Daniel Quiroga

"No hay una política comprometida con la cultura"

Actor, director, autor, mimo y docente

Daniel Quiroga es actor, director, autor, mimo y docente teatral mendocino. Un artista autodidacta con 25 años de experiencia y una larga lista de obras y unipersonales de indiscutible éxito en su haber.

- En el 2007, cumpliste 25 años de carrera artística, ¿cómo festejaste las bodas de plata?

- Las festejé en el teatro Universidad, haciendo un compilado de cuadros de varias obras, mezclando la pantomima con el clown y algunas partes con textos. “Hicimos” (siempre digo hicimos, porque por más que yo esté un escenario, hay un equipo de gente detrás) un espectáculo con un formato inusual para lo que es acá (no lo había visto nunca). Dividimos el escenario en dos secciones: una parte era el camarín con escenografía y la otra parte era el espacio vacío, donde yo hacía todos los cuadros. En la parte de la escenografía, hacíamos una entrevista con preguntas que iban surgiendo en ese momento, eso fue lo más espontáneo e improvisado. La entrevista la hizo Walter (Gazzo), en vivo; era una idea de cuarta pared. Los trabajos míos rompían con esa estructura.

- Sos actor, director, autor, mimo y docente, ¿en qué orden colocás esos roles?

- Actor primero. Creo que soy actor fundamentalmente y eso me ha dado la punta para poder seguir escribiendo, para dar clases, desde esta vorágine que tengo en la cabeza. Como no tengo un estudio sistemático, las tablas como actor me han dado todas las posibilidades de escribir, de dar clases, de tener una línea trabajo propio. Éso de alguna forma, es lo que me ha diferenciado y me ha permitido vivir del teatro.

- ¿Cómo te definirías en términos artísticos?

- Me gusta mucho la palabra payaso, pero no en el sentido de “payasito”. Me parece que el clown es uno mismo y tiene la posibilidad de comunicarse con el público, tiene que ser verdadero, simple, cómplice y esas cosas, creo que las tengo. Las he ido fusionando con lo corporal, un fuerte mío que me hizo destacar fuera del país.

- Elegí tres obras con las que te hayas sentido especialmente identificado

- Una fue a nivel grupal con el teatro El taller, que se llamó “Frankenstein”. Fue la segunda obra que hicimos. Yo hacía de Igor, un papel espléndido. Los personajes que tienen contenido, humor, sátira son los personajes que me gustan y Igor tenía ese perfil. Además, esta muy cerca del clown. Desde lo corporal era todo un desafío; poder trabajar muy chatito, muy bajito con lo alto que soy, con una joroba, las manos tipo artrósicas y la máscara con permanente tensión. Me parece que es un personaje re copado, por la composición y la psicología. Otra fue, “De amor también se muere”, ahí explotamos una veta muy corporal y romántica que me dio muchas satisfacciones, a nivel internacional y en festivales. La tercera,  muy especial, me abrió la puerta al texto y fue Agarráte Catalina. Un laburo que no sabía que yo podía llegar a escribir de esa forma y a decir de esa forma, con un género tan opuesto de lo que era la pantomima.

- ¿Cómo y cuándo llegó el teatro a tu vida?

- Ernesto (Suárez) estaba cercano al teatro… siempre lo nombro a él porque es una persona que ha estado muy cerca, hasta hoy. Es tío mío. Como no tengo padre, los referentes masculinos han sido mis tíos, y uno de ellos es Ernesto. Me fui acercando al teatro como un juego. Me acuerdo que tenía 7 años, el Flaco tenía el grupo Arlequín y yo hacía del guardia que tenía la escenografía, en el teatro El Pulgarcito. Me ponían un sombrero, yo entraba (con público y todo) y jugaba. A los 18 me fui con Ernesto a Ecuador. Ahí conocí el grupo “El Juglar”, lo que era el teatro por dentro, lo que significaba el compromiso, la potencia, la comunicación del teatro y sus contenidos. Eso me apasionó. Cuando volví dije: “no hago otra cosa que no sea teatro”. Cuento desde allí los 25 años, cuando decidí hacer teatro y dejar todo lo otro.

- ¿Vos vivís del teatro?

- Desde los 18 años. Únicamente del teatro vivo, nada más. No doy clases, no doy nada. Doy un sólo taller anual de 4 meses. Lo demás son funciones, es laburo. Se puede.

- La actuación, para vos, ¿es un trabajo o una pasión?

