Enzo Vendemmia

"Una cosa es comprar caro y otra es tener la cultura del lujo"

Empresario joyero y director de la Escuela de Animación y Artes Audiovisuales

El apellido de Enzo, a la sazón, Vendemmia, es una designación que en Mendoza a pocos les resulta ajena.

La familia, de origen italiano, está desde hace más de ochenta años vinculada al negocio de la joyería. Un gran precursor en Mendoza fue, precisamente el padre de nuestro entrevistado, don Vicente Vendemmia.

Ahora, las tres joyerías que tienen en Mendoza (una en el centro y otras en Palmares Open Mall y Mendoza Plaza Shopping) están en manos de la familia: Enzo, quien supo tomar la posta dejada por su añorado padre, su mamá María Adela Perinetti y sus hermanas María Eugenia y María Víctoria.

Sin embargo, la vida de Enzo no empieza ni termina con el mundo de la joyería, por el cual, ciertamente, siente fascinación, una palabra que a él le gusta pronunciar.

Enzo es bastante más que un empresario local: es básicamente un hombre íntegro, familiero –su mujer es María Rosa Ortiz Torres y su hija, de casi tres años, María del Mar–  y culto y es de esperar que esta entrevista así lo demuestre.

Por caso, Enzo Vendemmia acaba de iniciar un proyecto fundamental para la cultura de Mendoza. Se trata de la apertura de la Escuela de Animación y Artes Audiovisuales Digitales –ESCAAD– un proyecto artístico, enfocado en los dibujos animados, fogoneado por docentes de impacto internacional. Lo que se dice, una verdadera joyita. 

Vamos a sus dichos, entonces, en primera persona.


- Te perdí el rastro. Estuviste viviendo varios años en Europa…

- Fuero seis años y necesité ese cambio y, de paso, me sirvió para no ser tan protagonista en la empresa familiar. Fue muy bueno para todos, pero especialmente para mí, que ahora tengo tiempo para hacer otras cosas también. Hay cierta informalidad en las empresas familiares que a veces es muy positiva.

- Me gustaría hablar con vos de joyas sin prejuicios, dejando de lado el hecho de que está claro que hay cosas que son más importantes y urgentes…

- Está bien, entiendo.

- Nunca te he visto usar joyas y no sé si eso se debe a que siempre nos veíamos de noche, en bares oscuros y con música flamenca de fondo...

- Es raro, pero ninguno de los cuatro las usa…

- Y cómo explicás eso, es como un tipo que tiene una cadena de carnicerías y es vegetariano…

- Debe tener que ver con el dicho ese “en casa de herrero cuchillo de palo”. Sí me gustan mucho los relojes. Y ahora ha tomado mucho vuelo la relojería, porque hoy se está produciendo un fenómeno interesante. En los años ’60, comenzó la moda de los relojes digitales, fue el boom. Y el reloj mecánico cayó, se vino a pique y nadie lo quiso. Bueno, ahora es el momento, otra vez, de los relojes mecánicos, que son los que me gustan a mí. Ahora, los relojes mecánicos son los de alta complicación: hacen lo mismo que los digitales, pero siendo piezas de ingeniería mecánica. 

- ¿Qué explicación le encontrás a este nuevo boom?

- Son cuestiones de pasión que se ponen en los objetos. Y también el gusto por la diferenciación. Lo que usás, te da cierta categoría o status social.

- ¿Y en Mendoza, donde suele preocupar tanto el status social y las categorías, hay una cultura de la joyería?

- Yo creo que en todos lados hay un poco de esta cultura…

- Tu respuesta en muy general, yo te pregunto por Mendoza…

- Vos me estás hablando, en realidad, de una cultura del lujo. Y todas las sociedades la tienen, no sólo con su joyería, también con su ropa, sus comidas…

- Sí, pero a los chefs les gusta jugar de populares y destacar siempre la comida casera, las más a mano para todos… Esto es difícil de ver en el mundo de las joyas.

- En la comida se destaca lo natural. Y las joyas también buscan destacar lo más natural. No hay nada más natural que un diamante y no hay metal más noble y genuino que el oro.

