Santiago Gamboa

"Me gustan las vidas que están en la periferia"

Escritor. Ganador del Premio de Novela La otra orilla 2009.

Originalidad, sentido del humor y buenas historias son las marcas de la notable narrativa de Santiago Gamboa. Esas cualidades lo convirtieron en el reciente ganador del Premio de Novela La otra orilla 2009, que convoca el grupo editorial Norma, por su novela Necrópolis.

Con varios títulos de un puñado de universidades del mundo que acreditan sus estudios y especializaciones en Literatura, el colombiano (Bogotá, 1965) también es periodista, viajero incansable y lector voraz.

Gamboa destacó pronto entre los nuevos escritores latinoamericanos con su novela Perder es cuestión de método (1997) y Vida feliz de un joven llamado Esteban (2000). Sus novelas posteriores no han hecho más que refrendar las primeras observaciones de la crítica: que Gamboa tiene muchas y estupendas historias que contar.

Con una Jerusalén sitiada por la guerra y un variopinto congreso de biógrafos como escenario, Necrópolis va desgranando las historias oscuras, complejas, sórdidas, carismáticas de los asistentes al mismo. Con la voz de una suerte de "Bartleby" sudamericano como hilo conductor, la novela inserta las narraciones en primera persona y “de cuerpo presente” de los biógrafos, que no son más que biógrafos de sus propias vidas.

Entre ellos destaca José Maturana, un ex todo (ex convicto, ex drogadicto, ex pastor evangélico, ex analfabeto, ex optimista), que cuenta su vida y de la sus amigos en la serie de admirables capítulos “El Ministerio de la Misericordia”. La muerte súbita de Maturana desencadenará una serie de intrigas, pesquisas y todo tipo de conjeturas.

- ¿Cómo surge la idea de escribir una suerte de moderno Decamerón?

- Me gustan los libros que tienen muchas voces. La polifonía es algo que venía trabajando en mis novelas anteriores, y quise hacer algo aún más radical. Pensé que sería una buena idea tomar como modelo a Bocaccio, y agregando algo más moderno, de novela contemporánea, que es una historia marco a partir de la cual los personajes se mueven.

- ¿Por qué elegiste Jerusalén como escenario?

- Porque es muy bella y es el prototipo de la ciudad martirizada, destruida. La ciudad arrasada. Tiene tanta simbología como historia. Es sin duda el epicentro de la cultura occidental.

- Los personajes son parias sociales, excluidos del “canon” del mundo, son sobrevivientes. ¿Cómo nacieron y por qué los reuniste en este congreso?

- Me gustan las vidas que están en la periferia, al límite. En ellas se ve todo lo humano -o lo inhumano- con mayor claridad: la gente que sufre, que tiene contradicciones, vicios, pulsiones destructivas, que ansían sentir un poco de alivio. Me es más natural imaginar ese tipo de personajes. No sé por qué. Es lo que tengo en el alma.

- La historia de José Maturana es excepcionalmente intensa. ¿Tomaste un modelo de la vida real?

- No, pero hice una sumatoria. De aquí y de allá. Por cierto que una de las imágenes fue el evangélico interpretado por Benicio del Toro en el film 21 Gramos.

- En todas las historias hay por lo menos una denuncia que apunta directamente a la hipocresía: a la religiosa con Maturana, a la moral con Sabrina Vedovelli, a la editorial con Supervielle, a la social con Kaplan. ¿La intención fue desnudar estos aspectos con historias fuertes, casi sórdidas, que lo dijeran por sí mismas?

- No creo que me atraiga denunciar situaciones, sino sólo darles vida y observarlas. En ese sentido estoy lejos de la literatura moralista, que tiene propósitos, digamos, proselitistas, o militantes. Me gusta poner la vida en acción e imaginar sus consecuencias. Ver qué sucede cuando ciertas fuerzas de la propia vida se encuentran, chocan. Me gusta poner en escena. De joven hice teatro. Tal vez tenga que ver con eso.

