Nidia Evangelina Ríos

"Antes el policía era un referente social y ahora no"

Subcomisaria de la Policía de Mendoza, una uniformada que se anima a hablar de todo

Por Ulises Naranjo para MDZ on line

Hay un chaleco antibalas sobre una silla, un mapa de Mendoza contra la pared, un escudo de la Policía de Mendoza, grises –aburridos, neutros– libros de registros, una notebook y una chica sentada en una silla con una pistola 38 milímetros en la cintura.

La chica es Nidia Evangelina Ríos. Tiene 38 años, es soltera, vive sola y, además de ser una morocha muy guapa, es policía desde los 18 años y ya luce el cargo de subcomisaria. Tras más de veinte años de carrera, es una de las cuatro mujeres policías con más alto rango en la fuerza, aunque la única a cargo de una unidad especial: la Unidad Ciclística de Acción Rápida o los “bicipolicías”, como suele llamárselos. A su cargo, están 45 policías, de los cuales –como dato muy interesante– 42 de ellos salen a patrullar calles y se encuentran en excelentes condiciones físicas. La entrevistada no sólo hizo el nivel terciario de la Escuela de Cadetes de Policía, sino que también se recibió de profesora de Educación Física.

Nidia, la subcomisaria, es una mujer inteligente y directa y no extenderá sus silencios para escaparle al bulto con sus respuestas: desde la existencia o no de la “vocación policíaca”, el machismo en la fuerza, el uso de su arma de fuego, a las propuestas de utilizar esposas para la práctica del sexo y su vida de mujer más allá del uniforme, todo habrá de responder.

Sin dudas, el ingreso creciente de mujeres en la institución la ha humanizado y aportado limpieza. De hecho, son escasísimos los hechos delictuales en los que han tenido algún protagonismo las mujeres policías. Vamos a ella.


- ¿Cómo es un día en tu trabajo?

- Trabajo casi 18 horas por día. Me levanto a las seis y enciendo el teléfono y la radio policial. Y me vengo a mi oficina y trato de comandar esta unidad, que tiene una parte muy operativa y otra bien administrativa. También es cierto que, en algún momento, tenés que apagar la radio y desenchufarte, porque, si no, no hay cuerpo ni mente que aguante.

- No me vas a decir que existe la vocación de ser policía…

- En mi caso, sí. Existe totalmente. Yo siempre quise ser policía, desde que era niña. El uniforme me cautivó. Me sedujo la marcialidad con que se usa, lo impecable que se ve… Sin dudas existe la vocación en mí. Después de veinte años y con lo ingrato que es este trabajo a veces, debe ser por vocación que estoy tan entregada a esto y nunca me ha planteado dejarlo.


- Y veías sería de televisión de policías cuando eras chica…

- Claro, recuerdo que me encantaba la serie “Los Profesionales”. No me la perdía nunca. También veía la serie de Hunter y la detective Dee Dee McCall.

- Te pregunto sobre la vocación, porque si me dieran a elegir, elegiría ochenta profesiones antes que la de policía. Y también porque es innegable que muchos chicos que no consiguen salida laboral terminan en la fuerza para conseguir un sueldo y cierta seguridad social.

- Sí, es verdad que eso ocurre, pero no hay que generalizar. Muchos estamos acá por vocación, en una tarea que te alcanza para vivir y en algunos casos para vivir bien. Nadie se hace rico con lo que se gana en la Policía.

- Hay algunos comisarios a los que no les va nada mal… Te lo digo con franqueza porque yo soy de las personas que desconfía de los policías. ¿Cómo trabaja la Policía para tener una imagen y una conducta más amigable con la sociedad?

- Es difícil salvar las distancias. Yo creo que el rechazo social existe en mucha gente. Hace unos años atrás, yo recuerdo que si entrabas con el uniforme a algún lugar, todo el mundo te miraba mal. Yo creo que, al menos tenuemente, esto ha cambiado y espero que cambie mucho más. Antes el policía era un referente social y ahora no es así. Yo también creo que hay mucho bombardeo de parte de ustedes…

- ¿Hablás de los medios de comunicación?

- Veo que son muy exaltados los hechos negativos en los que individualmente hay policías involucrados. Hacer ver demasiado lo malo y muy poco lo bueno que tenemos.


