Rolando López

"Tenemos que evitar las tentaciones amarillas o tipo Crónica TV"

Periodista y escritor del género policial. Presenta su nuevo libro "Textos de periodismo para no morir en el bostezo".

Rolando López (42) es un apasionado de los detalles. Es capaz, en las historias policiales que refleja, de captar aquella pincelada que puede pasar poco advertida a la mirada común, pero que le da significado completo a un caso, o a un “hecho”, para hablar en la jerga policial. Puede tratarse de un indicio, una metodología, un gesto… circunstancias de esas que no aparecen en los partes policiales, pero que forman la sustancia de las historias del delito, aquellas en las que –como bien dice Rolando- hay hombres y mujeres de carne y hueso, gente de aquí, que sufre, vive, muere, o atraviesan tormentas tremendas como víctimas o victimarios. Son las personas que laten en las páginas que terminan reflejando, la mayoría de las veces, al tipo común.

Periodista y escritor, Roly López trabaja en la sección Policiales del diario Los Andes desde 1997. Desde hace algunos años es el editor de la sección, y ha escrito tres libros y formado parte de otros dos. Sus principales obras son “Partes Diarios” (2000); “Entrevista con el bandido” (2006), y “Textos de periodismo para no morir en el bostezo” (2009), que presentará esta noche, a las 20:30 en la sala Elina Alba, España y Gutiérrez de la capital mendocina.

Entre 1998 y 2005 trabajé con Rolando López. Discutí con él infinidad de casos, de enfoques, de cómo abordar determinadas historias policiales. Siempre me gustó su pasión por la precisión de la noticia, y por aquellos detalles de los que hablábamos al principio; esos que dicen lo que pasa sin mencionarlo del todo, y que le permiten al lector jugar con su propia imaginación; arriesgar su opinión sobre un caso, sobre una historia, de la mano de narraciones impecables. En su nuevo libro, hay mucho de esto. López es un escritor que obliga a pensar a quien lo lee, lo compromete con sus textos

Lo que sigue, es una aproximación al pensamiento de un periodista de policiales “de raza”, de esos que quedan pocos, y que cuesta mucho formar, y conseguir.

-¿Cuándo un simple policial se convierte en una historia?

-Procuro buscar el detalle. La información básica es lo que nos llega de primera mano. Pero yo siempre tengo una frase cuando las fuentes -en general policiales- nos dan información: “…y el ladrón estaba disfrazado de Pato Donald”. Eso sería un detalle interesante… Hoy los hechos son todos muy repetidos… Busco estrujar la historia al máximo para hacer una narración distinta… salir del lugar común…

-¿Cuántos años llevás haciendo policiales?

-Desde 1997.

-¿Cuándo sentiste que las policiales son historias que merecen ser contadas de otra manera?

-Desde chico, siempre leía los policiales en el diario. En casa compraban Los Andes. Me iba directo a la sección Policiales por curiosidad. Ese tipo de noticias me atraía mucho. Recuerdo el caso de unos ladrones que huyeron del robo en taxi, chocaron… se subieron a otro… en una época en la que los asaltos a mano armada eran una cosa rara. Son historias que ocurren acá, con personas de carne y hueso. Los otros personajes, en papel de diario, se veían muy lejanos… los presidentes… el gobernador de Mendoza… eran historias que no me atraían ni me reflejaban. Los sentía ajenos. Recuerdo mucho en Los Andes el título “El Papa abogó por esto… o por lo otro…” En toda mi infancia lectora el Papa se la pasó abogando por algo. Y en los policiales encontraba otra cosa. La gente de aquí, los lugares cercanos. Nosotros ahora estamos acá, entran cinco tipos armados y somos víctimas de un asalto. La gente común termina siendo protagonista. Enrique Symms (*) en la introducción de su último libro dice que las secciones policiales deberían llamarse “delincuenciales”. La gente recuerda siempre a los delincuentes, nunca a los policías… salvo que sean corruptos. Todo el mundo sabe quiénes son el Gordo Valor o la Garza Sosa. Pero hay que tener cuidado, porque los delincuentes -que a los periodistas nos pueden parecer pintorescos- han hecho mucho daño. Muchos han matado gente, destruido familias… No son precisamente personajes románticos…

-¿Qué historias aborrecés… sobre qué delitos preferís no escribir?

