Emma Cunietti, titular de la DGE

"Hay que sanear el pacto entre la escuela y la familia"

Un diálogo a fondo con la funcionaria de la educación de Mendoza.

A veces para criticarlo, y otras para alabar sus decisiones, el nombre de Emma Cunietti, la directora General de Escuelas y ex subsecretaria de Desarrollo Social de la Provincia, ha resonado incansablemente durante los cuatro años de gobierno de Cobos.

Lo cierto es que nadie puede decir que esta mujer pasó sin pena ni gloria por la gestión pública, ya que muchas de sus iniciativas, fueron imitadas por varias provincias argentinas, e incluso llegó a oírse el rumor de que Julio Cobos la quería con él en dentro del gabinete de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner.

Aquí, una entrevista en la que habla de los logros y deudas de los años en los que estuvo frente a uno de los ministerios más complejos de llevar adelante: la Dirección General de Escuelas.


- ¿Qué es lo que más le ha costado de su tarea en el gobierno?

- Lo que más me ha costado es acostumbrarme a la exposición pública. Vengo poniendo la cara en situaciones difíciles desde el 2001, en ese tiempo era subsecretaria de Desarrollo Social, cuándo la desocupación llegaba al 24%. Todos los días salías a la calle y había una mujer que te pedía un plan jefas y jefes. Eso y los piquetes. Una vez me tocó estar en un hipermercado de Guaymallén, tratando de negociar para que no saquearan el comercio. Todas esas cosas  me tocó presenciar. Una navidad, nos las pasamos envolviendo peras secas, no había plata en la provincia para comprar comida. Entonces, había un deudor que le pagó a la provincia con 80.000 kg de peras, nos la pasamos haciendo paquetitos con peras, ¡te imaginás como caía al estómago!  Además, a muchos niños no les gustaba comer eso, y menos para Navidad. Me tocó esa etapa y después toda la expectativa de los cambios de Educación. Yo ya tengo ganas de tener un espacio más propio.

- ¿Esto significa que está cansada de la política?

- Yo no he estado haciendo práctica intensiva de política partidaria, a mi me gusta la política pública, mejor dicho: la gestión pública. Pero hay cosas que son cansadoras, sobre todo la exposición.

- Se lo pregunto porque muchos medios hicieron correr su nombre como posible candidata a ocupar el Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología de la Nación.

- ¡Qué barbaridad! No sé de donde sacaron eso, yo tengo mis propios candidatos, que les va bastante mejor.

- En cuánto a políticas públicas, Cobos siempre se ha jactado de las iniciativas de Educación.

- Creo que hemos hecho mucho en cuanto a Política Pública, y con costos muy altos. Porque en Educación, si vos querés hacer algo muy innovador, complicás mucho la vida de las personas, por ejemplo, en el caso de Tecnología, que al final nadie se quedó sin trabajo, pero fue toda una discusión el tema de incrementar las horas de Ciencia en las escuelas, ahora nadie discute ese concepto, nadie se anima a hacerlo.

- Lo mismo sucedió con los globales.

- Claro, en un primer momento nos odiaron por esta idea. Todos dicen: “hay que exigir, hay que exigir”, pero nadie quería este sistema, como tampoco volver a la evaluación numérica. Supe, por ejemplo, de una reunión de supervisoras, que se encontraron con el vicegobernador para pedirle mi cabeza, y te estoy hablando de gente del sistema.

- Es que eso significaría más trabajo para los docentes también….

- No significaba más trabajo, sino que muchos pensaban que íbamos a expulsar alumnos del sistema. Lo que sí, debíamos plantear un debate sobre qué considerábamos escuela inclusiva y exclusiva. ¿Inclusiva es acaso que todos los chicos se mantengan dentro, sin ningún tipo de exigencia? La hipótesis nuestra es que el chico deserta no porque le exigen, sino porque la escuela no es atractiva, o por problemas sociales, pero no porque le exijan más. Cuando planteamos este debate, nos dijeron de todo, como por ejemplo, que la mayoría de los chicos iba a desaprobar.

- ¿Y no sucedió así, finalmente?

- No, para nada. Además, con los globales, logramos que los padres se acercaran a la escuela por un tema educativo. Siempre llegaban por los edificios, baños rotos, por las rifas y la cooperadora.
Con los globales, los padres se acercaron a la escuela para ver como ayudar a los hijos a estudiar. Este es uno de los aspectos que más rescato: la incorporación masiva de los padres por un problema de aprendizaje y no de baños rotos.

- ¿Y cuánto costó adaptar los globales al sistema?

