Maximiliano Guerra

"Hoy, soy parte de todas las familias del país"

El genial bailarín se presentará hoy y mañana, junto al Ballet del Mercosur, en el Teatro Plaza de Godoy Cruz.

Maximiliano Guerra vuelve a Mendoza junto al Ballet del Mercosur. Serán dos funciones, en el Teatro Plaza de Godoy Cruz y la cita será esta noche y mañana, a las 21.30, y allí mostrará “Rituales”, el espectáculo que está mostrando en todo el país.

El programa se divide en tres partes. En la primera se verá 2 x Danza, con música de Santaolalla, Casacuberta, Casalla, Stampone, Libedinsky, Porcelli, Troilo, Morgado y Cabrera, interpretado por Guerra y el Ballet del Mercosur.



La segunda parte es Ritual (folclore contemporáneo), con música de Lobato-Pajón danzada por Guerra, Magali Baratini, Patricia Baca Urquiza, Leandro Bustos y compañía. Finalmente, en la tercera parte, se sucederán tres propuestas: La última luna, con música de Rachmaninoff y coreografía de Guerra; Arms -que ya mostró hace tiempo en la provincia- con música de Vas y coreografía de Guerra; y Cuando bailamos, con coreografía de Guerra, música de Emerson Lake & Palmer; interpretada por Guerra, Patricia Baca Urquijo o Micaela Spina y la compañía.

El artista
Maximiliano Guerra es dueño de una carrera envidiable: Primer Bailarín en los más importantes teatros del mundo, desde el Bolshoi de Moscú al Metropolitan Opera House de New York, del Kirov de San Pietroburgo al Bunka Kaikan de Tokyo, de la Opera de Paris a Alla Scala di Milano; es considerado por la crítica internacional como uno de los más importantes bailarines de la actualidad.

Elogiado por su extraordinaria capacidad técnica y su versatilidad artística en la interpretación de roles clásicos y contemporáneos, su repertorio comprende más de ciento veinte obras, que incluyen los grandes títulos del clasicismo y las piezas más importantes de las coreografías de vanguardia.

Pero, en los últimos dos años, Guerra ha tenido la posibilidad de ser uno de los jurados de “Talento Argentino” –junto a Catherine Fulop y Kike Teruel- y a la popularidad que ya tenía se le sumó la masividad.

Desde ya que nada de esto alteró al Maximiliano Guerra que conocemos los periodistas, que lo venimos entrevistando desde hace muchos años.

Y mucho menos perdió su pasión por Mendoza, lugar donde vivió su madre y que le otorgó la distinción de ser Embajador del Vino, distinción entregada por Fondo Vitivinícola Mendoza.

Antes de su llegada a Mendoza, Guerra habló largo y tendido con MDZ.

-Estás volviendo a Mendoza… ¿Hay algo especial en este regreso?
-Siempre tengo grandes expectativas, especialmente porque es un lugar donde hay un público que me sigue desde hace muchos años y que es muy fiel pero exigente. Además, mi madre es mendocina y tengo muchos recuerdos, muchos amigos, y siempre estoy fascinado con el paisaje. La verdad es que es una provincia a la que le tengo mucho cariño.

-Incluso, en algún momento tuviste proyectos conjuntos con el Gobierno, como por ejemplo con tu Fundación. ¿En qué quedó eso?
-Quedó un poquito en el aire porque no se lo que pasó en el medio. Armé un centro cultural muy interesante –que aún lo quiero llevar a cabo- pero hubo un problema entre provincia y Municipalidad y se terminó frenando la idea. Pero creo que en algún momento lo voy a llevar a cabo.

-Y sos embajador del vino.
-Si, y espero ponerme más en contacto con la gente que me nombró para seguir trabajando en el tema. Fue una distinción muy importante en el momento pero no seguimos avanzando.

-En tu página web hay un blog donde se va contando la gira. ¿Participás del mismo?
-De alguna manera. Hay una persona que está encargada del blog y sabe muy bien lo que a mí me gusta.

-¿Y no te tienta escribir algo, como por ejemplo qué pasó con un determinado show?
-El blog es, más que nada, para mostrar lo que estamos haciendo y para que la gente se comunique con nosotros. Si yo tengo que escribir algo, lo hago en el programa o prefiero decirlo en una nota. El blog es más de contacto con la gente.