-Hace poco, un chico de 13 años al que sus compañeros le decían “gordo” fue con un arma a la escuela. Me pareció pésimo cómo se trató en los medios: “Fue con un arma a la escuela porque le decían gordo”. Si al chico le molestaba que le dijesen gordo, que le pasará por la cabeza cuando entienda que todos leyeron en los diarios que había llevado un arma al colegio justamente porque le decían gordo. Me pareció una manera irresponsable de tratar a un chico de 13 años. Desde el periodismo… ¿A quién estamos mandando al frente? ¿A un súper delincuente? No estaba de acuerdo ni siquiera en publicar. Con ese tipo de menores hay que tener mucho cuidado y no estigmatizarlos.

-Bueno… pero era una noticia…

-¿Qué pasa si esa noticia no hubiese salido? ¿Y cómo está ese chico ahora? ¿Está mejor o peor que antes de ir a buscar un arma para amedrentar a sus compañeros? Con este tipo de casos, y con los abusos, no me siento cómodo. No los prefiero. Sí me gusta investigar un asalto a fondo, la ingeniería, la logística… hablar incluso con los delincuentes… estudiar los casos… hablar con los policías para ver su percepción de primera mano…

-¿Qué genera en el lector, en la gente que te sigue, y en los dueños de los medios para los que escribís, el hecho de entrevistar a delincuentes?

-En general, en las revistas de alta gama, les gusta. Si la nota está bien hecha, no importa lo que haya hecho el protagonista, se pondera el valor periodístico y hasta literario que pueda brindar esa historia. En el diario es diferente. En ocasiones, muchos de los lectores que dejan sus opiniones, o aun las autoridades, dicen que no hay que darle prensa a este tipo de gente.

Hay un ejemplo clásico: Muchas veces preguntan por qué la maestra que se toma 17 colectivos para ir a enseñar a una escuela pobre no sale reflejada en el diario. Y sí, por ejemplo, el ladrón que lleva más años en la cárcel mendocina. La maestra tiene que salir, claro… Pero seguro que el ladrón más antiguo tiene cosas para contar. ¿Qué le pasa por la cabeza a un hombre como éste? Yo me lo pregunto. Las notas que normalmente hago son las que me gustaría leer, las que me provocan curiosidad.

-Con la inseguridad tan extendida… con el modelo de delincuente tan común… ¿No sentís que pocas veces hay nota? ¿Qué todos los casos son iguales?

-Hay que tener mucho cuidado hoy en qué y cómo se publica. La gente está muy sensible con la inseguridad. A veces, desde los diarios, metemos mucha leña al fuego y se magnifican situaciones. La gente lee, y después no debe querer salir de su casa.

-Pero las víctimas pasan situaciones muy traumáticas…

-Sí, pero hay “víctimas” y “víctimas”. Lamentablemente, el grado de exposición del caso tiene que ver muchas veces con el target, y con lo que vende. Si las víctimas son pobres y negros, y de cualquier lado, llegan menos. Veamos el caso de las dos hermanas atropelladas. Ahí no fue Ciurca, no fue nadie… Las chicas eran dos bolivianas… pareciera que no le importó a nadie.

-¿Qué caso te dejó una sensación de injusticia, aun bien trabajado desde tu lugar de periodista?

-Un montón. Lamentablemente, muchos de nuestros jueces son peores que los periodistas. Ellos sí que viven en otro mundo. Algunos laburan bien, pero en general viven encapsulados en su casa de Chacras, su juzgado y sus autos nuevos… y no miden con la misma vara. A los que no son nadie les dan muchos años por la cabeza… y los casos de corrupción pareciera que no se resuelven nunca.

-¿Qué opinión tenés del periodismo mendocino?

-Hay buenos, hay regulares… y hay otros que no me gustan. Pero no leo mucho de acá. Leo más los diarios de Buenos Aires. Siento que los diarios mendocinos se leen muy rapidito… Los de papel, me refiero… No se innova.

-¿Cuánto tiempo lleva formar un periodista de policiales?