- Esto nos costó un año, durante ese tiempo, nos decían que todos iban a desaprobar. Esa fue una de nuestras primeras medidas fuertes, los impusimos durante el primer año de nuestra gestión. Primero quisimos  recuperar la cultura del esfuerzo, es decir, el tema de la exigencia. El segundo año, aumentamos horas en las áreas de fundamento, como Lengua, Matemática y Ciencias, eso para nosotros era fundamental.
También el tercer año incorporamos la evaluación educativa externa, que la escuela contara con un indicador de evaluación propio. Y el último año, incorporamos nuevo material: computadoras y libros. Lo que pasa es que nosotros sosteníamos que ese material tenía sentido sólo en una escuela en la que al chico le fueran a exigir más, no abultar con  libros una institución en dónde no se controlarían los contenidos. Los grandes avances que tuvimos para el seguimiento de los chicos fueron la cédula escolar, la conexión de las escuelas a la red wan y el tablero de acompañamiento. Esto nos sirvió para sistematizar los datos y para tener un panorama exacto de lo que estaba sucediendo en cada lugar. Son todas herramientas que le quedan a la próxima gestión. Nosotros diseñamos la mayor cantidad de herramientas para los que vengan.

- ¿Cuál fue el momento que considera más complicado de la gestión?

- Sin duda, el inconveniente que tuvimos con el gas. Fue terrible. Además, hay cosas que vistas desde afuera no se entienden como cuando uno está adentro, pero si nos ponemos a pensar, durante la década del 90’ existían tres entidades que se ocupaban del arreglo de las escuelas. En cambio, desde el  98’ a esta parte, a ningún gobierno se le pudo objetar no invertir en arreglos de edificios, porque la gente necesitaba comer. Nosotros empezamos con 800.000 pesos, 600 pesos por escuela por año para reparar edificios. Vos pensá, en tu casa, cuántas veces se te rompe el baño, o cualquier cañería, y lo que significa llamar un plomero, imaginate que hay escuelas a las que asisten 4.000 alumnos a diario… ¿cuántas veces puede romperse un baño en estas instituciones? No sólo que en un principio teníamos ese dinero para reparar cada edificio, sino que sólo había 14 personas para hacerlo, y estamos hablando de totales provinciales. En la época en la que existía  la Dirección Nacional de Arquitectura, por ejemplo (que se encargaba de arreglar los edificios nacionales) tenían al menos 40 empleados disponibles sólo para San Rafael. 

- ¿Siente que esto es algo que no le correspondía hacer a su gestión?

Evidentemente había que solucionar un problema infernal de infraestructura, pero si es verdad que yo tuve que pagar el costo político de años en los que no se realizaron arreglos, ni se tuvo ninguna prevención. Además, puntualmente en el tema gas, fue muy dudoso el comportamiento de Ecogás, que cortó el suministro del servicio en forma “loca”, siendo que en otras provincias no lo hizo. Tuvimos que generar la Subsecretaría de Infraestructura, las cuadrillas, los tableros de acompañamiento para ver los indicadores, introducir a la DGE en temas de obras públicas en los que nunca se había trabajado. Nosotros tenemos el triple de licitaciones que cualquier otro ministerio, 307 contra las 70 del Ministerio de Obras, por ejemplo, a pesar de que manejamos menos plata, porque cada arreglo de más de 20.000 pesos se tiene que hacer una licitación. Con todo lo que hacer un proceso de este tipo significa, burocráticamente hablando.

- ¿Y le costó entender de estos temas tan técnicos? Supongo que para una persona que tiene una formación humanística debe ser complejo...

-Yo no conocía de obra pública, y cuando pasan cosas así, te tenés que poner a estudiar estos temas, para que no te maten. Pero no es de lo más grato, porque lo que uno quiere es abocarse a lo que sabe hacer. Por eso intentamos generar las herramientas del Estado.

- ¿Les fue posible bajar los niveles de deserción escolar?

- Este año hemos tenido grandes logros al respecto, por un lado, se bajó la deserción en el nivel medio y por otro, la repitencia. Algunas de las medidas nuevas han sido el aumento de los cursos acelerados, pensado para alumnos que siguen yendo a la escuela y en contra turno, se les dan clases de apoyo para que adelanten un año. En la secundaria, el sistema es similar, lo que se hace es trabajar con estudiantes que ya repitieron el octavo y que aún no tienen edad para entrar en educación de adultos, generamos el acelerado de octavo y noveno con cinco o seis materias. Esta medida incorporó al sistema a 3.500 chicos que habían quedado afuera. 

- ¿De todas esas medidas, el hecho de haber incrementado la retención le parece la más importante?

- No sé si la más importante, también creo que fue muy buena la disminución del índice de repitencia y la implementación del Servicio Cívico Voluntario.

- ¿Siente que su gestión ha sido de las más cuestionadas dentro del gobierno de Cobos?

