Juan Carlos Pina
"La institucionalidad de la vitivinicultura es un ejemplo a seguir"
Gerente de Bodegas de Argentina y miembro de la Corporación Vitivinícola Argentina

La vitivinicultura argentina, pronta a iniciar su proceso de cosecha 2010, se enfrenta a distintos desafíos: incluir socialmente a los pequeños y medianos productores que quedaron fuera del sistema cuando se produjo la erradicación de viñedos en la década del ´80, mejorar sus exportaciones para que no solamente el vino embotellado sea la vedette y sí crezcan las de mostos o de vinos a granel, mejorar el sistema de lucha contra el granizo y continuar produciendo lo que reclama el mercado, entre otros asuntos comunes de los bodegueros. Del otro lado del charco, entre los logros, resalta la importante institucionalidad que ha logrado en los últimos años la actividad privada y que hoy sirve de ejemplo a los problemas que empañan a distintas gestiones de gobierno, nacional y de muchas provincias. A Juan Carlos Pina, gerente de Bodegas de Argentina, lo mantienen concentrado estos asuntos clave de la industria del vino nacional, actualmente con el foco puesto en la inminente cosecha, a punto de iniciar.

- El último pronóstico de cosecha, si bien fue dado a conocer un poco tarde por parte del INV, parece ser promisorio respecto a lo que sucedió el año pasado. Sobre todo considerando los problemas de stock que se vivieron el año pasado.

- Yo te diría que la comparación con la del año pasado no es la que más me gusta. Creo que la comparación debería ser con una cosecha normal. Porque con una cosecha excepcionalmente baja como la del año pasado cualquier cosecha es importante. La cosecha que nos han dicho que va haber será un poco menor a una cosecha normal, lo cual es absolutamente entendible porque una cosecha de un 25% menor, por distintos factores como viento zonda, granizo, heladas, según las zonas del país, sufrió grandes consecuencias. Por lo tanto no es de esperar –la 2010- una cosecha normal pero es una buena cosecha que nos puede llegar a recuperar el problema de los stocks. Respecto al pronóstico creemos que puede ser un pronóstico un poco ajustado. El mismo presidente del INV nos dijo en su momento que a este pronóstico lo asociaban bastante a la disponibilidad de agua que es un factor crítico y por lo tanto creemos que está bastante bien.

- Las últimas tormentas, ¿han sido motivo de preocupación? Si bien algunas han precipitado en áreas poco cultivadas, ¿afectarán la presente cosecha en forma considerable?

- Hablar de tormenta es hablar de granizo. Yo creo que en Mendoza tenemos un problema a partir del granizo por el cual perdemos todos los años un porcentaje de frutos. Un valor que ronda entre un cinco o un seis por ciento. Visto de esa forma, cualquiera puede afirmar que no es tanto. Pero preguntémosle al señor que le cayó granizo a ver qué contesta. Y para quien no sabe lo que es el granizo para el bolsillo de cualquier trabajador se le podría explicar que significa que de un día para otro se le informa que por los próximos 10 meses no va a cobrar. Eso es el granizo. Esto quiere decir que para las zonas afectadas es algo gravísimo y en el promedio no es tanto. Según las cifras que ha dado el INV, los daños que hemos tenido por el granizo no se van a ver expresado en forma contundente en el conjunto.

- ¿Y los problemas de humedad?

- Bueno, si nos toca un año demasiado lluvioso eso puede afectar en algunas zonas algunas variedades aunque creo que después de la primera vendimia complicada que tuvimos por el agua, en 1998, hoy entre los agrónomos y los enólogos se maneja muy bien el problema que presenta el exceso de agua en los viñedos. Para ello existen actualmente varias páginas meteorológicas en Internet donde con tiempo pueden anticiparse los inconvenientes y por lo tanto se pueden prever tareas culturales o anticipar cosechas de algunas variedades. Por lo tanto, sí puede ser un problema la humedad pero la experiencia que tenemos nos permite manejar bastante bien algunas contingencias de este tipo. Pero por lo general el pronóstico debería cumplirse según las cifras divulgadas por el INV.

- Hablando de granizo. ¿Cómo evalúan la actual lucha activa?

- Lo que voy a decir vale desde ahora hasta el año 1983. Es decir, desde que se inició la lucha antigranizo. El principio técnico científico de la lucha es válido. Esto es, transformar una nube granicera con piedra capaz de producir mucho daño en pequeños granitos de granizo del tamaño de un grano de arroz que son inofensivos es válido. El gran desafío es ver si puedo o no sembrar una nube con el famoso Ioduro de Plata. O sea que si siembro el cien por ciento de una nube eso será fantástico. Pero en un gran Cúmulo Nimbo eso es muy improbable. Uno eso lo ve cuando se ve una nube a 12 mil metros de altura cuando se formó a mil metros. Por eso nosotros vemos que realizar una siembra efectiva es muy difícil, más aún cuando los mismos científicos explican que Mendoza tiene muchas condiciones adversas para esto, a diferencia de otras partes del mundo donde las condiciones son mejores para realizar la siembra en las nubes.

