Julio César Ruíz

"Vamos a Haití a dar una mano, pero no a buscar chicos"

El presidente de la Fundación Adoptar analiza el furor por la adopción de niños haitianos.

Sorpresivamente, se instaló aquí y en el mundo entero, una nueva necesidad: tener en casa a un niño haitiano. Como consecuencia del feroz movimiento de tierra que mató a decenas de miles de personas en la pobre nación caribeña de Haití, en el mundo hipercomunicado se corrió la bola: “Los niños van a estar mejor en otras manos, en otro lugar”. Ni siquiera –según advirtió la Unicef- se esperó a confirmar que sus padres hayan muerto: simplemente se acuñó la idea de que los haitianitos vivirían mejor en cualquier punto del planeta y con cualquier persona, aunque no tengan ningún lazo con ellos, ni hablen su idioma, ni compartan fragmentos de su historia.

Mucha gente con excelentes intenciones se sumó a este “llamamiento” y se pusieron en campaña para facilitar la adopción de estos chicos en Argentina y en decenas de otros países.

Pero mucha otra gente que no se mueve en función de los sentimientos también se movilizó: las catástrofes son, para ellos, inmejorables oportunidades de negocios. Y la venta de niños lo es, por cierto.

Aquí en Mendoza el tema se instaló, como no podía ser de otro modo. Hasta hay alguna familia con los trámites iniciados para traerse a un niño haitiano. Celia Astargo, periodista de LV 10, lanzó la semana pasada un desafío por Facebook, oponiéndose a la extrirpación de estos pibes de su hogar y generó un gran revuelo. El debate sobre a quién se beneficia con la masividad de las adopciones, tal como se ha planteado en este caso, nuevamente se abrió: ¿se ayuda al niño o se llena el espacio vacío de parejas que no pueden tener hijos?

La ley argentina es clara y coincide con la legislacióm internacional: lo que debe primar es lo que se ha dado en llamar como “el interés superior del niño”.

Nos explica su postura sobre este tema un especialista que viene trabajando a favor de la legalidad de las adopciones y en contra de la trata, la venta de personas en el país. Hablamos con Julio César Ruiz, titular de la Fundación Adoptar que, desde su sede en Tucumán, despliega una amplia labor en varias provincias argentinas.

-¿Qué opinión le merece este furor por adoptar a un niño haitiano que se enarbola como una forma de ayudar a esa nación caribeña tras la catástrofe?

- Es comprensible la actitud que tienen los aspirantes a adoptar. Esto no solamente ocurre hoy tras el terremoto en Haití, sino que pasó en el último tsunami y en cada desastre mundial. Pero no se pueden manotear criaturas en un país que acaba de sufrir una catástrofe cuando no se sabe todavía si esos chicos perdieron o no a sus familiares. Los que lo hacen parecen buitres. Eso les puede crear un trauma sin retorno a esos chicos, en medio de semejante drama. Estoy de acuerdo con la ley: hay que esperar que el país se ordene y recién ahí ver cuáles de esos chicos sí pueden ser dados legalmente en adopción. Vayamos a Haití a dar una mano, pero no a quitar a los chicos. La fotografía que muestran los medios de comunicación de estos niños haitianos parados en derrumbes, nos recuerdan a los niños nuestros, de Añatuya, Santiago del Estero, Argentina, parados en basurales, intentando sobrevivir. Los que ni siquiera tienen esa oportunidad, desaparecen, en un promedio de 12 por semana, nada más que del sureste de esa región. Quizá los errores sean confundir solidaridad con ser padres. Lo primero es darle a Haití lo que ahora precisa. Ser padres, es otra cosa.

-¿No le parece que organizaciones internacionales están tratando a los niños como si fuesen mascotas?
 
- La situación de los niños en Haití está siendo administrada por países y organizaciones internacionales serias. No se ha otorgado ninguna adopción nueva en Haití, no sólo por que la Convención Internacional de los Derechos del Niño impiden adopciones de niños en casos de guerras o catástrofes, sino por que aún el Pueblo de Haití no ha conseguido determinar cuales son los niños realmente huérfanos y que ni siquiera tienen su familia ampliada, tíos, abuelos, etc. Una vez que esto ocurra, y se dé una nómina específica de niños huérfanos, colocarán como opción la adopción internacional que es tan sólo una forma de las tantas que existen para resolver este tipo de situaciones.
 
-¿Qué estima que debería hacerse con esos chicos?
 
- Lo que se está haciendo. Curando a los heridos, conteniendo a los que están sanos y buscando en general los cadáveres de las personas muertas y en particular la de cada niño, por ahora, no abandonado, sino sólo, como entiendo es el término más preciso.
 
-¿Hay algún marco normativo internacional que le pueda poner freno a esta situación?
 
- La normativa es suficiente y está claro que debe respetarse.
 