- Pero valen lo que valen porque no abundan…

- Un diamante es algo maravilloso, perfecto. Y también raro, no abunda. Igualmente, la ciencia desarrolló un cristal llamado cubic o zirconia cúbica, que es igual al diamante, sólo los expertos se dan cuenta de la diferencia, mirándolo detalladamente. Y hay quienes usan ese substituto, pero son personas que no tienen una cultura del lujo. Y en el fondo no importa si alguien se entera o no de lo que estás usando. Es como andar en un Mercedes Benz o en un auto de $30.000, los dos te llevan al mismo lugar, pero son distintos y el que usa el Mercedes disfruta además de tener esa joya, se siente orgulloso y, además, eso le da status social. 

- Yo creo que el diamante es un carbón que empezó a brillar, no más que eso. El valor se lo da el hecho de que hay pocos, igual que a los Mercedes Benz.

- La escasez les da el valor.

- Y el precio que tienen se convierte en valor también.

- Están en relación la escasez y el precio. Dada la escasez, el precio. Y dentro del mundo de los diamantes hay distintos precios también. La tonalidad, el destello que disparan en la luz, les da valor. Si es amarillo, azulado, rosado, depende lo que vale. El destello azul en un diamante, vale más que tu casa y mi casa juntas.

- ¿Hay mercado en Mendoza para esos destellos?

- Para esos destellos, no. Hay mercado para los destellos más… más… convencionales y clásicos. Los destellos azules son de colección y son comprados por personas con mucho dinero y que se fascinan con el mundo de los diamantes.

- ¿Qué es lo que fascina?

- A mí me encanta cómo se forman: en realidad, el diamante es un pedazo de carbón, de grafito, como el de los lápices, que en un microsegundo, por presión y temperatura, sus moléculas cambian, se ordenan, se cristalizan y el carbón se vuelve transparente. Es increíble. Lo han hecho en laboratorios, pero no es lo mismo y sale más caro que extraerlo naturalmente.



¿El lujo es vulgaridad?



- A la luz de todo esto, ¿cómo ves la figura del nuevo rico en relación con la sofisticación? Y aclaro que lo pregunto desde el prejuicio que tengo acerca de que los nuevos ricos no son personas tan cultas como los ricos de otros tiempos pasados.

- Primero hay que decir que en Mendoza no existe la aristocracia. Nunca hubo o hubo muy poca. Acá somos todos hijos y nietos de inmigrantes, a diferencia de Buenos Aires, donde hay terratenientes cuyas familias vienen del siglo XVII o antes. Yo diría que los nuevos ricos han existido siempre. Y los que acceden a una situación económica privilegiada quieren tener lo que tienen los que tienen dinero. Siempre ha sido así, acá y en todo el mundo. Es como dice la canción de Soda Stéreo: “Tengo un Rólex, lo he logrado”. Después, aparte, está la sensibilidad de la persona que compra esos objetos porque sabe de qué se tratan, porque conoce la nobleza de esos objetos. Algunos compran estos objetos lujosos por una cuestión social y la fascinación viene después. 

- ¿Y tu fascinación por dónde la canalizás?

- A mí me gustan los relojes, sobre todo, los que heredé de mi padre, en particular un Rólex. Y otros que he ido comprando, como un Hublot que tiene malla de caucho (foto), hecha por el primero que inventó esas mallas, en los años ’70 y con la estética de entonces. El tema es buscar cosas que te representen.

- Otro tema: ¿hay buenos orfebres en Mendoza?

- Sí, claro que los hay.

- ¿Y venden con mayor facilidad sus piezas que un escultor, por ejemplo?

- Creo que son cosas diferentes. La mayoría de los orfebres trabaja para joyerías, que son sus clientes. Yo trabajo con muchos que me asisten para satisfacer a mis clientes. El orfebre trabaja poco en función de sus deseos, a diferencia del artista plástico. El orfebre maneja una técnica y trabaja en función de pedidos. El escultor sigue sus propios impulsos.

- Resulta inevitable no hacer referencia a una canción de Los Redonditos de Ricota, que dice “el lujo es vulgaridad”. ¿Estás de acuerdo con esto?

- La vulgaridad puede ser un atributo de un tipo que consume lujo, pero también de un tipo que no lo consume.

- El mensaje puede ser interpretado así: pretender el lujo, en sí mismo, es una vulgaridad. O sea: todos los amantes del lujo son personas vulgares.

- Por supuesto, no estoy de acuerdo. Una cosa es “pretender el lujo” y otra es la cultura del lujo. Una cosa es comprar caro y otra la cultura del lujo. Hay una sensibilidad para ciertas cosas de lujo y hay personas súper sensibles que las aprecian. Si no, podríamos pensar que el tipo que se gasta un millón de dólares en un cuadro también es vulgar. Algunos se comprarán un Picasso para mostrárselo a sus amigos, pero otros porque aman a ese pintor. Y porque tienen la guita para comprarlo. ¿Qué vulgaridad hay en esto? ¿Vos qué harías?

