es una experiencia única. En eso estamos parados, en el movimiento literario, tiene que haber más. Hace años Luján tiene un movimiento increíble...

- Participaste de varios concursos y obtuviste premios, ¿eso es sinónimo de éxito?

- Mirá, si vos sacás la cuenta de lo que me costó sobornar a cada jurado, te diría que no, porque aún no termino de pagar el crédito (risas). No le escapo a los términos de éxito o fracaso, ambos funcionan en uno. Cuando me vi publicado por primera vez casi me muero, pero lo que para mí sería una pizca de éxito es sentirse satisfecho, satisfaciendo al otro. Publicar un libro y que salga en las librerías, eso sería una pizca éxito. Además el tema de los concursos es muy subjetivo.

- ¿Pero llevás la cuenta de los premios recibidos?

- ¿Sabés que no? Me compré un ábaco (risas), aunque ha habido dos o tres importantes. Pero sí hubo premios de chico que me quedaron grabados porque me regalaban libros. Eran concursos que hacían acá en Luján, nos presentábamos y los de la escuela primaria después te felicitaban. Pero volvemos un poco al cuento “Las cosas tienen movimiento”, te dicen que sos bueno y te la terminás creyendo. A mi me pasó eso de chico, tanto estímulo hizo que eligiera siempre leer.

- Hablando de leer, ¿qué escritores locales te gustan?

- Juan López me gusta muchísimo, me he vuelto incondicional. Me parece interesantísimo, me gusta, me ha servido, lo promociono y lo seguiré promocionando. Siento también mucho respeto por Pablo Colombi, porque creo que realmente está en otro nivel. En su narrativa utiliza otras herramientas, otras miradas. Lo mismo por Rolando Concatti. Tengo la suerte de conocer a los tres. Y Benedetti, por supuesto, que es una locura.

- Estás ligado a espectáculos teatrales y otros en los que participás con tus textos…

- Viene dentro de la onda de pensar que la relación escritor- lector no se rompe (sea a través de Internet, o de un libro), de salir a buscar, de darle otro vestido a la palabra. El teatro particularmente me gusta porque es una tarea pendiente. Me hubiera gustado interpretar textos, ser un buen actor. Ahora estoy participando junto a un grupo increíble en el cual me siento muy bien.
Opiniones (2)
20 de agosto de 2017 | 14:29
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20 de agosto de 2017 | 14:29
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  1. A falta de un adjetivo más preciso diré que la nota me parece macanuda. Igual que esta intención siempre sana de MDZ de promocionar autores locales y encima jóvenes. Gracias por ello. Facu, un saludo grande.
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  2. Es genial que los escritores mendocinos puedan tener un espacio a través de este medio y Facundo, particularmente, se lo merece. Felicito a quien escribió la nota, acompaña perfectamente el tinte literario al que hace referencia.
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