Carlos Cara, "el Maestro" Cara

Semblanzas de Bufano en el relato de un alumno

A 60 años de la desaparición del gran poeta mendocino, entrevistamos a su alumno para conocer sus anécdotas con Bufano.

Carlos Cara es hoy un hombre de 83 años que lleva su edad con una vitalidad sorprendente. Cuando pasamos por su casa a buscarlo en el horario concertado, nos pidió un instante para ultimar algunas cosas en su casa antes de salir, y cumplido su trámite, llegó a nosotros con paso vivo y cruzando la acequia sin utilizar el puente, con un ágil salto.

Invitamos a Don Carlos porque tuvo el privilegio de ser su alumno y nos dimos el doble placer de escuchar su relato sobre las anécdotas que recuerda de Alfredo Bufano. Placer duplicado, porque además de su vasto conocimiento sobre la obra y tra yectoria del poeta, la elegancia de su conversación es en sí misma un implícito homenaje a las cosas buenas que le enseñó su maestro, y por su puesto, sumamente agradable de escuchar.

Ya instalado en la redacción del diario, nuestro invitado comenzó sin rodeos a relatarnos todo cuanto sabe sobre Bufano, especialmente recordando sus años mozos, cuando recibía sus clases de Castellano y Geografía, en las aulas de la vieja Escuela Normal, ubicada en lo que hoy es la esquina de Buenos Aires e Hipólito Yrigoyen, luego trasladada a donde hoy funciona la Facultad de Ciencias Económicas de la UNC, en Avda. San Martín, entre Luzuriaga y España.

“Bufano fue profesor mío, aunque no tenía ningún título académico, era un autodidacta total. Tenía 4º grado, salió de la escuela Vélez Sarsfield de Guaymallén. Él mismo lo va diciendo en sus versos. Según una biografía de María Angélica Cichero de Pellegrino, nació en Italia, no en Guaymallén y en pañales cruza el Atlántico y llega a ese lugar. El no recuerda su lugar de nacimiento, se hace mendocino y dice ‘yo nací en Mendoza y en Mendoza quiero morir’ en distintos versos, en su gran obra poética va nombrando ese detalle".

"Otras personas dicen que nació en Guaymallén, pero según esta biógrafa, con datos dados por el hijo de Bufano, el padre del poeta llegó muy pobre y se instalaron en Guaymallén. Su madre se llamaba Concepción del Cristo y tenía lindos ojos oscuros, según contaba el propio Bufano. El decía que su madre era un santa y su padre un labriego. Tuvieron 14 hijos. Fue a la escuela en Guaymallén hasta 4º grado. Vivían muy cerca del canal Cacique Guaymallén, y en distintos relatos, Bufano describe al Canal “embelleciéndolo”. Dice que en las costas había muchas rosas silvestres y cañaverales. Ponía sus pies en el agua y la veía pasar cristalina.”


Don Carlos, hace una pausa, como para llamar la atención, y relata algo especial.
 
“Hay un episodio interesante: cuando tenía 2 años, cayó sobre un balde y se hizo un gran corte en la garganta, tanto fue así que los alumnos le veíamos una cicatriz allí. Se desmayó y el médico dijo que había muerto. Su madre rogó mucho para que se salvara, y prometió que de salvarse le haría llevar el hábito de San Francisco de Asís por 10 años y lo vistieron con una especie de hábito de monje y no le cortan la melena, por lo que se le va formando una melena larga y enrulada, él tenía ojos verdosos. Cuando iba a la escuela y estaba con otros niños, en cierta forma los otros se burlaban de él, pero lo hacen cumplir la promesa de su madre y hasta los 12 años vistió así”.

“Eso influyó en su personalidad y se hizo un poco retraído, buscando siempre un poco la soledad, ante la impotencia por lo que los otros niños le hacían.
Cuando cumplió los 12 años dejó el hábito y también tuvo que dejar la escuela por la pobreza de su hogar”.