- Son las 2 dos cosas. Si no, el actor no puede vivir del teatro. Puedo tener pasión por el teatro y querer hacer Brecht o Stanislavsky o Hamlet, pero me van a ir a ver dos personas; porque no tengo ni la capacidad para hacerlo, no es el tiempo para ver Hamlet (la gente no quiere ver drama) y no tiene la cultura suficiente para verlo (sin ofender a nadie). Eso es pasión. "Yo lo hago y lo hago, el que entiende, entiende y el que no, me cago". Pasión y trabajo, es saber cuál es tu capacidad de laburo. Quizá podría hacer Hamlet, pero tengo que estudiar dos años y medio. Hay que saber cuál es tú posibilidad dentro de lo que podés llegar a contar. Por ejemplo, que esté cerca de tu entorno para que los códigos sean legibles y para que vaya gente… porque vos querés vivir del teatro. Hay que ser realista  para poder lograr una cosa que te contenga. Algo que te guste, que esté a tú alcance y que al mismo tiempo, te de posibilidad económica.

- ¿Qué lugar ocupó Ernesto Suárez en tu carrera artística?

- Ernesto fue una influencia muy grande. Es más, hemos tenido grandes éxitos y encontramos una veta de laburo muy importante: esta fusión del humor con el contenido. No somos contadores de historias vacías. Nuestras obras son dramáticas, todas. “Educando al nene”, tiene un contenido de la puta madre; “El Trámite”; “Un tal García” (que habla de la desocupación y la violencia de la ciudad); la que estamos haciendo hoy; “Perseguidos por reír” (dos tipos del medio evo que están perseguidos por contar historias). Todas nuestras han tenido contenido y esa es una línea que no todos pueden encontrar. De hecho, no hay muchos que lo hacen.

- ¿A quiénes reconocés como tus maestros?

- No sé si diría maestros… hay gente que influyó en mí fundamentalmente. He aprendido de todos un poco. Sinceramente no podría definirlos. Ernesto creo que lo es. Así como un montón de gente que me ha dado cosas buenas y malas. He estado muy influenciado por la línea de trabajo de El Flaco, porque venimos hace 12 años laburando juntos y él se ha influenciado de mí, ha sido recíproco, nos alimentamos uno a otro.

- ¿Cómo ves situación actual del teatro mendocino?

- Hace unos añitos estábamos un poco mejor, había más producción. Esto tiene todo un por qué. Muchas salas se han cerrado, la gente se desorienta. Creo que los alumnos de la universidad salen sin campo laboral porque no hay una estructura que les permita abrir un campo laboral. No hay una cultura popular desde la escuela, la universidad. Si la hubiera, los chicos podrían empezar a hacer trabajos barriales, para ir fogueándose en lugares a donde no llega el teatro. No hay una cultura política. Entonces el alumno sale de cuarto año, preguntándose: “¿y a hora que hago, dónde me inserto, cómo formo un grupo?”. Es muy difícil, hacen algunas cosas que montan esporádicamente. Toda esa gente nueva que viene con un montón de capacidad y talento, se encuentra perdida. Además, la producción es muy costosa. Hoy se pueden invertir dos mil pesos (haciendo un esfuerzo), pero ¿dónde montás un trabajo así, si estamos montando en bares o estamos trabajando en una sala que tiene 10 luces?.

- ¿Qué pensás del cierre de salas después de Cromagnon?

- Me parece fantástico que cierren las salas si están en malas condiciones. Lo que me parece pésimo, es que no tengan un recursos para abrir las mismas salas, inmediatamente, en otros lugares. Hay que separar las cosas. No nos podemos quejar de que cierren una sala que se está quebrando. Pero la municipalidad, o a quien le competa, debe abrir un espacio alternativo, tienen que tener. No hay una política comprometida con la cultura. El actor de Mendoza se la arregla con un tacho. Somos tipos muy creativos lo atamos todo con alambre. “Cierren las salas, perfecto, pero abran otra enfrente; un espacio vacío denme, nada mas”.

- ¿Por qué se cerró La Lupa, espacio cultural?

- La Lupa se cerró con ese nombre de fantasía, pero se abrió un espacio mucho más grande. La Lupa tenía 30 metros. Ahí se daba de todo, tango, danza árabe. Llegó un momento que funcionó muy bien, entonces se tuvo que ampliar. Aprovechamos y para poder centralizar la actividad en una sólo área, se le puso el nombre de Laura Majul. Hoy está  funcionando a full en la calle Vicente Zapata con 120 metros cuadrados.

- El aplauso corona todos los esfuerzos?