- Puede ser y te reconozco algo: uno, a veces, se cruza de vereda cuando ve un cana, pero cuando estás en problemas de verdad, terminás llamando a la policía…

- Es que no es agradable tampoco acudir a la policía, porque uno requiere de ella cuando tiene un problema, no cuando está todo bien. Nos piden soluciones. Y lo que yo personalmente trato de hacer es ponerme del lado de la necesidad de las personas, me pregunto cómo puedo ayudar desde mi lugar. Muchas veces, la verdad es que yo pongo el corazón y no tanto la letra fría de la ley. Las situaciones, a veces, exigen otra clase de criterios. Creo que estas cosas ayudan a que se cambie la imagen que muchas personas tienen de nosotros.

- ¿Qué diferencias notás que hay entre los procederes de los hombres y las mujeres policías?

- Antes, había más diferencias. Antes era más difícil ser mujer y ser oficial. El trabajo que desarrollamos es exactamente igual. Y hemos ganado más respeto de parte de los hombres.

- ¿Te resultó difícil ganarte tu espacio?

- No fue nada fácil, pero entendí que eran las reglas del juego. Creo que fui demostrando que estaba en condiciones de trabajar y de tener la misma consideración en toda clase de labores. Y fui estando a cargo de operativos, de medidas judiciales y cosas así.

- ¿Y qué fue lo más difícil que te tocó afrontar?

- Tuve un par de procedimientos bravos, con enfrentamientos con armas algunas veces.

- ¿Has usado tu arma entonces?

- Sí, lo he hecho. Y también me han rodeado y me han apuntado dos veces a la cabeza con armas de fuego. Y una vez, haciendo un operativo de civil, me dieron una piña y me dejaron totalmente noqueada en el suelo. Conocí lo que sufren los boxeadores cuando los derriban y pierden el conocimiento. Por suerte, los atrapamos.


- No la deben haber pasado muy bien los tipos después de lo que te hicieron…

- Eran tipos pesados, delincuentes con todas las letras. Estas cosas me pasaban cuando estaba en Investigaciones, que fue la parte más adrenérgica de mi profesión. Fue la adrenalina a flor de piel.

- ¿Sos casada?

- No, soy soltera.

- Sos una morocha muy guapa, te debe haber tirado los caballos encima media Policía de Mendoza.

- Eh.. ¿yo? No… Yo… Eh… No, no. Soy muy reservada en estas cosas. Yo tengo un escudo y digo “hasta acá llegan” y nada más. Pongo los límites y no permito que nadie los pase. Soy muy seria.

- Sos muy tímida también…

- Sí, sí, eso sí: soy muy tímida. Y a veces parece que tengo mal carácter, pero la verdad es que soy muy tímida.

- ¿Tenés novio?

- Tengo pareja.

- Los policías se suelen poner de novios entre ellos. ¿Es tu caso?

- Mi pareja también pertenece a la fuerza, pero él vive en su casa y yo en la mía. ¿Sabés qué pasa? Vivimos tan metidos en nuestro servicio que muchas veces la vida social es muy poca.

- ¿Hay muchos romances entre policías?

- Como en todos lados. A ustedes les debe pasar lo mismo.

- Sí, en el periodismo hay muchísimos puteríos. ¿En la Policía también?

- Y… hay de todo. Donde hay hombres y mujeres, hay relaciones. Yo no me opongo a esas relaciones. A veces, interrumpen el normal desarrollo del servicio y a veces, no. A veces, ni te enterás. A mí, mientras no me afecten el servicio, no tengo problemas. Una persona con problemas familiares o de pareja no rinde al 100% en su servicio. Yo muchas veces prefiero decirles “mirá, pibe, andá y resolvé tu problema”. Y que se tomen un par de días y lo resuelvan y que, cuando vuelvan, me rindan al 100%, porque al 90% no me sirven.



- Te veo muy compenetrada con tu trabajo, ¿no has pensando en ser madre?

- Sí, es una gran materia pendiente. Espero poder ser madre muy pronto.

- ¿Vas a recitales o a la cancha?

- Sí, pero ya no voy a ese tipo de cosas, salvo cuando me toca hacer el servicio.