“A los 14 años decidió irse a Buenos Aires. Su madre no estaba muy de acuerdo, pero vistas las circunstancias en las que vivían, él se va. Al no tener perspectivas ni recursos, se va ‘a la aventura’ y empieza a defenderse prácticamente en soledad como puede. Lo primero que hizo fue lustrar zapatos. Más adelante les vendió globos de colores a los chicos. El decía que ‘era más lindo venderles globos a los chicos que lustrar zapatos’.

Una anécdota increíble con José Ingenieros

“Lustrando zapatos estaba en la Avenida de Mayo bajo un árbol y un cliente que lo observaba notó que cuando el joven no lustraba y mientras esperaba a su próximo clietne, leía. Un día le preguntó por qué le gustaba leer y Bufano le contestó que lo hacía ‘porque quería instruirse’, entonces ese hombre le regaló un libro con una dedicatoria especial. Se trataba de José Ingenieros y la experiencia lo puso muy feliz a Bufano, porque una persona de ese nivel intelectual le regalara un libro.

Dejemos este punto pendiente aquí, porque eso tiene relación con algo que ocurrirá después en San Rafael.

Bufano siguió trabajando en eso, y luego entró como empleado en una librería en la calle Pellegrini y su nuevo trabajo le dio más empuje y más posibilidad de seguir leyendo, en contacto con libros, y a la vez relacionándose con algunos escritores que en ese tiempo solían ir a las librerías.

Rememorando aquellos años, en algunas charlas Bufano mencionó a Ingenieros, e incluso a Borges que lo vio en una oportunidad, como asiduos clientes de la librería en la que trabajaba. 

Así fue creciendo sin llegar nunca a ser rico. ‘Nunca quise ser rico porque quise ser poeta’, decía.

Después se casó más o menos en 1912 con Ada Giusti y tiene su primer hijo, Alfredo y en 1917 publicó su primer libro, “El viajero indeciso” que tuvo bastante aceptación. Era un libro de poesías.
Su prestigio empezó a crecer, entre otras cosas, por sus colaboraciones para los diarios de Buenos Aires, especialmente “La Prensa”. Escribió algo en prosa. También dio muchas conferencias, una de ellas en Mendoza en el teatro Independencia en la que presentó una sobre la necesidad de volver a lo espiritual. Si bien siempre lo fue, en los últimos años se puso muy místico. Sin decir que fue religioso o católico, sí era muy espiritual. Habla mucho de Cristo, de Dios, de la vida. Una serie de reflexiones que lo llevan a ese terreno y deja la poesía.  Lo afectó mucho también la II Guerra Mundial por lo que escribió también sobre ese tema. Siempre fue muy humanista, aunque siempre con una cierta soledad propia”.

Aquí Don Carlos retoma aquel punto que había dejado pendiente para referir una anécdota importante.

“Mientras su prestigio crecía, un día viene a San Rafael José Ingenieros, y sabedor del predicamento de Bufano, pide entrevistarse con él. Cuando se encuentran, Bufano le pregunta: ‘¿Usted recuerda quién soy yo?, soy aquel niño a que lustraba zapatos y a quien usted me regaló un libro’. Bufano siempre guardó ese libro como un tesoro, sobretodo porque estaba dedicado. Según cuenta en otras ocasiones, otro de sus tesoros era un cuadro de Alfredo B. Palacios que tenía en su despacho.  En su juventud tuvo que ser socialista aunque no participó como militante activo, pero tenía cierta tendencia. Fue amigo y admirador de Palacios. Un día entraron a robar a su casa y se llevaron el cuadro.  Bufano dijo ‘me han robado lo único que tenía de valor en la casa’".



¿Por qué Bufano decidió volver a Mendoza si su prestigio estaba creciendo?

