Ibrahim Ferrer Jr.

"Mi padre fue un ser muy humilde"

El cubano se presentará con su banda esta noche en Godoy Cruz.

Hablar de Ibrahim Ferrer es hablar de uno de los grandes de la música cubana. Uno de esos ilustres que Ry Cooder sacó a la luz gracias a “Buena Vista Social Club”, esa película maravillosa que rescata del olvido a grandes artistas de la isla, y que terminó generando una pasión casi desenfrenada.

Muchos recuerdan a Ferrer: afrocubano, flaco, vestido con traje y boina, cantando de manera maravillosa y cadenciosa.

Ese hombre tuvo un hijo, que desde hace diez años vive en la Argentina. Poseedor del mismo nombre y apellido que su padre, el Junior es músico y esta noche se presentará con entrada libre y gratuita- en la plaza de Godoy Cruz, junto con otra banda que hace mover los pies: La Levingston Colmenares.

Difusor incansable de la cultura de la isla, el músico ya se presentó el año pasado en el Americanto y dejó el mejor de los recuerdos, después de ofrecer un show lleno de merengues, sones y guarachas; de tangos “a lo cubano” y de canciones populares que terminaron desatando una fiesta popular.

Pues bien, antes que todo eso vuelva a sucede, el hijo de la leyenda, el hombre que está haciendo su camino, se sentó a hablar con MDZ.

-¿Cuántos años hace que estás en la Argentina?
-Diez.

-¿Has logrado incorporar elementos de la música argentina a tu propuesta?
-Desde luego. Inclusive, mi próximo disco está hecho con dos compositores argentinos y dos cubanos. Incluyo tangos, baladas, valses, un bolero-canción pero llevadas a un ritmo cubano.

-Siento que el tango fue lo que más te impactó…
-En realidad, me impactó toda la música argentina. Este disco lo hice más romántico y con el tango como base, pero llevado a la práctica con mi manera de cantar. “El día que me quieras”, “Nostalgias, “Nada”, “Uno”, son tangos que me impactaron que los llevo a mi manera de cantar. Es algo inverosímil y me gusta que la gente lo escuche de esta manera.

-¿Y cuál es la respuesta que ves desde el escenario?
-Grata. Yo canté “Alfonsina y el mar” y la llevé al ritmo 3 por 4. Y miraba la cara a la gente y oían como algo extraño, pero al final la ovación fue tan grande que se me hizo un nudo en la garganta. También hay mucho sentimiento en mi voz cuando canto tangos.

-Este sentimiento te lo dan tu esposa, tu hija, tus diez años viviendo acá. Pero, ¿cuál es el sentimiento cubano que te invade sobre el escenario?
-La música cubana es lo que me hace vivir. Nací, crecí, me hice adolescente, alcancé la madurez y estoy envejeciendo con esa música. El sentimiento más grande que puedes sentir es por tu música. Me gusta cantarla y lo quiero hacer de la mejor manera posible porque creo que soy un embajador de mi cultura. Y ser embajador es ser diplomático. Y la diplomacia es parte de la enseñanza. Creo que trato de enseñar mi cultura y para poder hacer eso, hay que hacerlo de la mejor manera.

-Tu mujer es sanjuanina…
-Totalmente cierto. Hace diez años que estamos juntos. Ella me ha aguantado mucho. Tenemos una niña de siete años. Además ella tiene tres hijos más y yo dos.

-¿Vas mucho a San Juan?
-A cada rato. Ahora mismo vengo de estar más de una semana en esos lugares.

-Gran diferencia entre Cuba y San Juan….
-No lo creas. Debes saber que hay muchas partes de Cuba que se le parecen. Lo único que lo diferencia de manera muy grande es la sequedad del ambiente, cosa que allá no sucede. Pero en Cuba hay una zona campesina que tiene cierta similitud con Cuyo, como Camagüey, que es un lugar bastante se seco. No te voy a decir que es igual que acá, pero hay parecidos. Pero lo más similar que encuentro es la humildad de la gente: la forma del trato es muy parecida.

-¿Buenos Aires también te trata así? 
-Seguro. Adonde voy soy bien recibido, pero no soy una persona que sale mucho. Le dedico mucho tiempo a la música. Produzco mucho, escribo, compongo. Soy hiperkinético. Cuando salgo, recibo un trato excelente y paso más tiempo saludando que con la familia.

-¿Te permitís muchas cosas sobre el escenario?
-Hasta donde el productor me autoriza. Y a veces, como en Mendoza, el buen vino también te permite hacer muchas cosas…

-Tenés un nombre y un apellido muy fuerte. ¿Qué significa cargar con eso sobre tus espaldas?
-¿Te puedo contestar con una pregunta?

-Si, claro…
-¿Cómo te sentirías tu?

-Orgulloso y comprometido.
-Así estoy yo. Mi nombre y apellido no es artístico. Me lo dio mi padre y yo quiero darle ese nombre a algún hijo mío en un futuro. El hecho de hacer lo mismo que tu padre y portar su nombre y apellido es algo maravilloso y te obliga a hacer las cosas correctamente. Mi padre fue un ser humano que alcanzó un lugar en la historia de la música pero fue un ser muy humilde. Ahí está el desafío mayor. Trato de hacer mis cosas de la mejor manera posible.

-¿Te sentís presionado musicalmente?
-Siempre hay presión. Es tan avasallador el nombre y la perspectiva que tiene la gente con respecto a lo que haces, que te crea un estado permanente de incertidumbre. Cada vez que salgo al escenario le pido a mi padre que me acompañe y creo que está al lado mío. Es mucho el peso que siento sobre el escenario porque la gente está más atento que con otras figuras.

-¿Cómo es Cuba a la distancia, al tiempo?
-Estamos a más de 10 mil kilómetros y creo que no hay distancia que me separe. La tengo ahí, al alcance de mi mano. La siento, la vivo a diario. Llegan momentos en la que la llegó a añorar. Pero hay gente como mis amigos mendocinos que me ofrecen tanto amor, tanta humildad que me hacen dejar de lado esa añoranza que disfruto de todo.

-Ya nos conocés bastante porque estuviste el año pasado en el Americanto. ¿Qué tenés que hacer para mover al mendocino?
-El año pasado me preguntaron lo mismo y yo vi que durante mi show todo el mundo bailaba. Vengo a hacer lo que hacen ustedes: sentirme bien.

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