- Si tuviera mucha guita, probablemente me compraría un Mercedes Benz, pero nunca un collar de diamantes.  Creo que le buscaría una utilidad al exceso...

- Tal vez, si tuvieras mucha plata, no te comprarías el collar de diamantes por desconocimiento, porque vos no sabrías qué estás comprando y te verías como ves a un nuevo rico con él. Vos, seguramente, te sentirías más identificado con un Picasso, pero esa es una cuestión de cada uno.

- A veces son increíbles las decisiones de la gente con plata…

- A mí, después de vivir años en Europa, me han dejado de sorprender algunas cosas. Allá hay gente que tiene mucho, mucho dinero. Y hay escalas, que a todos nos cuesta entender. La gente que no tiene ni un plan social para vivir no debe entender que nos gastemos $200.000 o mucho más en una casa. Y para nosotros esto no es un lujo.

- Al final, se terminaron colando mis prejuicios por todos lados.

- Es inevitable. Y nosotros, como te dije, somos nietos de inmigrantes y nos cuesta entender algunas cosas y relacionarnos con los objetos preciados, que para ser nobles tienen que ser únicos.

- Seguramente, a los mendocinos no les gustaría que la corona y el cetro de la Reina de la Vendimia fueran truchos…

- Por supuesto que no. Y cuando le regalás un anillo a tu pareja estás regalando afecto y querés que sea de un material genuino. Y yo pienso que no sería afectivamente lo mismo regalar un anillo que no sea de un metal noble, como el oro o la plata por ejemplo.

- Para mí las piedras de la montaña, de los cerros que me gusta subir, son nobles, tan nobles como los diamantes.

- Te puedo asegurar que no.

- La verdad, Enzo, antes que un diamante, a la persona que amo le regalo un viaje a Macchu Picchu…

- Está bien… Y después de que fuiste al Macchu Picchu y tres veces a Europa… Ahí podemos empezar a hablar. O no, porque, en definitiva, hoy en día un anillo de diamante lo conseguís por 1500 pesos y tu viaje sale mucho más caro. Para mí, los materiales nobles hablan de la sinceridad.

- Está bien, entonces, para ir cerrando con un acuerdo, cada quien determina su concepto de lo que es la nobleza y con qué lo relaciona.

- Está bien, pero teniendo en claro que las piedras de la montaña son nobles, pero que no cualquiera sube hasta lo alto del cerro para traer una que te llene emocionalmente. La gran mayoría de la gente no sube el cerro, recurre a personas como el joyero o el modisto. La gran mayoría de la gente que puede compra noblezas como esas.



Dibujitos animados



- Ahora resulta que te fuiste de la dureza y la perennidad de los materiales nobles a la consagración del instante, que es lo artístico…

- Siempre he estado vinculado. Desde que soy niño, dibujo. Y aparte, todos los hombres siempre tienen la necesidad de contar historias, de dejar un mensaje. En algún momento, estuve unos años en la Escuela de Cine, persiguiendo historias. Desde niño, siempre he vivido fascinado con los dibujos animados.

- Y en Mendoza son muy, muy pocos los que están investigando en este campo…

- Desde Film Andes hasta acá, en Mendoza ha habido un vacío eterno en el campo audiovisual. Por eso, cuando estuve en Europa, me metí en una escuela de dibujos animados y me volvió loco ver cómo tus dibujos toman vida, se mueven en tu tablero y sin límites visuales o argumentales. Allá estuve trabajando en una serie de dibujos animados y me tuve que venir a Argentina a buscar animadores, en Buenos Aires y Rosario. Ahí me pregunté cómo es posible que en Mendoza no estemos trabajando en este tema, que genera un montón de dinero en el mundo. Los pocos artistas que hay, son autodidactas.

Video: Animación de Enzo Vendemmia



- Y ahí te surgió la idea de la Escuela de Animación y Artes Audiovisuales Digitales de Mendoza.

- Claro, con la intención de canalizar todo el talento que hay acá. Así fue que nos juntamos un grupito de locos y armamos la ESCAAAD (www.escaaad.com.ar). Costó mucho armarla, porque los profesores que trabajan en ella son casi todos de Buenos Aires, con muchísima experiencia en películas, productoras y publicaciones gráficas.