Publicó 7 libros estando en Buenos Aires, y en el año ’23 viene a Mendoza porque su salud estaba casi al límite. Tenía tuberculosis y el clima en Buenos Aires húmedo y a veces frío lo estaba llevando a la muerte, y decide volver al clima de Mendoza y viene a San Rafael. Acá le dieron un cargo como Inspector de caminos en Vialidad Nacional, y le dan una casa en la curva en calle Ballofet donde está el ‘codo’ para ir hacia los puentes. Desde ahí se venía caminando hasta la escuela Normal.

Mi madre también fue alumna de él en el bachillerato, y me contaba que él siempre les daba detalles que tenían que ver con la lengua, sobre el correcto uso de las palabras o las frases y que tenía un gusto exquisito para combinar las palabras con las que formaba sus imágenes poéticas.
 
Una de las características que le atribuyen es haber invertido en su poesía muchos términos castellanos casi sin uso, traídos del castellano antiguo y usados en sus poesías para que los conociéramos o supiéramos su significado. Hizo un uso del idioma muy rico. Es sencillo en sus poesías, uno capta todo lo que él quiere decir, no es como otros poemas que uno no sabe ni por dónde empiezan ni por dónde terminan.

Instalado en esa curva tenía un trabajo que no pegaba mucho con sus características, entonces en el año 1926 el Ministro de Educación de la Nación, le otorga el cargo de Profesor de Castellano y Geografía en la escuela Normal, como para darle un sustento. El ya en Buenos Aires era reconocido, había publicado 7 libros y más que nada artículos en las revistas literarias de aquel momento.
 
En este tiempo es cuando comienza a publicar los libros que van a hacerse más famosos. En 1926 publica “Poemas de Cuyo”, “Tierra de Huarpes” y en 1932 “Romancero” que es su Obra Magna y el que le da el gran Premio Nacional de Letras. Con el dinero que cobró por ese premio hizo la casa en la calle Belgrano donde hoy funciona el Jockey Club. En esa casa tuvo más hijos.

Su relación con Fausto Burgos

Tuvo una relación muy especial con Fausto Burgos, que también fue profesor mío, pero de matemáticas. Su relación no era muy buena y cuando Bufano hablaba de Burgos decía: ‘yo me voy a embarcar hacia el Sur y Burgos se va a ir al Altiplano’, eso indica cómo estaba su relación. Fueron amigos pero se dijeron cosas muy fuertes uno sobre el otro, manteniendo a la vez una cierta amistad y respeto, pero nunca tuvieron una relación de aprecio ni de cariño.




¿Cómo era Bufano en su vida particular, como hombre común?
 
Era retraído en cierta forma y cuando yo fui alumno ya su sordera estaba bastante avanzada, sobre todo de un oído. Cuando nos hacía pasar al frente siempre lo ubicaba al alumno del lugar de donde escuchaba un poco mejor, y ya cada uno sabíamos dónde nos teníamos que ubicar.

Era sencillo, bueno, humilde pero cuando se enojaba era terrible y decía cosas fuertes. Nos daba clases de geografía, tal vez no muy apegada al programa, porque nos describía los lugares, las plantas. Aprendimos mucho sobre yuyos y plantas, porque le gustaba andar mucho por esas zonas y admiraba todo y lo ubicaba en sus versos y escribía de una manera que quién no quedaba en silencio escuchando sus términos, sus palabras y sus maneras de expresarse. Tenía una voz agradable también y eso es importante porque nos hacía sentir tranquilos. Nunca hubo un problema de disciplina con él.
 
Algunos salíamos de clases y nos veníamos con él. En 4º año, terminábamos las clases y a un grupito nos hizo ir hasta su casa, y nos convidó un cóctel y empezaos a brindar y nos agarramos una borrachera tremenda.

Era un hombre alto, delgado, con un perfil muy agradable, un tipo pintón.
No sabría decir cómo fue como vecino, pero sé que no era de salir, no era muy sociable.

¿Qué recuerda de sus últimos años?

En el 47 lo dejan cesante cuando empieza el peronismo. Sin que haya tenido militancia política, Bufano nunca estuvo muy de acuerdo con Perón. Además lo relacionaron con La Prensa, diario al que Perón cerró en sus años de hierro.
 