- Y entonces, ¿qué aconseja?

- Nosotros creemos que lo más seguro es la tela antigranizo, que de todos los métodos es lo que da un buen resultado. También creemos se puede avanzar bastante en lo que es seguro agrícola. En esto último sabemos que el problema radica en que si no es una cantidad importante la gente que está asegurada se hace difícil implementarlo. Para ello habría que obligar a la gente para que tome el seguro en forma compulsiva, lo cual no es bueno ni aconsejable. O que el Estado, como en el caso de España, aporte una suma importante por año y de esa forma sí sirve. En el país existen experiencias muy importantes, válidas y vigentes, pero lo que pasa que en el caso de Mendoza el valor de la producción es alta y el daño es tan alto que, bueno, la ecuación no es tan fácil de cerrar. Resumiendo, creemos que la actual lucha activa no es efectiva porque sostenemos que es mucho más práctico un sistema de créditos.

- Entonces la lucha activa contra el granizo no resuelve los problemas de la contingencia y su consecuente afectación de los frutos de la vid o de cualquier fruta.

- Y bueno, yo diría que históricamente hemos tenido años graniceros. Incide mucho más la circunstancia que un año sea por naturaleza más granicero o menos granicero a que la lucha haya sido más o menos afectiva. Por eso vuelvo al concepto de que deberíamos tener un sistema de crédito, en el caso de Mendoza, a través del Fondo para la Transformación y el Crecimiento para entregar préstamos a tasas muy bajas o a tasa cero para lo que nosotros llamamos la superficie social del viñedo. Qué quiero decir con esto. Que si un productor tiene 15 hectáreas de viñedo, con qué superficie de las 15 él se asegura el capital de trabajo para el año siguiente. Supongamos que con siete hectáreas. Porque si le damos el dinero para asegurar a esas siete hectáreas, por más que le caiga piedra, se asegura de seguir trabajando el año siguiente. Por eso le decimos social, porque si no está asegurado inmediatamente después del granizo suspende a la gente porque no va a cosechar y no va a tener con qué pagar. Si él por su cuenta quiere asegurar el resto de la propiedad, lo que coseche va al mercado. Pero nosotros creemos que es mucho más efectivo que una superficie que le asegure que va a trabajar y por lo tanto dar trabajo. Y también vemos que el camino del seguro que viene encarando la provincia desde hace unos años, es válido.

- Observando lo que en forma permanente está sucediendo, ahora con el caso de Redrado y la polémica desatada con Cristina Fernández, lo cual sigue debilitando la institucionalidad del país, ¿la vitivinicultura no tiene algo para mostrar y que sea imitado como un ejemplo de institucionalidad? Digo esto porque a través de la Coviar todos los sectores de la industria se sentaron hace años a trabajar en objetivos comunes y de corto, mediano y largo plazo, lejos de las diferencias intestinas a través de las cuales antes se mataban.

- Si, creo que sin duda, la vitivinicultura ha tenido la virtud de crecer institucionalmente. En un momento, que a comienzos de la década del 2000, después de una década de grandes cambios para la industria como fue la de los ´90, dijimos que tenemos que avanzar. Pero ordenadamente, sabiendo que la vitivinicultura tiene una gran cantidad de cámaras empresarias. De diferentes tamaños, de diferentes representaciones sectoriales, geográficas, etcétera, con pensamientos diferentes, sobre temas diferentes, lo cual es genuino porque cada uno defiende los intereses de sus asociados. Considerando todo esto el gran acierto fue habernos puesto de acuerdo para pensar en el mediano y largo plazo, que es mucho más fácil que pensar en la coyuntura. 

- ¿Más fácil, dice usted…?

