Ricardo Rocha, director de orquesta

"A mí la música no me sirve para nada"

Una nutritiva entrevista con un artista de fama mundial, que aceptaría dirigir una orquesta en Mendoza.

Ricardo Rocha es un prestigioso director de orquesta. No obstante, no estará de más explicar a qué se debe su prestigio, porque para muchos, por alguna razón que oculta ignorancias, todos los que se dedican a la música clásica, a las altas letras, a la jurisprudencia o a la investigación científica siempre tienen prestigio.

En verdad, para algunos oficios, el prestigio es una condición que es acarreada por el simple ejercicio. No es el caso de Ricardo Rocha. El hombre tiene prestigio en verdad y, como además es gustoso de las charlas, lo evidente se transforma en discurso.

Nació en Brasil, en Río de Janeiro, y nació con la música tatuada en su ADN. A los seis años ya integraba un coro infantil y a los nueve hizo su primer recital ante público de piano. Estudió y aprobó todo lo que se le puso delante respecto del aprendizaje de piano y, ya en la universidad, estudió dirección de orquestas. En esa época, era la carrera más larga del país o mais grande du mondo: siete años y medio. Su postgrado, gracias a que ganó una beca, lo realizó en Alemania, donde finalizó, luego de cuatro años de estudio, el “Kapellmeister”, de ópera y concierto sinfónicos, el más afamado curso de dirección de los países de lengua alemana.

De regreso a su Brasil, ha sido director de orquestas y docente en universidades en las provincias de Mato Groso y Mina Gerais. Finalmente, fundó y es director musical de una Compañía Musical Bachiana Brasileira, con inspiración, naturalmente, en Johann Sebastian Bach y una orquesta y un coro como cuerpos principales, con los que ha recorrido el mundo.

Además de Bach, la búsqueda de Ricardo y su compañía se amplía a todo el arco de la polifonía, incluyendo la música latinoamericana contemporánea de orquestas.

Vino a Mendoza, y no es la primera vez, a dirigir la Orquesta Sinfónica de la UNCuyo. Ya hacia el final de la entrevista, confesará un íntimo deseo: convertirse, si se dieran las condiciones, en su director.

La entrevista, hay que decirlo, se originó en realidad en una reciente y exquisita cena que, para algunos extranjeros de distintas partes del mundo, ofreció en su casa nuestra común amiga Suzette Kaiser Lenoir.

Allí, entre una charla y otra relacionada con el mundo artístico, fue donde dejó oír sus impresiones respecto de nuestra música: “Estamos convencidos de que Brasil en particular, pero también Latinoamérica, hay un riquísimo patrimonio musical de música de conciertos que no es conocido en el mundo. Estos repertorios no representan una revolución estética, pero podrían dar mucho aire, colores variados a las orquestas del mundo, que están todas desgastadas, desde New York hasta Tokyo. Y también a la industria fonográfica, que está malherida, porque ya a nadie le interesa que se grabe otra vez la Novena Sinfonía de Beethoven y cualquiera puede bajar de Internet las mejores versiones”.

- Estás proponiendo un boom de música de concierto latinoamericana, al estilo del boom de la literatura hace unos años…

- Precisamente. Puede ser igual o mayor. Algo que empezó con García Márquez, Fuentes y otros autores como Cortázar, Borges, Sábato…

- Brasil lo tuvo al gran Jorge Amado...

- Es verdad. Bueno, de eso hablo.  El mundo recibiría fuego nuevo si se mirara mejor esta música de conciertos.



Lo popular y la música de conciertos



- Aquellos que no sabemos mucho de la música de conciertos, a veces vemos con sorpresa que las orquestas siempre tocan lo mismo, mientras que los músicos populares, por ejemplo, sacan un disco de canciones propias cada dos años y las cantan en vivo. ¿Es que no hay mucha música de conciertos nueva o que la hay, pero siguen tocando las mismas obras de siempre?

- Yo no sé en Argentina, pero en Brasil hay muchos músicos haciendo fantásticas piezas sinfónicas. Los autores famosos, en toda la vida, escribían 150 o 200 obras, hoy, hay autores jóvenes que han escrito muchísimo más que esas cantidades. Y casi nadie los conoce.

- ¿Y qué hace que autores contemporáneos como el argentino Carlos Guastavino cobren celebridad, mientras que otros también talentosos no lo consiguen?

- Mirá, Guastavino no es contemporáneo…

- Pero se murió hace poco, en el 2000…

- Pero no me refiero a su vida, sino a su producción, que no es contemporánea, sino romántica y nacionalista. Su expresión es del siglo XIX… Para nosotros, en verdad, suena como un músico popular. 

- ¿Sí?

- Su estructura de tonalidades, su trabajo con pequeñas formas, es muy lindo, pero no aportó nada nuevo. Guastavino escribe bien, es inspirado, pero su expresión es antigua.

