Rafael Morán

"Hubo un periodismo alcahuete de las Fuerzas Armadas"

Periodista con cuarenta años de profesión en Mendoza. Historias, principios, y dictadura.

Rafael Morán (66), o más bien “Rafa”, es algo así como una enciclopedia andante de periodismo. Durante más de 40 años trajinó la profesión en Mendoza. Pasó por varios medios escritos, aprendió desde abajo, y se define como una especie de eslabón entre el antiguo periodismo romántico, aquel de los bohemios y poetas, y el de la profesionalización. Él y su mujer, Norma Sibila, fueron perseguidos y encarcelados en la dictadura, y entregados por un personaje nefasto de los medios de aquella época. Lo detuvieron en la redacción de Los Andes, como a Antonio Di Benedetto. No tiene odios, dice que perdonó, pero que jamás va a olvidar lo que pasó, aunque les enseñó a sus hijos a vivir sin rencores.

Contó cómo lo proscribieron en Los Andes, por qué lo echaron a Fabián Calle del centenario matutino tras un editorial durísimo contra el peronismo de Perón; y habla de los medios de antes, de los de ahora, de periodismo, y de periodistas. Recientemente jubilado tras una larguísima carrera en muchos medios, especialmente en Clarín, del que fue corresponsal hasta hace poco, y dedicado ahora a un año sabático, pasea su mirada de moderación y experiencia sobre los temas que tienen que ver con los medios, y su relación con el poder, y con la gente. Sentarse dos horas con él es un ejercicio que vale la pena. Ojalá los estudiantes de periodismo, los jefes editoriales de los medios, tuviesen acceso cada tanto a un buen café con el “Rafa”. Hay que decirlo, los hombres de la prensa ya no venimos de esa madera.

-¿Cómo empezaste?

-De una manera en la que ya no se empieza... No tengo título universitario. Hice el secundario, después me tocó el servicio militar… Escribía varias notitas para revistas de clubes, a veces sobre tenis de mesa, deporte que practiqué federado muchos años para el Círculo Policial. Me gustaba escribir en deportes…

-¿Qué leías?

-De todo. Era un lector muy voraz. A los catorce años leí una colección de poetas y novelistas españoles que me había regalado una tía. Me devoraba toda la lectura posible. Iba a la Biblioteca San Martín... Ya con 15 años, fui a pedir “La razón pura” de Kant. Y el hombre del mostrador me dice “¿Cuál tomo?” y le contesté ¡El primero! ¡No sabía que había varios! Esa avidez por conocer me llevaba a la biblioteca permanentemente.

-¿Y el trabajo profesional?

-Empecé a los 21 años. Me presenté en El Tiempo de Cuyo, un vespertino del que tendrás referencias, que hizo cosas muy interesantes, y que se acabó con la irrupción de la televisión. El asunto es que me presenté en la mesa de entradas y pedí hablar con el Dr. Montalto. El tipo me miró y me preguntó “¿para qué?” y le contesté que quería ser periodista. Yo creo que se apiadó, y me dijo que esperara a un costado, que me haría una seña cuando entrase el director. Pero Montalto ingresó tan rápido que no pude hacer nada, y el portero me ayudó. Le dijo que había un chico que quería ser periodista. Logré hablar con Montalto, me preguntó qué quería escribir, y dije “deportes”. Entonces lo llamó al prosecretario de redacción, Alsina, uno de esos jefes periodísticos de antes, que se paraban en medio de la redacción y mandaban como un general. Lo primero que me preguntó era si yo sabía escribir poesía. Cuando le dije que “alguna cosita” me contestó “es más difícil ser periodista, que poeta”.

-¡Qué aliento!

-¡Sí! Pero pude empezar, y a los cinco meses pasé a Información General, porque fui uno de los pocos que pudo llegar a los aludes de Las Cuevas y Puente del Inca, donde hubo muchos muertos. Eso me valió pasar de sección. Había demasiada nieve… dos periodistas reconocidos, Martínez Anzorena y Santos de Paula, habían intentado llegar y no habían podido. Como yo colaboraba en las tareas de cargar la ayuda para los sobrevivientes, un teniente coronel me metió en el transporte que los llevaba a Las Cuevas. El fotógrafo me dio la cámara, e hice fotos que dieron la vuelta al mundo. Después me enteré que el jefe de deportes había recomendado darme de baja.

