Fabián Castellani

"El lugar del arte es la resistencia"

El actor, director y docente reflexiona sobre la actualidad del quehacer teatral local.

"El lugar del arte es la resistencia": la frase es una declaración de principios, un modo de entender el mundo, una toma de posición en esa inabarcable constelación llamada arte. Brota del corazón de Fabián Castellani durante una charla profunda y reflexiva que gira en torno a Argonautas y La Rueda de los Deseos (la sala y el elenco que coordina junto a Gabriela Psenda, desde hace una década) y que deriva, inevitablemente, en la actualidad del teatro mendocino.

Parado en esta creencia, "Tutuca" (así lo conocen sus amigos y los integrantes de la comunidad artística local), nos cuenta sonriente las buenas nuevas que este año rondan el espacio. En principio, las visitas que durante todo marzo recibirá la escenario ubicado en Gutiérrez y Matienzo de Guaymallén: los experimentados Arístides Vargas y Charo Francés, del elenco ecuatoriano Malayerba (quienes "irradiaron su conocimiento" esta semana, a través de un seminario) y los cubanos hoy radicados en México, Boris Villar y Maribel Barrios, que también compartirán experiencias en un taller y mostrarán su espectáculo No vayas a llorar (el viernes 19 y el sábado 20 de marzo, a las 21).

Pero vaya que son muchas las noticias. En abril, La Rueda pondrá en escena Javiera, su último desafío escénico. Se trata de un unipersonal de Valeria Rivas, que sitúa al grupo ante el público infantil por primera vez, pero que también está destinada a los adultos. ¿Más detalles?, con un claro mensaje ecológico, la obra versa en torno a los árboles y su importancia.

Además de esta apuesta, el elenco está trabajando junto a Arístides en la construcción de una criatura cuya trama abreva en la educación y que verá la luz cerca de fin de año. En ella -nos comenta Castellani-, Vargas es el encargado de plasmar con su exquisita pluma, la creación colectiva del grupo en un texto dramático.

Y hay más: el elenco fue invitado a participar del 120 aniversario del teatro Tomás Terry, en Cien Fuegos, Cuba, con el El más antiguo beso de la tierra; y aunque sus integrantes aún no saben si podrán viajar, debido al costo económico que implica, la invitación representa "una gran alegría" para el grupo y pone en valor la calidad artística que lo caracteriza.

Por último, el actor, director y docente pone el acento en un proyecto que materializa un viejo anhelo que trasciende lo netamente escénico. Es que junto a su equipo, Tutuca prepara la edición de un libro que recopila la ardua y no menos estoica labor artística y social que lleva adelante La Rueda de los Deseos.

Todos por todas estas aristas discurre el sustancioso encuentro que MDZ mantuvo con Fabián Castellani.

- Este mes, Argonautas recibe invitados internacionales de lujo: Arístides Vargas, Charo Francés, Boris Villar y Maribel Barrios. ¿Cúando empezaron a planificar estas visitas?

- En realidad, el año empezó con varias visitas. En enero pudimos generar algunos espacios como los que tuvieron Joao Britos, encargado del Centro de Teatro del Oprimido de Río de Janeiro y uno de los más importantes curingas; así como varios artistas de Buenos Aires y Puerto Rico, que dieron un taller de máscaras. Ahora, el mes comienza con un seminario que dictan Arístides Vargas y Charo Francés (N de la R: ambos integran Malayerba, reconocido elenco ecuatoriano que goza de reconocimiento internacional, suma elogiosas críticas y ha pisado escenarios de todo el mundo). Siempre es muy interesante que vengan a Mendoza, son dos grandes maestros y nos pone muy contentos que irradien aquí su conocimiento y experiencia. Estamos trabajando con ellos en un espectáculo.

Charo Francés y Arístides Vargas, en una escena de "Nuestras señoras de las nubes".

- ¿Tiene fecha de estreno ese espectáculo?

