Rodolfo "Fito" Suden

"Con el tiempo, uno aprende a controlar ciertos sueños"

El locutor, periodista y actor mendocino habla de "Justo en lo mejor de mi vida", la obra del momento.

Hablar de Rodolfo “Fito” Suden es hablar de radio. Hace más de 30 años que está detrás de los micrófonos de diferentes medios de nuestra provincia.

Pero también es una voz reconocida para el público ya que la Fiesta Nacional de la Vendimia, Americanto, Cantapueblo, Feriagro, Rivadavia Canta al País, y otros tantos eventos lo han tenido como protagonista principal.

Pero “Fito” también tiene otra veta; la actoral. Actualmente, presenta junto al Grupo del Fondo la obra “Justo en lo mejor de mi vida” en el Auditorio Adolfo Calle (Primitivo de la Reta 1042).

Esta obra cuenta la historia de Enzo un hombre de mediana edad, esposo y padre de una típica familia argentina que en un momento especial se ve forzado a reflexionar y cuestionarse muchos aspectos de su vida, ya que puede observar desde afuera los efectos que su comportamiento ocasionó en sus seres queridos.

Es una comedia muy divertida y tierna, permite al espectador reírse y emocionarse con cada uno de los personajes y situaciones que se presentan a lo largo de la historia, y también identificarse con muchas de ellas.

Además de Suden están Alejandro Espeche, Karico Millán, Constanza Espeche, Andrés Olguín y con la dirección de Hugo Vargas.

Sin dudas, la obra ha pasado a ser uno de los sucesos de la actual temporada teatral mendocina y es por eso que Suden habló con MDZ.

-¿Porqué eligieron “Justo en lo mejor de mi vida”?
-Karico Millán vio dos veces la obra en Buenos Aires; se enamoró de la trama, buscó por todos los medios el texto, lo encontró, y después vino el proceso clásico de ensayos y autorización de derechos por parte de Argentores. Lo paradójico fue que todo el camino marcaba como destino el fracaso, no ponerla en escena, por muchos inconvenientes: un director que se fue a Buenos Aires, la necesidad de buscar nuevo director, nuevos actores, etc. Ese tipo de circunstancias que llevan a pensar "no hagamos esto"; afortunadamente pudimos hacerlo.

-¿Sentís que hay algo de la obra que te identifica?
-Hay dos o tres frases que dice mi mujer de ficción que me pegan en el medio del pecho. Muchas veces me la dijeron en la vida real. Y en un sentido más genérico me identifico con la metáfora más esencial: hay que hablar en el aquí y en el ahora de la vida, hay que expresar los sentimientos, hay que buscar el modo de comunicarse con lo mejor de nosotros mismos; y mucho más cuando se trata de seres queridos.
 
-Vienen trabajando desde hace tiempo con mucho éxito, ¿Por qué creés que se generó esto?
-La obra le gusta muchísimo a la gente y el clásico "boca a boca" ha sido y es muy fuerte. Es una de esas obras de llegada fluida. Tiene mucho humor -directo, simple, por momentos negro-, emoción genuina, y profundos niveles de identificación por parte del público. Además, hay algo fundamental: creo que está bien dirigida y bien actuada. Se establece un nivel de comunicación muy fresco y muy intenso con los espectadores. 
 
-¿Imaginaron que iban a tener esta repercusión?

