Sergio Bergman

"Ningún proyecto serio se hace por trámite de obediencia debida"

Rabino judío, titular de la fundación Argentina Ciudadana

El rabino Sergio Bergman estuvo en la redacción de MDZ, la pasada semana, y se prestó abiertamente al diálogo con los lectores en una videocharla.

Mostrando todo su arsenal crítico y haciendo gala de su sorprendente verborragia, el religioso abordó con sus reflexiones todos los temas de fondo de nuestro país.

El único líder judío que se atreve a criticar en público al Gobierno del matrimonio Kirchner, ataviado con su habitual solideo multicolor, dejó en su visita a MDZ frases muy fuertes, conceptos y posturas extremadamente claras y un resumen sin desperdicio.


-Se lo ha visto a usted entre los que adhieren al proyecto de Ley de penalización a quienes agredan a religiosos, de la diputada Cynthia Hotton. ¿Suena un poco raro que se proponga esto de estar a la defensiva de las agresiones cuando en la historia reciente de la Argentina tenemos religiosos comprometidos en situaciones bastante complicadas con la ley?

-El espíritu de esta ley tiene que ver con la libertad religiosa. Yo creo que ese matiz, en realidad, no requiere de una ley específica sino que creo que forma parte de una ley general que la Argentina tiene, que es lo antidiscriminatorio y la posibilidad que cada uno de nosotros sea resguardado de cualquier ofensa. Pero, no necesariamente habría que hacerlo con los religiosos sino que me parece que cada sector de la sociedad debería estar resguardado por una ley universal. El problema que ahora tenemos los argentinos es, más allá de esta iniciativa, que cada uno quiere tener leyes que le cuiden los derechos en lugar de pensar cómo hacemos para terminar de consolidar leyes universales que sostengan el bien común. O sea, el puente entre el bienestar de uno y el bien común, todavía no lo cruzamos.

-Entonces, ¿No es un debate tomado un poco “de los pelos”?

-No conozco exactamente dónde están en la reglamentación de la ley los apartados. Lo que sí recuerdo, es que cuando la diputada Hotton hace esta iniciativa, el espíritu del cuerpo de la ley se refiere a libertad religiosa. No creo que la ley tenga como intención principal penalizar a quien ofenda a un líder religioso. En todo caso, no es lo sustancial.
Lo importante es que repensemos un nuevo organigrama de la Nación con respecto al lugar que tienen los cultos. Por ejemplo, los cultos están en el Ministerio de Relaciones Exteriores, algo que hace cien años, cuando la mayoría eran inmigrantes, era entendible. Pero hoy, a lo sumo, si lo querés poner dentro de un Ministerio tiene que ser en el del Interior.

-¿Quiere decir que la libertad religiosa no es tan libre y tiene límites?

-Tiene restricciones porque existe el Registro Nacional de Cultos, por tanto cualquier religión no es habilitada por la Nación sino a través de un procedimiento. Habiendo una asimetría con la Iglesia Católica que “por default” no tiene que hacer trámites y dispone del apoyo y del financiamiento del Estado. Algo que la misma Iglesia Católica dice que se transforma, a veces, en un inconveniente porque no le permite a sus fieles asumir compromisos para sostener su culto, como hacen otras religiones, y por otro lado, también condiciona las conversaciones con el Estado sobre intereses contrapuestos. A esos aspectos apela la Ley de Libertad Religiosa.

-Esto de estar en comunicación on line con los lectores tiene que ver con que hay una gran cantidad de debates abiertos en el país. Desde su punto de vista, ¿Cuáles son los grandes temas que deberían ser debatidos en lugar de someternos a una gran cantidad de pequeños temas que podrían ser solucionados con gestión pública? 

-Creo que hay un solo tema: es el Sistema. Lo que nosotros debemos restaurar es un Sistema. El problema que tenemos es que nos apasiona y nos encanta hablar de ellos, que además son los que elegimos, y no queremos sincerar la hipocresía de que la Argentina está enferma de valores y es un  problema cultural. La raíz del problema no es coyuntural, es estructural. Tenemos que sincerarnos de que el Sistema no lo tenemos que inventar sino que tenemos que estudiarlo y aplicarlo, porque está escrito en la Constitución Nacional: es la República.

