Alejandro Randis

"La felicidad es meterse en la jaula de león"

Experto en temas de montañas y escenarios agrestes.

Desde hace más de 35 años, el nombre, el cuero y el alma de Alejandro Randis se relacionan con los ambientes agrestes, especialmente, claro está, la montaña. Empezó, como casi todos, como deportista y luego, con los años, se dio cuenta de que esa relación con la naturaleza y sus aristas le gustaba, que estaba aprendiendo y también que podía enseñar sus saberes.

Así, pasó a ser instructor y, después, guía de montaña, oficio que en aquellos años no estaba reglamentado en lo más mínimo. Atento a esto, fue uno de los fundadores de la Escuela de Guías de Alta Montaña y Trekking, que comenzó a formar técnicos y guías y continúa haciéndolo. “Con los años me di cuenta de que mi valor agregado está en la formación más que en el trabajo de guía”, explica el entrevistado, que ya no recuerda si sus cumbres en el Aconcagua son 21 o 22 y que ha escrito un par de libros sobre el emblemático cerro mendocino.

Después, vino otra etapa: asumir la montaña como un instrumento de formación de personas y actualmente es también consultor de empresas desde esta óptica sobre liderazgo y trabajo en equipo para resolución de problemas en situaciones difíciles y en situaciones de inseguridad. Vamos a él.

- Antes, se vivía en un mundo desconocido, poco explorado, con muchas guerras al igual que ahora, pero con un sentido de la épica más extendido e interpretado en el cuerpo a cuerpo. Ahora, con el desarrollo tecnológico, cualquiera atraviesa el Himalaya en un avión. ¿Es más cobarde el mundo actual, el del control remoto y el viaje controlado?

- Yo no sé si es más cobarde… No creo que sea más cobarde. Las motivaciones básicas del ser humano son las  mismas. Después las valoraciones que uno haga de eso, es otra cosa. El hombre desde siempre es presa de una motivación incontenible, que es el afán de sentirse seguro, de aferrarse al pezón y a los brazos de nuestra madre. A la par, hay otra motivación incontenible que es deseo de exploración: por eso, aprendemos a caminar y nos movemos. Nos vamos golpeando, pero siempre volvemos al pezón de nuestra madre.

- ¿No creés que se ha perdido el sentido de la aventura, que ahora hay más turistas que viajeros?

- Bueno, eso, sin dudas. Igualmente, creo que no se ha perdido el sentido de la aventura, sino que ha cambiado el escenario. Acordate que “aventura” viene de un término de la navegación “adventur”, que es “contra el viento”. ¿Cuánta gente, en sentido amplio, anda contra el viento en nuestros días? Yo creo que mucha gente, pero que viven de otra manera.

- Tratando de no correr riesgos en el sentido general del término…

- Justamente, se trata de anular la posibilidad del riesgo, pero gracias a que corremos riesgos, nos desarrollamos.

- Por eso, desde lo educativo, podemos decir que cada uno tiene su propia dimensión del riesgo y de la aventura. De aquí que no haya que ser un “Alejandro Randis” para vivir una aventura en el Aconcagua.

- La aventura es ir contra viento de uno mismo, en realidad. Cuando uno se siente desafiado por un paso que tiene que dar, tiene que darlo. Ese es el desafío que hace crecer a las personas, ya sea yendo al Aconcagua o a subir el Cerro de la Gloria.

- Agreguemos un concepto a la aventura: el miedo. Constantemente, nos vemos conviviendo con nuestros miedos y con nuestra capacidad de enfrentarlos, de buscarles una resolución…

- Nosotros somos mamíferos y los mamíferos tenemos al miedo como una herramienta de supervivencia. El miedo es una emoción que no se puede evitar. Todos tenemos miedos. La cuestión es qué hace uno después de tener miedo. Cuando busca su desarrollo personal, tiene que ir viendo cómo reacciona a sus miedos. Yo siempre digo que el miedo es un extraordinario consejero, pero un pésimo director. Uno, como docente o guía, debe colaborar para que se maneje de manera positiva la dinámica que genera el miedo y, con la mente despejada, tomar la mejor decisión en una situación de conflicto.