- Creo que sí, que debo ser de las funcionarias más antipáticas de todo el gabinete, pero también sé que los cambios y las decisiones que hemos tomado, luego hasta las han aceptado a nivel nacional, como los mensajes de texto para los padres y los globales, por ejemplo. El tema puntual es que nosotros creemos en los cambios a mediano plazo, porque sabemos que en educación, las mejoras son graduales.

- ¿Por qué le parece que en otras áreas de la provincia no se toman decisiones que van a dar resultado a futuro?

- Nadie se anima a hacer esto porque el costo político, al principio, es malo, así pasó con los globales y el aumento de las horas de Ciencia, por ejemplo.

- ¿Siente que fue cuestionada también cuando decidió incluir horas de Educación Sexual?

- Si, claro. Son temas en los que nadie se quiere meter, por miedo a pelearse con la Iglesia, y de disgustar a los padres. Sin embargo, nadie duda de que la información sea necesaria. En este sentido, Mendoza es la única provincia que va a trabajar los temas como una materia aparte, y con un manual especialmente diseñado para esto.

- Convengamos en que Educación es un área muy sensible para la sociedad, y el funcionario que está frente a la cartera educativa tiene un nivel de exposición mediática mayor, ¿usted lo siente así?

- Si, pero también es cierto que es muy fácil para la gente juzgar sin saber la procedencia real de los problemas. En la época de los globales, sé que tanto padres como alumnos se acuerdan de mí y no muchas veces para felicitarme. Cuando pasó el conflicto del gas, me echaban la culpa hasta del fusilamiento de Dorrego. Y en ese sentido, yo me encontré con el problema, lo heredé, además con el agravante de no tener personal para hacer los trabajos.

- Con respecto a quitar horas de Tecnología de la currícula, las críticas también fueron muy intensas.

- Si, porque se confundieron diciendo que la sacábamos, y no fue así. En realidad, lo único que hicimos fue reducir la cantidad de horas, actualmente hay cuatro tecnologías y sólo se sacó la materia en un año, para aumentar las horas de Lengua y Matemática. Sin embargo, si yo no hubiera hecho nada, y me la hubiese pasado diciendo “qué linda que es la escuela”, quizás estaría mejor, pero no es mi estilo. Sabemos, además, que la evaluación educativa externa, no les gustó a mucha gente.

- Se la nota cansada de las críticas...

- Es que en verdad, lo que cansa es tener que afrontar que la gente quiere que se cumplan determinadas cuestiones, pero siempre para otros. Pasa con la disciplina, los padres quieren que las escuelas sean ordenadas, pero cuando el chico llega con amonestaciones, la culpa es de la escuela. Lo mismo con los contenidos. Todos desean que el sistema escolar sea más exigente. Pero cuando les toman el global a los hijos, protestan porque se los agobia con contenidos.

- ¿En ese caso, qué postura toma la DGE?

- Nosotros hemos sido muy criticados, porque nos hemos puesto a favor de la institución, en las oportunidades en las que lo hemos creído justo hacerlo. Por ejemplo, en el caso del chico que quería llevar el pelo largo. Esa vez, decidimos apoyar a la escuela, porque el alumno y el padre firmaron un código de convivencia escolar, en el que decía que el chico no podía asistir con el pelo largo. Si el padre no estaba de acuerdo, ¿por qué firmó?. Si no le gustaba la exigencia, el hombre podría haber elegido otro lugar para su hijo.

- ¿Qué piensa de la violencia escolar, cree que se han hecho avances al respecto?

- La violencia es un tema instalado en la sociedad, del cual la escuela no puede estar afuera. De todas maneras, creo que lo que ha aumentado es la violencia externa, la de los vándalos que atacan a las instituciones. Además, lo que ocurre más ahora son esos casos de agresión oculta, que no se ve, pero está latente en los cursos.

- ¿Se refiere al bulling, al acoso?

- Si, a la burla, al hostigamiento, de los alumnos entre sí, y también de los alumnos para con las docentes. Cada vez es más común que las maestras se pidan licencia porque no soportan la presión que los chicos ejercen sobre ellas. También queda pendiente mejorar el vínculo entre la familia y la escuela. Es evidente que está deteriorado. Tiene que sanearse el pacto educativo entre las familias y la institución. Si los padres confían a sus hijos a la escuela, es necesario que confíen en las normas de disciplina que se establecen, y si hay algún desacuerdo, es bueno discutirlo sin atacar la investidura del docente. Si no, queda desautorizado frente al estudiante.

- Para terminar, ¿siente que ser mujer le ha significado un costo extra en el momento de dedicarse a la función pública?