-¿Cómo es eso de que estamos “enfermos de valores”?

-Una República no plantea ningún “botox” político de Superpoderes. No hay superpoderes, hay tres poderes independientes. Tampoco hay funciones “delegadas” sino asumidas en esos poderes independientes en su soberanía, interdependencia y jurisdicción. La ciudadanía que no puede estar haciendo “la siesta” o haciendo “la plancha” en un país que requiere de su participación, porque lo que nosotros abandonamos de lo Público se lo llevan puesto. Uno cree que lo público es para quien no tiene nada para perder, que llega ahí para quedarse con lo de los demás y uno vive en la expectativa privada. Cada uno está en el “sálvese quien pueda” y nos damos cuenta que estos temas de debate terminan siendo polémica editorial sin solución, porque toda esta lista de temas se resuelven con Política de Estado.

-¿Qué significa para usted Política de Estado?

-Que tenemos que tener legisladores que en lugar de trabajar por obediencia debida y que su juramento sea por el Jefe, por Dios y por la Patria, tengan independencia conceptual y que sepan que le deben el voto al pueblo que los eligió. Que entiendan que la ideología partidaria es la manera de iluminar cómo responderle a la gente, que no es lo mismo que formar parte de la corporación, y que se debata por comisiones de trabajo, por mayorías y minorías o por debate parlamentario. Una frase que nosotros no tenemos porque ahora hay una “escribanía deliberativa”, con el perdón de los escribanos, donde cada uno hace una apología argumental de lo que ya le mandaron a votar. Entonces, por favor hablemos de los temas de agenda pero legislémoslos. Inseguridad, adicciones, aborto, derechos humanos, etc.

-Otro gran tema de discusión, los Derechos Humanos. Tan banalizados por este Gobierno…

-Con ese tema empezamos a tener otra discusión inagotable, donde la gente asocia los Derechos Humanos con la reivindicación, que es necesaria hacer, pero cuando no hay Ley, Estado de Derecho ni República. Cuando hay estas tres cosas, no se reivindican, se cumplen. Sin olvidar los que fueron profanados, uno no posterga los pendientes. Según la Constitución, Derechos Humanos son pan, techo, trabajo, salud y educación. Y, ¿Cómo los obtenemos? No declamando sino legislando.

-Entonces, no hay sistema republicano.

-Confundimos Democracia para elegir con República para gobernar. Los que nosotros elegimos, legítimamente, luego, de manera ilegitima se apropian del Poder y en lugar de rendir cuentas nos hacen rendir a todos frente a esa concentración hegemónica que es sumamente peligrosa.

-De todos modos, que el país funcione como República no es responsabilidad sólo del Poder Ejecutivo…

-…No, para nada. El Poder Ejecutivo cuenta con nuestra nómina, nuestra indiferencia, con nuestra apatía, nuestras reacciones de protesta y no de propuesta, con que somos pasionales, incongruentes, inconsistentes, inconstantes y hormonales, que nuestras reacciones con efímeras y coyunturales, y después cada uno vuelve a lo suyo y ellos se quedan con lo de todos. Entonces, lo primero que hace es ejecutar la República. Ordena al Poder Legislativo no legislar sino trabajar para él.

-Pero, ¿No es legítimo que el Ejecutivo pida apoyo para sus ideas?

-Una cosa es apoyo y otra es coaptación. Lícito es solicitar provisión de las leyes para poder ejecutar políticas de Estado, respetando la autonomía y soberanía del otro Poder. Pero, en la Argentina no hay más mayorías, hay primera minoría. Eso implica que hay una segunda, una tercera y hasta una cuarta minoría. Entonces, ser primera minoría no significa poder llevarse puestas a todas las demás.

-Se lo ha escuchado en otras oportunidades referirse al cambio del sistema jubilatorio, ¿Por qué se opuso de manera tan férrea a la desaparición de las AFJP?