- Esta última reflexión nos introduce en el “caso Campanini”, que tanto conmovió este verano. En su momento, a través de nuestro diario, fuiste una de las personas que habló de la manera más directa y con conceptos esclarecedores, en medio de un mar de opiniones que vertía cualquiera que no conocía el cerro o que apenas lo conocía. ¿Qué pensás ahora, meses después del triste suceso?

- La reflexión que me permito es muy parecida a aquella que hicimos cuando hablamos del tema en MDZ. Nuestro cerebro comete errores permanentemente. En la toma de decisiones, en los procedimientos, en los movimientos, en todo… Y cuando uno comete errores en una decisión, en un ámbito muy comprometido como es el Aconcagua bajo una tormenta y con gente bajo tu responsabilidad, esa decisión te puede llevar a la muerte. Esto nos puede pasar a todos. Hay que afirmar los sistemas de seguridad para minimizar lo más que se pueda los errores.

- Igualmente, no fue el infortunado guía el único que se equivocó…

- Siempre que se produce un siniestro (no un accidente) en un lugar, las causas son sistémicas. O sea, que todo el sistema tiene responsabilidad: los formadores, los que brindan el servicio, los que lo toman, el Estado. Todos somos responsables.  

- ¿Cuál es la diferencia entre accidente y siniestro?

- El siniestro es un suceso confuso que produce daño. Y accidente es un suceso imprevisto que produce daño.

- ¿Imprevisto para quién?

- Esa es la pregunta que hay que hacer: la mayoría de los imprevistos de la gente, puestos en los ojos de un especialista son absolutamente previsibles. Eso pasó en enero en el Aconcagua. Lo imprevisto debió ser previsible. Para un especialista no hay imprevistos de esa naturaleza. En definitiva, el imprevisto no existe. Sí existe lo impredecible: saber que algo va a pasar, pero sin saber cuándo pasará…

- Como una avalancha o una tormenta de nieve… 

-Tal cual. Por eso a la montaña hay que ir equipado como corresponde. Polainas para la nieve hay que llevar siempre. Si nieva las usás y si no nieva, no, pero siempre las llevás. Y también los guantes y los lentes de recambio… Y así. Hay que ser previsor.

- En el Aconcagua, se entiende, pero vos solés hablar de tener esa actitud todo el tiempo, aunque no estemos en el Aconcagua…

- Para mí, lo importante es tener una actitud que llamo “alerta previsor”, una situación de estrés controlado, que hace salir lo mejor de las personas… Es un proceso educativo para los ambientes agrestes. Es también un proceso químico, quien está en “alerta previsor” genera elementos como la epinefrina (adrenalina), que hace que la solución a problemas dados se mejore.

- ¿Pero hasta dónde hay que vivir así?

- Yo diría que hasta un punto de estrangulamiento de la razón, pero controlado, algo que es muy positivo para cualquier situación de aprendizaje y de vida.

- Te lo digo porque ahora hay un tipo en una radio intentando dar consejos sobre seguridad y, en realidad, mi opinión es que lo que brinda es un curso acelerado de paranoia: vende miedo para que se lo compren. ¿Qué opinás al respecto?