Estando Bufano de vacaciones se enteró que lo habían echado. Volvió a Buenos Aires a Adrogué, donde consiguió el apoyo de algunos amigos y se fue a Europa a una feria del libro argentino, en el 47 e hizo una gira por España, Francia y parte de África. En Madrid y en Sevilla dio conferencias por esa feria. Cuando regresa escribió sobre temas de su viaje. Sobre Galicia, sobre Marruecos, aunque ese no se alcanzó a publicar.

Su producción es muy amplia.

¿Qué valores encontró usted en él como profesor?

Sobre todo esa simpleza con que nos hablaba y sobre todo ese trato claro entre el profesor y los alumnos, donde conversábamos. No había una lección que teníamos que estudiarla de memoria, eran siempre conversaciones donde él nos iba dando lo que correspondía. En Geografía no era aprender ríos, montañas, lugares geográficos, sino que nos hablaba con claridad, sencillez, nos explicaba la admiración que sentía por los pájaros y por la naturaleza en general. A veces nos recitaba alguno de sus versos, aunque no correspondiera en Geografía.

¿Sabía sus propias poesías de memoria?

Más que nada cuando eran redondillas, que son simples. Como esa que dice “las tres marías del cielo ya no se llaman así, el Señor las nombra ahora San Juan, Mendoza y San Luis”. No sólo San Rafael fue el ponderado por el en la belleza, también San Luis, Tunuyán… se refiere a todos en sus distintos libros. Es decir, Cuyo en general fue la inspiración de su obra.

Si usted tuviera que definir su legado en un solo concepto, ¿qué le dejó Bufano?

Me han gustado siempre las letras, he leído mucho. Quizás eso me lo despertó él, el afán por conocer y querer saber más a través del libro. Él tiene otros discípulos que realmente continuaron su línea, entre ellos Luis Ricardo Casnati que fue alumno de él un par de años antes que yo y él sí ha sido un poeta y escritor de una categoría muy cercana a Bufano.

Pero como hombre, como alumno simplemente, ¿qué legado le dejó?
Que un maestro, un profesor debiera ser siempre como fue Bufano con nosotros: amigo, nos guiaba y nos trataba como personas. Siempre nos inculcaba valores. La humildad, el respeto a los demás, el amor sobre todas las cosas, no sólo por lo que nos afecte o nos haga mejores, porque hasta a las piedras, decía él, hay que tenerles cierto cariño para conocerlas y admirarlas, y que la vida debe ser algo así. No matarse por lo material, por lo que hay que poseer o tener, sino que hay que saber vivir aceptando las circunstancias que cada uno va teniendo, porque así es el destino. Si uno se revela contra eso… transforma su vida en un infierno.

Y en lo que hace al idioma también nos ayudó, porque sin hacernos adaptar la teoría, las reglas de gramática, porque en eso no era riguroso, sólo con hablarnos su idioma ya nos hacía aprender. Uno se olvida de las reglas, pero nos quedan las palabras, los términos, la expresión que él tenia para decirnos las cosas, la elocuencia que tenía.



¿Cuándo nació usted?

4 de marzo de 1927.

¿Qué edad tenía cuando fue alumno de él?

17 años. Y él tenía 48.

En este punto, la mirada de Don Carlos se queda en el encuentro de pared con techo y deja un extenso espacio de silencio, como pensando en esas edades. Imposible adivinar si observaba con los ojos de su memoria, sus 17 años, o los 48 del maestro, a tan poco camino de encontrar el fin de sus días.

En cualquier caso, la ocasión sirvió para poner fin a la entrevista,  y aunque nuestra charla siguió por varios minutos, decidimos liberar a nuestro invitado de su compromiso, y nos quedamos con esta rica semblanza de quien fue el poeta más encumbrado que ha tenido nuestra tierra.

Alfredo Bufano, se fue inesperadamente, un día como hoy, hace 60 años.

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