"Ya con 15 años, fui a la Biblioteca San Martín a pedir La Razón Pura de Kant... y el hombre del mostrador me dice ¿Cuál tomo? Y le contesté ¡El primero! ¡No sabía que había varios!"

-¿Y después?

-Estuve un año y medio en ese diario. Tiempo después, cuando hacía un programa de deportes en la radio, me llamó Rodolfo Braceli para ir a Los Andes a hacer un suplemento deportivo. Imaginate, una revolución, en un diario conservador… pesado… Esto fue en 1967. El Secretario de Redacción era Antonio Di Benedetto, y el director; Walter Moretti, una excelente persona. Pero a los dos o tres días de estar, Di Benedetto me encaró. Jorge Calle le había contado que yo hacía policiales en el Tiempo de Cuyo. Me llevó a la máquina de escribir donde estaba Jorge Bonardel, se la pidió, y me hizo escribir una nota policial, no me acuerdo qué… Tres cuartos de carilla. Antonio la leía y me escudriñaba con la mirada. Después me llevó con los jefes de noticias, y me presentó. “Este es el nuevo jefe de Policiales”. Y así empecé en Los Andes, donde estuve hasta que me voltearon con la dictadura, en 1976. Estuve dos años en el ostracismo total, porque los militares no querían que trabajara, hasta que Dante Di Lorenzo me hizo nombrar en Radio de Cuyo, después de múltiples gestiones con las Fuerzas Armadas… Cada uno de estos datos, es una anécdota… En esa época, Doblado Calzada, que era corresponsal de La Razón, me pidió hacer el Mundial ’78 para ese diario. Como era la Armada la que daba las credenciales y no el Ejército, que me tenía fichado, pude volver al periodismo en aquel diario La Razón, el de Félix Laiño.

-También pasaste por el Diario Mendoza… ¿Cómo viviste esa etapa, por qué fracasó el proyecto? Era un medio interesante...

-No había solución. Cuando lo tenía Montes, que irrumpió con el Offset, fue visualmente impresionante. Estaba bastante bien hecho. Yo fui director del diario, y una vez vino un contador y me contó cómo era que las cuentas del diario se equilibraban en la época de Montes. Las compras de papel se ingresaban en otra contabilidad, de otros medios de la misma familia. Pero la verdad es que el diario era deficitario. Después, cuando lo compró Greco, hacían figurar 55.000 ejemplares… más que Los Andes. Me acuerdo que venían los inspectores del IVC (Instituto Verificador de Circulaciones) a sentarse en el contador de la rotativa a controlar. Entonces, tiraban esas cantidades. Pero la devolución era de 30.000 ejemplares, que después compraban con cheques del Banco Los Andes. Es decir, auto compraban los diarios. Las pérdidas eran monstruosas. Es más, estaba por caer Greco y pensaban en comprarse un helicóptero… Ideas fantasmales…

-¿Cómo ves el periodismo mendocino de hoy? ¿Hubo épocas mejores?

-Es relativo… Me he puesto muchas veces a pensarlo, a analizarlo… Uno tiende a creer que el pasado fue mejor porque había más pasión… Yo soy producto de una transición. Alcancé a trabajar en la última fase de la bohemia, y después pasé a la profesionalización. Los periodistas de antes eran de envergadura. No sólo tenían condición de periodistas, sino de escritores. Eran hombres muy leídos, muy sólidos.

Después vinieron las escuelas de periodismo y las carreras de comunicación. Eso fue un avance. Les dieron a los periodistas una gran cantidad de herramientas técnicas. Pero con la televisión se empezó a leer cada vez menos, y las nuevas generaciones, ya no leen nada. Creen que con la mera información, es suficiente para manejar la realidad. Aquello tuvo esa solidez de los grandes periodistas. Hoy, los chicos manejan bien la técnica de la crónica, pero no tienen estilo. Yo siempre les digo a los estudiantes que si después de diez o doce años, no tienen un estilo propio, su carrera es limitada. Pero para eso se necesita mucha lectura literaria, la que te da el aire para volar. Y necesitan del manejo de la historia. Los chicos no saben historia. Les nombrás a un personaje de hace 20 años y no lo conocen… Hoy lo resuelven con los buscadores de Internet, y ponen una línea, pero no agregan realmente información, no alcanzan a comprender esa noticia. Ahora, hubo periodistas buenos y malos en todas las épocas. No creas que todo lo pasado fue brillante, ni genial… Sí, hoy la competencia es muy grande, y se cometen muchos errores. Las crónicas no deben tener dos campanas. Deben tener diez si fuera posible, para garantizar la ecuanimidad, ser cristalinos, y no sesgarla. La opinión es otra cosa, es una probabilidad en la que está el pensamiento de cada uno.