- Una forma de afrontar problemas es negarlos. Y no podemos negar que la inseguridad existe. Después, cada uno verá cómo resuelve ese problema. Yo, por mi formación, siempre estoy en este estado de “alerta previsor” y me hace vivir más tranquilo y liberado de otras cosas. Yo no vivo con paranoia…

- Hay que tomar precauciones, pero no creo que se daba vivir todo el tiempo pensando que lo peor está por ocurrir…

- Pero es que nosotros somos máquinas de cometer errores. Lo que ocurre es que, como esos errores no son muy peligrosos, no terminamos muriendo. Por eso, cuando el entorno se vuelve agreste, como pasa en la montaña o en las calles mendocinas hoy en día, yo creo que hay que desarrollar algunos elementos de autodefensa. Esto no significa que tenemos que terminar encerrados en nuestras cosas o alejados de la montaña. Hay que asumir los riesgos y esto nos tiene que servir para ser mejores personas.

- Todo apunta a ser prudente, pero después puede resultar que somos presas de nuestras emociones, como el miedo, por ejemplo…

- Las emociones suelen nublar nuestra parte racional. Hay un concepto al que hay que prestarle atención, se llama “imprudencia conciente”. Esto es acometer riesgos, pero siendo conciente de las consecuencias. El que corre en auto, sabe que es peligroso, pero confía en que su habilidad para conducir le va a evitar sufrir daños. Nadie corre en auto para matarse, pero puede pasar y hay que ser conciente de ello. En múltiples esferas de la vida, somos imprudentes concientemente. Los abogados conocen a la perfección este término y por eso salvan a mucha gente que, corriendo picadas, mata a espectadores de esas picadas.

- Por lo mismo, que todo el mundo hablara de Campanini fue un gran márqueting para el Aconcagua: ahora va a ir más gente que antes…

- Estoy totalmente de acuerdo…

- ¿Está bien que “la voz popular” opine, aunque no conozca el mundo del Aconcagua?

- Todo el mundo tiene derecho a opinar. Ahora, si yo tengo que participar de un foro con gente que no sabe nada, dejo muy en claro que voy a responder preguntas, pero no voy a participar de una discusión, porque soy un especialista y los especialistas tienen que marcar las asimetrías, si no, no lo son. Si uno quiere discutir en serio el tema del Aconcagua, tiene que dejarlo en manos de los especialistas.

- ¿Qué opinás de las nuevas camadas de guías que hay ahora, discípulos de guías como vos y otros como Lito Sánchez, Danielón Rodríguez, Carlos Tejerina..?

- Y Domingo Alvarez, un hombre muy importante y con una visión estratégica clara sobre los servicios en el cerro. Siempre sus consejos han sido acertados y fue muy importante para nosotros. Es tal vez la persona más importante en la fundación de la Escuela de Guías de Trekking y Alta Montaña, aunque ahora eso no se vea… Lo mismo ocurre don el doctor Eduardo D’Angelo, un gran montañista. Ellos dos son mis referencias cercanas de la montaña y los dos me guiaron.

- ¿Y los guías de ahora?

- Hay muchos guías muy buenos ahora, formados y excelentes profesionales. Te nombro algunos y pido disculpas por todos los olvidos: Horacio Cunnietti, Ulises Corvalán, Mijel Lotfi, Víctor Herrera, Marcelo Acosta, Hebert Orona, Daniel Pizarro y su hermano también. Son guías extraordinarios y montañistas de alma. Cuando tienen vacaciones, ¡se van a subir cerros!

- Ustedes, los viejos, le dieron una vuelta de tuerca al cerro para que se transformara en una “pequeña industria” mendocina, lo profesionalizaron…

- Sí, pero hay dos personas a las que el Aconcagua les debe muchísimo y que empezaron antes que nosotros: Rudy Parra y Fernando Grajales. Ellos son los pioneros fundamentales y absolutos, no el trabajo como guías, pero sí en el Aconcagua como generador de riquezas para los mendocinos. Ellos desarrollaron un negocio sobre una visión de los servicios en el Aconcagua. Parra y Grajales empezaron con el transporte mular que es lo que permite que tanta gente vaya a la montaña. Gracias a esto, se generó el trabajo del guía, como se estila en muchos lugares del mundo. Esto sucedió en Mendoza hace poco más de veinte años recién.