- No. La plata sí (risas). El aplauso es una satisfacción. Hay distintos procesos. El proceso creativo es placentero, es lo más lindo que puede haber. El de hacer funciones tiene otro placer, el aplauso otro. La parte económica también.

- ¿Se puede ser creativo en tiempos de crisis personales, económicas, sociales?

- Creo que el artista es mucho más creativo en una época de crisis porque los conflictos están ahí, más palpables. Cuando está todo bien, uno no encuentra sus errores. Si hay dificultades se puede discernir entre el bien y el mal más rápido. Si el artista (el actor) está entrenado, surgen nuevas cosas. Así fue que hice “Agarráte Catalina” y “Comienza la función”, otro logro que me encantó. Era una mezcla de clown y pantomima, y cuento la historia de mi vida. Tiene muchísimo humor, ternura y verdad. Salió porque yo venía de Perú, de un quiebre económico. Me habían contratado para filmar unos cortos en televisión y se levantaron todos los contratos en las cadenas televisivas. Era la época de Montecino, comenzaron a venir los productos enlatados y quedé en pampa y en la vía, no pude hacer mucho más que unas funciones infantiles. Pero estuvo bueno ponerle el pecho.

- Educando al nene, se estrenó en 1991, ¿qué cosas cambiaron desde entonces hasta ahora?

- La obra no mutó, siguió permanentemente igual porque los conflictos siguen iguales. El modismo puede hacer cambiado pero el contenido es el mismo. La idea de la educación, de la falta de comunicación entre padres e hijos, la verticalidad de la enseñanza, la opresión del sistema a través de esos pequeños poderes (de la Iglesia, de la policía) nada ha cambiado. En términos estéticos tampoco cambió.

- Con tu unipersonal, De amor también se muere (1993) participaste de festivales y recibiste premios, ¿cómo viviste ese éxito?

- Realmente fue una cosa increíble. Yo siempre creo que me falta por aprender y que aún no he hecho el espectáculo que me gustaría, el soñado (no sé si lo voy a lograr). Creo que son dos puntas importantes para no sentir que has llegado, porque si no ahí uno empieza a bajar. Yo iba con esa actitud, simple. Me di cuenta que a nivel latinoamericano, de  festival internacional, yo marcaba una diferencia estando solo en el escenario. La satisfacción fue enorme. Me dije: "basta de miedos" (por esos miedos que uno tiene de ser autodidacta), me llevó a descubrirme en esto y decir: “bueno, hoy por hoy, soy un tipo reconocido a nivel latinoamericano como uno de los mejores que trabajan la parte corporal”. Me encontré con una persona en el festival, que iba a hacer una devolución de mi trabajo, un maestro de pantomima. Me dijo: “pasaron 10 minutos y a mí (la obra) no me movía un pelo, yo no sé cómo podías captar la atención de la gente; a mí no me parecía en absoluto que estuviera haciendo nada distinto. Pasaron 20 minutos y  y yo seguía  en la misma posición. Me dio muchísima indignación porque no podías hacer que me metiera en lo que estaba haciendo. A lo cinco minutos me di cuenta qué era: era envidia”. Para todo Latinoamérica que lo diga a un montón de grupos, un tipo con ese nivel, era un mérito.

- ¿Qué respuesta tuviste de parte público femenino con Agarrate Catalina?

- Fantástico. Creo que la mujer es bastante autocrítica y sabe reírse de sus cosas. Yo no hablo mal de las mujeres, sino de la psicología de ellas en el marco de supuestas relaciones de parejas. Todos, en alguna parte, de lo que yo podía ir contando (de acuerdo a las distintas psicologías) se podían sentir identificados. Por el desamor, el desengaño, por ser obsesivo, por un montón de cosas. Más allá de atacar a la mujer (que no lo hago porque me parece un concepto muy machista) la pongo con sus características dentro de una situación conmigo. Al final concluyo que todos somos cómplices de la problemática que tenemos. Como te dije antes, la obra me abrió me camino muy importante en el texto. Yo venía de vivir 7 meses en Perú y necesitaba sacar algo que me contuviera y me ayudara. Todo lo que escribo está muy cerca de lo que he vivido. Creo que mis mejores trabajos (casi todos) están cerca de mis vivencias.

- Tus textos, entonces, ¿están cerca de lo autobiográfico?

- Sí. De la cotidianidad, de lo real, de lo muy cercanito a mi. Problemas que he tenido con mujeres (que ahora no son problemas, si no éxitos) de alguna forma, me han ayudado. Yo creo que en épocas de crisis es cuando se es más creativo.