- Pensamos estrenarlo en septiembre u octubre. Estamos trabajando, desde hace un año, todos los integrantes actuales de La Rueda de los Deseos: Gabriela Psenda, Valeria Rivas, Tamia Rivero, Daniela Moreno y Guillermo Bragoni, con quien mantenemos una comunicación internáutica porque está en Barcelona.

- ¿Cómo surgió la idea de montar esta obra junto a Arístides?

- Le hicimos la propuesta el año pasado y después, nos reunimos varias veces. Estamos planificando y en cada encuentro, le mostramos material; él está coordinando toda la parte dramatúrgica para que tengamos como resultado un texto autónomo a la puesta, de modo que cualquier grupo lo pueda representar.

- ¿Han realizado este tipo de proceso creativo otras veces?

- Al trabajar como creación colectiva, siempre le pedimos a algún autor que le de una visión literaria al texto definitivo pero es un texto que nace en función de la puesta. Muy pocas veces hemos podido trabajar con el autor a la par de las improvisaciones, con Arístides estamos buscando hacer un proceso así.

- ¿Ya tienen algunos hilos temáticos delineados?

- Estamos trabajando sobre la educación. Es un proceso de investigación en el que vamos generando mucho material. La última tarea que nos dio, fue que le presentáramos dos obras posibles. Aunque es mucha tarea, es la que a nosotros nos interesa: generar mucho, tirar mucho y que quede poco (risas).

- Ustedes son inquietos, ¿están ocupados en algo más?

- Este año editaremos un libro. El material está dividido en capítulos y habla sobre nuestros viajes, la relación con la comunidad, los proyectos sociales que hacemos, procesos de creación de espectáculos y reflexiones sobre el quehacer teatral. Todos los textos están planteados desde la visión subjetiva de quien escribe. Guillermo se encarga de los temas del diseño.

Guillermo Bragoni, quien actualmente reside en Barcelona, en la obra "Hambruna".

- ¿Cuál es el objetivo de esta recopilación?

- Nos parece interesante plantear una nueva visión del teatro de grupo, que ya no es la de los ‘70. Por entonces había un líder que decidía y era seguido por el grupo. Aunque eso se dio más que nada en la política, también sucedió en el teatro.

- ¿Qué sucede ahora con el teatro de grupo?

- A partir de todo el individualismo que existe en la actualidad es muy difícil conformar un grupo. Nadie quiere trabajar con otros durante mucho tiempo. Se crean nuevos mecanismos, como los de productores que convocan a actores para una puesta en particular.

- En este nuevo panorama, ¿qué lugar ocupa la Rueda de los Deseos?

- Somos una especie de dinosaurio que está por extinguirse (risas). Pero, contentos, lo hacemos porque nos gusta. Es difícil pensar el teatro sin pensar en un grupo pero en grandes ciudades como México o Buenos Aires, ya no tienen grupos representativos. Las estrategias que adoptamos para sobrevivir son diferentes a las de otras épocas; los enemigos no son los mismos… bueno, algunos sí (risas). Nos pareció interesante reflexionar sobre esto y consideramos que podía ser válido para mucha gente. Además es un deseo de muchos años…

- ¿Recibieron algún tipo de ayuda económica?

- Tenemos dos subsidios: uno del Fondo Provincial de la Cultura y otro del Instituto Nacional del Teatro. Entre los dos llegamos a algo.

- Volviendo al tema de “los enemigos”: ¿cuáles son los actuales a los que se enfrentan?

- No por nada elegimos la educación como tema de nuestro próximo espectáculo. Estamos batallando contra un sistema económico que considera al teatro como una sobra o un mero entretenimiento. En esta sociedad capitalista, el teatro no tiene valor. Es muy difícil querer hacer teatro y vivir de él; tener una dignidad como artista es imposible, la gente no comprende que uno es un trabajador. Se considera que el país no va a ser mejor si hay más o mejor teatro, y eso es bastante duro, porque no hay perspectiva de cambio. Frente a esto hablamos de “tribu”, de compañeros de camino -el problema es que no siempre están acá-.