-Porque fue una trampa mortal. Se llenaron la boca con que había que ver la situación de los jubilados, que las AFJP eran sucias, feas y malas, y que había que auditarlas. Pero, era función del Estado auditarlas y en realidad, se concluyó en que el Estado era socio y cómplice de lo que después se denunció. Más allá de eso, está bien, había que revisarlo. ¿Pero cuál era la urgencia de hacerlo rápido y ya? Y todos nosotros, ciudadanos, habitantes, espectadores, decíamos “acá se quieren quedar con la caja, lo que quieren es la plata”. Y fijate vos, que hoy el primer banquero es el ministro de Economía, en premio a los servicios prestados. Aunque en realidad es el segundo ministro, el primero sabemos quien es.

-¿Quién es?

-Es el que tiene la hegemonía de todo el poder aunque no lo votamos. Porque la votamos a ella y no a él. Y eso es solamente posible porque los ciudadanos nos descuidamos. En el 2001, gritamos “que se vayan todos” y logramos que se quedaran los mismos y para siempre. Él está donde está por un “accidente electoral”. Tenemos que recordar eso.

-Se refiere a las elecciones del 2003…

-…Que fueron producto de la falta de creación de alternativas y de propuestas. Se pelearon Menem con Duhalde y surgió Néstor con el 22%. En ese “accidente electoral”, un hombre, que para mi es un “maratonista de fondo”, entró a la pista con los que corren 100 metros llanos y dijo: “Desde hace 16 años, lo único que se hacer es control hegemónico del poder en una intendencia o en una provincia”. Pero, como somos Unitarios y Feudales, no Federales, a nadie le importaba lo que pasaba en Santa Cruz. Ungido por una de las facciones que rivalizaba con la otra, este hombre que estaba en un freezer patagónico agarró un avión, sus cinco amigos y lo mismo que hacía en Santa Cruz ahora lo tenemos en toda la Nación.

-También es claro su rechazo a la Política Internacional de este Gobierno…

-…Resultado de esa convulsionada realidad nacional. Aprovechó y se inscribió en un escenario latinoamericano, para mí, sumamente peligroso. Hay que decirlo con toda claridad: Caracas ya está en Buenos Aires. Habrá que ver que si los argentinos queremos o no terminar como Venezuela. Y no hace falta más que preguntarles a nuestros hermanos venezolanos para saber si queremos que nos cocinen a fuego lento y cuando pretendamos reaccionar no podamos. Porque, primero, van por la rentabilidad de un sector, después van por la propiedad privada, por la libertad de expresión y después por la confusión entre la demagogia y la democracia. La democracia no hay que decirla, hay que hacerla. No hay nada más de Derecha que quedarse con lo de todos por Izquierda. No hay nada más imperialista que llenarse la boca con distribución mientras la acumulación es de uno solo.

-¿Cree que ha cambiado el modelo de corrupción en la Argentina?

-Es inédito en la Argentina. La corrupción estructural que ya no es de peaje y pasamanos, ahora es de dominio y escrituras. Pocas veces en la historia de nuestro país tuvimos un gobierno democrático y civil en el que algunos escrituran a nombre propio tierras, bienes, servicios, redes de casino y de juego, ahora se vienen las productoras de televisión.

-Cuando hablamos de República da la sensación de que estamos hablando de otro lugar, de Europa o de una Constitución de hace ciento cincuenta años ¿No será que el pueblo está pidiendo otra forma de Gobierno?

-Vuelvo a insistir. Ellos no son el problema, son el síntoma. Esto es pelearse con el termómetro porque marca 38 y no darse cuenta que el problema es la enfermedad.

-Un debate que debe fortalecerse camino al Bicentenario…

-…¿Qué Bicentenario? Estamos con el cotillón del Feliz Cumpleaños de los que ya son dueños del Bicentenario porque acá el país no lo va a festejar, vamos a asistir a una fiesta que es de otros. Para mi el Bicentenario es en 2016, antes no tenemos ni tiempo de pensarlo. Porque 2016 no es de nadie, puede ser de todos y tenemos el punto de inflexión de la historia argentina que es la declaración de la independencia. Que no fue una revolución de puertos ni de intereses.