- Ecuador, España, Francia, Italia, Perú son algunos de los lugares en los que estuviste viviendo, ¿qué recuerdos atesorás de todos esos viajes?

- La gente. Los mejores recuerdos son las personas. Cuando voy a otro país, a otro lugar, lo que me interesaba era insertarme en el pueblo. Creo que es la única forma de conocer realmente un país, eso es lo que me gustado. Vayas a donde vayas, ves un tipo trabajar y es un disparador de ideas porque estás en otro espacio y te abre la cabeza. He visto espectáculos buenísimos y malísimos y eso también te da un equilibrio. Para decir: “estamos bien, estamos mal”. Viajar te libera de fantasmas.

- ¿Cuál fue, para vos, la época de oro del teatro mendocino?

- Es muy difícil… yo no tengo mucha memoria. Yo supongo que la época de oro fue antes del proceso, cuando el teatro se hacía en el barrio porque existían las uniones vecinales. Yo lo estoy midiendo por lo social. Hoy por hoy deberíamos apuntar a los mismos escenarios porque desde la base se hacen las grandes reformas, no podemos modificar de arriba (si modificás desde ahí,modificás para los de arriba). Hay que volver a la base.

- ¿Qué pensás del café concert?

- Me parece un espacio integrador. Un espacio que ha tenido la posibilidad de reemplazar a las salas que se fueron cerrando con una nueva metodología de trabajo donde ofrecés un combo. En el café llegás una hora si querés, consumís lo que querés, vas chusmeando toda la gente que entra y sale... no tiene toda la estructura como la que tendría una obra que ves en el Independencia. Ves un espectáculo, te divertís y te podés quedar después de la función, lo tenés todo ahí. Me parece una alternativa buena.

- ¿Qué es el stand up comedy?

- Es un género muy dinámico, muy lindo, me gusta mucho. Es productivo aunque (por ahí) se repiten los temas porque no hay ocurrencia. Lo he visto en Buenos Aires un montón de espectáculos y recurren siempre a lo mismo. Creo que hay un montón de temas. El stand up te permite hablar desde vos, desde tus conflictos. Vos estás parado sobre un escenario con un micrófono y punto, y éso no es fácil. Se tienen que utilizar un montón de elementos de la actuación, siempre hay una tensión corporal, una atención hacia el público. Hay tipos que hablan nada más, no transmiten. El stand up tiene que lograr atraparte dentro de una historia y con el verbo hacerte creer que estás dentro de la playa de estacionamiento donde ocurrió el accidente, por darte un ejemplo.

- ¿Qué lugar tiene hoy el mimo dentro del universo las artes escénicas?

- El mismo de siempre, atrás. Es muy difícil. A mi fascina, me apasiona, me siento muy cómodo pero si trato de mantener un espectáculo, no va nadie. Se me reduce el público del 100% al 20%, lamentablemente es así.

- ¿Público infantil o adulto?

- El infantil es sumamente honesto, si se queda es porque le gustó. El teatro infantil debe ser inteligente y serio. Con el adulto podés entrar en otro tipo de complicidad y de respeto. El tipo paga una entrada para que vos le largues algo más allá del chiste. Son dos cosas distintas. Con el adulto vos podés enfrentarte y podés crear.

- Cómo artista, cómo ves a los periodistas?

- (Risas). El tiempo me ha dado posibilidades de poder difundir mis espectáculos mejor que cuando empecé. Nunca he utilizado a mis amigos de la prensa para pedirles que me saquen algo; mi tarea es llevarles la información.

- Trabajaste en alguna Vendimia?

- Nunca.

- ¿Por qué?

- Porque me parece desvastar al actor para hacer de hoja de parra. No estoy en contra del que lo quiere hacer, es mi postura.

- ¿Creés en la política?

- Sí, pero nos va para la mierda. Sin embargo, funcionamos políticamente. Ir a pagar tu cuenta de luz antes del 15 es una forma, es política. Lo que pasa es que está destruido el sistema. Pero creo en la política.

- Y ¿en los políticos?

- Ahí creo en la política…

- ¿Qué estás haciendo ahora?

- Una entrevista… (risas)





 
Opiniones (1)
23 de octubre de 2017 | 03:37
2
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23 de octubre de 2017 | 03:37
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  1. Me gustó mucho la nota. Daniel Quiroga es uno de esos tìpicos laburantes del teatro local. Que sabe meterse a la gente en los bolsillos, y así mantener contenta la billetera...
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