- ¿Cómo es el sistema?

- Ellos vienen cada quince días y trabajan un par de días súper intensivos con los alumnos. Y dejan tareas. La escuela está dirigida para todas las personas que se apasionen por esto. Dibujamos mucho en papel y la computadora es la herramienta final. Los programas de computadoras son para mover objetos, pero para hacer buenas animaciones hay que empezar por el lápiz y el papel, en el tablero. Ahí es donde se aprende el carácter del movimiento y de los personajes.

- ¿Cómo orientamos, entonces, a los interesados en participar?

- Entren a www.escaaad.com.ar y ahí encontrarán toda la información. Las clases las damos en la UTN, que nos facilita el espacio físico y tecnológico. Ahora, estamos por empezar un curso de animación experimental, con muñecos de plastilina, pixelación y cut-out, que son muñecos recortables y stopmotion.  Aclaro que la escuela no tiene ningún tipo de objetivo económico. Es un sueño que tuve, un alimento para el espíritu.

- Un alimento que debiera convertirse a un proceso industrial, y generar en Mendoza una verdadera industria cultural.

- Compartimos esta idea. El mundo está ávido de las producciones digitales y nosotros tenemos que dárselas.

Dibujo de Enzo Vendemmia:

- ¿Para cuándo la película?

- Y… Nosotros buscamos poder contar nuestras historias. Ya llegará. Por ahora, estamos sembrando, seguramente pasarán  muchos años antes de que podamos hacer un largo de animación, pero lo vamos a hacer.

- ¿Qué opinás de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual?

- Que está muy bien, porque tiende a la democratización del espacio de radiodifusión. Me parece espectacular la Ley de Medios y que además, por las cuotas de pantalla, le va a dar laburo a todo el mundo. Dicen que el control del Estado puede ser fuerte y esto me preocuparía. Ahora, todo lo demás, me parece espectacular.

- Igualmente, quién si no el Estado para controlar si hay algo que controlar…

- Por supuesto, pero que ese control no determine las decisiones será importante. Fuera de esta objeción que he escuchado que se pone pero que yo la toco de oído, la ley tiene que ser aprobada.

 

"Paisaje de Barcelona"

Opiniones (2)
17 de noviembre de 2017 | 16:42
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17 de noviembre de 2017 | 16:42
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  1. Venía leyendo con mucho interés la nota, sorprendido tanto por el nivel de sutilezas del entrevistado y su muy apreciado espíritu emprendedor, como por las confesiones de Naranjo sobre sus prejuicios, tal vez liberados al poder mostrarlos frente a un opositor natural a ese tipo de prejuicios, con quien Naranjo se refugia en su conocimiento previo y le permite soltarse. Pero al final noté algo que suele pasar en nuestro país, y concretamente en nuestra provincia, en el poco sentido de conciencia social del empresariado, consistente en a veces la total ignorancia sobre aquello que no sea su negocio o, lo más común, en la complacencia o ingenuidad ante el poder político. Es por ello que -por suerte el entrevistado confiesa que no sabe mucho del tema; de Naranjo ya tenemos su extraña opinión- emite opinión en un punto favorable a la ley de medios que, bajo la argucia de presentarla como pluralista, terminará anulando toda diversidad, su objetivo único y final. Es graciosa y de manual la frase de Naranjo "quién si no el Estado para controlar si hay algo que controlar..". Claro, el Gobierno controlando al propio Gobierno... Ni Galeano podría comprender la autoceguera.
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  2. Muy bien Vendemia. Le puso al periodista en claro, lo que es un diamante, que el mismo no es vulgar ni una vulgaridad y por supuesto el periodista, como nos tiene acostumbrados,no dejó de protagonizar...Que yo regalaría un viaje a...que traería un cascote del cerro.....Que tiene que ver el chancho con el caviar, son gustos diferentes. Es cierto, un hombre que sabe de elegancia y distinción, le regalará a su mujer un diamante y será muy feliz, tanto como comprando una obra de arte o lo que fuere. Esto lo da la capacidad económica y por supuesto el "detalle" sugerente de quien lo obsequia. También agrego que vulgar, es aquel o aquella persona, que poseyendo joyas, las usa todas amontonadas para ostentar. Una dama, luce solo un diamante y lo complementa con su cultura, elegacia y distinción.(generalmente) Enzo sabe de que hablo.
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