- Diez veces más fácil. De hecho, nosotros que muchas veces en el Comité Vitivinícola presenciábamos batallas campales, porque había grandes peleas y encima con la prensa afuera esperando declaraciones y presionando, supimos entender que era más fácil hablar entre todos del largo plazo que de la coyuntura. Además hablando de un largo plazo sustentado, con cifras, con información fidedigna y discutiendo dejando de lado aquellas cosas que sabíamos eran conflictivas, que nos iban a separar. Entonces dijimos, si hay unas cuantas cosas en las que estamos de acuerdo, trabajemos en esas porque ya tendremos tiempo para acordar en las que nos dividían, pero no perdamos más tiempo y trabajemos por la industria. Todo ese proceso se hizo siempre con la presencia del Estado. Esto tuvo la ventaja que ordenó bastante al sector, porque todos sabíamos dónde íbamos. El Estado estuvo sentado desde un primer momento, llámese INTA, INV, o los gobiernos provinciales. Cuando cambió un gobernador o un ministro de economía se le debió recordar que a quien representa ya opinó sobre eso. Si venía con una idea nueva, bueno, se le pedía que la pusiera en la mesa y la discutíamos. Pero en general, institucionalmente el ministerio de Economía de La Rioja, de San Juan o de Mendoza, habían opinado sobre los asuntos comunes. Esto facilitó muchísmo las cosas. Lo otro importantes es que a los 100 millones de pesos que aportaron las bodegas a la Coviar en los cinco años que llevamos, el Estado aportó a través del Consejo Federal de Inversiones 10 millones, se le sumaron 50 millones de dólares o de 200 millones de pesos que supimos conseguir gracias a que estábamos organizados institucionalmente. Porque la institucionalidad que habíamos logrado nos permitió tener la representatividad y la organización para conseguir esos recursos.

- Dicho así parece simple…

- Lógicamente esto no fue tan simple. Esto costó mucho esfuerzo porque afortunadamente esto no forma parte del Presupuesto Nacional, y lo digo desde le punto de vista del control de esos fondos. Porque hasta ahora hay grandes aportes de las empresas y por lo tanto custodian en forma permanente lo que se hace en la corporación. Y también hay que hacer un gran esfuerzo en esto que hemos dicho de pensar en el mediano y largo plazo porque queremos ser justos tanto para el sector público como para el privado. Por eso el Plan Estratégico Vitivinícola no es un fósil que está quedado en el tiempo y por eso hay que ir ajustándolo.

- A diferencia de lo que ocurre con muchos actores de la política argentina, ¿se podría decir que en la vitivinicultura al final primaron los intereses generales sobre los particulares?

- Por eso te decía eso de que en su momento vimos la necesidad de planear y discutir sobre el largo plazo, considerando los temas en los que estábamos de acuerdo. Si hay algo en lo que estamos en desacuerdo nos salimos de la Coviar y nos ponemos como cámaras a discutir las diferencias pero al Plan Estratégico no lo tocamos. Esto ocurre cuando queremos hablar del precio del vino, del precio o del porcentaje a mosto o del precio de la uva. Y esto considerando que siempre somos los mismos actores de la corporación pero no confundimos los papeles. Ahí, en las cámaras, tenemos serias diferencias.

- Considerando que las exportaciones de vinos a granel bajaron el año pasado y que las exportaciones de vinos embotellados, con valor agregado, crecieron un 10 por ciento. ¿Por qué considera que esto ha ocurrido, observando que esto en el mundo del vino no sucede actualmente?

- Ese es un logro pero hay algunos peros. En primer lugar, Argentina, si uno analiza las exportaciones comenzó a exportar algo en los últimos años de la década de los ´90. Esa exportación fue con un tremendo sacrificio, cuando estaba aún el uno a uno, que si bien era muy bueno para las importaciones no lo fue tanto para las exportaciones. Así y todo se comenzó a exportar. Luego vino diciembre de 2001 con la devaluación. En 2002 hubo transición pero a partir de 2003 Argentina comienza a exportar en serio, con la ventaja de que teníamos una experiencia previa de algunos años. A nosotros la devaluación nos pescó con el short puesto y las zapatillas. Estábamos esperando. Otros sectores se quedaron y pensaron que a lo mejor convenía exportar y pensaron en comprar las zapatillas y el short. Nosotros salimos corriendo. Desde ese año, el país empieza a crecer, hasta 2008 a un promedio espectacular con un promedio de crecimiento de un 20 por ciento en volumen y un 30 por ciento en valor FOB. En precio, en divisas.

- ¿Y esto por qué se produjo?

- Porque la vitivinicultura argentina aún es como un niño. Si a un padre uno le dice que su hijo ha crecido mucho el padre seguramente contestará que si no crece ahora entonces cuándo. ¿Verdad? Nosotros somos un niñito que está creciendo. Lógicamente además hemos tenido algunas virtudes y algunas ventajas. Por ejemplo, la relación precio calidad de nuestros vinos. A pesar de que el valor del dólar se ha mantenido estable y de que hemos tenido en los últimos años una lenta pero sostenido escalada de la inflación que afectó la rentabilidad del sector seguimos siendo un país que tiene una buena relación precio calidad. Porque de los componentes del costo la inversión es baja todavía. Tanto las amortizaciones como los intereses de ese capital, si la inversión es baja, la amortización va a ser baja y esos rubros van a incidir poco en el costo final. Por ejemplo, una buena hectárea de viñedo en Mendoza cuesta entre 25 mil y 35 mil dólares. Pero si me cruzo a Chile eso cuesta entre un 60 y un 70 por ciento más. Y si me voy a Estados Unidos, en zonas normales, tengo que hablar de 80 mil, 100 o 120 mil dólares la hectárea, sin irme al Valle de Napa Valley que son palabras mayores. Y ni hablemos si me voy para el lado de Europa donde sin duda la frutilla del postre donde en Francia, en Champagne, la hectárea vale un millón de dólares. Eso hace que sigamos siendo competitivos.