-¿Cómo hace un periodista hoy para abstraerse de las peleas de intereses, de las guerras de medios…?

-Eso es una conducta. Se llama “integridad”. Un periodista debe ser, en primer término, una persona íntegra. No hay una receta específica. Esto es formación y conducta. Si ves un apremio ilegal, tenés el deber de denunciarlo. Si ves una cosa incorrecta, también. Así te vas haciendo… Después no hay vuelta atrás. Los mismos lectores te van controlando, porque piensan mucho más de lo que nosotros creemos. Después, si tenés pasión, conducta, y coherencia, vas a llegar. Es posible, aunque seguramente, vas a pagar un costo.

-¿Cuál fue la cobertura periodística que te dio más satisfacción?

-Cuando aterrizó en El Carrizal, en una cancha de fútbol y en emergencia, una avioneta que traía a alguien que ya te voy a decir quién es. En esa época, sería el año 1971, yo salía todas las tardes de Los Andes para dar una vuelta por las comisarías, tomar un café, contactar fuentes, cuando mi página ya estaba prácticamente terminada. Yo me juntaba por entonces con una persona cuyo nombre no revelé jamás, ni siquiera a mi esposa, y no lo voy a hacer ahora. Ya nos habíamos despedido, y retrocedió para decirme “Rafael… ¿usted se enteró de la avioneta que cayó en El Carrizal?” Yo no sabía nada. Y ahí me contó que en la avioneta venía un tipo importante del Frente Nacionalista Patria y Libertad, de Chile, los que querían voltear a Salvador Allende. Y que lo tenían en el Casino de Oficiales del Liceo Militar. Complotaban junto a los militares argentinos. La fuente me dijo además que había algo muy raro en todo el tema… Volví a Los Andes, hicimos un operativo enorme con dos equipos periodísticos. Mandamos un coche con fotógrafo y un periodista para que distrajesen al Ejército, mientras nosotros desde una colina sacábamos fotos que más tarde dieron la vuelta al mundo.

"Esa noticia en Estados Unidos me hubiese valido un Pulitzer. Pero en Mendoza significaba la persecusión de los Servicios de Inteligencia..."


Al tipo lo habían dado por muerto unos meses antes en un accidente fraguado. Pero la verdad era que conspiraba con los militares argentinos, contra Allende. Ya había hecho dos o tres vuelos entre Buenos Aires y Chile cuando estaba declarado oficialmente muerto. Ese día sólo pude publicar algo muy chico, un adelanto. Y al día siguiente publiqué la gran historia con toda la información. Fue una noticia internacional muy importante. Me acuerdo que el Diario Mendoza, el mismo día, publicó otra versión de la noticia, distinta. Eso le costó unos días de suspensión a Martínez Anzorena, que era el jefe de policiales.

-¿Te suspendían por trabajar mal una noticia?

-Sí, claro.

-¿Cómo siguió?

-Allende dio una conferencia de prensa, a raíz de la información que publicó Los Andes, y denunció el complot para derrocarlo. Los periodistas vinieron en masa a Mendoza. Si hubiese vivido en Estados Unidos ese caso me habría valido un Pulitzer. Aquí, me perseguían los servicios de Inteligencia, porque había desbaratado una operación donde estaba complicado el Ejército Argentino.

-¿Perdiste afecto por la profesión?

-Perderlos… no… pero sí me tendría que haber dedicado más a mis hijos. Fui un periodista muy vocacional, persiguiendo siempre la información.

-¿Y qué les dirías a los periodistas que empiezan, o aun a un jefe de redacción?