- La oralidad sin remilgos es una cualidad de tu escritura. En esta novela se mezclan los acentos y los ritmos de tal manera que casi se pueden “escuchar”. ¿Qué valor le das como escritor al poder capturar el habla?

- El máximo. La voz de los personajes es para mí el objetivo formal de la escritura. Ellos, con sus voces, se presentarán a sí mismos y le contarán sus vidas al lector con gran intimidad, como si le hablaran en la oreja.

- En lo personal, ¿te interesa el género biográfico?

- Me gusta leer biografías de escritores, pero jamás de políticos y mucho menos de héroes.

- En tanto que avanza la novela con sus narraciones intercaladas crece la tensión hasta llegar a un tono apocalíptico. ¿Cómo fue el proceso de escritura?

- Fui buscando la novela a medida que avanzaba, y en ese avanzar, un poco a ciegas, fui encontrando la historia marco. Los personajes se fueron imponiendo y luego apareció la voz de cada uno. En ese momento supe que tenía la novela en la mano.

- Contra todo pronóstico, y a partir inclusive del título, Necrópolis es una novela muy divertida. ¿Qué reflexión te merece el humor en tu  literatura?

- Me gusta la gente que tiene buen humor y también las novelas que tienen buen humor. Es una cosa muy seria, establece una enorme credibilidad. Lo que nos divierte por lo general lo damos por cierto. Es un gran invento, en la vida y en la literatura.

- En tus novelas siempre están presentes como temas la tarea del escritor y la relación vida-literatura. ¿Escribir sobre estos temas es una forma de reflexionar sobre ellos?

 - Sí, claro. Uno piensa mejor escribiendo. Me gusta que haya literatura en mis libros, pues eso permite a quien le interese seguir una línea a través de los autores. A mí me gusta, como lector, que el autor me proponga un viaje literario. Por eso lo hago.

- Hay decenas de homenajes literarios en Necrópolis, el más notable es del El Conde de Montecristo de Dumas. ¿El nombre de Ebenezer, que se repite de historia en historia, es el Ebenezer Scrooge, de Dickens? ¿Por qué decidiste trasponerlo en tu novela? 

 - Eso lo supe después. La escritora mexicana Mónica Lavín, que tuvo la gentileza de presentar mi novela, lo mencionó y me llevé una sorpresa.  Lo de Ebenezer fue una pura intuición.

- ¿Qué tenés, o no, en común con el grupo de escritores antologados en McOndo en 1996?

- Bueno, a algunos de los antologados les he seguido un poco la pista, incluido el propio (Alberto) Fuguet. Creo que cada uno ha hecho un camino completamente distinto. No hay duda de que en esa primera antología hay aciertos.

- ¿Y con los narradores del "Crack" mexicano?

- Los he leído como autores sueltos. Me gustan los libros de (Jorge) Volpi y de (Ignacio) Padilla. También Pedro Angel Palou. Son buenos. Son mexicanos. México ha sido siempre pródigo en buenos escritores.

-¿Qué escritores argentinos te interesan?

- Pablo Ramos con El origen de la tristeza. Ese libro me dejó knock out, es extraordinario. También Federico Jeanmarie y Martín Caparrós. Bueno, interpreto que me preguntas por escritores actuales y no por Borges y Cortázar.

- ¿Cómo es un colombiano viviendo en India?

- Da un poco de risa, pero puede aspirar a pasar desapercibido.

- ¿Por qué hay tantas ciudades y viajes en tu vida y en tu obra?

- No lo sé. Soy viajero compulsivo. Me siento mejor cuando tengo una reserva para dentro de un par de semanas. Respiro mejor. Me gusta alejarme, o acercarme, no sé.

- Por último, ¿irías a un congreso de biógrafos?

- Sí.

Patricia Rodón

Opiniones (0)
20 de noviembre de 2017 | 04:03
1
ERROR
20 de noviembre de 2017 | 04:03
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
    En Imágenes
    Grammy Latinos 2017
    18 de Noviembre de 2017
    Grammy Latinos 2017
    Lluvias torrenciales en Grecia
    16 de Noviembre de 2017
    Lluvias torrenciales en Grecia