Roberto Follari

"Las demoras en el juicio de Bolognezi no son un buen augurio"

El doctor en Psicología y defensor de los Derechos Humanos analiza el caso.

Roberto Follari desconfía que la familia Bolognezi pueda acceder a su derecho a saber la verdad sobre lo que ocurrió con José Luis, por quien ayer se retomaron las marchas en silencio en reclamo de justicia. A casi siete años del crimen, el doctor en Psicología y profesor en Epistemología, analiza con una visión perspectivista el caso por el que se ha iniciado en San Martín el juicio en el que están acusados Abdo Girala y Carlos “Metralleta” Pérez.

- ¿Cree que se sabrá la verdad sobre el crimen, usted que sigue por los medios el juicio y considerando su participación en el pasado en las marchas de silencio para presionar por la consecución de justicia?

- Uno no puede adelantarse, pero pareciera, sí, que no va haber la justicia que exige un caso tan grave. De un joven que fue asesinado de manera tan notoria, ya que es un hecho conocido por toda la comunidad y por eso parece tan evidente que habrían maneras de poder que obstaculizan el ejercicio de una justicia que tuviese plena vigencia. Porque lo que se ha venido dando, como las demoras para que el juicio se realice, no es un buen augurio en cuanto a la consecución de la justicia que debería haber llegado hace rato.

- ¿Estima que algo ha cambiado en la Justicia, recordando que la causa la tuvo en sus manos un juez que era el padre de uno de los imputados como el joven Martínez?

- Algo de esperanza uno siempre debiera tener, al menos un mínimo, pero la verdad que no se advierten cambios demasiado significativos. Al menos esto se desprende de lo que uno puede notar del seguimiento que hace a través de los medios de comunicación.

- Bolognezi no es el único caso. Hubo otros, como el doble crimen de Lavalle, en los que no hubo condenas por homicidio.

- El problema con la Justicia es que los inconvenientes están en todos los niveles, pero ciertamente es que en estas comunidades pequeñas el conocimiento mutuo por parte de la población, y ciertos linajes y tradiciones establecidas, hacen difícil que se pueda establecer justicia. 

- ¿Quiere decir que en esas comunidades como en San Martín la gente no dice la verdad finalmente por una cuestión de temor?

- No sólo temor, el caso es que en esos lugares la gente se conoce entre sí y priman a veces cuestiones como el afecto o el parentesco, todo el mundo se conoce y por lo tanto se hace complicado que se sepa la verdad. Esto suele suceder por los lazos y el reconocimiento mutuo, de participación en lugares comunes, de haber ido juntos a la escuela, de juntarse en el templo. Hay una enorme cantidad de situaciones asociativas y también disociativas, pero en todo caso que generan situaciones donde el compartir espacios forma una trama intrincada donde se hace difícil poder tomar distancia de eso y poder ejercerse los testimonios con mayor libertad.

- ¿Usted en cuántas marchas participó por el caso Bolognezi?

- No recuerdo con exactitud, pero por lo menos en tres.

- ¿Le da cierta confianza el hecho de que en la parte querellante participen dos abogados reconocidos por su defensa a los Derechos Humanos como Pablo Salinas y Alfredo Guevara, dentro de lo que manifestó como falta de confianza para que sepa la verdad? 

- Las limitaciones ya las he señalado en cuanto a la situación general, pero la presencia de ellos sí es una buena noticia por la experiencia de estos profesionales, porque son buenas personas y han demostrado una probada trayectoria en estos asuntos.

- ¿Es probable que en el actual escenario de inseguridad esto pueda volver a ocurrir?

- Eso podría suceder en cualquier momento de la historia porque no lo asocio yo a una particular situación de inseguridad. Sin duda, más si lo comparamos con 20 años atrás. Pero no, no creo que a este caso en particular le corresponda esta situación porque no fue un caso de asalto. Es un caso que tiene aparentemente motivos de nivel personal. Pero si fuera así esto podría suceder en cualquier momento y aún con buenos niveles de prevención.

- ¿Qué le aconsejaría a la Justicia si en algún caso hipotético le pidiera algún consejo para que estos hechos se resolvieran en forma satisfactoria?

- Lo que uno sabe es que ese escenario sería totalmente imaginario ya que la Justicia no suele hacer eso. Pero si así fuera le aconsejaría tener los ojos verdaderamente vendados en relación con los poderes establecidos.

- Que se vende los ojos como verdaderamente se representa a la Justicia.

- Exactamente. O sea que se busque justicia sin ninguna influencia de los poderes establecidos. En este caso en particular parece poco esperable que se consiga justicia. No quisiera hacer un juicio categórico, sería excesivo, pero no parece probable que se vaya a saber la verdad. Si bien no estoy al tanto de los detalles puntuales del actual proceso de debate sí estoy preocupado como cualquier ciudadano para que se respeten plenamente la justicia y los Derechos Humanos.
Opiniones (2)
20 de noviembre de 2017 | 19:06
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20 de noviembre de 2017 | 19:06
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  1. Siempre las demoras favorecen a los que generalmente no tienen la razón, el tiempo ganado con artilugios en términos legales, se hace importantísimo para los que quieren perpetuidad u olvidos. Quien puede negar que los poderosos hacen mover influencias para ganar tiempo y cambiar carátulas, hacer que se pierdan pruebas, etc. En San Martín, hoy tenemos ejemplos claros de sospechas sobre la justicia, y uno es el de la industria del juicio, un tanto acallado hoy, quiero creer que es por el caso que nos preocupa en la nota. Ojalá salga a la luz la verdad más allá de José Luis, solo porque merece justicia, ya que representa a cada víctima del olvido. También luego la sociedad de San Martín debe pugnar por que las verdades se conozcan acerca de los hechos de corrupción en la justicia para desemascarar a los que se benefician utilizando incorrectamente las leyes. Soy un ciudadano más que sufre las "DEMORAS" de la Justicia.
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  2. Sobre demoras y responsables
    "Demoras" es la palabra clave del título, aunque no encuentro después, en el cuerpo de la nota, que se desarrolle con algo más de profundidad. Al menos por omisión, ese factor grave parece ser atribuido por el Dr. Follari exclusivamente al aparato judicial. Claro, éste es una rama del Estado, el primer observado con lupa cuando de DDHH se trata. Pero hablo de omisión porque para los que hemos seguido de cerca el desarrollo de este proceso, la historia de la "demora" fue escrita en la mayoría de sus páginas por los abogados defensores. ¿O no recuerda Follari las sucesivas e interminables dilaciones que las defensas generaron en base a recusaciones? Desde la etapa de instrucción han existido docenas de impugnaciones, alegando animosidad y otras abstracciones. Tanto, que la jueza que terminó instruyendo la causa recién lo hizo dos años después del hecho, mientras se reiteraban y resolvían los cuestionamientos de forma al juez original. Siguieron los artificios formales (chicanas, queda feo en este contexto) ni bien la causa fue elevada a juicio, apelando a una vieja doctrina que atribuye preopinión a la Cámara toda vez que se hubo expedido en cualquier asunto accesorio. Si sumamos días, semanas y meses, podremos comprobar que la "demora", mencionada aquí como degradante de la justicia, ha sido ejecutada en forma eficiente... por los abogados defensores. El conflicto entre la pretensión punitiva del Estado y el derecho constitucional a la defensa en juicio, muchas veces se inclina a la impunidad por las múltiples vulnerabilidades que ofrece el sistema. Me gustaría leer a referentes locales de los DDHH pronunciándose sobre esta responsabilidad compartida, que muchas veces minimizamos pero que encierra gran parte del fracaso en la búsqueda de la verdad.
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