- Hay aspectos de la música de conciertos que son poco o nada apreciados por quienes estamos acostumbrados a la música popular...

- Y hay también zonas híbridas y mucha música desconocida. La verdad es que hay un abismo entre  música de concierto y música popular y también hay zonas híbridas con artistas fantásticos.



La clave de la burguesía



- Hay obras, como la de piano de Sergéi Rajmáninov, que tienen tal carga dramática con ese único instrumento, que después, con una orquesta, pierden encanto y todo el resto de los instrumentos son adornos. Como director de orquesta, ¿te parece válida esta impresión?

- Claro que sí. Para mí esto depende de tener en claro un concepto estético. Rajmáninov era un neoromántico. Y para él era muy importante el timbre del sonido. Esto no ocurría con Bach, que siempre tenía el mismo timbre al ser ejecutado. Hoy, vos escuchás un ringstone con música de Bach y te das cuenta enseguida de que es Bach, porque el soporte, el instrumento con que se toque, no importa y él, además, componía para pocos instrumentos. A partir del Romanticismo, el soporte, el instrumento, se vuelve muy importante. Hay entonces un culto de la personalidad humana, pero también del instrumento, que gana personalidad. Entonces, ese dramatismo que notás en Rajmáninov tiene también que ver con la manera de tocarlo en el piano y con un artista que monologa con su piano.

- Es notable la tremenda y directa relación que hay entre todos tus conceptos musicales, en la historia, con los conceptos que, en ese mismo tiempo, se manejaron desde lo literario. Es como si la música y la literatura, al mismo tiempo, estuvieran diciendo las mismas cosas…

- Sin embargo, la literatura siempre está por delante de la música y de las otras manifestaciones del arte. La música está atrás de todas, porque demanda mucho tiempo: hay que preparar obras, músicos que las toquen, escuelas que enseñen, luthiers que fabriquen instrumentos, público que la siga…

- Desde el Romanticismo empezó a cobrar importancia, entonces, el instrumentista como protagonista de la música. Ya no era lo mismo que a un autor lo tocara tal o cual músico u orquesta o bajo el mando de determinado director…

- Así es, porque se desarrolló el culto de la personalidad…

- Fue una época maravillosa para la música y para las artes en general; en particular para la pintura y la literatura. Además, es cuando surge el piano tal como lo conocemos. Imaginate, para un músico romántico, tocar el piano y a la vez contraer tuberculosis. Era la gloria…

- Sí, entiendo el punto. En verdad, para un romántico, tener tuberculosis era ya lograr la corona.

- Por lo mismo, debe haber sido este el caldo de cultivo para el surgimiento de las mayores expresiones interpretativas que esta música ha dado…

- Hay un caso emblemático para mí un poco anterior... Se trata de una obra de Bach, “Conciertos de Brandeburgo”, en particular el Número 5, para violín, flauta traversa y clavecín o clave, el antecesor del piano. Hasta ese momento, el clave había sido sólo un “colchón” de fondo, nada más. En esta obra, desde el comienzo, Bach va apagando el violín y la flauta y el clave va creciendo, hasta que un solo, un solo de clave… En verdad, estoy hablando contigo y se me pone la piel de gallina… Es que fue un momento único, un momento que profetiza la Revolución Francesa, el momento en que la burguesía tomará el poder de la monarquía… Realmente, hablo con vos y tengo la piel de gallina al recordarlo, es emocionante. Es un solo enorme, que calla al resto de los instrumentos. Fue una verdadera profecía y no puedo evitar emocionarme al recordar esta música.


Acá está el video: luego del lucimiento de los violines y la flauta, hacia el minuto número seis, vas a notar por primera vez en la historia un solo de clave.






Lo clásico y lo bello



- He visto con agrado que no decís música clásica o música culta…

- Es que decir música culta es muy arrogante. Y lo clásico tiene dos definiciones: como estilo, es una expresión estética con proporción, simetría, equilibrio, que se mantienen desde los griegos. Esto es el clasicismo, algo que se mantiene más allá de las épocas.

- Sí, pero el concepto de belleza ha cambiado, sobre todo, después del Romanticismo. Lo que en el pasado era armónico, simétrico, equilibrado, ahora tiene otra lectura y hay otro concepto de la belleza, de la armonía y otra mirada de lo clásico.

- Yo digo que el clasicismo es un concepto estable, independientemente de las nuevas manifestaciones que lleguen, como el romanticismo. En el 2100 seguirá existiendo lo clásico como equilibrio, simetría, proporción. Otra definición de lo clásico es aquella música que cristaliza una expresión y se queda, como algo cuasi folclórico. Pasa con los mejores del blues norteamericano o con Caetano Veloso o Chico Buarque o Carlos Gardel; pero estos “clásicos” no definen lo que tradicionalmente es lo clásico.