-(piensa un largo rato) Que sean íntegros, que no hagan operaciones de prensa en un sentido u otro. Que sean pe-rio-dis-tas.

Periodismo mendocino y dictadura…

-¿Cómo viviste la relación entre algunos periodistas, los medios, y la dictadura militar en Mendoza?

-Los militares de la dictadura, en 1976 con la Ley de Seguridad Nacional, censuraron e intervinieron los medios. Tan así, que vinieron a Los Andes dos militares de la Fuerza Aérea a dar las instrucciones. Me acuerdo que San Martín era el Secretario de Redacción, y me dijo “Rafael, vení, escuchá lo que estos señores te van a decir”. Un tipo pasó al frente y me dijo “Se acabó la joda. Acá, vamos a sacar a los delincuentes subversivos de sus cuevas, y no se puede publicar nada, porque vamos a clausurar el diario”. Al día siguiente empezaron las barbaridades y las detenciones. Censuraron a todos los medios, que no dijeron absolutamente nada. ¿Es comprensible? Sí, totalmente. Qué podés hacer… ¿Convertirte en un héroe? No se podía hacer lo que hizo Fabián Calle cuando era subdirector de Los Andes en la época del peronismo. Un gran tipo… Yo le decía “Gran Danés” por su porte y su carácter… Los Andes no era pro peronista, pero tampoco incomodaba al peronismo y conseguía publicidad. Una vez les impusieron condiciones que Felipe Calle, que era el director, no aceptó. Y en una reunión pidió “escribir lo que había que escribir”. Para Fabián, eso fue como una Biblia, y elaboró un editorial tremendo contra el peronismo, que a Los Andes le valió dos días de clausura. Por eso, Felipe Calle lo echó del diario. Pero en 1976 esas cosas no se podían hacer…

-Te costaban la vida…

-Claro, y además las amenazas, el clima de terror. A mí me llamaban de un Comando Anticomunista Mendoza, y me informaban: “Señor Morán… hemos procedido a la voladura de dos cuevas de elementos subversivos… puede pasar a retirar un comunicado en el baño de Vía Veneto” o en el Café Colón, o en la Iglesia San Agustín, y ahí íbamos muertos de miedo a buscar los comunicados, que eran publicados. Eso generó un gran riesgo para los periodistas y les hicimos el planteo a los dueños de Los Andes. Cualquier cosa nos podía costar la vida. Y el directorio acordó no publicar más comunicados, ni de un bando, ni del otro. El asunto es que este tipo del Comando Anticomunista me volvió a llamar para anunciarme otra voladura (había cuatro o cinco bombazos por día), y le dije que no se iban a publicar más comunicados, que el directorio del diario lo había decidido así. No me llamaron nunca más… Pero era muy entendible someterse a esa censura… Nosotros logramos romperla. Estábamos en el edificio viejo, adelante, y la gente se agolpaba en el hall de ingreso para preguntar por sus familiares, que desaparecían en los operativos. La redacción estaba en el primer piso. Lloraban… a mí me tocaba atender a esa gente. Cuando planteaba ese tema, la respuesta era “no podemos hacer nada, nos van a clausurar el diario”.

Un día, vino una mujer y contó –llorando- una detención tremenda. Se habían llevado a su hijo, que era de la Juventud Peronista, a patadas, desnudo, delante de los hijos que gritaban. Cuando la mujer fue al diario su hijo llevaba una semana desaparecido. Todo el mundo negaba la detención. Y fui y se lo planteé a Di Benedetto, porque era un caso terrible. Me permitió publicar un recuadrito moderado, con la historia, y así rompimos la censura. Empezamos a publicar de menor a mayor las atrocidades de las Fuerzas Armadas. Hasta que a un tipo le volaron la casa para abrir una caja fuerte porque creían que tenía unos documentos del ERP.

-También hubo colegas que militaron del otro lado…

-Eran personas con pensamiento proclive al pensamiento militar. De esos, había varios. En la lista que publicó XXIII, y que publicaron ustedes, por ejemplo, no me sorprendió la inclusión de José Domínguez Palazzini, porque en aquella época ya se decía de su participación. Él profesaba simpatía por las fuerzas armadas y de seguridad. Eso es indudable…

-¿A vos, por qué te detuvieron?