- ¿Y en cuanto al tipo de producto que vende Argentina?

- Ese es otro tema muy importante. El consumidor de vinos es infiel, curioso, transgresor, muy por el contrario con lo que ocurre con el fumador o el tomador de mate que siempre elige la misma marca para comprar. En cada ocasión que tiene, el consumidor de vinos es infiel, si va al restorán o si debe elegir un vino porque un amigo viene a comer. Entonces, si bien en el mundo nadie está desesperado porque no es que sobre vino pero de repente aparece un productor de vinos nuevo como Argentina y encima presenta algunas cosas que son novedosas, al consumidor extranjero se le despierta la curiosidad. Si a esto se le suma lo de la buena relación de precio calidad es entendible que nuestras exportaciones hayan funcionado. No obstante, la complicación del año pasado nos harán crecer entre un siete y un 10%.

- ¿Y qué hay del desafío del mercado interior?

- En ese punto el desafío de la vitivinicultura argentina es mantenerlo. Debe mantener su importantísimo mercado interior. En lo que se debe preocupar por crecer es en las exportaciones. Porque Argentina es un país de una gran tradición vitivinícola, que tiene en todo su Oeste viñedos de calidad y que tiene muchos productos. Por eso la exportación de Argentina tiene que se no sólo de vinos embotellados. También debe exportar vinos a granel, mosto, en Tetra Brick, de pasas, de uvas de mesas, de todos los productos. Porque nosotros no nos vamos a salvar sólo exportando vinos embotellados. 

- En la década del ´80 la erradicación de cientos de miles de hectáreas de viñedos dejó fuera del sistema a unos 10 mil productores. ¿Este problema cómo lo observan ustedes?

- Cuando empezamos a trabajar en el año 2000 en el Plan Estratégico Vitivinícola, no inventamos la pólvora. Si había algo que estaba bien hecho, había que copiarlo. Por eso vimos con sumo interés el Plan Estratégico de Australia y trajimos a Anthony Spawton para que nos explicara el plan. Y él nos explicó que era un gran plan de venta de vinos y plan de promoción de venta del vino australiano en el exterior. A eso nosotros le agregamos una realidad y que estaba relacionada con los que quedaron fuera de la vitivinicultura. Y esto fue lo que nos aconsejaron los técnicos de la Facultad de Ciencias Agrarias, del INTA y de Ciencias Económicas. Ellos nos marcaron a los 10 mil productores que fueron expulsados y que no eran ni los más fuertes ni los más poderosos. Por eso, como cosa innovadora, incluimos la promoción de los vinos para el mercado interno y la integración de los productores a la cadena vitivinícola, produciendo uvas para lo que sea, para vinos, para mosto, para pasas, entre otros usos.

- ¿Y a ese conjunto de bodegas grandes porqué le interesaba el grupo de los chicos?

- Porque todos estaban preocupados por la inseguridad. Nadie puede ser indiferente al tema de la inseguridad porque nos afecta a todos. Del mismo modo, una vitivinicultura no es pujante ni creciente si no tenemos una industria que está integrada, equilibrada, que ande bien. Porque no saco nada con decir los logros en el mercado interior en el exterior, mientras hay gente que está muy mal. Esas, sin ninguna duda son cosas estructurales y que están contempladas en el Plan Estratégico. Y esas cosas, sin ninguna duda se solucionan con recursos. Siempre van haber grandes y chicos pero tenemos que tratar de darles a todos la oportunidad de que se integren sanamente a la vitivinicultura. Esto lo estamos haciendo entre todos desde la Coviar. Les estamos dando como unos tres mil productores una buena ayuda, tanto en recursos como en asesoramiento, para que haga lo que tiene que hacer, no lo que quiera.

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23 de Noviembre de 2014|16:46
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23 de Noviembre de 2014|16:46
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juanma12 de Enero de 2010|14:45
Que paso con los colorantes en el vino blanco. Es un delito penal y nadie dice nada¡¡¡¡¡
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deli12 de Enero de 2010|11:41
Una lástima que Mendoza gaste millones de dólares en mantener a estos ricos, todo en negro y sueldos de miseria..
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