-Osea, refundar el país desde las provincias?

-Ya lo dijo Alberdi, “de Buenos Aires no va a salir nada bueno”. Gobernar es poblar. La diversidad de nuestras provincias es lo que puede redimir el futuro de la Nación. La riqueza viene de las provincias y se la queda en la caja uno solo. Es una vergüenza ver a los representantes de las provincias arrodillarse en Buenos Aires para pedir que les devuelvan lo que ya dieron, a cambio de una obsecuencia política imperdonable.

-A lo largo de nuestra historia, siempre se debatió seguir tal o cual modelo de país. Hoy, ¿Cuál es la dicotomía?

-Hace doscientos años pensábamos en ser españoles o ingleses, hace cien discutíamos si íbamos a ser europeos o norteamericanos; hoy, y para ello nuestros hijos se tendrán que poner las pilas, si vamos a ser como Venezuela o como Brasil. Porque ya no se debe pensar más en Europa, estamos en Latinoamérica. La pregunta debe ser: ¿Qué les parece ser como Uruguay? País del que nos reíamos y catalogábamos como una provincia argentina y ahora tenemos que ir ahí para aprender a exportar, a como trabajar la tierra y como esa riqueza se debe derramar en el mercado interno y en el bien común. Hay que aprender que se puede comer carne exportando el corte de lomo. Si el lomo es redituable exportarlo, comamos el costillar. Y, eso no es desnutrir ni desproveer, ni ir en contra del mercado interno. Es la diferencia entre democracia y demagogia.

-Ahí también entra en juego el respeto por los partidos políticos…

-…Por supuesto. Ellos respetan el bipartidismo, la rotación y las instituciones. Y, no sólo hablo de Uruguay sino miremos Chile o Brasil. No lo que no podemos es ser como Venezuela, Bolivia o Ecuador. Y tenemos que saber que acá hay quienes decidieron aplicar ese modelo, no solamente chavista, sino el modelo de las hegemonías que terminan siendo totalitarias en la retórica de decir lo que no vas a hacer con la anomia de los que no hacemos nada.

-¿Habría que reformular entonces el sistema de partidos?

-Es la gran crisis política. Pero no tiene que ver con quienes nos gobiernan sino con quienes aún no hemos decidido participar para recrearlos. En otras palabras, la Constitución dice que “el pueblo no gobierna ni delibera sino a través de sus representantes”. ¿No te gusta ningún partido político de los que hay? Habrá que inventar otros. Pero, hay buenas y malas noticias. Si queremos, lo podemos hacer pero nos puede llevar toda una vida y quizás no veamos el cambio. Porque el cambio cultural que significa involucrar a la gente, y sobretodo a nuestros hijos, pasa primero por sincerarnos.

-No basta solo con pedir “que se vayan todos”…

-…No, que se vayan los malos! Pero, admitamos que no hay buenos que se quieran meter. ¿Quién se va a enchastrar con lo Público o con la Política? ¿Quién va a gastar su prestigio en mezclarse en esto que está todo podrido, no tiene arreglo y son todos corruptos?, son las preguntas habituales. Pero, cuidado, no es cierto que todos los funcionarios no sirvan. El problema es que debemos volver a reconocernos. El bien y el mal está en todas partes, la idea debe ser reagrupar a los buenos y aislar a los malos.

-¿Aunque el rótulo de “buenos” es el que utiliza siempre la Oposición?

-La trampa en la que cae la oposición partidaria es que siempre está detrás de la iniciativa de un oficialismo hegemónico, con poder y con un atributo muy importante que no viene de las Ciencias Políticas, que viene de las psicopatologías: se debe tener claro que un perverso es muy inteligente. No se puede subestimar la perversión. El perverso es quien conoce perfectamente la Ley para poder profanarla y mientras todos los demás hacen análisis editorial sobre el único actor protagónico pierden de vista a los actores secundarios, que siempre actúan el guión que les escribe el otro.

-¿Por qué la gente debe escuchar a un religioso como usted? Como ya lo hace con la Iglesia Católica a pesar de los vínculos que tuvo con la dictadura y sin embargo se le acepta, por ejemplo, que hable de pobreza.