- Pero cuando vas de civil, cuando vas a disfrutar y putean a los canas, no debe ser fácil…

- Cuando yo salgo a disfrutar, salgo a disfrutar. Dejo mi uniforme en mi casa, me desenchufo totalmente y trato de pasarla bien, como espectador, como hincha. Muchas veces, la tarea del policía consiste en marcar límites y eso no gusta. Sin embargo, esta es la sociedad que tenemos, la que hacemos todos. Y nosotros somos los policías que esta sociedad produce.

- ¿Y qué hacés cuando, estando de uniforme, algún hombre te dice piropos como “llevame preso ya mismo, mi amor” o “esposame y me quedo con vos”?

- Eso lo tomás con humor, porque es parte de la naturaleza humana. Muchas veces, te sorprenden y terminás riéndote. Es simpático. Y cuando hay algún improperio, le pedís que baje un cambio y siempre hay un hombre policía que, como hombre que es, le pone los límites al que pasó un poquito la línea.



- ¿Salen mujeres solas a patrullar o siempre van con un hombre?

- Se busca el equilibrio operativo y la táctica adecuada. Hay situaciones que resuelven hombres y otras en las que deben intervenir mujeres. Hay un hecho inobjetable: biológicamente, el hombre tiene más fuerza que la mujer; pero hay tareas como las requisas femeninas que ellos no pueden hacer.

- Cuando patrullan en pareja, por una cuestión ancestral, ¿se da la natural protección masculina para con la mujer? ¿Los hombres están pendientes de que “no le pase nada a la compañerita”?

- Se dan los dos casos, pero el intento de protección masculina no se puede negar. Está presente. Por su diseño genético y antropológico, el hombre busca proteger a la mujer. Por lo mismo, a veces, la mujer da un paso atrás. En otras ocasiones, las mujeres son las primeras que pasan al frente.

- ¿Has conocido el caso de una mujer policía que cometa algún caso de corrupción?

- Corrupción desde adentro, no, no conozco casos. Hace poco, se supo de una mujer que tenía una vinculación con una banda de asaltantes, pero no es un hecho común. Estadísticamente, en el mundo, la corrupción es más un patrimonio masculino.


- Y… será cuestión de que ustedes vayan accediendo a más ámbitos de poder para que aparezcan más casos.

- Tal vez, seguramente sí. Es parte de la naturaleza humana, que no distingue.

- ¿Cómo han tomado los policías viejos la irrupción de mujeres?

- Al principio, hace veinte años, a muchos les costó, pero se tuvieron que ir acostumbrando. Igualmente, yo tengo recuerdos muy buenos. Algunos, de hecho, no nos aceptaban porque nos veían como si fuéramos sus hijas. Muchos nos apoyaron porque creyeron que íbamos a provocar un cambio positivo. Fue un proceso y creo que ha ido evolucionando bien.

- ¿Esperabas que te dieran una responsabilidad tan grande?

- Fue muy sorpresivo, un halago muy grande, una gran alegría, después de tantos años de trabajar sin fracturas, sin problemas, sin discontinuidades. Han sido muchos sacrificios, mucha siembra y esto es parte de la cosecha.

- Yo sigo con mis prejuicios y otra vez te pido disculpas, pero me llama la atención tu léxico, tu inteligencia y la manera en que no evitás dar respuestas… No es muy común esto, entre policías.

- Es tu prejuicio. Lo cierto es que mi formación no se limitó a la carrera policial. Hice el Instituto de Educación Física, soy docente en la institución, hice una tecnicatura en Seguridad y ahora estoy con una tesina en Seguridad Pública. Quiero estar lo más al día que pueda en mi actividad. Aparte tengo una vida más allá de esto. Me encantan, por ejemplo, las actividades de montaña. El año que viene quiero ir a subir el Aconcagua.


- ¿Qué clase de policía necesitamos hoy los mendocinos?

- Uno que piense rápido. Uno que piense mientras actúe. Uno que esté absolutamente al tanto de sus soportes legales para saber qué se debe hacer y qué no se debe hacer. Un policía que conozca absolutamente cuáles son los límites que tiene para actuar y para no actuar. Esa velocidad de pensamiento, necesariamente, debe ser acompañada por experiencia. Nosotros, los policías, tenemos muchos por hacer al respecto.

- No puedo despedirme sin una pregunta fundamental…

- A ver…

- ¿Te han pedido alguna vez que usés las esposas cuando hacés el amor?

- Sí, me lo han pedido, pero la verdad es que a mí no me gustan esas cosas. Igual, si te gustan te las puedo prestar.

 
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