-No. En las primeras funciones me repetía una frase "No entiendo… No entiendo por qué viene tanta gente y por qué gusta tanto". Creo que ha sido y es una suerte de fenómeno o “fenomenito” en la actividad teatral mendocina. La última representación en el Teatro "Recreo" -la séptima función- hubo 110 entradas vendidas. Hemos toreado el Recreo que tiene 260 localidades… una locura. Estamos en el Auditorio "Dr. Adolfo Calle" que tiene 198 butacas. Una locura temeraria. Con entradas pagas e invitados especiales hemos superado los cien espectadores en el 90 por ciento de las 25 funciones que llevamos. Hemos tenido funciones con aproximadamente 180 personas. No es común sostener una obra durante tanto tiempo con tan alto nivel de público. Y volvemos una y otra vez al punto esencial: gusta muchísimo y quien la ve, la recomienda. Y esto no es vanidad boba ni marketing impúdico, es la foto fundamental de esta realidad teatral que el grupo "Del fondo" está viviendo. Fue muy fuerte para nosotros en la última función, la del sábado 19, ver cómo todo el público que prácticamente colmaba la sala se puso de pie y aplaudió de una forma que no olvidaremos nunca.
 
-Contame algo sobre tu vida actoral.
-Estudié arte dramático en la Escuela Superior de Teatro de la Universidad Nacional de Cuyo. Tengo el título de actor colgado en el estar de mi casa. Mi experiencia es poquísima. "La farsa de la torta", con dirección de Ernesto Suárez en 1.975; "El médico a palos", con dirección de Luisa Gámez en 1.976; un "bache" de 29 años sin "ejercer" como actor; "Las últimas lunas", con dirección de Maximino Moyano en 2.005 -premio Escenario a Mejor Actor, compartido con Dardo Boggia- y esta continuidad con "Justo en lo mejor de mi vida" con dirección de Hugo Vargas. La vocación de hacer teatro siempre ha estado en mi sangre y tengo la convicción de no abandonar las tablas. Quiero estar allí arriba. Por sensibilidad y necesidad expresiva.
 
-También has trabajado en cine, ¿cómo son esas experiencias?
-Una experiencia maravillosa en un corto de Matías Rojo, "Las estaciones", compartiendo actuación con Sonnia de Monte. Es otro lenguaje, otra técnica… Treinta años sacando la voz desde el estómago y en cine tenés que hablar desde la garganta, jajaja. Un aprendizaje potente. El cine es lentísimo, muy laborioso, te cansás. Pero es muy intenso, muy rico en la piel, en la búsqueda, en la expresión.
 
-Teatro, cine, radio, ¿en cuál te sentís mejor?
-Si me agarrás distraído debería elegir el teatro. Pero voy a contestar más ambiguamente. La radio tiene esa calidez, ese encanto, esa humanidad, esa piel. La amo. Amo la comunicación humana. El teatro tiene todo eso y además tiene el cuerpo, la respiración, tiene la electricidad de comunicación en vivo con seres humanos que están cerca. Y algo maravilloso: el público es otro actor. Te modifica, te ralenta, te acelera, te emociona, te obliga a refugiarte en el texto cuando "está pintado". La risa, el silencio, la emoción del público es mágica, refrescante, conmovedora, intensa. El teatro es un acto de amor.
 
-Hablemos de radio, ¿cuál es el mejor programa que hiciste?
-Sin falsa modestia creo que debería contestar un oyente genérico. Tengo un recuerdo delicioso de "Los habitantes de la noche", un orgullo por conducir "La cuerda" en Libertador desde hace casi treinta años y desde hace trece "Cuidado con el perro" en Radio Universidad, Esto me da plenitud, piel, sensibilidad, sangre, comunicación humana genuina y potente. Ah, dejame un chivo: lunes a viernes, de 9 a 11 en el 96.5.
 
-¿Qué te gustaría hacer en radio y aún no has hecho?
-Escuché alguna vez a Carlos Rodari en una trasnoche de radio Mitre. El tipo hablaba con la gente. Esa era la estructura. Con clase, con humanidad pura, con humildad, con sencillez, sin la moralina y el fascismo de Luisa Delfino. Bueno, esa es una fantasía que tengo. Hablar con seres humanos: qué hacés, cómo es tu trabajo, qué pensás de la vida, sos libre o más menos, qué querés ser cuando seas más grande, te gusta la televisión que tenemos, en fin, que la conversación vaya para donde quiera ir.
 