- Mis dificultades han sido de otro tipo, en realidad lo que me ha jugado en contra a mí, es que desde muchos sectores me han cuestionado mi debilidad política. Porque yo no vengo de ningún partido. Yo nunca fui ladera de ningún varón, entonces no hay ninguno que me haya apadrinado. Hay muchas mujeres en política que son muy fuertes, pero porque han tenido detrás un guardaespaldas. Yo no tengo ningún rottweiler político detrás de mí que me apadrine. Yo no soy de "los azules", de los "rojos", de los territoriales del este o de los partidarios del sur. A mí lo que me gusta de la política es la gestión pública. Pero esto también tiene un costo, es mucho más fácil que te peguen si nadie te cuida ¡La cantidad de veces que he ido a la Legislatura a dar explicaciones! He ido seis veces en tres meses este año. Esto es el costo de ser mujer en política sin tener un respaldo en términos convencionales.

- ¿Y le parece una buena determinación haber aceptado?

- Si, no me arrepiento, la idea de poner gente en los ministerios que no viniese de hacer política tradicional en ningún partido fue de (Julio) Cobos. Así llegué yo, y así también lo hizo Laura (Montero, ministra de Economía). Julio tuvo ministros que no tenían tanto respaldo, por eso nos pegaron más, porque sabían que nos podían pegar sin que nadie se enojara. Los códigos con los que los varones discuten la política son otros, si uno no los toma, está más expuesta.

- ¿Esa es la única gran complicación de género para usted mientras ha ejercido la función pública?

- No, otra cosa que también se ha complicado en mi caso es el embarazo. A mi me costó mucho sobrellevarlo junto con la gestión. En política tradicional, hay determinados tiempos que los varones se toman que no son fáciles para una mujer común.

- ¿Ha podido congeniar estas actividades, como madre primeriza con el trabajo que demanda la función pública?

- La verdad que no muy bien. El tema familiar me genera mucha culpa. Me pasa que cuando hay un acto externo, suelo ir con mi hijo, y la pasamos mal los dos. El se porta mal, yo no puedo estar con todos mis sentidos puestos en prestarle atención. Me pasa cuando tengo que cumplir con alguna actividad de noche, porque ese es el tiempo que yo le dedico a mi familia. Esas son las cosas que para mí no son fáciles.

- ¿Por eso quiere tomarse  un tiempo?

- Si, quiero sentir que mi tiempo es mío. Ahora yo tengo el celular permanentemente encendido. Mi hijo ve el celular y grita. Porque sabe que ya lo voy a dejar de atender a él. Pero son decisiones que uno toma y las tiene que llevar con responsabilidad. Esto a un varón no le pasa. Yo lo he podido hacer porque he tenido mucho banque familiar, pero no es lo más recomendable hacer coincidir la tarea de funcionario con la vida personal, sobre todo cuando uno tiene hijos chicos.

Opiniones (3)
18 de octubre de 2017 | 07:06
4
ERROR
18 de octubre de 2017 | 07:06
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
  1. y no es poco. La soberbia, la inhabilidad tapada con victimización y la exculpación recurriendo al pasado, han sido su método y su estilo. Veremos si recala en algún lugar del gobierno nacional, y qué hace, qué dice y cuánto dura. Pero que se vaya es al menos una oportunidad para reencausar la educación provincial más allá de los motes, con innovación seria y en serio. Esta entrevista es -a pedir de boca- un resumen de su pensamiento y obra en formato de reportaje. Comentarlo sería largo. Son demasiadas las mentiras, los dobles discursos y medias verdades que han poblado la gestión de Cunietti. No debería quedar impune, porque, al ser una inimputable que habla porque el aire es gratis, se permitie y permitirá hablar con aires sarmientinos de lo que no sabe: educación pública. Pero al menos se va, ya es algo.
    3
  2. Muy buena entrevista, tanto por las preguntas de la periodista como por la disposición a responder de Cunnieti. Resume su gestión. Sólo resta que, nosotros como padres educadores y lectores, saquemos nuestras propias conclusiones respecto a la educación que queremos para nuestros hijos.
    2
  3. Me gustaría que dejaran aclarado que, al contrario de lo que afirma la introducción de la nota, la Dirección General de Escuelas no es un ministerio. Es un ente creado por la Constitución de la Provincia, independiente del poder ejecutivo y con un director designado por el Poder Ejecutivo con acuerdo del Senado, según el artículo 212. Tal vez sirva como analogía relacionarlo con un instituto como el Departamento General de Irrigación. Que la Dirección de Escuelas haya ido condicionando su funcionamiento al ser tratada como un ministerio más no es algo previsto en la Constitución sino la expresión de una absorción funcional de parte del Ejecutivo, contraria en todo caso al espíritu constitucional que la creó. Sería interesante no incurrir en estas dualidades de redacción para no alentar la desinformación del público. Muchas gracias.
    1
En Imágenes
Lo perdí todo víctimas del terremoto en México
17 de Octubre de 2017
"Lo perdí todo" víctimas del terremoto en México
La última fecha de eliminatorias Rusia 2018 en imágenes
11 de Octubre de 2017
La última fecha de eliminatorias Rusia 2018 en imágenes