-Más allá de este planteo crítico hacia las adopciones de niños haitianos, se percibe un clima favorable en la sociedad, como que creen que con ello ayudarían, realmente. ¿Por qué esto es así?
 
- Por que tienen un concepto de que la adopción de un niño es caridad, o solidaridad, cuando en realidad adopción es: el Superior Derecho e Interés de un niño de iniciar el camino de la vida tomados de la mano del o los seres que lo aman.  Ser caritativo es una cosa, ser padres es otra distinta. La demora tremenda de los trámites de adopción en la Argentina, también hace que los aspirantes a adoptar entiendan como una oportunidad esta situación. Es una pena, por cuanto, muchos de ellos, personas de bien, que incluso han obedecido la ley y se inscribieron en los Registros de Aspirantes a Adoptar, se derrama sin ningún inconveniente a la compra o adquisición de un "hijo". Generalmente son personas que no pueden vivir con la angustia de la esterilidad, u otros que entienden que un "hijo" les da cierta completitud en la vida.
 
-La cuestión, finalmente, pone sobre el tapete un tema importante, que debe estar en la agenda social y política, como es el de la adopción. ¿Cuáles son las deudas de la Argentina para con este tema?
 
- Que el gobierno nacional tenga como importante la temática del tráfico humano, que hasta ahora va demostrando que los únicos desaparecidos o apropiados son los ocurridos en gobiernos militares. Más allá, que esta actitud política de conveniencia es tan sólo para mostrar a la comunidad internacional que en la Argentina se respetan los derechos humanos lo que representa una vil falsedad. Tan sólo para dar una semblanza de ello, debemos decir, que nuestras investigaciones y denuncias penales, giran en torno a la desaparición actual, sistemática de un promedio de 12 bebés por semana nada más que en el sureste de Santiago del Estero. Estas estadísticas que la Fundación Adoptar acuñaba en soledad imprevistamente fueron reconocidas por el propio gobernador de Santiago del Estero, que públicamente dijo: "En la provincia, de 10 niños que nacen, tan sólo se registran 2 ó 3". El gobierno nacional con este silencio, ha mostrado que el tráfico humano no está en su interés. Basta tan sólo con revisar este documento que muestra a las claras una decisión fuerte sobre esta materia. De todas maneras, han intentado tapar el sol con un dedo y no han podido. Hasta uno de los grupos de control social muy importante en la Argentina como es la Iglesia, también a reconocido de esta manera, que hay tráfico de bebés en Santiago del Estero.
 
-¿Qué niños son adoptados por los argentinos legalmente, y cuáles son apropiados o “conseguidos” por otras vías y para qué?
 
- Podemos decir, que la Ley 24.779, que regula el instituto jurídico de la adopción en la Argentina, tan sólo efectúa entrega legales de bebés y niños pequeños en un 25%, el resto, el 75% está monopolizado por circulación con entrega de niños por adquisición económica generado por bandas. En el caso de Añatuya, que es la segunda fábrica de bebés de nuestro país, son sustraídos, a través de 12 pistas clandestinas, juntamente con cargamentos de drogas. En el caso de los bebés que son sustraídos por vía terrestre, lo hacen en su mayoría por vehículos particulares con partida de nacimiento y documento nacional de identificación otorgado por los propios Registros Civiles de estas zonas, razón por la cual, no pueden ser detenidos por Gendarmería. Estos bebés se venden para cumplir roles de hijos en Europa aproximadamente por 50.000 euros, aunque el mercado de la pornografía y la prostitución infantil están pagando por cada bebé 7 veces más.
 
-¿Qué deberíamos hacer para tomar conciencia?
 
Varias cosas, quizás;
 
1.- No responder a conceptos difundidos por la Iglesia Católica Apostólica Romana, sobre que los niños se crian mejor con familias pudientes, sino, seguir sosteniendo el criterio que un niño se cría mejor con su papá y su mamá.
 
2.- Antes de votar, escuchar el discurso de los candidatos, para ver qué ofrecen sobre derechos humanos.
 
3.- Meter presos a estos señores, que nosotros los denunciamos penalmente, como usted podrá apreciar con nombre y apellido y fueron sobreseídos sin siquiera haberlos llamado a declarar.
 
Es cierto que condenarlo a Julio César Grassi fue bueno, no sólo por que se le aplicó una pena que merecía, sino por que en su dictamen final, los jueces han comprendido que esta persona es un pedófilo y que la Iglesia no se puede involucrar en proteger este tipo de delincuentes comunes. En el caso de Añatuya, quizá por el alto rango del acusado principal aún no lo hemos logrado.
 
4.- La Iglesia Católica, Apostólica Romana debe cambiar de criterios respecto del significado de un niño.
 
5.- Los aspirantes a adoptar deben comprender que no se puede comprar "un hijo" tan sólo por estos 12 motivos:  ver http://www.adoptar.org.ar/2009/09/por-que-optar-por-la-adopcion-legal/
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