-¿Cuál es tu opinión sobre el proyecto de ley de medios audiovisuales?
 -Una nueva ley es necesaria ya. Hace veinte años era necesaria. Cuatro o cinco empresas -cuatro o cinco familias- no pueden condicionar tanto el imaginario colectivo. Hay que democratizar la democracia. Lo mediático es un factor de alto poder y alto riesgo. En estos días asistimos al campeonato del sofisma. Los grandes monopolios se desgarran impúdicamente las vestiduras y se preocupan por el potencial monopolio del Estado. Como ciudadanos somos cada vez más "hijos mediáticos". Dudo de la capacidad que tenemos como sociedad para decodificar mensajes. Saber quién nos miente y quien nos dice la verdad. "Cuidado con el perro".
 
-¿La TV es una deuda pendiente?
-Con Aníbal Cuadros y Guillermo Giaquinta hicimos un programa muy respetable llamado "El café de los artistas". Estaba bueno. Difusión de los talentos mendocinos que viven a la vuelta de la esquina. Paramos por lo de siempre: lo comercial. Somos mendocinos, somos un pueblo grande, no nos animamos todavía a ir por más. Tenemos una importante cantidad de habitantes, fierros técnicos, considerable capacidad creativa pero... "somos montañeses" o... "¿tenés clientes? Con el tiempo uno se enfría un poco, aprende a controlar ciertos sueños.
 
-Tenés muchas Vendimias encima, ¿qué experiencia te dejaron?
-La emoción. El gozo de comunicarte con 40.000 personas siquiera en un instante como si estuvieras en el patio de tu casa. Y lo obvio, experiencia profesional, manejo de los tiempos, sensibilidad, colocación de la voz, repentismo, tratar de meter concepto y no hablar por hablar nada más, etc.
 
-¿Alguna vez extrañaste no estar en la Vendimia?
-¡Extrañar! ¡Ojalá hubieran sacado marzo del calendario durante unos cuantos años! ¡Las calenturas que he tenido! A ver... hice vendimias centrales durante ocho años seguidos, sumé una después de dos años y... me colgaron siete. Sinceramente, profesionalmente, creo ser uno de los tres mejores tipos para hacer ese laburo. Y no es vanidad boluda. He tenido decenas de comentarios de colegas y de gente común en ese sentido. Es muy poco elegante decir todo esto en un diario digital pero quiero sacarme un entripado que he tenido durante mucho tiempo. Encima para ser digno en nuestro país tenés que perder guita. He rechazado la locución de dos carruseles y dos Bendiciones de Frutos. Ocho vendimias centrales y me tiran un carrusel. ¡Cabrones! (tengo nombres pero voy a tener la delicadeza de no darlos). Y no es vanidad, es respetar una historia allí en el teatro griego que ha sido muy importante. No jodan. Es patético cómo algunos gobiernos de turno prejuzgan políticamente y cómo se arrodillan ante el establishment mediático. Ah, nunca pretendí ser llamado todos los años, no soy tan vanidoso, es decir, trato de no ser tan boludo. Digo que tengo una historia profesional como para ser tenido en cuenta cada dos o tres años. Pero ya me cansé. Por lo menos aprendí a no calentarme más. No voy a permitir que me jodan.
 
-Sos docente también, ¿qué es lo primero que le decís a los alumnos que quieren ser locutores?
-Que hay buscar la excelencia. Hay que hilar fino. Hay que hacer gimnasia, todos los días. Hay que ser bueno, muy bueno. Por honor, por respeto a la profesión. Y sobre llovido mojado, para tener mañana una oferta profesional respetable en un mercado laboral cada vez más cruel.
Opiniones (1)
17 de noviembre de 2017 | 15:36
2
ERROR
17 de noviembre de 2017 | 15:36
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
  1. CUIDADO CON EL PERRO
    Y con Fito Suden, él no lo dice, pero además de todo lo que expone, es un excelente amigo y un luchador social desde su espacio
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