-Porque creo que hay una revisión de nuestra memoria histórica, de la que somos ignorantes. Porque los religiosos volvemos a la Historia. ¿O quienes estaban en el Cabildo el 25 de mayo o fueron a Tucumán para declarar la Independencia? Clérigos, y clérigos criollos que participaron en la gesta. Pero, a nosotros nos gustan más los mitos de la Historia Argentina que estudiarla, nos gusta más destruir que construir. Por ejemplo, en Mendoza nos gusta más leer los libros de Felipe Pigna que los de Félix Luna, no porque uno sea más o menos aburrido sino porque nos apasiona ver por qué San Martín no es ni San ni es Martín. En lugar de preguntarnos si podemos repetir las máximas que le enseño a su hija Merceditas o si alguien leyó alguna vez las cartas que escribió desde el exilio, que podrían ser una editorial del diario de hoy, y sin embargo la pasión es demostrar que San Martín no era, no parecía o no fue. Yo no tengo problema con el pensamiento crítico de la historia, pero una vez que incorporaste los valores, una vez que asumiste el ejemplo, una vez que respetaste a tus próceres, que no son ídolos sino seres humanos que tuvieron grandeza.

-Grandeza que hoy no se ve en quienes nos representan.

-Es que los argentinos no tenemos grandeza. En vez de venerar la bandera nos gusta la camiseta de fútbol, en vez de ponernos una escarapela nos gusta ver a la Selección nacional, en vez de jugar a la pelota en el país nos gusta ir a la tribuna, lo que nos gusta es la mano de Dios, no la del cielo sino con la que hacemos los goles con la mano, lo que nos gusta es ganar y ser campeones, no respetar las reglas del juego sino hacer un juego con las reglas. Y, eso no se lo podemos endosar a ningún Gobierno ni a ningún representante. No son lo que nos merecemos, tampoco sería tan cruel con nosotros mismos, son los que elegimos y lo que se nos parece.

-Adhiere, entonces, a que desde sus inicios, el pueblo argentino ha actuado sólo como espectador de la Historia.

-Si. Ahora, la gente va tener que aprender y entender que el Poder hay que construirlo, que no es una mala palabra, que es la única manera de transformar la realidad. Entender también que una cosa es acceder al Poder para servirse de él y otra es tener Poder para poder servir y transformar. Para cambiar a la Argentina, hay que cambiar a los argentinos y no hay argentino más difícil de cambiar que uno mismo. Nuestro gran problema no es económico es de falta de compromiso y de participación consecuente y consistente. Votar cada dos años no es ser un ciudadano pleno.

-¿Es ver a la Democracia como un sistema de ganadores y perdedores electorales?

-Hay una gran evasión cívica. El país está quebrado por la evasión cívica. Opinar no es participar, es solo expresarse. Lo que planteo es que por cada cuadra, barrio, municipio o provincia tenemos que agruparnos lícitamente, porque las asociaciones ilícitas ya son públicas y notorias, volver a poner la política en la mística de la participación y defender ideas, no imponérselas a nadie, buscar la construcción y la adhesión. Eso es la Democracia.

-Debate y discusión que hoy, con nuevas tecnologías, puede tener muchos más canales de diálogo…

-…Siempre se lo digo a los jóvenes, que en lugar de chatearse la vida en internet endovenoso por qué no chateamos la República. Por qué no debatimos, en el espacio virtual, ideas o iniciativas, quizás es esa la oportunidad que tenemos. Mientras que por un lado con una ley nos quieren ahogar la expresión y tener monopolios, por qué no usamos redes sociales de comunicación para que haya una nueva Argentina donde el pueblo sí sepa de qué se trata y donde no vamos a dejar que nos aprieten ni que nos silencien, donde no vamos a confrontar pero sí vamos a defender nuestras instituciones y nuestros derechos y donde vamos a asumir las obligaciones. Argentinos, a las cosas! La Constitución no es un menú a la carta de derechos para reclamar, es un contrato moral y social.