-Nunca me lo dijeron. Estuve cuatro meses y medio preso, y ocho meses a disposición del Poder Ejecutivo Nacional, y nunca supe por qué. Me detuvieron en la redacción de Los Andes. Mi mujer, Norma Sibilia, sí lo supo. Ella escribía gremiales y política en el diario también. Estuvo ocho meses detenida. Cuando ocurrieron las detenciones sabíamos que la mano venía muy mal. Habíamos dejado nuestros hijos en otro lado, con mis suegros, y ella estaba en la casa de un tío cerca del palacio Policial. Allí la iban a ver Alfredo Mosso y otra persona para contarle cómo venía la mano, hasta que un día Alfredo le dijo que se iba con su esposa, Maricarmen Cubillos, a Perú. Hubo un allanamiento tremendo en mi casa, pero aunque no había nadie no pudieron entrar. Los del Ejército tiraron gas lacrimógeno y les hizo efecto a ellos… fue tragicómico…

"Los Andes jugó un papel muy miserable en esa época... En vez de protegernos... Coll le mandó a mi mujer, presa de la dictadura, un telegrama para que se presentase a trabajar"

Después de aquello, en Los Andes estuve muchísimos años proscripto, igual que Di Benedetto. Él, Bonardel y mi señora fuimos los presos de Los Andes en ese momento. El diario, en vez de protegernos, tuvo ese rol miserable.

-De Los Andes se decía que estaba “infiltrado”...

-Es muy probable. Recuerdo que un secretario de redacción, de apellido Coll, un tipo intelectualmente apto, profesor de metafísica pero muy gris, le mandó a mi mujer, que estaba presa de la dictadura, un telegrama intimándola a que se presente a trabajar. Los Andes jugó un papel muy miserable en ese momento. Cuando murió Coll, y tuvieron que desocupar su escritorio, Enrique Ferrari encontró una lista de periodistas con anotaciones como “zurdo”, “conflictivo”, “peligroso” y cosas por el estilo. Enrique se la entregó a un periodista relacionado al sindicalismo, a quien no voy a nombrar porque no estoy seguro. Una vez me contó que Ferrari le había entregado algo, pero no recordaba qué había hecho. Mucho tiempo estuve tras esa lista, porque doy vueltas alrededor de un libro. Nunca supimos si ese papel había ido y vuelto a los servicios de Inteligencia o sólo era de Coll. Pero allí estábamos nominados los que habíamos ido presos. Coll era un tipo sospechoso de colaboracionista. Pero más allá no puedo decir.

Me acuerdo de haber gastado la Libreta de Enrolamiento yendo al Comando a preguntar por mi mujer. A veces me atendía Tamer Yapur, interventor en Mendoza… a veces… uno de Inteligencia. Recuerdo haber visto más de tres veces a Domínguez Palazzini entrar a los despachos de Yapur o del general Jorge Maradona como si fueran grandes amigos, junto con Raúl Erbio Bragadín.

-¿Qué rol tenían?

-Bragadín fue un tipo nefasto, el prototipo del colaboracionista. De él sí puedo decir que fue un hombre de las Fuerzas Armadas, del Ejército. Usaba uniforme, y una vez entró al Andino con una pistola Ballester Molina en el cinturón para clausurar el diario, durante el “Mendozazo”. Cuando estuvimos presos en el 8vo de Comunicaciones, en un viejo barracón, por la rendija de la puerta lo veíamos pasar –muchas veces- a Bragadín junto a los torturadores. Él fue quien me hizo detener. Estábamos en Los Andes, a las cinco de la mañana después de una segunda edición, y Bragadín entró a la redacción como si fuera el dueño. Me acuerdo que lo increpé, porque las patotas se habían llevado detenido a Alberto “El Perro” Atienza, y su mujer había venido al diario a pedirnos que hiciéramos algo por él. Le dije a Bragadín que se dejaran de joder con la gente que no tenía nada que ver y que buscaran a los que sí eran terroristas. “Yo no se nada…” me contestó, y se fue. A los cuarenta minutos vinieron a detenerme. Claro, habían estado allanando mi casa buscándonos a mi mujer y a mí y no nos habían encontrado. Pero no querían allanar Los Andes, y por eso lo mandaron a él a ver si estábamos ahí… Fue un tipo realmente nefasto. Después se fue a Paraguay y se hizo contrabandista. Nunca más se lo vio en Mendoza… fue el símbolo de un periodismo alcahuete de las Fuerzas Armadas, que lo hubo. No me atrevo a dar otros nombres, porque podría cometer una injusticia… sí digo que había algunos que eran proclives a los militares. Una vez, Fabián Calle, me dijo “siento vergüenza de ser periodista. Nos hemos convertido en policías…”, en referencia a este tipo de gente.