-¿Viajás con tu notebook para chequear los diarios, las críticas?
-Viajo con mi compu pero las críticas no las chequeo porque son para la gente que las escribe, nada más. Pero uso muchísimo la notebook para trabajar y para leer los diarios. Me mantengo muy informado.

-¿Te considerás un hombre tecnológico?
-Totalmente. Los primeros celulares que llegaron a la Argentina eran unos ladrillos gigantes y yo tenía uno. Hace 15 años que tengo notebook y compu en casa. Siempre fui un tipo al que le apasionó la tecnología pero estoy más que nada atrapado a la velocidad de la información.

-Te quiero llevar a un tema bastante feo como fue el asalto que sufriste en febrero de este año. ¿Cómo ves ese hecho a la distancia?
-La impotencia que te afanen siempre te queda… También te queda un poquito de bronca y un poquito de ganas de cambiar las cosas. Lo que hice fue hacer un análisis de la situación y seguir con más fuerza que antes, pensando en que a los jóvenes de hoy hay que darles otra herramienta que no sea un arma, otra herramienta que no sea la droga, hay que darles expectativas de vida para que nuestros gobiernos y nosotros mismos, como sociedad, no sigamos procreando mala gente. Creo que no hay un responsable sino que somos todos responsables. Que la gente sea ignorante les conviene mucho a algunos políticos, porque son votos más fáciles… Pero hay que reveer la situación actual de la sociedad. Después de ese hecho salí a hacer cosas concretas. Por eso le metí muchas fuerzas a la Fundación y mi objetivo es que si puedo recuperar un chico de la calle por año, me basta.

-¿Y lo estás consiguiendo?
-Estamos empezando a conseguirlo.

-Me sorprende tu actitud mucho más sabiendo que viviste muchos años afuera de la Argentina… Te lo digo porque mucha gente tiene ganas de irse del país precisamente por la inseguridad.
-Cuando tomé la decisión de volver al país fue porque quería hacer cosas y una de las que se puede hacer es esto, trabajar por la recuperación de la sociedad. Además, intento demostrar que es necesario tener políticas culturales claras y concretas porque nuestros políticos deben entender que la cultura es lo que nos da caricias en el alma y nos beneficia porque nos estimula la imaginación y nos da ideas para seguir creando en nuestra vida y creando formas de vida. Cuando tomé la decisión de volver –en el 2003- ya lo hacía decidido y convencido que tenía que hacer cosas. Y hasta ahora no me he detenido.

-¿”Talento argentino” te dio más popularidad?
-No, porque la gente me conoce muchísimo desde hace mucho tiempo y nunca estuve en un grupo –como Kike Teruel- sino que siempre fui solista y cabeza de compañía. Además, siempre la gente me trató mucho y bien, porque estoy en esto desde muy chico y aprendí a vivir con la popularidad. Lo que siento ahora es que hubo un cambio notable en el trato que tiene la gente conmigo. Antes había un respeto casi miedoso y hoy no, porque soy parte de todas las familias del país.

-¿La gente te reclama por tu exigencia en el programa?
-No… lo que noto es mucho respeto. Saben que así funciona el programa y se lo bancan. Pero, por ahí, me tengo que bancar algún que otro comentario, que es lógico que aparezcan…

-Los chicos que bailan frente a vos en “Talento…” son muy valientes porque saben que se paran frente a un grande de la danza. ¿Has descubierto algo distinto en algunos de ellos?
-El año pasado descubrí a un chico –Juan Francisco Solís- que cuando salió de la competencia lo invité a tomar parte de la compañía porque sentí que tenía muchas cosas instintivas, y si les dabas contención y orden, podría avanzar muchísimo. De hecho trabajó seis meses en la compañía y fue una experiencia genial. Él baila tango en Caminito y creo que aprendió mucho. En esta edición ya he visto tres o cuatro bailarines muy interesantes.

-Bailás clásico, rock, folclore… ¿qué te falta bailar?
-Nada. Si querés  hago hip hop, hago Michael Jackson, hago lo que tenga ganas de hacer. Y si no, lo aprendo. A mi me gusta bailar y mi cuerpo me pide que haga eso. El Ballet del Mercosur siente eso: ganas de bailar.

-¿Hasta cuándo pensás que vas a estar arriba de un escenario?
-No lo se… Un día, el escenario me va a decir basta. Como todo en la vida.

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