- Es que lo que tradicionalmente ha sido visto como “clásico”, ahora se ve sujeto a un concepto más amplio de la belleza y también de la armonía.

- Lo que pasó desde el Romanticismo para acá, puede pasar de nuevo. El clasicismo griego fue retomado en el Renacimiento italiano, el redescubrimiento del equilibro como expresión de belleza. Luego el Romanticismo desagregó ese concepto en distintas variantes, como el expresionismo. Siempre hubo contracciones y expansiones de lo mismo.

- Justamente con esto no estoy de acuerdo, Ricardo, pues veo que no es lo mismo, sino que la realidad, con las creaciones, gana realidades nuevas, no más de lo mismo contrayendo o expandiéndose…

- Vos no experimentás el clasicismo y el siglo XX no lo ha hecho, pero esto va a volver. Es cuestión de tiempo, nada más.

- Nada volverá a ser igual después del Romanticismo.

- Es cuestión de tiempo, nada más.



El director y la orquesta 



- ¿Para qué te sirve la música, Ricardo?

- A mí la música no me sirve para nada, si se trata de "servir". Yo no he elegido la música; la música me ha elegido a mí. Lo mío es vocacional. Creo que hay una diferencia muy grande entre talento y vocación. Puedes tener talento para tocar música, pero si no tienes vocación estás en problemas. La vocación es una fuerza, es un llamado, vocación viene de “voce” de voz… Los alemanes tienen un sustantivo para vocación que es “berufung”, y que, si los descompones, significa profesión.

- Como bien lo hizo Federico Fellini en su película “Ensayo de orquesta”, no por mucho que se haya dicho, oído y visto, está de más volver a hablar de la importancia del director para una orquesta, incluso como metáfora de la naturaleza humana…

- Hay misterios que lo demuestran: una misma partitura, una misma orquesta y directores distintos hacen que la orquesta y la música sean distintas. Cada músico tiene su sonido, lo va madurando con el tiempo; al igual que cada persona tiene su voz y su huella digital. En el mismo piano, dos músicos tocan la misma pieza y suena completamente distinta. Lo mismo pasa con el director, porque el coro o la orquesta son instrumentos del director.

- ¿Tan así?

- Sí, es complejo y misterioso. En un piano están las teclas para ser tocadas, pero un director tiene dos alternativas: se transforma en un metrónomo y lleva el tiempo y el fenómeno artístico no se da o se conecta espiritualmente con su orquesta, es como abrir el sagrario de la música donde el director guarda el sonido que lleva guardado durante treinta o cuarenta años…

- Qué bonita imagen.

- Se abre el sagrario y aparece el sonido, uno colectivo que es el sonido del director. Recuerdo, en 1990, que estaba en un concurso internacional de directores de orquesta en Polonia. En una fase, los cuarenta participantes que seleccionaron de todo el mundo, entre los que yo estaba, debían tocar, en el mismo día, la misma obra con la misma orquesta, que la tocaba cuarenta veces, una detrás de la otra. Sin embargo, era notable comprobar cómo la misma orquesta, con la misma obra, sonaba absolutamente distinta, según el director que tuviera.

- La orquesta de la UNCuyo, que conocés muy bien, carece de director. Sin darle vueltas al asunto, Ricardo: ¿te gustaría vivir en Mendoza y ser el director permanente de esta orquesta?

- Bueno, te digo que sí, pero tengo que hacerte aclaraciones. No hay muchos directores de orquesta en el mundo. Yo tengo familia, hijos y una compañía musical en Brasil. La orquesta de la universidad necesita de un buen director, que trabaje a partir de vectores, de objetivos, muy claros. En nuestros días, este trabajo se puede hacer estando aquí y allí, en Mendoza y en Brasil, porque nos separan pocas horas de vuelo. No veo necesario trasladar a toda mi familia a Mendoza y cerrar mis puertas en mi país. Eso no es bueno para un artista, como tampoco es bueno que una orquesta tenga durante muchos años al mismo director. 

- Entonces, podrías dirigirla…

- Yendo y viniendo sí, en la medida justa. Y teniendo un proyecto de trabajo, respetando una programación, también con directores invitados. De esa manera, se podría. Además, a mí me gusta mucho Mendoza.

 

Opiniones (4)
17 de agosto de 2017 | 18:25
5
ERROR
17 de agosto de 2017 | 18:25
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
  1. Exelente tu nota Ulises,muy instructiva.
    4
  2. Muy buena nota, que se repitan este tipo de notas
    3
  3. ...Pero asistí dos veces a sus conciertos y sinceramente no me encantó. Esa orquesta ha despreciado a mejores directores. Una pena
    2
  4. MUY BUENA NOTA!
    1
En Imágenes
Bunkers de la Segunda Guerra Mundial
15 de Agosto de 2017
Bunkers de la Segunda Guerra Mundial