-Justamente, tocó uno de los principales temas de la agenda nacional: la nueva Ley de Radiodifusión. ¿Hace falta una nueva legislación sobre medios de comunicación?

-Creo que hay temas dentro del tratamiento de esta Ley que son necesarios considerar y creo que un país moderno, que avanza tanto en lo tecnológico como en el cambio de paradigmas, no puede tener tan atrasado como legislar la radiodifusión. Los medios tienen un lugar muy relevante y muy importante. No hay que estigmatizarlos sino ponerlos en la justa proporción de su función social, no son solo monopolios y grupos económicos sino referentes sociales. No hay que pensar en quien maneja la economía de los medios sino en los trabajadores, en los intelectuales, en los periodistas, en todo ese pedazo de Argentina que hace en la práctica algo que es productivo, no mediático. Es producir contenidos, es orientar a la gente para que sea libre y soberana, crítica e independiente, es lo que permite discernir entre el populismo y lo popular, que todos por igual tengan información para poder decidir por sí mismos lo que quieren para ellos y los demás, y no la masificación de contenidos homogéneos, estandarizados, con los que todo el mundo tiene que adherir. Todo eso es un trabajo que sí hace falta. Pero, por supuesto, habría que resistir que no nos empaqueten otra vez con los combos enlatados de lo que no se puede discutir, porque ningún proyecto serio de radiodifusión se hace por trámite express de obediencia debida, en un Parlamento que no es representativo, sí tiene delegada la función hasta el 10 de diciembre pero no representa porque el 28 de junio votamos otra cosa. Eso es una trampa, entonces planteó resistir este embate y proponer el debate.

Opiniones (5)
19 de noviembre de 2017 | 04:19
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19 de noviembre de 2017 | 04:19
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  1. que estara haciendo este caradura ahora en un villa ? ja ja ja o al servicio de inteligencia , espero que luyches por losa niños asesinados en palestina y que no mire para otro lado y se haga el pelotudo ,
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  2. Un rabino traidor
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  3. proponiendo desde los primeros años de la nueva democracia. Ya a Alfonsín le mandé parte de mis ideas y como a él a todos los Presidentes, diputados y senadores que pude, incluso a nuestros gobernadores. Hace un año lo puse en internet. Se llama demosarquía y está a disposición de cualquiera, sólo tienen que ingresar en www.horargentina.blogspot.com. Es sólo un comienzo, pero hasta ahora no veo a nadie que se anime a cambiar en serio, sólo hay declamadores de cambios como este Rabino, pero gente que realmente quiera cambiar, de esa, no he visto a nadie.
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  4. ES ALENTADOR VER UN RABINO CON IDEAS TAN CLARAS Y QUE TIENE EL DON DE SABER EXPONERLAS DE MANERA SIMPLE Y CON UNA REAL CAPACIDAD DE SINTESIS, ME AGRADAN SUS IDEAS Y PROPUESTAS Y ME PONE FELIZ QUE TENGA TAN BUEN ENTENDIMIENTO CON UNA AUTORIDAD CATOLICA. A PROPOSITO. ME GUSTO LA FRASE DEL PERIODISTA DE REFUNDAR EL PAIS DESDE LAS PROVINCIAS.
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  5. El Rabino Bergman y los curitas villeros, son la esperanza que la gente necesita para volver a creer. Los curitas villeros en Buenos Aires, están haciendo un trabajo maravilloso. Viven ahí, predican y trabajan pobre e intensamente. Bergman es otro ejemplo. Los judíos y católicos tenemos las mismas raíces hebraicas, tenemos que unirnos, los que componen estas dos religiones ,son muy muy CULTOS, valor ausente en otras formas que están acaparando a las gentes de bajos recursos intelectuales y económicos y encima les sacan el diesmo. Los no creyentes, van por la cultura, por la ciencia, pero sin ninguna duda apoyan las cosas bien hechas. Necesitamos muchos Bergman y curas que salgan a defender a los desprotegidos. Los gobiernos han fracasado. No se regala. Se cambia por trabajo. Es la única manera de que la gente pobre tenga autoestima.
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