-Demasiado. Yo no tuve la posibilidad de que alguien me enseñe. Siempre me las arreglé sólo. Sí me aportó mucho con su visión periodística Laura Antún. Me ayudó mucho en mi organización profesional. Policiales es una especialización muy compleja. Lleva años comprenderla, adaptarse, y finalmente trabajar bien. Siempre digo que en las secciones Política o Economía los periodistas son más gordos, porque los de Policiales deben “caminar” mucho más para conseguir las notas. Hablar con las víctimas… sobrellevar el dolor que sienten…

-¿Cómo hacés la ‘higiene mental’ después de una sesión de esas?

-Lo que hago es respetar mucho a la víctima. Jamás la acosamos, ni buscamos esa grasada televisiva del llanto, del sufrimiento en vivo. Lo esencial es conseguir la historia. Afrontamos a las víctimas, a los testigos, con mucha delicadeza y respeto. Debe ser espantoso que te pase algo o que te maten a alguien de la familia. Las víctimas pasan momentos terribles. Tratamos de evitar caer en tentaciones amarillentas o tipo Crónica TV.

-Vayamos al libro. Hay algunas de las narraciones que no son policiales. Y que impresionan, como la de la mujer despechada que les tira la ropa del marido a los mariachis… ¿Qué te provocan ese tipo de historias? ¿Por qué las elegiste?

-Básicamente, por curiosidad. Insisto, se trata de personas de carne y hueso con historias interesantes. Hay muchas que quedaron afuera… Una de ellas trataba de unos tipos que estaban siempre dentro de un local del Partido Obrero. Los veía siempre, camino al trabajo. ¿Qué piensan? ¿De qué viven? ¿En qué creen? ¿Cómo van a disputar el poder?

-Este es tu tercer libro, y participaste en otros dos...

-Sí. Tengo mucho que agradecerle a mi editor Alejandro Crimi. Sin él, estaría golpeando puertas en Buenos Aires y tal vez no hubiese publicado nada. Ahora está en Barcelona. Tiene esa cosa de que cree en mí… De los tres (Partes Diarios, Entrevista con el Bandido y Textos de periodismo para no morir en el bostezo) el que me gusta más es el último. Es el que está mejor escrito. Los literatos no me leen mucho… Soy más de la gente común. Tengo mucho de periodismo.

-Si tuvieses que escribir “A sangre fría” ¿qué le cambiarías?

-Nada. Es una obra maestra. Es el inicio oficial de la No Ficción, aunque Rodolfo Walsh con “Operación Masacre” fue anterior.

-Y si tuvieses que hacer una película con un policial mendocino… ¿Qué caso elegirías?

-Por la trama, por la enorme cadena de encubrimiento, el Caso Bordón. Hubo sesenta policías que mintieron. Eso demuestra cómo trabaja la policía en determinados casos. Tuvieron la constancia de no mandarse al frente entre ellos, no confesó ninguno, ni aun los cinco condenados. Fue impresionante. Ese caso es tremendo desde el punto de vista criminalístico. Es como para un buen documental. Estremece. Fue el caso en el que más me involucré. He leído el expediente unas 20 veces. Llegué a soñar con Sebastián Bordón cuando estaba en San Rafael haciendo la cobertura. Mi vida, en ese momento, era saber la verdad. Si alguien hiciese una película sobre el caso, debería llamarme para orientarse. Igual, sin una familia tan insistente como la de Sebastián Bordón, no se hubiera avanzado. Era un caso de diez mil indicios y ni una prueba.

 

(*) Enrique Symms, escritor y periodista, creador y director de la mítica "Cerdos y Peces"

Opiniones (5)
24 de enero de 2018 | 07:01
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24 de enero de 2018 | 07:01
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  1. Sin dudas el mejor periodista de Mendoza
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  2. Roly querido, un gran abrazo y espero que vendas más que Capote !!! Ya pasaremos por la librería. Mención especial a Ricardo por la entrevista, muy buena.
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  3. Roly felicitaciones por el nuevo libro! Gracias por tus reflexiones. Los lectores mendocinos deben sentirse afortunados de tenerte!
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  4. a fulllll time.
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  5. Me alegra mucho la edición de tú tercer libro que seguro es excelente!
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