"El beso más antiguo de la tierra", uno de las creaciones del grupo.

El Estado también duda. Por un lado apoya actividades a través de políticas de subsidios pero quizá no lo hace con la suficiente convicción. Después del menemismo se instaló la idea de que todo tenía que ser números y que el arte debía buscar la manera de sacar dinero. Esto le hizo mucho mal al arte en general y es uno de los grandes enemigos que tenemos.

A ello se suma esa conciencia generalizada de que lo que hacemos no tiene una utilidad, no le sirve a nadie. Nosotros tenemos otra mirada: la sociedad está enferma a causa de su alejamiento con los bienes espirituales, artísticos y culturales. Aunque quieran convencernos de lo contrario, somos seres sociales desde el comienzo de la humanidad.

- Frente a este paradigma, mantener abierta una sala de teatro es una utopía…

- Sí, absolutamente. Aunque es nuestro deseo que la sala permanezca abierta, siempre estamos acosados por la idea de cerrarla. Pero somos concientes, también, de que Argonautas es muy importante para mucha gente del barrio y que el lugar del arte es la resistencia. Resistimos para que las cosas no sean peor, lo que hacemos es utópico. Hoy, en Mendoza, mantener un espacio y un grupo de teatro es algo increíble. Siempre estamos en el borde y planteándonos hasta dónde tiene que llegar tanto esfuerzo.

- ¿Y hay respuestas a tanto esfuerzo?

- Tenemos una respuesta muy importante de la comunidad del barrio y de la artística, que reconocen todo lo que hacemos. De hecho, hace unos años cuando quisimos cerrar la sala porque nos robaron, la gente nos pidió que no. Eso fue muy emocionante, demuestra que van quedando cosas y uno no las ve. Es lo que hace que sigamos.

- Siguen y apuestan a la calidad artística, ¡vaya osadía!...

- Extrañamente, el año comenzó con visitas muy importantes que ya han generado lazos. Nos gusta viajar, contactar gente y que vengan a Mendoza. En este sentido, es grande el empuje que hacemos los artistas –no, otros organismos-. El elenco de Cuba actualmente radicado en México, Viento de agua, llega con críticas excelentes; trae un unipersonal llamado No vayas a llorar y un taller. Ya hay muchísimos inscriptos.

Viento de agua, el elenco de artistas cubanos que este mes desembarca en Argonautas.

- Ustedes, a su vez, recibieron una invitación desde Cuba para actuar allí...

- Sí y estamos muy contentos pero hasta ahora no sabemos si vamos a poder ir. En mayo se cumplen 120 años del teatro Tomás Terry, en Cien Fuegos -un teatro monumental, como el Independencia- y dentro de la programación anual que elaboraron está El beso más antiguo de la tierra. Es un orgullo terrible.

- ¿Cómo llegó la invitación?

- Nos invitaron porque vieron la obra el año pasado en un festival de monólogos y les encantó. También está invitado Javiera, el espectáculo que estrenaremos en abril. Una vez en Cuba, está la posibilidad de hacer una pequeña gira por Santa Clara y La Habana, y de dar seminarios. Siempre es bueno mostrar nuestro trabajo afuera pero aún no sabemos si viajamos… Como dije, en términos oficiales, Mendoza no es una ciudad que se considere teatralmente importante.

- Ampliemos esa idea…

- Para hacer diferencia, Córdoba es una ciudad que tiene una historia y que hace mucho para ser importante a nivel teatral: sus elencos viajan al exterior permanentemente, tienen un festival como el del Mercosur, y grupos como La Cochera y Cirulaxia. Hay mucho teatro y de buena calidad. Ojalá, acá se priorizara la mismo… Mendoza tiene buen teatro y excelentes artistas, eso está comprobado. A veces, muchas propuestas entran en decadencia porque no se da un empujoncito para que se exporte.
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