- En esto, tu impronta como guía fue fundamental. 

- No está bien que lo diga, pero fui el primero que empezó a trabajar de manera profesional con grupos de argentinos en el Aconcagua. Yo entregué mi vida a esa labor profesional, guiando y vendiendo servicios. Y no me fue mal. Seguramente, habrá otras opiniones, pero esta es la mía.

- Hace unos quince años atrás, en un campamento de altura del Aconcagua, te pregunté si te había costado hacer tu primera cumbre y me respondiste que te llegaste a cagar. Entonces, te pregunté por tu última cumbre y me dijiste que también te llegaste a cagar para hacerla. ¿Es siempre así?

- Cada vez que fui a la cumbre fue con mucho esfuerzo. Algunas veces más que otras, pero nunca llegué “sobrado de máquina”. Por eso, siempre me gustó hacerlo. Aparte, la gente que llevás es siempre diferente y uno siempre es diferente allí. Ese diálogo con el esfuerzo y con la gente siempre me pareció enriquecedor.

- Ir al Aconcagua, y no hablo de hacer cumbre, porque eso es secundario, sino de intentar subirlo, que es lo más importante, para qué le sirve a una persona?

- Primero que nada, hay que darle un sentido al hecho de subirlo. Está en nuestra esencia asumir la exploración, sobre todo, la de uno mismo. La satisfacción es haber dado la pelea, intentarlo. La felicidad es meterse en la jaula del león. Después, si el león me saca corriendo o no, es otro tema.

- La felicidad y lo importante no es hacer cumbre, sino prepararse para intentar hacer cumbre…

- José Ingenieros decía que lo importante no es la cumbre, sino el rumbo. Si no fuera así, cuando llegás a la meta te quedás vacío. En cambio, el rumbo está siempre. Por supuesto que hay que obtener metas, pero lo importante es el rumbo, eso que posibilita tu desarrollo como persona.

- Sé que no te gusta hablar del tema, pero no me importa: integraste la primera expedición argentina en hacer la Pared Sur del Aconcagua. Contame una anécdota de esa trepada por una pared de 3000 metros de alto.

- No hablo mucho porque no me gusta hablar de historias en las que yo participé. Fuimos cinco los que subimos la pared en 1986, cuatro mendocinos, Lito Sánchez, Domingo Alvarez, Danielón Rodríguez y yo, y el colombiano Manolo Barrios. Ahora, la anécdota: recuerdo que la pared estaba en muy malas condiciones, ya estábamos terminándola, luego de hacer la Ruta Francesa. Estábamos a 50 metros del final y no quería que terminara la pared. Los dejé pasar a todos y miré el paisaje y vi todo azul, que es el color que impregna todo cuando estás en estado de éxtasis.

- La felicidad completa…

- Sí: ése fue uno de los momentos más plenos de mi vida. Cuando volví, mi hija, que era muy pequeña, me dijo: “Papi, venís de la Pared Azul”. Nunca me voy a olvidar de eso: la Pared Sur fue la Pared Azul.

 

 

Opiniones (2)
22 de noviembre de 2017 | 05:20
3
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22 de noviembre de 2017 | 05:20
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  1. Su pericia fue usada por su amigo Ignacio Medina para encubrir a la policía que asesinó a Sebastián Bordón. ¿Mdz se hace el distraído? ¿no recuerdan que Randis afirmaba que Sebastián se había caído del barranco? Después se constató que su cuerpo había sido depositado en aquel lugar y que se lo haría pasar por un accidente.
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  2. ES MUY INTERESANTE EL PLANTEO SOBRE LOS MIEDOS Y EL CONTROL DE LOS MISMOS. SON LAS NOTAS QUE NOS PONEN A PENSAR QUE A VECES TENEMOS QUE CAMBIAR EL RUMBO. SIEMPRE HAY TIEMPO DE HACERLO SI NOS PROPONEMOS . BIEN MDZ
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