-¿Perdonaste?

-Sí. El arresto nos fortaleció. Les inculcamos a nuestros hijos que no tuvieran rencor. Perdonamos en el sentido de no meter el dedo en la llaga permanentemente. Pero no olvidamos. He sido y seré testigo en los Juicios por la Verdad, y cada vez que me entrevistan por este tema digo lo que tengo que decir. Y mirá qué curioso… con los años, a mis hijos les tocó el Servicio Militar… El mayor, donde estuvo detenida la madre. Y el menor, en el lugar en que estuve preso yo. Hice una gestión para que los exceptuaran… pero la ley protegía sólo a los hijos de desaparecidos… Ellos sufrieron allí algunos métodos de discriminación y de presiones, pero también hubo gente que se portó bien…

Opiniones (8)
20 de octubre de 2017 | 13:59
9
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20 de octubre de 2017 | 13:59
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  1. Sos un grande del periodismo, de aquel periodismo de FORMACION, no de INFORMACION. Una verdadera pena que te alejes de la tinta y del papel.
    8
  2. Valiente, y honesto consigo mismo primero, y luego con tu profesión. Esta nota es para que los periodistas hoy puedan entender la profesión: un apostolado.
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  3. Es un verdadero orgullo.
    6
  4. Morán sigue teniendo la delicadeza de siempre. Primero fuimos competidores (y con El Perro, de El Andino). Después compañeros en otro diario. Epoca de códigos y respeto por el colega a ultranza. Dirigió el Mendoza, con Di Lorenzo, en la época del radicalismo pero nos trató bien a los peronistas, a veces por intercesión de Carlos Perlino, Secre de Redacción. Otros tiempos. Un abrazo y mi afecto de siempre.
    5
  5. En todos los ambitos sociales, existen los alchauetes y chupamedias, que crecen o pretenden hacerlo pisando a los demas.- No me extraña lo que cuenta este excelso periodista.- Pero los valores morales y eticos de periodistas de vocacion como el han desaparecido en la actualidad y ahora son mayoria los manipuladores de informacion, que crean conciencias a su medida.- Los alcahuetes y serviles han sido y son nefastos en todas las epocas, aun en esta seudo-democracia que nos toca vivir.- Ojala se conociera mas de periodistas como el Sr. Moran, para servir de ejemplo a los que se inician en esta profesion que requiera de mucha honestidad, ya que son formadores de opinion y si desdibujan la realidad, los cimientos del analisis son debiles y peligrosos.-
    4
  6. Sigue teniendo la garra de los años en que era mi jefe y mi maestro.Conocí mucho de lo que dice:Sufrí mis penas .Funcionábamos c0mo un equipo aquellos años 60.Mucho de lo que dice lo víví y también padecí .Mi recuerdo a quien mucho me enseñó .Guardo en mi corazón la amistad y mi memoria eterna para la valiente Norma.SALUDOS ENRIQUE DE Rivadavia
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  7. Las palabras empleadas por algunos periodistas son usadas para denigrar, malinformar, difamar,.... acaso ¿duda este Sr. que algunos medios veian que el ataque montonero iba a terminar con la democracia argentina? si es asi, no tiene derecho a llamarse periodista, para serlo hay que decir la verdad, y la verdad es esa. La izquierda quizo terminar con la democracia argentina. Ahora, si quiere condenar los excesos, lo aplaudo. Pero no solo la prensa fue "alcahuete", politicos, maestros, policias, albañiles, abogados, doctores, mas del 90% del pueblo sabia que era asi. Es inevitable, perdieron esa guerra, y ahora se atragantan con las palabras.
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  8. GRAN EJEMPLO... VOLVÉ!!! para que tengamos una opciòn entre comer mierda y conocer las noticias. GRACIAS!!!
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